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Historia 5123 — capítulo 4

Capitulo 4

  • ¡Lil! Vamos, despierta...

  • Eh... – dijo con voz adormecida.

  • ¿No sabes qué día es hoy?...¡Es viernes! Tenemos que ir al taller.

  • Oh, no... – bostezó – me había olvidado.

Lily subió corriendo a su casa, dio los buenos días a todos (incluída Petunia), se vistió, cogió un bolso grande de punto y metió dentro un albornoz blanco.

  • ¿Adónde vas? – le preguntó su padre.

  • Esto...Voy a la piscina. – respondió algo apresurada.

  • ¿Tan temprano? Me parece que vas a tener que coger el metro...¿Tienes ya los bonos?

  • Pues no, pero ya que lo dices... – se le había pasado por completo la existencia de los bonos del metro aunque tampoco le había hecho falta usarlos.

  • Toma, supongo que te llegará para 10 viajes – le decía Josh Evans entregándole dos libras.

A Lily le parecía mentira no haber viajado todavía en metro desde su llegada. Era una de las cosas que más de menos en Hogwarts; esperar el próximo vagón con el sonido de la guitarra de un músico ambulante de fondo. Regañó a Nat por no habérselo recordado. “Pero si está abarrotado, además así haces ejercicio”, replicó su amiga. Entre esa discusión acabaron cogiendo el metro hacia el Soho. Llegaron al taller y sólo había cinco alumnos.

  • Hola – Phytom las recibió – Los baños están por ahí , no os preocupéis, poneos cómodas y relajaos.

Se cambiaron y se dirigieron hacia la sala de los lienzos. La verdad es que estaban bastante nerviosas. Phytom les dijo que fuesen hacia los taburetes que se sentasen de espaldas. Les indicó que se recogiesen el pelo de manera que dejasen la espalda totalmente descubierta y que se ladeasen un poco hacia la ventana. Lily miró de reojo a Natalie y vio que su cara estaba roja como un tomate.

Estuvieron así una hora hasta que Phytom exclamó:

  • ¡Muy bien, dejad ahí vuestros trabajos! A ver qué tenemos por aquí... No has captado bien la luz , McManaman , tienes que practicar más este punto. Bueno, seguiremos el lunes con otra nueva sesión pero, esta vez, de la espalda masculina.

  • Eh, ¿qué tal? – le preguntó Lily a Nat en cuanto se subió el albornoz.

  • Bua, un poco nerviosa, me costó mantenerme quieta, pero bien – sin querer dirigió su mirada hacia los dibujos que se recostaban sobre la pared – Mira esto...

Cogió el dibujo y se lo enseñó a Lily que se quedó sorprendida. Era ella, no le habían dibujado sólo la espalda, quienquiera que la hubiese retratado había captado la posición completa que tenía; hasta tenía el albornoz a la altura de la cintura.

  • Es una pena que no esté firmado pero es muy bueno – comentó Natalie

En las tres sesiones siguientes a las que les tocaba asistir, se volvió a repetir la historia : Lily aparecía retratada entera. Intentaron agudizar la vista para descubrir cuál de los alumnos era el que hacía esos retratos. El último día fue el más duro: tenían que posar sentadas totalmente de frente y sus mejillas estuvieron del color del carmín toda la hora.

Una vez más se acercaron a ver los bocetos. Esta vez uno de ellos sí estaba firmado aunque no podían distinguir bien el nombre.

  • Puedes llevártelo si quieres – dijo una voz.

  • Yo... Señor Phytom...No hace falta

  • Te he visto mirar entre los bocetos todos estos días. Te preguntabas quién te dibujaba al completo... Era yo. Me pareció un desperdicio trazar líneas de partes aisladas, sería un insulto si lo hiciera porque tienes un rostro muy especial...

  • Gracias pero yo no diría tanto – Natalie le dijo a su amiga que se iba a los baños.

  • De verdad, además, estaba buscando un rostro para mi próximo bloque temático y me da que ya lo he encontrado...bueno, eso si tú quieres. El doble de lo que vas a recibir por lo que estás haciendo ahora.

  • Está bromeando, pero si yo no sé posar, está claro...

  • Eso es lo que tú dices, te has mostrado muy natural y de eso va la pintura en una de sus múltiples facetas, de reflejar la realidad. Piénsatelo antes de la próxima semana. Nos vemos.

Natalie no se lo podía creer cuando se lo contó. “¿Aceptarás?”. “Sé que es bastante dinero pera tres días pero no sé, me parece muy fácil”.

Días después, Lily Evans había tomado una decisión. Algún día tendré que empezar a ganarme la vida y por qué no estrenar las páginas de mi CV ahora que tengo la oportunidad de hacer algo... Vamos allá.

  • No te parece que Lily va demasiado a la piscina – se extrañó su madre

  • Ah, déjala, está de vacaciones – replicó su padre detrás de una enorme página de periódico.

En el taller de Phytom sólo estaban ella y él. La sesión había comenzado hace dos horas y parecía que iba a durar bastante porque no se trataba de un dibujo a lápiz sino de un cuadro al óleo. Lily estaba completamente desnuda, recostada en un sofá, con una pierna que cruzaba tapándole lo justo, los brazos detrás de su cabeza, por su cara caían unos cuantos mechones de pelo.

Hicieron algunos descansos en los que se ponían a hablar de cosas triviales , situación que cambió cuando la muchacha del pelo castaño rojizo le preguntó si podía ver cómo iba el cuadro.

  • Es quedando muy bien...

  • Todavía le falta mucho para estar terminado pero no podía estar saliendo así de no ser por ti, tú eres la clave del cuadro, la técnica no importa sino lo que plasmas en la tela, eso es lo que vale.

Lilian se sintió rara, ¿estaban echándole un cumplido? Aún así esa sensación no salió al exterior y volvió a su posición inicial. De vez en cuando, notaba que la miraba pero no como lo habían hecho los alumnos con los bocetos, sino que esa miraba la traspasaba porque iba directamente a sus ojos. Quizá vaya por los ojos. En ese momento no pudo evitar moverse, se había distraído de más.

  • No te preocupes... Sí, así...Un poco más de lado...Espera, no... – al ver que su modelo no le entendía, Ed Phytom se acercó para ayudarla a retomar su postura.

Lily sintió un escalofrío cuando toco su hombro, sus manos eran un témpano de hielo. “Está helado”, dijo. “Sí, siempre me pasa”, musitó él que se notaba algo nervioso puesto que también le temblaban las manos.

Volvió detrás del lienzo y siguió pintando. “Puedes hablar si quieres, todavía no he llegado a la boca”, le sugirió. Pero Lily no le hizo caso pues había otra cosa en la que se había fijado: Phytom había estado pintándola con un único pincel todo ese tiempo, y no lo había recargado de pintura ni una sola vez.

  • ¿ Cómo puede pintar sin más que un pincel y con la misma cantidad de pigmento?

  • Ah...Es que soy mago, ¿sabes? – dijo en tono gracioso.

  • ¿Ah, sí?...Ja, ja, ja...Y yo soy la Reina de Inglaterra... – Lily había tenido que forzar un poco la risa pues aunque fuera una broma para los muggles, ella bien sabía que no lo era tanto.

Rieron hasta que, de repente, sus miradas se volvieron a cruzar. Se hizo el silencio. Esos ojos negros le inspiraban misterio pero no un misterio cualquiera, era una curiosidad casi hipnótica; le parecían que escondían algo pues brillaban de una forma peculiar, sobre todo después de que, rompiendo el silencio, él le pidió que lo llamase por su nombre y lo tuteara.

  • Basta por hoy. ¿Qué tal si seguimos mañana ala misma hora?

  • Ok. Nos vemos mañana – Lily sonrió y se fue a los baños.