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La familia — capítulo 8
Darte un regalo: Lily sonrió, mientras Severus estaba dormido hacia el otro lado. Miró sobre sus hombros. Estaba dormido profundamente. Sonrió con suavidad y se apegó a él. Hacía mucho frío y sus pies estaban fríos. Lo tocó con ellos y Severus soltó una especie de gruñido, dándose la vuelta. Momento, que Lily aprovechó para dormir abrazada a él. Esa artimañana, casi siempre solía aplicarla. Sonrió una vez más y se dispuso a dormir. Luego de un par de horas, Severus despertó de un sueño muy extraño. Sus hijas estaban en un enorme árbol y él, trataba de de bajarlas, con su varita. — Lily— dijo y ella, abrió los ojos con suavidad— ¿Qué fecha es hoy? — ¿Hoy? Treinta de diciembre. El día de los regalos. Severus se levantó en un salto y Lily lo miró con sorpresa. ¿Por qué actuaba de esa forma? Se sentó en la cama y miró a su esposo, que hurgaba en los cajones de su escritorio. Al terminar su exhaustiva búsqueda, sacó un paquete pequeño. Era una caja roja y forrada con terciopelo. Ella suspiró, mientras él se la ofrecía. — ¿Y qué es? — Míralo antes de preguntarme— dijo y Lily tomó el paquete entre sus manos y lo abrió, lentamente. Con una sonrisa, no pudo creer lo que estaba adentro. Lily miró con estupefacción, un hermoso anillo. Severus la miró en silencio, mientras ella lo tomaba entre sus manos y lo colocaba en su dedo índice. Encajaba perfectamente y era tan brillante y hermoso. Un arreglo de piedras, muy sutil pero llamativo al mismo tiempo. Sin duda alguna, comenzaba a preocuparse si le gustaba o no. — ¡Oh, Severus! Es magnífico. ¡Muchas gracias!— dijo, mientras depositaba muchos besos en sus labios— ¡Es tan lindo! Severus iba a continuar, pero Lily se inclinó para besarlo y se resbaló. La miró, mientras la sostenía por la cadera y su largo y rojizo cabello caía sobre su rostro. — Severus, te amo. — ¿Por el regalo?— dijo ceñudo— creí que no te gustaría y estaba dispuesto a comprar otro. Bueno, conviviendo con mujeres, aprendes qué es y qué no, entre gustos. — No por el regalo. Y sí, tienes razón en ello. Sino, por que te preocupas por todas nosotras. Por eso te amo y te amaré toda la santa vida. mi amor. Severus no contestó. La pijama de Lily, salió por encima de sus hombros y él la miró. Bajo las sábanas. Con un suspiro, Lily se acostó a su lado mientras él la miraba. — ¿Piensa mirarme todo el día o va a besarme, señor Snape? Mientras la besaba, escuchó pasos que entraban en la habitación. Lily suspiró suavemente y al ver de quién se trataba, se aseguró de cubrirse rápidamente. — ¡Elisei!— dijo ella, mientras la niña sonreía— ¿Qué haces aquí, cariño? — Mami... Pi... — Ah, creo que tuviste un accidente.— sonrió Lily— Ya estás grande, para decirle a mamá. ¿No querías ir tu solita? La miró negar con la cabeza y ella sonrió. Severus buscó entre las sábanas, su camisa y ella se la puso de inmediato. Miró a la pequeña, que estaba mojada. — Solamente tú, decides mojarte y mojar la cama, cariño.— dijo ella con una sonrisa y Elisei la miró, con dos dedos en la boca— siempre le avisas a mamá. ¿Qué te ocurrió esta vez? Espero que Cristhine no haya pasado por lo mismo. — No más bebidas nocturnas.— dijo Snape y Elisei le sonrió. — No. Las niñas, bañan a las niñas. Papá no es una niña. Aunque es divertido bañarse con papá— dijo y Snape arqueó una ceja— Es la mera verdad. Las vio salir, mientras se iban en dirección al baño. Al salir, Madeline estaba en el sofá. Traía una sonrisa y él, se preguntó de qué se trataba. Como si no supiera. — ¡Severus! A Nathaniel le dieron una oferta de trabajo. — ¿Ah sí? — Sí. Dice que alguien le hizo una solicitud. No supo quién era, pero dijo que habían hablado muy bien de él. — Pues qué bueno— dijo, arqueando las cejas. Madeline entendió el juego y lo miró con un suspiro suave. — No tuviste nada que ver ¿cierto? — ¿Y por qué tendría que ver?— dijo, sentándose en el sofá y leyendo el profeta.