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Historia 51374 — capítulo 8
Un mal amanecer
Al amanecer, lo primero que Tonks pensó fue en su teléfono. Lo tomó a un lado de su cama. Hermione se había quedado dormida junto a ella, esperando verla bien. Verla saludable.
Severus se llevó una mano al rostro y se frotó el mismo con ella, al escuchar su teléfono. Alrededor de las nueve y se había dormido. Tenía su primer llamado, de su esposa.
— ¿Ocurre algo, Nymphadora? ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo?— para llamar, pues podría ser cualquier cosa— ¿Algo le ocurre a Hermione y a sus hijas?
Nymphadora permaneció en silencio. Casi soltando una carcajada, se dirigió a su esposo que esperaba pacientemente. Ligeramente preocupado, claro. Porque... ¿llamar a las nueve de la mañana?
Creía él, que ella estaba durmiendo.
— Estaba pensando en ti y no pude resistirlo. Me desperté; para llamarte.
A eso, no contestó.
— Bueno. Pues como escuchas, yo estoy bien. Además, me has despertado. Me había quedado terriblemente dormido y...— miró a Draco que se desperezaba en la cama y miraba su reloj— tu yerno también.
¡Su trabajo!
Draco caminó hacia el salón, donde Snape estaba sentado y charlando por teléfono. No decía más de dos cosas y asentía de vez en cuando. Imaginó que hablaba con su esposa.
— Hermione querrá hablar con él, supongo. Espera.
Draco tomó el teléfono y Severus, se levantó del sofá. Así como habían llegado, así se iban. Comenzaba a recoger todo el "equipaje" que tuvieron que llevar; cuando el mayordomo de Bellatrix cruzó el umbral y se detuvo en la puerta de la habitación.
— La señorita Bellatrix, los espera para el desayuno.
— Pues dígale que no tenemos tiempo. Que yo tengo asuntos que atender con mi esposa y que el joven que ves allá; con la suya. Así que piérdete y dile que ya nos vamos.
Pero antes de siquiera salir de la habitación, Bellatrix caminaba hacia ellos con un aire de satisfacción que no le gustaba en absoluto. Draco ladeó la cabeza hacia la mujer y susurró rápidas palabras de cariño a Hermione. Colgó el teléfono y caminó hacia Snape. Lo mejor era ser partícipe de todo lo que a esa loca mujer se le ocurriera y así poder disuadirla.
— No puedes irte, sin al menos acompañarme a desayunar.
— Él tiene que trabajar y yo tengo a dos mujeres que atender. Si me disculpas, no tengo tu tiempo para perderlo.
— El joven puede irse si quiere— dijo Bellatrix, como si eso era lo que en verdad estaba esperando. Que para Snape, era más que obvio que lo esperaba. Draco negó con la cabeza e inspirando, se dirigió a la mujer frente a él.
— Tengo órdenes de traer al padre a casa. Así que lamento tener que interrumpir su desayuno, pero no disponemos de tiempo y yo llegaré tarde.
Bellatrix hizo un gesto de dejadéz y Snape, inspiró en silencio. Caminaron hacia la puerta, mientras ella los seguía con la vista y al cerrarse la puerta, ella ahogó un hondo suspiro y miró aquellos caminos con mucha rabia. Comenzaba a caerle pesado, aquel muchacho de ojos grises. Draco sin embargo; tenía muchas cosas en mente que discutir con él.
— Señor. Si usted empezó a salir con ella, luego de divorciarse. ¿Por qué se embaraza justo ahora?
— Locuras de esa mujer. Yo en lo personal, no le creo nada.
Draco asintió en silencio y otra duda asaltó su cabeza, muy pronto. El apellido de Hermione. Era Granger hasta lo que sabía. ¿Por qué entonces no...?
— ¿Por qué Hermione no usa el apellido de su madre?
— ¿Qué dices?— dijo Snape, mientras abordaban el auto de joven suspiró y se preguntó si debía hacer semejante pregunta. Bien, Hermione ya era Malfoy. Pero siempre tuvo esa curiosidad en su cabeza. Desde que tenía memoria de conocerla a ella y a su madre. Snape sabía de lo que hablaba.
— ¿Por qué Hermione, es Hermione Granger y no Hermione...?
— Es una historia muy larga. Hermione cuando nació, tuvo muchas dificultades. Era una bebé muy enferma y su madre creyó que moriría. El apellido real de Hermione es Hermione Snape Tonks. El Granger es una abreviatura de algo que ni yo comprendo. Solo su madre y sus estupideces.
Prefirió no entrar en detalles. Para cuando se dio cuenta de todo ello, ya estaban cerca de casa. Al abrir las puertas del auto, se dio cuenta de que Blaise estaba parado justo frente a su casa.
Mala señal.
— ¿Qué estás haciendo aquí?— preguntó Draco y aquel hombre se dio la vuelta para mirarlo. Severus pensaba caminar hacia él y golpearlo, pero Draco estaba en medio del asunto y no quería hacer uso de la fuerza bruta. Al menos, no en público. Tenía que calmarse.
— Vine a ver a mi hija. ¿O es que crees que es tu hija?
En eso no podía discutir.
— Hermione...
— Ella ha ido a buscarla. Pasaré unas horas con ella.
— ¿Y crees que voy a permitírtelo?
— Hermione viene conmigo.
— Eso tampoco.
Hermione salía de la casa, con Eliane entre sus brazos. Al ver a Draco, la pequeña había comenzado a gritar de felicidad. Blaise inspiró y con una sonrisa contrahecha, abrió las puertas de su propio auto. Por supuesto, Snape estaba en medio y sobre él no podrían pasar. No saldría ninguno de los tres.
— Debes creer que somos imbéciles. Como si no supiésemos que intentarás herir a mi hija y a mi nieta.
— Pues se equivoca, señor Snape. No esta vez. Ya no soy aquel que fui.
Si por supuesto. Ahora seguro era peor. Hermione inspiró, colocando una mano sobre el pecho de su padre y asintiendo en silencio. Prefería acompañarlo, que dejar a la pequeña sola. En eso era lo único en que los tres estaban de acuerdo. Snape no quería siquiera imaginar; cómo estaba Nymphadora.
Debía tener un ataque justamente ahora. Un ataque de nervios.
Igual que Draco.
Los miraron partir y Snape, negó con la cabeza. Caminó hacia la casa y tan pronto entró, Nymphadora lo interceptó. Colocó sus manos sobre su rostro y admiró el mismo, en busca de heridas y demases. Que no encontró.
Plantó un beso en sus labios y sonrió, acariciándole el cabello.
— Ya déjame, mujer.
— ¡Qué bueno que estás a salvo! Temía que esa mujer...
— ¿Pues qué iba a hacer? ¿matarme? ¿arañarme y morderme?
— No juegues con eso, que acabas de ver como ese desgraciado se ha llevado a nuestra hija y a nuestra nieta.
Lo supuso. Nymphadora enloquecería. Asintió en silencio y simplemente se inclinó para besar su frente con mucha delicadeza. No tenía razones para echarle la culpa de sus miedos. Estaba sintiendo algo familiar. Y si él hería a Hermione o a su nieta...
Él mismo iba a matarlo. Y lo mismo pensaba Draco.
El ambiente en la casa, terminó siendo turbio. Severus estaba en el salón, sentado y Draco no había ido a trabajar. No podía, con el estómago al cuello. Imaginaba a Hermione en peligro y solo quería correr detrás de ella.
Nymphadora sentía lo mismo. Apenas había cenado, probado un bocado y se había recostado. Estaba algo mareada, aunque Snape sabía que solo era preocupación.
— Severus... ¿mi hija no ha vuelto?— dijo la mujer, con las manos sobre el marco de la puerta.
— No. Aún no. Te ves bastante pálida, ¿te sientes bien?
— Solo es un pequeño mareo. Al menos la pequeña está dormida y no está clamando por su madre. ¿Y Draco?
— Fue a caminar, creo que está tenso— dijo Snape y Nymphadora caminó lentamente hacia el sofá y se sentó junto a su esposo. Inspiró, acariciándose el vientre con mucho cuidado y ladeando la cabeza hacia su esposo. Luego; la apoyó sobre su hombro y sostuvo uno de sus brazos.
La espera ya comenzaba a ser ridícula.
Mientras pensaba en eso, la puerta de la casa se abría y Snape giró el rostro para mirar. Corriendo, entraba Eliane. Traía entre sus manos, lo que parecía ser algodón de azúcar. Corrió hasta sus abuelos y se detuvo allí, sonriendo. Dijo tantas cosas, que Nymphadora no pudo entenderle. Severus miró a Hermione, que entraba en silencio y con un rostro que reflejaba sorpresa. Se levantó y se detuvo frente a ella.
— ¿Estás bien, Hermione? ¿No te han amenazado ni...?— miró su rostro— Si ese infeliz...
— no, papá. No hizo nada. Blaise solo llevó de paseo a su hija.