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Historia 51688 — capítulo 37
Emily permaneció de pie mirando como una estatua el sector por donde Daniel había desaparecido. Le dijo que se daría una ducha, que necesitaba una en ese momento. La sensación de agitación, nerviosismo dejó de poseer su cuerpo, pero ella sabía que eso era sólo momentáneo, luego de pensárselo bien optó por bajar las escaleras luchando por alejarse de su deliciosa tentación que ahora se hallaba en el baño.
Almorzaría con Daniel ese día, el hecho de estar lejos de él le producía conmoción, no quería que llegara a ser su obsesión ¿pero qué más podría hacer? Su corazón no recibía órdenes. Tomó su celular y le explicó todo a su madre, claro que inventando argumentos para no comer con ella; no estaba preparada ni ella ni su padre para creer bien de Daniel, para creer que no era un drogadicto, para creer que lo había sido pero que ya todo formaba parte del pasado.
Pronto encontraría pruebas del culpable esa noche en la fiesta y se evitarían los problemas con Daniel, para que aquellas voces prejuiciosas, que determinaban que el muchacho era un simple niño rico y con acercamientos a las drogas, dieran por concluir.Lo crítico era que ni Daniel podía demostrar lo contrario ya que tenía amnesia, estaba enfermo y no podía defenderse ni el mismo. Por eso, ahí entraba ella.
Se paseó por toda la mansión luego que luchara por convencer a su madre de que almorzaría en casa de Natalie. Ansiaba que no fuera tan paranoica y no llamara a su amiga para verificar su palabra.
Se sentó en unos suaves sillones, observando la casa con mayor cuidado. Supuso que se hallaba en la sala de estar porque vislumbró un televisor gigante con pantalla plana, frente suyo. Una delicada mesita en el centro, sólo con propósito de adorno, pequeños maletones en las esquinas, daban un ambiente tranquilo y natural. El suelo se encontraba en tan excelentes condiciones: majestuoso y limpio, que su figura se reflejaba en él. En lo que observaba maravillada el suelo, un espantoso sonido se oyó arriba, ella levantó con rapidez la cabeza y se puso de pie sin meditarlo. Subió los escalones al principio resbalando con el alfombrado, hasta que sintió transpirar su corazón al notar que unos alaridos, consecuencia del ruido, provenían del pequeño cuarto del baño.
Tocó la puerta con los nudillos, al principio esperando por una respuesta, luego desesperando… Abrió la puerta con sigilo, cubrió sus ojos por si algunas partes íntimas de Daniel estuvieran al descubierto, y comenzó a caminar en buscar de alguna figura relevante.
Daniel llevaba una bata encima, luchaba por ponerse de pie ayudándose con las cortinas de la ducha, mientras que de su boca salían lamentos cada vez menos audibles y en sus piernas comenzaron a vislumbrarse con total rapidez minúsculos moretones.
-¡Daniel! -exclamó ella, corriendo a su rescate y bajando a su altura- ¿¡Cómo llegaste hasta aquí!? ¿Te hiciste daño? ¿Estás bien?
-S... si -respondió el muchacho incorporándose con la ayuda de Emily quien lo tenía abrazado para intentar que se parara con el soporte de su cuerpo.
Sin hacer más preguntas la chica lo llevó a su habitación, lo recostó y decidió que hasta que se compusiera volvería a consultar su estado pero que llamaría al doctor Brander. No parecía haber sufrido ningún daño severo por lo que se recostó a los pies de su cama y se dedicó a mirarlo. De su mochila plegada de adornos y colores, sacó la canción que había escrito hace un mes. Era muy suya, muy íntima. Ya no recordaba la última vez que la había leído así que con los ojos enfocados en las palabras comenzó a leerla con un susurro, sería muy embarazoso si Daniel descubriera sus sentimientos escritos en esos encuentros suyos en los cuales antes mostraba su hostilidad y la hacía padecer en tristeza.
La canción decía más o menos así:
Trato de creerte cuando me dices que todo está bien Te juro que quiero creerte, pero no puedo. Como saber qué debo hacer si sigues cambiando tú parecer Como hacerlo si sigues dominando mi mente Cada vez que intento decidir logras confundirme Tú melodiosa voz, tu forma de hablar Tú mirada azul que sólo me hace suspirar.
××××
El cielo se representa en tus ojos Cada destello se muestra como una hermosa estrella Quiero viajar al cielo y nunca regresar… Si puedo ser parte de ti ¿Qué más puedo desear?
××××
¿Por qué no me crees que solo quiero estar contigo? ¿Por qué te es tan difícil dejarte amar? Si todo lo demás te parece tan ridículo Porque no quieres creer en lo único real.
××××
Todo me parece tan absurdo estando contigo Y a la vez tan maravilloso Vienes y te vas sin parar Pero aún así nunca logras que me canse de ti Haces que me sienta tan perfecta a tu lado.
××××
Quiero ser la mirada que salga de tus ojos.... El aire que sale de tus labios Quiero ser el sentimiento de amor real en tu corazón Ser tu complemento y nada más
Hoy por fin te muestras tal y como eres
Hoy al fin te dejas amar.
Aquella letra había sincerado su corazón en el momento que Daniel se cruzó en su vida, antes de que hubiera perdido la memoria, cuando se mostraba indiferente, incapaz de mirarla y calificarla como una persona importante en su vida como él lo era en la suya, capaz de continuar observando a Linda y defenderla, capaz de matar por ella, ese Daniel a quien no comprendía pero que ese mismo misterio despertaba su pasión hacia su persona. Si, bastante ridículo.
Daniel había movido un poco los dedos, giraba la cabeza con el cuello tenso, la miró con expresión de dolor, y mordió su labio inferior.
-Emily… -susurró con voz ronca.
-¿Si? ¿Qué tienes? ¿Necesitas algo?-contestó, aproximándose hacia su rostro.
-Solo fue… un golpe. Me duele… aquí -señaló con unas palmaditas cerca de su nuca.
-A ver…
Palmeó el lugar donde le había indicado, cerca de un mechón de pelo había una superficie de la cabeza un poco levantada pero al parecer no era nada grave, sólo un golpe como Dan había mencionado.
-Te traeré hielo, sólo es una hinchazón.
Daniel bufó, era evidente que no le gustaba que ella hiciera de su niñera pero no podía dejarlo así, por lo que solo eligió ignorarlo y traspasar la puerta en busca de eso que aliviaría aquella inflamación.
Al salir se llevó un sobresalto al mirar hacia arriba. Una cámara la vigilaba causando su inquietud, no le cayó muy bien que el guardia de seguridad la espiara, además que él no le agradaba nada. Un tipo que odiaba a la generación joven significaba amargura y superioridad a ellos. Se imagina que sería de esos sujetos que le gustaba abusarse del poder y el poder que ejercía en ese caso era el solo hecho de ser adulto próximo a la vejez. Sus padres toda su vida le enseñaron a respetar a los mayores pero lo que le indignaba es que algunos se comportaban peor o igual que un joven mismo. ¿Cómo podría respetar así?
Regresó con el hielo en la mano y abrió la puerta de par en par. Daniel ya no se encontraba en la cama, ahora salía del baño refregándose la cabeza con resignación. Emily llegó hasta él con un poco de precaución por si el muchacho volvía a tener una descompensación similar a la reciente, le entregó el hielo y él se acostó nuevamente.
-¿Te duele mucho?
-No, ya me pasará.
-¿Piensas comer algo?
-No sé cocinar -respondió Daniel encogiéndose de hombros-
-Ah pues yo sí, si me permites podría…
-No. -contestó casi gruñendo.
-¿No?-inquirió extrañada-
-No te dejaré hacer nada Emily, estas en mi casa -hizo una pausa en donde la utilizó para ponerse de pie con leve dificultad- ¿Qué tal pizza? O lo que prefieras.
-Me encanta la pizza -aceptó Emily. Daniel sonrió y se dirigió a su teléfono para encargar una con queso extra.
El rasgar de las mordidas hacia las porciones de pizza era lo único que se oía, Emily y Daniel estaban sentados en la sala de estar, en un alfombrado suave y ligero que acariciaba sus respectivas pieles. El televisor encendido, Daniel concentrado en cada palabra que salían de la boca de los actores de su saga favorita: Misión Imposible.
-¡Lo sabía! De ahí viene tanta imaginación -exclamó Emily con aire risueño mientras el muchacho concentrado relataba los diálogos de cada actor- ¡Por Dios, te lo sabes de memoria, no lo puedo creer! No quiero pensar cuantas veces habrás visto estas películas.
Daniel la miró, y al reír había mordido al mismo tiempo un pedazo de pizza provocando que el queso volara por los aires. Un silencio apareció ante lo sucedido y de repente ambos comenzaron a reír descontroladamente hasta comenzar a llorar, la pizza de Dan había quedado seca y el queso continuaba manchando la alfombra.
-Ten -dijo la chica ofreciéndole una servilleta para que se limpiara la boca.
Aquella película la aburría totalmente pero continuó mirándola, entusiasmada por el fanatismo de Daniel y más divirtiéndose con él. Emily se aproximaba a él de a poco, no lo hacía intencionalmente, sino que sus ojos azules parecían un imán poderosísimo que sin darse cuenta sus manos ya estaban a punto de estrecharse.
-Oye Dan, al descomponerte… ¿recordaste algo? Y sabes, importante… digo no es que me interese pero…
-Si te interesa -afirmó Dan haciéndose el galán.
-Deja ya de fastidiar. ¡Oh mira qué hora es! Tengo un examen mañana, lo lamento, debo regresar a casa a leer un poco -explico al ver su expresión de desagrado- ¿Qué es lo que tienes? Luego podrás detallarme mejor lo que recordaste…
Fue en busca de su mochila con una velocidad asombrosa que no pudo percatarse del rostro de Dan que inspiraba tristeza y frustración al verla despidiéndose. Ella apoyó sus labios rápidamente en su mejilla pero Daniel la corrió haciendo que aquel corto beso en los labios pareciera algo "accidental".