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Historia 52710 — capítulo 3

Hola, me llamo Claudia, tengo 23 años y soy ex-anoréxica.

A los 23 años mido 1'77 metros y peso 62 kilos, algo que no está mal. Pero no ha sido siempre así. Yo desde pequeña era rellenita, me di cuenta de que los niños en la escuela me rechazaban, así que cuando tenía unos trece años decidí perder peso, y lo logré. Estaba en mi peso ideal, ni rellenita ni excesivamente delgada, yo estaba feliz conmigo misma, me veía bien.

A mí siempre me gustó bailar, así que me apunté a clases de baile con Caro, mi mejor amiga. Al principio todo iba genial, hasta que empecé a obsesionarme, lo confieso, con el profesor de baile. Yo tenía 19 años,él 23. Mi profesor, Álex, siempre me escogía para explicar los pasos a las demás compañeras, incluso me pidió mi número, todo iba perfecto.

Un día meinvitó a cenar y cuando me acompañó hasta mi casa, me besó, yo estaba feliz.

Caro comenzó a hacer dieta, me decía la cantidad de calorías de todos los alimentos, me decía que hasta el pescado y las verduras venías fatal para adelgazar. Empecé a obsesionarme con las comidas bajas en calorías. Siempre se lo contaba todo a mi madre, pero dejé de hacerlo, sólo quería estar con Álex, cuando no estaba junto a él era infeliz. Ya sólo veía a Álex al final de las clases de baile, casi ni hablábamos, entonces empecé a obsesionarme yo también.

Hacía ejercicio de manera compulsiva, ya sólo comía manzana, piña, yogures y bebía zumos. Desapareció mi período menstrual, se me rompían las uñas y se me caía el pelo…

Pesaba 50 kilos y me puse cómo meta llegar a los 45, algo que no conseguí, la talla 34 me quedaba grande…

Mi desayuno consistía en un yogur sin azúcar, me saltaba el almuerzo, y cenaba 20 gramos de cereales. Bebía grandes cantidades de té y mascaba hielo para masticar algo sin calorías.

Si mi familia me decía que comiese, menos comía yo. A veces me levantaba temprano, hacía ruido en la cocina, para que mi familia creyera que estaba desayunando, pero, en realidad, no comía nada.

Siempre tenía frío, aunque fuese verano, pese a las poca cantidad de calorías que ingería, tenía bastante energía, a veces me despertaba a mitad de la noche y me ponía a hacer abdominales o flexiones.

Sentía mareos, y me puse gafas, aunque esto no me ayudó.

Mi madre trataba de hablar conmigo pero no le hacía caso, hasta que un día me dijo que estaba hasta fea, eso me dolió, era mi madre… Mi madre me llevó al médico que me dijo que empezara a comer, pero no le hice caso. Hasta que un día leí un artículo sobre anorexia, me di cuenta porque esa chica hacía cosas que yo también hacía. Entonces, empecé a comer, poco a poco añadía algo nuevo a mis comidas, pero fui progresando, incluso gané cuatro kilos. Aunque mis hábitos de alimentación seguían siendo rígidos. Entonces, poco a poco llegué a los 58 kilos, me veía mejor, todos mis seres queridos me lo decían. Al cabo de muchos meses llegué a los 62 kilos, en los que me mantengo desde entonces, aunque todavía tomo hormonas para regularme el período.

Confío y espero en que nunca volveré a ser anoréxica, a veces, debido al estrés dejo de comer, pero me acuerdo de lo que he pasado y lo espantoso que es ser anoréxica e, inmediatamente, vuelvo a comer.