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Historia 52214 — capítulo 4
Shaoran caminó a través del enorme parque de diversiones, junto a Sakura. Era una buena idea, para el esparcimiento. Sakura llevaba el huevo en su mochila, cuidadosamente acolchado, para evitar dañarlo. Sonriendo, miró las atracciones de aquel parque. Se detuvieron junto a una tienda de alimentos y compraron brochetas de pulpo.
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¡Esto es muy divertido! ¿No crees, Shaoran?
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Sí- dijo él, comiéndose la última brocheta de pulpo.
-
A Kero le hubiera encantado. Seguramente hubiese estado comiendo, hasta reventar- dijo- ¡Oh, animales de felpa! Yo quiero uno. Jugaré para ganármelo.
Shaoran la miró, mientras colocaba monedas sobre el mostrador y le entregaban tres pelotas. Lanzó la primera, pero no tuvo éxito. Intentaba lanzar la segunda, cuando él se detuvo a su lado y la tomó de su mano. Ella lo miró, con mucha sorpresa.
Lanzó la pelota y había derribado a las cuatro botellas. Sakura sonrió, muy feliz. Había escogido un enorme canguro gris. Sonreía, mientras miraba al animal de felpa. Shaoran, miraba las atracciones.
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¡Oh, el carrusel! ¡Vamos a subirnos, Shaoran!- dijo ella, sosteniendo su mano y jalándolo hacia la atracción. Al poco tiempo, la miraba, feliz. Estaba a pocos centímetros, sosteniendo el enorme canguro.
-
¡Hola, Shaoran!- dijo, desde uno de los caballos. Shaoran solo sonrió suavemente y continuó mirándola. Luego de un par de vueltas, ella se bajó de aquel carrusel.
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Entonces- dijo, comiendo helado- ¿Te has divertido, Shaoran?
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Sí.
-
Pues no lo pareciera- le dijo. Lo miró con una sonrisa y mientras lo miraba, chocó con alguien y el helado terminó sobre su camisa. Ella suspiró, apenada. Su camisa estaba manchada de helado de chocolate- ¡Mi camisa!
Shaoran quiso hablar, pero una extraña sensación, sobrecogió su cuerpo. Sakura sintió exactamente lo mismo y alzó la cabeza. Ambos, miraron la rueda de la fortuna.
-
¿Has sentido eso, Sakura?
-
Sí. Lo sentí.
-
Vamos.
Corrieron hasta la rueda de la fortuna. Se detuvieron frente a ella y la miraron. Sakura inspiró, preguntándose si se trataba de aquella sensación que tan bien conocía ya. Él, la miró.
-
¿Crees que sea una carta clow, Shaoran?
-
Es probable. Esta sensación es muy parecida a la que apreciamos cuando una carta aparece. Será mejor, que estemos preparados. Sakura.
Ambos se subieron a la rueda de la fortuna. Sakura sostenía su báculo, cuidadosamente. Por supuesto, no estaba preparada para una situación de emergencia. Aún así, esperaba poder detener a la carta. Ocurriera lo que ocurriera.
-
Creo que Tomoyo odiará, que no use uno de sus vestidos en esta pelea o que pueda documentar mi batalla- dijo con un suspiro. Shaoran miraba por la ventanilla de aquel compartimiento.
-
Falsa alarma- dijo, al final de unos severos instantes sin saber algo de una carta o presencia extraña- creo que simplemente nos precipitamos.
-
Muy bien... Entonces...
Pero Sakura dejó de hablar, en cuanto el compartimiento se detuvo con un estruendo y un movimiento fuerte. Ambos se sostuvieron de los asientos, mientras el compartimiento se movía de un lado al otro.
-
¡Shaoran!
-
¡Quédate quieta, Sakura!- dijo él, sacando su espada- Sea lo que sea, está muy cerca.
Mientras se sostenía del asiento, Sakura miró hacia abajo. Estaban en la cima, en un lugar muy alto. Sosteniéndose; notó que el asiento comenzaba a oxidarse, de forma rápida. ¿Por qué estaba ocurriendo algo como eso?
- Es una carta Clow- dijo Shaoran, mascullando- Seguramente ha usado sus poderes, para apagar la rueda.
Sakura miró a su alrededor, pero seguía sin percibir algo. Sostuvo su báculo contra sí misma, esperando un aviso. Aunque las cartas jamás daban un previo aviso, de un ataque.
De pronto, la rueda volvió a tambalearse. Shaoran se sostuvo de uno de los asientos, pero este se había roto. Estaba increíblemente oxidado. Sakura soltó un gemido, mientras la rueda se movía con fuerza.
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¡Se está cayendo a pedazos!- dijo él y Sakura asintió- ¡Debe ser una carta que corroe el metal o algo parecido!
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¡Mira, Shaoran!- dijo Sakura, señalando hacia la lejanía. Lo poco que podían ver, comenzaba a deteriorarse. Sorprendentemente, las casas y pocos árboles que se veían, comenzaban a verse tan viejos como si hubiesen pasado años.
La rueda hacía un desagradable sonido y ambos, temían caer junto a ella.
-
¡Vuelo!- gritó Sakura, abriendo las puertas de aquel compartimiento. Muy pronto, ambos sobrevolaban el parque. La rueda continuó moviéndose con fuerza, como si fuera a caerse.
-
No podemos permitir que la rueda, caiga sobre las personas.
-
Pero es demasiado pesada como para que una carta, pueda contrarrestarlo.
-
Tenemos que intentarlo.
Sakura meditó. Qué carta podría utilizar, que evitara la caída de una enorme rueda metálica, que estaba a punto de causar un gran desastre. Miró sus cartas, llena de dudas.
-
¡Lazo!- dijo y enseguida, enormes pares de cintas, se aferraron a la rueda en movimiento.
-
¡Es muy fuerte!
Sakura descendió, mirando el poco alcance que su carta, mantenía sobre la rueda. Se tambaleó una vez más y los lazos se rompieron. Ambos miraron la rueda, mientras se inclinaba peligrosamente.
- Pero ¿Qué está pasando?- dijo Sakura, mirando su mano. De pronto, su mano comenzaba a crecer. A verse diferente. Se sorprendió y casi se caía del báculo- ¡Shaoran!
Algo ocurría a su alrededor. Todo lo metálico, comenzaba a oxidarse con rapidez y lo nuevo, comenzaba a verse viejo y distinto de lo normal. Shaoran inspiró, al ver sus manos.
Parecían estar creciendo en tamaño y en apariencia. Sobrevolaron el lugar, una vez más, buscando la carta responsable. De todas formas, no encontraban pistas claras.
- ¡Algo terrible ocurre!- dijo Sakura, cuando su cuerpo comenzaba a cambiar. Cuando se hacía adulta, mayor. A Shaoran le ocurrió lo mismo, todo comenzaba a cambiar- Ya no... Ya no puedo volar...
Se estrellaría contra el suelo. Cerró los ojos y entonces, no vio nada más que sus propios pensamientos.
Al abrir sus ojos, notó que estaba en casa nuevamente. Pero sin embargo, se sentía extraña, diferente. Suspirando, caminó hacia la habitación donde dormía todos los días.
Quería mirarse en el espejo.
- ¿¡Qué está sucediéndome!?- gimió, cuando se vio mucho más adulta y madura- ¡Shaoran!
Corrió hacia la cocina, hacia el salón. Allí parecía que no había nadie. Miró a su alrededor y pensaba encontrar una explicación, cuando miró una habitación pintada con temas infantiles. Caminó nerviosa, lentamente.
- ¿Shaoran? ¿Estás allí?
Al entrar, miró a su alrededor. Había una especie de deja vu en todo aquel asunto. Notó, que en el centro de la habitación, había una cuna. Suspirando, se acercó a ella, llena de miedo.
Pues, dentro, estaba un bebé. Era una niña y dormía.
- Esto es...