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Historia 51374 — capítulo 9

Ron y sus comentarios

Esa mañana, la situación parecía algo álgida. Draco no dejaba de interrogar a Hermione sobre el paseo y Eliane, ella no parecía percatarse de nada. Siquiera; de la diferencia entre su padrastro y su padre. Le agradaban ambos. Mientras jugaba con sus cubos de formas, Draco seguía a Hermione. Necesitaba saber qué había ocurrido. Ella sin embargo, con su pequeña hija de un par de meses a lo sumo, no deseaba hablar de ello. Pronto su hija menor cumpliría un año.

— ¿De qué hablaron? ¿Qué te dijo? ¿Te tocó...? ¿Te...?

— Draco, ya basta. Me pones nerviosa. No ocurrió nada, ya te dije. Solo jugaba con Eliane, mientras yo estaba sentada en un banco de una plaza. Eso fue lo único que hizo. He incluso me dio dinero para su manutención. No dijo mayor cosa.

— Me estás ocultando algo. Seguro te amenazó para que no me dijeras y...

Severus entró en la cocina y los miró con un gesto de reproche. Ladeó la cabeza hacia ambos, que parecían un par de niños y negó con la misma. Hermione parecía molesta y no tardó en hacérselo saber. Dejándolo solo y con la palabra en la boca.

— Si ella no quiere hablar, déjala tranquila— dijo Snape con un gesto autoritario y Draco no se convenció de ello. ¿Dejarla tranquila? No era estúpido. Podía estar metida en problemas y no quería contárselo. Tenía miedo de que él la hubiese amenazado.

Tonks parecía de acuerdo con Severus, al respecto.

— Me atemoriza lo que ese idiota pudo haberle hecho. Pero si ella no desea hablar; no podemos obligarle. Y no puedes preguntarle a Eliane, puesto que ella ni siquiera sabe hablar bien. Entonces, tendrás que confiar en ella. De eso se trata el matrimonio, cariño.

Antes de que Draco dijera algo, Tonks se contenía el vientre con sus manos. Siempre que hacía aquello, Snape parecía sobresaltarse ligeramente. Tampoco exageraba con sus reacciones. Era el hombre más serio que Draco jamás había visto.

— ¿Te sientes bien?

— Severus, ¿cuántos días faltan para la cesárea? Creo que ultimadamente, tengo dolores similares a proceso de parto. Contracciones.

— El doctor mencionó que faltaban unos cinco días. Pero quizá se adelantaba. Estaba casi posicionado. ¿Por qué no te documentas, mujer? Tú eres la mujer, no yo.

Ella sonrió y alzó sus manos para acariciar su rostro.

— Me encanta oírtelo decir, aunque yo ya sepa algo de todo eso.

Severus la miró, mientras ella se sentaba en la mesa del comedor y miraba su desayuno con rostro de pocos amigos. Sí. Así era Nymphadora. Siempre bromeando y diciendo tonterías por doquier. Antes incluso de que Snape se moviera, el timbre del hogar sonaba con insistencia. Hermione fue la primera en abrir, aunque Draco deseaba hacerlo.

Por si se trataba de Blaise y tenía que encontrárselo cara a cara. Nuevamente. 

Pero no. Era Ginny Weasley, parecía muy feliz. Al entrar, abrazó a Hermione. Tenía que contarle un gran secreto. Una noticia.

— ¡Harry Potter me declaró su amor. Abiertamente!

— Perfecto— dijo Hermione— Pero...¿le consultaste a tu hermano, Ronald? Son compañeros de trabajo y dudo que le guste. Quizá no.

Ginny inspiró y decidió quedarse en silencio. Su hermano no podía meterse en su vida, solo por desearlo así. Con una inspiración, le contaba a su amiga lo que usaría esa noche. Mientras hablaba, no dejaba de sonreír como tonta.

Lo mismo pensaba Harry. Debía decírselo a su mejor amigo, a su colega. No quería que ello afectara el trabajo tan bueno que habían estado desempeñando. No resultaría satisfactorio para nada ni nadie. Además de que podía traer peleas.

Ron era bueno para eso. Para los golpes.

Para solo escuchar sus propios pensamientos. Para criticar antes de pensar. Por eso temía que Ginny sufriera las consecuencias.

Luego de aquella visita, Hermione había comenzado a preparar la cena. Draco meditaba sobre lo que acababa de escuchar. Él no veía nada malo en su relación con Harry.

Pero Hermione sí. Sobretodo si la ocultaban al ser más importante para ella. Su hermano. Quizá no le gustaría. Quizá arruinaría la sociedad que ambos tenían.

Fuera o no cierto, ella no se entrometería. Ginny no le decía cómo vivir su vida con Draco. Ella no le diría como vivir la suya con Harry.

Podría arruinar su amistad.

— Yo solo pienso que ella debería decírselo a su hermano. Quién sabe...quizá hasta lo apruebe.

Quizá.

Harry estaba en ello, mientras Hermione lo pensaba. Estaba camino al apartamento de su mejor amigo. Al llamar a la puerta, Ron abrió de inmediato.

— Pasa, adelante. ¿Qué sucede, Harry?

— Es sobre tu hermana, necesitamos hablar. Se trata de algo muy importante. Por favor, presta atención y déjame terminar.

Eso lo ponía ligeramente nervioso. Asintió, poniéndole en una de sus manos, un trago de whiskey y sentándose frente a él.

— ¿Le ocurrió algo? ¿Está bien?

— Sí, ella está bien. Quise decírtelo yo, personalmente. Creí que era lo mejor.

— ¿Qué cosa, Harry? Me pones nervioso.

— Estoy enamorado de tu hermana y quiero invitarla a cenar.

Ron lo miró, perplejo. No sabía qué decir, en realidad. Su hermana y su mejor amigo, saliendo juntos. Quizá teniendo vida íntima. No sonaba muy bien.

Aunque no podría detenerla. Ella haría hasta lo imposible, por cumplir lo que anhelaba. Y él no podría decir que no, puesto que eso la enfadaría.

Él amaba a su hermana y la protegería.

— ¿Mi hermana y tú? ¿Juntos?

— Yo la amo, ella me ama... sé que tenemos poco tiempo de conocernos. Prometo que no la lastimaré, que la protegeré. No te preocupes sí...

Ron alzó una mano y él se detuvo. Dejó de hablar y lo observó con una sonrisa suave. ¿Qué iba a hacer? ¿Quejarse?

— Puedes salir con ella, pero yo luego te daré mi veredicto. Mientras, no quiero que la toques más que para abrirle la puerta del auto.

Bien. Entendido.