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Historia 51688 — capítulo 4

El timbre se vio acompañado por silbidos y gritos de júbilo de parte de todos los

alumnos, que salieron disparando al recreo.

Las horas transcurrían con profunda pereza hasta que finalmente llegó el

término de clases cuando nuevamente se escuchó el molesto tono de la

campanilla, dando comienzo al fin de semana.

Emily, salió disparada hacia su casa, esta vez no se tropezó con nadie ni se

encontró con las pedantes parejas de la inmensa camioneta negra, sino que en

la puerta de su hogar, se apreciaba una figura de mediana estatura, piel

morocha y de cabello largo con ondas que le llegaban hasta la cintura, y corría

hacia ella con los brazos estirados, lista para abrazarla, con una sonrisa de

oreja a oreja mostrando dientes blancos que emitían brillantes destellos. Se

trataba de su mejor amiga de New York, Vanessa, que al parecer recién había

llegado porque un bulto de grandes maletas se desparramaban en el suelo.

-¡Te extrañé tanto, amiga! -exclamó la morocha, soltando a Emily y secándose

unas lágrimas que se le resbalaban por la rosada mejilla- ¡Tengo tantas cosas

que contarte!

-¡Yo igual! Ven, entremos...mis padres están trabajando, como siempre -le dijo

Emily al tiempo que la hacía avanzar a su hogar y se sentaban

en la sala- ¿Tu padre vive por aquí cerca?

-Oh ¡claro! Unas dos cuadras delante ¿no es genial? ¡Puedo venir a verte en

este tiempo, cuando quiera! -comento, emocionada saltando levemente en su

asiento- Eso sí, si me comporto bien en la escuela y bueno, en general. Tu

sabes como es mi madre, terriblemente exigente y me temo que adora

castigarme. Ah, ya le dije a mi padre que pasaría por aquí primero, así que en

unos minutos me marcho...no quiero hacerlo esperar mucho tampoco. ¡Bien!

quería contarte que en estos tiempos que anduve por aquí en Londres

¡Conocí a un chico! y bueno él, ya es, mi novio -confeso Vanessa sin poder

contenerse y con un dejo de timidez-

-¿En serio? ¡Pero eso es increíble Vany, de verdad estoy feliz por ti! -la felicitó

Emily dándole un fuerte abrazo-

-¡Gracias! ¿Y qué hay de ti?-la interrogó la joven-

Emily le relató con brevedad, sobre los tropiezos que tuvo con el atractivo

Daniel, que los eligieron para interpretar a Romeo y Julieta e ignorando el

rostro de asombro de su amiga, también le contó sobre porqué era tan hostil

con las mujeres. Hasta se atrevió a decirle algo que ni ella llegaba a admitir,

que el chico de ojos azules le gustaba como nunca nadie le había gustado.

También le narró de esa pareja que le dijeron gorda y Vanessa se enfureció

tanto que la vena de la sien parecía a punto de explotarle.

-¡Que pareja de perdedores! ¿Cómo se atreven a llamarte gorda? ¡Si eres una reina!-la defendió

Vanessa-

-Si, una reina sin ninguna curva atrayente -se mortificó Emily-

-¡Vamos amiga! Puede que no tengas el cuerpo que deseas pero tienes otras

cosas que sobresalen tanto que nadie se daría cuenta de tu ausencia de

"curvas" como tú dices. Eres hermosa, inteligente, divertida y simpática. ¡No le

hagas caso a ese par de imbéciles! Ese Daniel que me dijiste que era

enamoradizo en algún momento se enamorará de ti ¡si eres un sol! Pero

¿sabes? me encantaría que platiques con él y hacerle entender que no todas

somos iguales.

  • Es lo que trato de hacer, lo intentaré el lunes en la clase de actuación, el

único lugar en donde puedo encontrarlo, si es que no me lo tropiezo en el

camino. -dijo Emily un tanto angustiada-

-Pero hasta ese día, tienes que distraerte un poco, sacártelo de la mente ¿me

entiendes? Y no aceptaré un NO como respuesta, porque al parecer la frase

"amor a primera vista" estaría muy bien encabezada en este tema-comentó la

muchacha amenazadoramente-

-No estoy enamorada y depende, si tus salidas son muy peligrosa o

arriesgadas...

-Solo se trata de que conozcas a alguien que te dirija la palabra -dijo Vanessa

levantando una ceja y fijando la vista en la extrañada Emily, explicó: -¡Te

arreglaré una cita!

-¿Qué? ¿Cómo? No, no estoy de acuerdo...-negó la niña moviendo la cabeza de

un lado a otro, decidida-

-Sólo conocerás a alguien que te haga olvidar de ese tal Daniel y tu

masoquismo y déjame explicarte. -hizo una breve pausa para tragar saliva y

continuó- : Le pediré a mi novio Zac que se busque un amigo ¡No, aguarda!-

exclamó levantando una mano para hacerla callar, viendo que Emily iba a

replicar- Organizaremos una salida de cuatro, Zac junto conmigo y cualquier

amigo o lo que sea de mi novio contigo. ¿Y...? ¿Te agradó la idea? Es solo,

básicamente, para que conozcas a mi novio. Resultaría incomodo si fuéramos

los 3. ¡Por favor, Emy!

-No lo sé, no suena tan mal...-se percató Emily no muy convencida-Si quiero

conocer a alguien no tiene nada de malo ¿no?

-¡Por supuesto que no! Le contaré todo a Zac, él también vive muy cerca de

aquí ¡y ya quiero verlo! Ya es hora de marcharme, mi padre me reprenderá si

llego tarde. Te llamo.-dijo dándole un tierno besito en la frente mientras Emily

se ponía de pie, apenada por su partida- ¡Y no me pongas esa cara, nos

veremos luego!

Las inseparables amigas se despidieron con un cálido abrazo después de unos

minutos que trascurrieron como una estrella fugaz en el momento en que uno

se apresura a pedir su deseo.

El invierno se acercaba en el antiguo Londres, pequeños copos de nieve caían del cielo

apagado, repleto de nubes parecidas al algodón.

Emily se hallaba sentada en su cama, apoyándose en el respaldo de ésta, sostenía una

gran guitarra muy femenina, que ella misma había decorado, estaba forrada de un color

lila fuerte y tenía además brillos por todas partes. La niña de ojos negros como la

oscuridad, la tocaba, ensimismada en sus bellas melodías un tanto alarmada al escuchar

gritos y barullos de personas, fuera de la casa. Curiosa por saber qué sucedía, se arrimó

sigilosamente hacia la gran ventana de la habitación, abrió con lentitud la cortinas de

color también lila y observó con atención.

Una multitud de jóvenes aplaudía calurosamente, ubicados alrededor de algo o alguien

que Emily no pudo visualizar concretamente, de tan lejana distancia. Inmediatamente

llegó a no poder contener ese misterio, a lo que cualquiera podía llamarlo curiosidad, y

salió precipitadamente a las corridas de su nueva casa, hacia las calles manifestadas de

personas.

Aquellos chicos gritaban desaforadamente aturdiendo a Emily que avanzaba hacia ellos,

pidiendo que se corrieran para hacerle lugar. Dentro de la gran ronda, se encontraban

peleando brutalmente un muchacho de pelo rubio y largo. Emily pudo reconocerlo, era

el que se burló de ella, él de la camioneta grande.

Al muchacho que le estaba dando una fuerte golpiza, también lo pudo reconocer, era el

atractivo y misterioso Daniel Radcliffe, el chico que de manera extraña le gustaba tanto.

-¡Ey apártate de él! -exclamó Emily defendiendo al muchacho de ojos azules, aún

sabiendo que él le estaba ganando. Se arrimó hacia ellos, y los separó- ¡Ya, dejen de

pelear!

-¡Te mataré Radcliffe!-lo amenazó el muchacho rubio que tenia moretones en la cara y

hablaba agitado-

-¡No, tu no matarás a nadie! Al menos, no en público, no serias tan tonto. -lo desafió

Emily- Vámonos, Daniel…-le susurró al enojado muchacho-

-Pues me diste una idea. Ah lo siento no sabía que tenías novia...-se burló- ¡Defiéndete,

imbécil! ¿O prefieres que lo haga, una chica? Has caído bajo pero de verdad, no creo

que quieras quedar en el subsuelo. ¡ja! Se ve que no puedes superar que soy mejor que

tu, y que si de verdad te quería no hubiera hecho eso, lo mismo digo con las demás.

¡Ya, Radcliffe, ya paso, supéralo! ¡Estas condenado a que te pase lo mismo!

¡SIEMPRE!

Daniel se puso más tenso, pero sintió la pequeña y delicada mano de Emily sobre su

hombro y su boca acercándosele en su oído derecho.

-Créeme, Daniel, lo que más furioso lo pondrá es tu ignorancia, solo quiere que te

enfades. Reconozco que es difícil, pero es lo mejor que puedes hacer.

Aquellas palabras causaron un efecto sorprendente en Daniel que se tranquilizó y volteo

junto con la chica, cuya alma volvió a su cuerpo.

-No hacía falta que me defiendas. -le reclamó el joven, mientras salía con ella del

círculo, dejando atrás al molesto rubio-

-¡Todavía no terminé contigo! ¡Vuelve cobarde! -le gritaba viéndolo alejarse-

-Estás sangrando. -se preocupó Emily, mirando la herida por arriba de las gruesas cejas

del muchacho-

-No es nada...

-Te la curaré. Ven conmigo.

Lo guió hasta su casa, él dudo un poco pero no se negó en seguirla, únicamente pensaba

en qué nunca nadie lo defendió ni lo cuido como esa hermosa chica, pero simplemente

no podía, no quería cometer el mismo error, no debía.

La bella Emily hacia que él poseyera sentimientos que no quería, ella si se hacía amar,

se preguntaba si ahora sólo, se dejaría amar.

Cuando ingresaron a la iluminada habitación, el silencio terminó, y los pensamientos de

Daniel, se esfumaron.

-Siéntate - le indicó la joven, señalando su cama-

El chico le hiso caso, aunque no tenía ni la más remota idea de lo que iba a hacer, sólo

observaba el cuarto y a Emily que llevaba una cajita en sus manos.

-¿Qué me harás? -preguntó Daniel con aire preocupado-

-Tranquilo, sólo te curaré…ésta cajita me la obsequió mi padre, aquí está todo lo que

necesito cuando me lastimo o me duele algo. Ya sabes, por las dudas, ellos no estén o

no puedan llevarme al médico -explicó Emily, mientras la abría y cortaba un poco de

algodón y lo mojaba con abundante alcohol- Esto te arderá un poco, pero de eso se trata

precisamente, la herida debe desinfectarse, te aseguro que esto es efectivo…

Emily le rozó suavemente el algodón en la herida y cuando ya estaba totalmente limpia,

le pegó una pequeña curita que casi cubría media ceja del muchacho.

Daniel no dejaba de mirarla, y rompiendo ese silencio incómodo en donde Emily

nuevamente se ruborizaba, dijo:

-Tus ojos…-murmuró-

-¿Qué tienen?-se alarmó Emily-

-Son negros... totalmente oscuros, nunca vi algunos de ese color. Siempre claros o

marrones.

-¡Ah! si, suelen repetírmelo todo el tiempo. Hasta tal punto que no puedo olvidarme de

ello, pero me agrada ser diferente, bueno hasta un cierto punto, es agradable -argumentó

la joven, aliviada- Los tuyos son bellos, transparentes...me hacen recordar...almar..-se

animó a agregar-

Ambos se quedaron inmóviles, ante aquellos comentarios, y al escuchar el fuerte crujido

de la puerta que se abría giraron sus cabezas, asustados.

-¡Oh! lo siento hija, no sabía que...-se disculpó Julie, que ante aquella situación no sabía

dónde esconderse-

-¡Madre! - exclamó dando un brinco- ¿Por qué no golpeas?

-Perdón, es que quería hablar contigo y no sabía que bueno…estabas con alguien...Hola

querido. -saludó Julie al joven que se encontraba de pie- Hija ya está la cena, si quieres

puedes quedarte a comer querido. -lo invitó-

-No, gracias. Yo ya me iba.-dijo el chico, arrepintiéndose de haber aceptado entrar a esa

casa, se dirigió hacia la gran puerta para retirarse- Adiós. -saludó sin miramientos y se

marchó-

CAPI DEDICADO A TODAS LAS QUE LEEN! GRACIAS, LAS QUIERO...!

PLIS SI LES GUSTA MI HISTORIA RECOMIENDENLA, QUIERO GANAR MÁS LECTORES..SE LOS AGRADECERIA!