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El cristal de luna — capítulo 4
-No se metan con ella- gritó Fernando- no tiene nada que ver en esto.- se colocó enfrente de mí intentando hacer una inútil barrera con su cuerpo.
Los hombres de fango volvieron a sonreír estremecedoramente. Uno, con un sombrero de copa, me miraba fijamente. Estiró su brazo como una goma elástica que serpenteó hacia mi muñeca. Grité e intenté soltarme pero mientras más me esforzaba en liberarme más enredada quedaba al fango, como un ratoncito que trata de despegarse de una trampa adhesiva.
-Déjenla, ¿No es esto lo que quieren?- Debajo de su camiseta Fernando sacó un collar. Tenía un dije en forma de sol y en la punta colgaba un cristal dorado. Las cuencas vacías de todos esos seres apuntaron fijamente a la cadena que tenía Fernando en su cuello-Si lo quieren vengan por él.
Elcollar resplandeció segándome por completo. Las criaturas se alejaron debilitadas por la luz aunque nos seguían rodeando y el ser que me sujetaba había dejado de aprisionarme con su brazo fangoso.
Miré a Fernando que ya no tenía el collar. En cambio sostenía un báculo con ambas manos, era dorado y en la punta tenía un sol.
Me sentí más tranquila y pensé que Fernando tal vez si podría vencerlos, pero mi alivió se disipó al ver el rostro nervioso del chico. Me di cuenta que Fernando no tenía ni la más remota idea de cómo usar aquel artefacto. Al parecer las criaturas igual se percataron de ese detalle porque volvieron a dedicarnos unas sonrisas escalofriantes y comenzaron a caminar, más seguras, hacia nosotros… pero se detuvieron súbitamente.
Los seres de barro empezaron a temblar como gelatinas. Se escuchó un "ploc"" y las criaturas cayeron al suelo, perdiendo su forma humana y convirtiéndose una gran masa fangosa que se arrastró por el asfalto hasta introducirse en frasquito de porcelanaque se encontraba a los pies de un hombre joven con un bastón en la mano.Le dio un golpecito al frasco con la punta del bastón y éste se cerró. Aparentemente Fernando lo conocía, porqueen su cara se formó una expresión parecida a la de un niño de seis años al que acaban de descubrir haciendo una travesura.
-¿De verdad creíste que podrías usar el Cristal de Sol sin un entrenamiento previó? El hombre dio unos pasos hacia Fernando hasta quedar frente a frente- Tienes mucho que aprender Fernando- sonrió amablemente y le dio unas palmaditas en la cabeza.
Fernando lo apartó de un manotazo.
-No hagas eso. Es vergonzoso- Hubo otro destello y el báculo volvió a ser la cadenita que colgaba en el cuelo de Fernando.
-Al parecer mi nueva adquisición en la tienda de Madame Lulú fue de gran ayuda-dijo enseñando el frasquito de porcelana. El joven rió y se acercó a mí tanto que pude observar con detenimiento su barba insipiente y su sonrisa fulgurante.
-Veo que trajiste a alguien del mundo de los humanos- Hizo una extraña reverencia y se presentó- Mi nombre es Sebastián Mondragón y supongo que ya conoces a mi primo Fernando Mondragón.
-Soy Raquel Cardona - No sabía si sonreír o mantenerme seria.
-¿Le dirás al abuelo quela traje?- preguntó Fernando a su primo. Sebastián sonrió.
-No lo sé, pero por el momento será mejor que regreses a Raquel a su mundo- Sebastián le dio unas palmadas amistosas a Fernando en el hombro.- Los acompaño a la salida.
Caminamos los tres juntos hacia el poste de luz. Fernando sujetaba una bolsita de plástico donde estaba guardada mi cajita musical. Cuando llegamos al poste extendí las manos para que me la devolviera y pudiera atravesar el faro pero él dijo.
-Espera, yo… yo te acompaño- tartamudeó.- ¿puedo verdad?- Sebastián asintió.
Luego cerré los ojos y respiré hondo para introducirme una vez más en ese mar de plata.
Regresar al parque me produjo una sensación parecida a la de salir del agua luego de haberte sumergido por un largo tiempo.
Fernando y yo nos miramos pero nadie habló. Tenía muchas preguntas que hacerle: ¿quiénes eran esos hombres de fango? ¿Qué era ese extraño collar de sol que traía? ¿Qué relación tenía su primo en todo ese asunto?... tantas y tantas preguntas pero nadie pronunció una palabra.
-Tengo que llevarte con tus amigas- susurró Fernando. Mi cuerpo dio un brinco. ¡Kimberly y Giovanna! Me había olvidado completamente de ellas ¿Qué les iba a decir cuando llegara a la pizzería?
No dejé de mirar de reojo a Fernando mientras andábamos. No podía quedarme con tantas dudas en la cabeza así que justo cuando empezamos a divisar la pizzería le dije:
-¿Fernando podemos volver a vernos?- me miró con una expresión de incredulidad.
-¿Después de que casi te matan por mi culpa quieres volver a verme?- preguntó- ¿acaso eres una especie de suicida?
-¡Raquel, Raquel! - a lo lejos vi a Kim corriendo hacia nosotros trayendo a rastras a su prima.
-Nos vemos hoy a las una de la mañana en el sitio donde nos conocimos- murmuré rápidamente.- Fernando asintió y se fue antes de que llegaran Kim y Giovanna.
Crear una excusa por mi larga ausencia fue más fácil de lo que creí. Le inventé a Kim que mi celular se me había caído en "el remolino" y que había regresado a buscarlo. No sé si me creyó, pero no hizo más preguntas porque a Giovanna le dio una arcada cuando mencioné el nombre del juego.
Esa noche, cuando mis papás y mi hermanita ya estaban completamente dormidos, salí a hurtadillas de la casa que habíamos rentado para esas vacaciones de verano y me quedé esperando a Fernando en la playa, en ese pequeño escondite rodeando de palmeras donde nos vimos por primera vez.
El reloj de mi celular marcaba las 2:15 am y Fernando todavía no aparecía. Exhalé un suspiro y me tiré sobre la toalla que había colocado en la arena.
-No vendrá- murmuré. Levanté mi brazo y miré el brazalete de mariposas que colgaba de mi muñeca- para colmo se quedó con mi cajita musical -Con las prisas se me había olvidado pedírsela.
La verdad no sabía que pretendía con intentar desentrañar todas esas dudas que arremolinaban mi cabeza. Fernando y yo sólo éramos un par desconocidos que se habían cruzado dos veces en su vida, yo misma se lo dije en la feria. Cada uno tenía sus respectivas vidas. Yo me iría de la playa y el continuaría buscando a esa persona que necesitaba…
¿Quién sería esa persona? Tal vez es un mago muy poderoso que lo ayude a entrenarse para usar su báculo ya que por lo visto no era muy hábil.
-Si viene le podría ofrecer mi ayuda para encontrarlo- murmuré.
El sueño empezó a taladrarme.
Veía las cielo salpicado de estrellas… oscuridad… volví a mirar las estrellas…todo era opaco… luces adornando la noche… de nuevo negrura…
Pero el sueño venció…
Escuché el crujido de la arena al ser pisada. Sentí un aliento cálido que envolvía mi rostro. Desperté y vi a unos centímetros de mi cara una barba insipiente, Sebastián sonrió.
-Buenas noches, perdón por levantarte a esta hora- Sebastián me mostró su reloj de bolsillo que marcaba las tres de la mañana.- Fernando no podrá venir esta noche.
-¿Y te mandó para que me avisaras?- pregunté desperezándome
-No, yo vine por mi cuenta.- sonrió y se sentó en la arena.
-¿Entonces que te trae por aquí?- De su bolsillo sacó un collar muy parecido al de Fernando, sólo que en vez de un sol traía una luna y el cristal que colgaba en el dije era plateado.Su extraño brillo apagó la oscuridad dibujando unas extrañas ondas que iluminaron el cielo. Quedé hipnotizada con todos esos destellos.
-Tómalo- extendí mi brazo y cuando mis dedos rozaron el collar se extinguió el resplandor.- Es tuyo.
-¿Qué?
- exclamé- ¿pero por qué?
-¿Te dijo Fernando por qué estamos aquí?
-Sólo sé que están buscando a una persona.
-Eso es correcto, sólo que Fernando no conocía el propósito por el que te buscábamos- Una brisa levantó mi pelo. Lo miré confusa.
-No entiendo que es lo que quieres de mí.- Me sonrió comprensivo.
-Disculpa, creo que debo ser más claro- dio un largo suspiro y se enderezó-Hace cientos de años fueron creados dos talismanes mágicos llamados el Cristal de luna y el Cristal de sol y fueron asignados a dos guardianes con el propósito de proteger a nuestro mundo. Desde ese entonces esos amuletos han pasado de guardián en guardián…
-¿Pero como eligen a los guardianes?- Me imaginé a un grupo de magos haciendo pruebas imposibles para poder ser dignos de llevar uno de los cristales.
-El cristal elige a su guardián.- en mi rostro se dibujo una expresión desconcertada. Sebastián rió.-Te explicaré: Desde que llegamos a esta zona el cristal de luna no ha dejado de brillar.Pero esta noche, cuando fueron Fernando y tú atacados por los hombres de fango, el cristal de luna desprendió una luz casi segadora y mientras más me acercaba hacia donde estaban ustedes el destello aumentaba. Cuando te vi supe que el cristal te pertenecía y lo comprobé cuando lo tocaste, dejó de centellar porque había llegado a manos de su dueña.
-¡Debe haber un error!- exclamé- yo no soy maga.
-Tienes que serlo sino no podrías usar el cristal de luna, supongo que debes tener un pariente lejano que sea mágico.- miré collar que tenía entrecerrado en mi puño.
-¿Por qué no le dijiste a Fernando la razón por la que me buscaban?- la sonrisa que tenía Sebastián se desvaneció. Se pasó la mano en el cabello dorado con nerviosismo recordándome por un segundo a Fernando.
-Es algo difícil de explicar…
-Podrías intentarlo- sugerí.
-Sí, bueno… Hace como 50 años que no aparecía un guardián del cristal de luna. Mucha gente se empezó a inquietar porque nunca había pasado algo así. Entre ellos había un grupo de magosnigromantes…
-¿nigroque? -pregunté
-Nigromantes. Es decir que usan la magia negra.- No sé si fue la expresión seria de Sebastián o el aire que había empezado a soplar con más fuerza, pero un escalofrió recorrió lentamente mi cuerpo.- Ellos querían usar el cristal de luna con fines perversos. El consejo de los12 dragones tuvo que intervenir…
-¿Qué es eso?- lo primero que pensé fue que era nombre demasiado largo.
-Es un grupo que surgió desde el momento en que se crearon los cristales mágicos con el propósito de ayudar a los guardianes y protegerlos cuando sea necesario. El grupo está formado por muchas personas pero los líderes son 12, el abuelo Mondragón es uno de ellos.
-Pero ahora que yo tengo el cristal de luna todo podrá regresar a la normalidad- dije en un tono optimista. Sebastián me dedicó una mirada triste y escéptica.
-Las cosas se empezaron a complicarse recientemente. Fue una gran sorpresa cuando el cristal de sol nombró a Fernando su guardián, pero los nigromantes vieron este acontecimiento como una oportunidad ya que Fernando todavía era un niño. El consejo de los 12 dragones votó y decidió que lo mejor sería esconder a Fernando hasta que estuviera preparado para usar el Cristal. Los nigromantes no se iban a quedar con los brazos cruzados así que fueron a cazar a los padres de Fernando y los mataron…
Hubo unos segundos de silencio, no sabía que decir ni que pensar.
-… eso destrozó a Fernando e hizo que cambiara su percepción en varias cosas. Decidió que ya no debíamos esperar al guardián del cristal de luna ya que no se podía saber cuándo iba a venir, y si se llegaba a aparecer aún no estaría listo para usar el cristal. Fernando cree que lo mejor es que él aprenda a usar los dos cristales así el podrá enfrentar a los nigromantes. El consejo no está de acuerdo con su decisión, el cristal de luna sólo debe ser utilizado por su guardián. Así que cuando empezamos a detectar que el cristal de luna te había encontrado dictaminamos que lo mejor era que Fernando no se enterara.
Sebastián me miró fijamente a los ojos y yo permanecí callada.
-Raquel, el abuelo Mondragón me ha enviado para saber si aceptarásllevar contigo el cristal de luna. Todavía no recibirás un entrenamiento pero es importante que lo tengas para que te proteja. Quizás no nos volvamos a ve en un tiempo pero eso no significa que no estemos pendientes de ti. Bueno, ¿Qué dices?
-Yo… no lo sé- susurré
El cristal de luna, el mundo de Fernando y Sebastián… todo era tan ajeno a mí. Pero si el cristal de luna me había elegido significaba que una parte de mí, una parte que no conocía, pertenecía a ese mundo.
Tenía miedo de que Fernando me odiara por tomar el cristal de luna, pero era la única forma de ayudarlo. Tal vez luego lo podría hacer entrar en razón.
No era una decisión sencilla pero en el fondo yo sabía que el Cristal de Luna era mío. Lo sentía
-Acepto-dije al mismo tiempo que me colgaba el Cristal de Luna en el cuello.