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La familia — capítulo 13
Mamá. La abuela: Los padres de Lily ya se habían ido. Con una sonrisa, Lily observaba como a Eileen le gustaba mantener el orden. Severus solía recoger todo lo que encontraba. Lily incitaba a las niñas a que fueran ordenadas. Incluso sus tías. Ellas lo eran, a su manera. — Maldición— susurró Snape y Lily alzó la cabeza, en la cama. — ¿Qué pasa cariño? — Pisé un juguete de Cristhine. Lily rió, mientras él lo recogía del suelo. Lo miró y luego, lo lanzó a una caja llena de ellos. Lily pensaba regalar algunos y dejar otros. Se sentó en la cama y con un suspiro, se dio la vuelta. Miró a su esposa, que leía. Siempre leía, antes de acostarse. Para él, se ponía mañosa. Sonrió y eso, la obligó a alzar la cabeza. Con una mirada de confusión, lo contempló. ¿De qué sonreía? — ¿Qué es lo gracioso? — Idéntica a mi madre. Antes de dormir, lee un libro viejo y luego sueña con eso por toda la noche. Al día siguiente, tiene que saber cómo continúa o no será feliz. Lily lo miró con un gesto reprobatorio y soltó el libro. Se acomodó en la cama y se inclinó sobre él. Lo observó con una mirada cargada de lujuria. — Hay una escena de un libro, que no terminamos de leer— dijo y su esposo terminó en la cama. Al abrir los ojos al amanecer, tenía buenas memorias que bien valía escribir. Su esposo seguía dormido y su camisa había terminado sobre su cuerpo. Era lo suficientemente larga, como para cubrirla. Abrió la puerta con mucho cuidado. El aroma del desayuno, dijo muchas cosas. Eileen siempre madrugaba. Ya estaba en la cocina. Caminó hacia el cuarto de sus hijas. Estaban dormidas. Parecía un fin de semana cualquiera. — Buenos días— Escuchó detrás de ella y se sobresaltó. Era la madre de su esposo y sonreía, mientras ella se sostenía el pecho con sorpresa— ¿Noche larga? Reconocería esa camisa en donde la viera. Lily no supo qué decir. Su madre siempre era muy perspicaz. Ladeó la cabeza hacia la habitación. Su esposo preguntaba por ella. Eileen sonrió. — Es como las niñas. Pero él pregunta por otra razón. Lily sonrió y caminó hacia la habitación. Severus abrió los ojos y miró a su esposa, que estaba sonrojada. — Tu madre, me compromete— dijo y Severus, se apoyó en uno de sus brazos. Divertido. — ¿Te compromete? — Sabe todo. Todo lo entiende. Si ya intuía que habíamos estado juntos, anoche. — Tu atuendo dice mucho. Lily inspiró en silencio, apartándose el largo y rojizo cabello de los hombros. Severus sonrió y se sentó en la cama. — Gracias, señor brillante. Iré a tomar un baño. Sienta a las niñas a la mesa. Y niega toda pregunta de tu madre. Se rió de eso, mientras ella se quitaba la camisa. Se inclinó para buscar su ropa, mientras Severus sonreía al mirarla. Luego de darse la vuelta, había visto lo tonta que se había mirado, moviéndose de un lado al otro. Desnuda. Se sonrojó, mientras Severus fingía mirar un punto muerto sobre el espejo. Que también la reflejaba a ella. — ¡Por eso tu madre sabe! Eres un pervertido. — Tú ya estabas desnuda— le dijo y ella, se encerró en el baño. Al salir, las niñas ya estaban despiertas. Encendió las luces y las miró bostezar y frotarse los ojos. Las bajó de la cama y las miró. Tenían que cepillarse los dientes, cambiarse. — Permíteme, Severus— dijo Eileen y él, simplemente la miró. Así era su madre.