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Historia 51688 — capítulo 3

El padre de Emily, el señorRobert Johnson, empleado de un bar muy exitoso de la

zona, solía pedirle ayuda a su hija todos los sábados, día por el cual en el exitoso bar se

reunían cualquier cantidad de personas que salían de sus labores o sólo pasaban ansiosas

por probar el riquísimo sabor de un humeante café caliente, para ayudarlo con la tan

dificultosa y cansadora labor.

Ella siempre aceptaba ese pedido porque el agradable aroma del café la transportaba

hacia lugares preciosos que le traían inolvidables recuerdos, que lograban,

mágicamente, ponerla de buen humor con lo que a la niña le costaba desprenderse de la

acogedora cafetería.

-Terminas de lavar esas tazas y puedes marcharte, hija…-le ordenó su padre a Emily

quien secaba con energía una pila de platos- Ya me ayudaste mucho, nena.

-Pero a mi me encanta hacerlo padre, en serio no tengo problema.

-Muchas gracias linda, pero ya debes ir a casa, tu madre te espera con la comida lista.-le

dijo el señor Johnson sonriéndole-

-¡AH! entonces termino esto y voy…-se apresuró la joven hambrienta-

-Por cierto, ¿todo bien en tu escuela nueva? -preguntó al tiempo que preparaba un café

con espesa espuma y facturas calientes-¿Te hiciste de amigos?

-Sí, las personas aquí son muy agradables, aunque, no todas ellas- añadió, pensando en

Daniel- Pude anotarme en los talleres de actuación, literal y de guitarra.-le contó Emily

emocionada, acabando con unas tasas que quedaron espléndidas-¡Ya acabé! ¡nos vemos

luego!

Despidiéndose de su padre con un fugaz beso en la mejilla, partió rumbo a casa. En el

camino la distrajo una inmensa camioneta negra que pasaba por su lado. Emily se quedó

parada con los ojos como platos, al ver que unos de los resplandecientes vidrios de

adelante bajaba con lentitud, dando lugar a una muchacha de cabello negro ondulado.

Tenía los pómulos encendidos, al parecer se había maquillado demasiado y parecía

que se asfixiaba y le hacía calor. A su lado se encontraba sentado un joven de pelo largo

y rubio. Emily se acordó de ellos, los había visto en la escuela molestando a un par de

estudiantes sólo porque querían y quiso huir antes de sufriera el mismo destino

que esos pobres chicos, pero no tuvo la suerte de escapar de esa situación embarazosa.

La pareja ya habían abierto la boca soltando palabras pedantes.

-Mira Jimmy ahí está la nuevita. -se burló la muchacha- ¡¡Oye!! ¿Has pensado

comenzar con una dieta?

-Si ,te vendría bien. -continuo el rubio, lanzando una chillona risita-

-¿Y ustedes siquiera han pensando alguna vez?- contesto Emily satisfecha por la

expresión de ambos al oír aquello- Mejor no respondan, lo dudo mucho, con un cerebro

tan vacio, si lo que es diversión para ustedes significa molestar a los demás. Son

personas horribles.

-Te equivocas, tontita, por algo mi nombre es Linda. -le espeto, la chica esbelta- Linda

arrancó la camioneta no sin antes gritarle "Al menos no soy, Gorda"

Al borde del llanto, Emily corrió lo más veloz que pudo, sin mirar a nadie, detestaba esa

palabra, todavía esas insoportables risas le resonaban en la cabeza y por segunda vez

tuvo la sensación de que sus huesos no serían los mismos, debido a que nuevamente

había chocado con el guapo chico llamado Daniel Radcliffe.

No tenía ganas de lidiar con él y tampoco lo hizo. Se sorprendió al notar que le tendía

una gran mano para levantarla del piso. Era evidente que había notado que ésta no había

tenido un buen día y que a pesar de que Emily se limpió rápido las lágrimas, él

imaginaba que había sollozado.

-¿Te encuentras bien?-le preguntó Daniel, a la dolorida chica-

-Sí, gracias.-le sonrió Emily y aprovechando ese momento se apresuró a preguntar-:

¿Vives por aquí cerca?

-Bueno me alegra que estés bien, adiós.-dijo cortante haciendo oído sordo a esa

interrogación y se esfumó sin esperar saludo alguno-

Había desaparecido tan rápido como había aparecido, y Emily cada día perdía las

esperanzas de poder platicar con él, que extrañamente le gustaba demasiado.

A la semana próxima, recibió un llamado telefónico de su mejor amiga, Vanessa, ella

seguía transcurriendo a la escuela en New York, pero contenta le prometió a su amiga

que iría a Londres a visitarla ya que su padre también vivía allí.

Los padres de Vanessa, estaban separados desde ya hacía 9 años y ella convivía con su

madre. Le contaba que su padre le mandaba el pasaje, en las vacaciones y los fines de

semanas, para que viajara a verlo, ya que le iba fantástico en su

trabajo de empresario.

Emily impaciente por su venida, pero todavía un poco derrotada por el

intento fallido de mantener un diálogo con Daniel Radcliffe, se encaminó arrastrando

los pies rumbo a la escuela.

Se contaron diversos chistes con sus nuevos compinches, Natalie, Katie, Ben y Justin y

luego de varias carcajadas, fueron a sus clases particulares.

A medida de que Emily buscaba un lugar para tomar asiento, Burt Wooton, el profesor

de actuación, acomodaba el escenario con elegancia, al final del aula.

-¡Atención por favor! -dijo el profesor a la clase, elevando la voz-

En este preciso momento voy a repartirles los personajes de la obra, a los que me

pareció, sencillamente, que se lo merecía y haganme caso, los que no fueron

seleccionados retírense callados y sin protestar ¿entendido?-preguntó con aire

impaciente a los alumnos que asentían incrédulos- Muy bien Radcliffe y Johnson

¡nuestros nuevos Romeo y Julieta! Sería conveniente que ensayaran juntos mientras yo

reparto los guiones. -les ordenó a Daniel y Emily que se miraban con recelo-

Ambos jóvenes obedientes se apartaron del montón y se decidieron a practicar los

primeros guiones; Daniel en voz potente leyó su libreto como si estuviera sólo, sin mirar

a Emily ni a nadie en particular. Pero en instante en que ésta argumentaba, él no

apartaba la vista de su rostro, y no sabía que ella se daría cuentay que rogaba que

el timbre la salvara de esa escena tan incómoda.

El profesor fue a examinar cómo actuaba la pareja, lo cual alivió mucho a Emily, que se

ruborizaba con facilidad.

-¡Excelente! -la felicitó el profesor, levantándole el ánimo- ¡Continúe practicando,

señorita Johnson que lo hace muy bien!¡Y usted señor Radcliffe ya sabe que lo hace de

maravilla! -agregó al observar que Daniel endurecía el semblante, celoso-

Lean y comenten, plis...! :D