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La familia — capítulo 11

Los abuelos: Lily se había levantado, con los chillidos de sus hijas. Estaban junto al árbol de navidad, mientras Samantha sonreía y sostenía sus pequeñas manos con regalos. Severus se preguntó, si no podían dejar de enviarles regalos. Con una inspiración lenta, miró a las pequeñas con peluches y muñecas. Estaban muy entretenidas. Sonriendo, Arliana se despertaba para mirar el espectáculo. — Me parece que hay muchos regalos últimamente. — Mamá, te dije que no queríamos más muñecos. Las niñas no juegan ni con la mitad de ellos. — Por si tienes más niñas, cariño— dijo su padre y Snape lo miró con seriedad. No podía estar hablando de esa forma realmente. ¿O sí? No sabía el martirio que era tener tantas mujeres en la casa. Y niñas. Arliana era una niña. Madeline también. Sin duda, tenía un poco de mala suerte.  Mientras miraba, escuchó a Madeline que estaba muy feliz y caminaba hacia él con una carta. Severus la miró en silencio y notó, que su madre estaba escribiéndole. Iba de visita. ¿Podía ponerse mucho peor de lo que ya era? Miró a su alrededor y buscó una pluma para responderle en secreto. Bien, no pudo. Madeline ya había comentado toda la carta a media familia. Con una sonrisa, Lily esperaba ver a su madre. Eileen no solía pasearse mucho por aquellos lugares. Era muy recatada y le gustaba la vida en su hogar. Sin embargo; las niñas lograban que ella saliera de aquella casa y fuera a verles. — ¿Cuándo vendrá mamá?— dijo Arliana y él inspiró. — Hoy en la noche. Sus hermanas parecían animadas por el detalle, él sin embargo estaba consternado por el asunto. Bien, su madre no solía ser tan urgida. Inspiró en silencio y se preguntó si tendría malas noticias. Esperaba que no. Aunque el tráfico en épocas navideñas era pésimo, no desestimaba que su madre tuviera algo importante que decirle. — Papá, mio ame papá— dijo Elise, cuando él se hubiera sentado sobre la ardilla sin quererlo. La miró y sin comprender, notó el berrinche que quería hacer. Antes de preguntar de manera fuerte, Lily señaló la ardilla bajo una de sus piernas. Al dársela, solo se iba corriendo. — Muchos muñecos, explotarán esta casa— dijo Lily y se rió— rellenaré los cojines, con su algodón. — Eso es digno de un mercenario— dijo Snape y ella se sonrojó— Digno de un asesino. Así se empieza Lily. Con muñecos. La miró con rubor en sus mejillas y se rió de ella. Lily lo miró de mala gana y con una inspiración frustrada, decidió irse a la habitación. A la tarde, las niñas estaban dormidas. Severus recogía muñecos por todas partes y también recogía a las niñas, que descansaban en distintos lugares. A Elisei la recogía del suelo. Estaba acurrucada junto a su oso marrón. La tomó entre sus brazos y la dejó en su cama, cubriéndola con las cobijas. Lo mismo hizo con Cristhine, que estaba dormida en el sofá, próxima a resbalarse.  — No, sigue durmiendo— dijo, cuando Cristhine había abierto sus ojos y lo miró. Ahogó un bostezo y apoyó su cabeza sobre su hombro. Al recostarla en la cama, ambas ya estaban tan dormidas como su madre. Mientras las miraba, escuchó la voz de Madeline. — Están dormidas. No seas escandalosa— le recriminó y miró a su madre, que le acompañaba. — Buenas noches, Severus.