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El cristal de luna — capítulo 5

Ya había pasado más de un año desde mi pequeña aventura en la feria. Esas vacaciones había regresado a la playa pero Fernando no apareció. Eso fue un gran alivio para mí ya que no tendría que enfrentarlo, aunque en el fondo deseaba verlo de nuevo. Volví a la ciudad con la sensación de haber de tenido un verano completamente normal, incluyendo otra vez a la encantadora Giovanna sólo que sin vómitos y vueltas en "el remolino".

Estaba en mi cuarto, acababa de terminar arreglarme para ir a la fiesta de Julia González, una amiga que llevaba toda la secundaria estudiando conmigo. Una pila de libros estaba asentada sobre mi cama, todavía empaquetados y embolsados. En una semana entraría a la preparatoria y aunque estudiaba en el Instituto Kohlberg desde primaria estaba muy excitada y emocionada, este año habría muchos nuevos estudiantes y gente por conocer.

Tomé una bolsa negra (mi favorita) y salí de mi habitación. Bajé los escalones de dos en dos hasta llegar al vestíbulo. Di unos pasos sigilosos hacia la puerta pero una voz, provenientedel comedor me detuvo.

-Raquel…- mamá estaba sentada enfrente de su laptop. Mi mamá era diseñadora de interiores así que nuestra casatenía un estilo minimalista hecho, claro está, por ella. Muchos decían que mamá tenía mucho estilo y era verdad. Aún estando sentada frente a la laptop con los mechones de su cabello castaño escapando de la coleta se veía fabulosa- ¿a dónde vas?

-A la fiesta de Julia, te lo dije hace tres días.

-Es verdad- siguió pasando sus dedos sobre el teclado de la laptop a velocidades inimaginables- ¿no quieres que te lleve? Papá llegará tarde a cenar así que tengo tiempo de sobra.- Mi papá era médico así que muchas veces se quedaba en el hospital a altas horas de la noche.

-No es necesario mamá, la casa de Julia está muy cerca, además había quedado en encontrarme con Kim para ir juntas a la fiesta.

-Está bien, pero oye… antes de irle puedes llevarle un plato con Chips a tu hermana y Vero refunfuñé para mis adentros y fui con pasos arrastrados hacia la cocina, en la cual todos los electrodomésticos eran rojos (microondas, refrigerador, licuadora, etc.),y saqué un bol de la alacena, igual toda la vajilla combinaba con la cocina.

De otro gabinete saqué una bolsa de papás y la serví perezosamente en el bol.Fui a la sala de la televisión y me encontré a Sofía (mi hermana) y a Verónica (su amiga) desparramadas en el sofá viendo "Luna Morena" una nueva serie de televisión que trata sobre el amor prohibido entre una elfina y un hombre lobo debido a que sus especies eran enemigas. Era un programa que transmitía amuchos hombres atractivos mostrando el máximo de piellegalmente permitido en la televisión.Esto convertía a Luna Morena en una de las series más vistas por adolescentes, aunque en mi opinión era pésima.

-¿otra vez viendo esa serie?- asenté el bol con papásen la mesita- Hay cosas más interesantes en la televisión.

No hay nada más interesante que Tomás Franco sin camisa- solté un bufido desdeñoso y le lancé una mirada asesina al guapo Tomás Franco y a sus voluminosos pectorales.

Abandonéla sala de televisión, me despedí de mamá con un beso y abrí la enorme puerta negra de la entrada para salir a la calle.

En el jardín había dos gatos marrones, siempre estaban husmeando por ahí. La primera vez que los vi intenté espantarlos pero ellos permanecieron sentados sobre el césped observándome con sus ojitos cafés. Con el tiempo aprendí a ignorarlos así que en esta ocasión pasé de largo ante ellos sin siquiera prestarles mucha atención.

Caminé hasta la parada de autobús y me senté entre una viejita con una blusa de flores que comía nueces de una bolsa de plástico y una niña que leía una revista con una edición especial de Luna Morena. Había quedado con Kim en vernos en la parada y luego ir caminando a casa de Julia.

Como no tenía mucho que hacer me puse a hurgar en mi cartera. Habían monederos electrónicos de muchas tiendas de ropa y accesorios que nunca habían sido usados, cupones de descuento en diferentes restaurantes, un folleto del Instituto Kohlberg y un recibo de pago de la inscripción de la escuela.

Achoqué de nuevo todo en mi cartera y la guardé en mi bolsa. Kim había tardado demasiado así que saqué mi celular y busqué su número entre mi lista de contactos.

Llamada en espera…

-¿Kim?- se escuchaba el sonido del tráfico.

-Ya casi llegó estoy enfrente de ti cruzando la callé. -Levanté el rostronuestros ojos coincidieron. Kim sonrió y caminó hacia mí sin ver el autobús que estaba llegado a la parada a toda velocidad…

Kim no murió, no quedó en coma, no se fracturó ningún hueso… en realidad quedó intacta. El que salió disparado para atrás estrellándose contra el semáforo fue el camión, por suerte no hubo ningún herido.

Nadie tiene la menor idea de cómo la pequeña Kim salió ilesa del accidente, al igual que el conductor del camión y todos los pasajeros. Más aún, nadie jamás supo como el autobús voló hacia atrás y se impactó en el semáforo, nadie… excepto yo.

Kim no vio el camión, pero yo sí. Me levanté de un saltó sobre mi asiento y grité.

-¡KIMMMMMMM!- Sentí una extraña calidez sobre mi pecho, como si una llama se hubiera encendido. El cristal de Luna brilló y de él escapo un rayo de luz que fue directo hacía Kim creando una esfera alrededor de su cuerpo. El camión no se detuvo y se impactó con la barrera que había creado el cristal mandándolo hacia el semáforo.

Una descarga de euforia mezclada con adrenalina serpenteó por mi cuerpo. Luego caí al suelo muerta de cansancio, como si hubiera sido parte de un maratón, no podía mover ni un músculo.

Todo me daba vueltas. Poco a poco fui cerrando los ojos.

Desperté con el olor a esterilizante y alcohol que tanto detestaba. Enfrente de mi estaba mi papá, con su bata de médico y un rostro preocupado. Sentada en el sofá de enfrente estaba Kim, quien corrió a abrazarme.

-¿Qué pasó?- pregunté

-Creemos que te desmayaste con el susto del accidente- Papá sonrió. El siempre sonreía.- Que bueno que ya hayas despertado.

-¿Y tú Kim?- Kimberly dio un brinco.

-Excelente, no entiendo como salí ilesa del accidente.

-¡Qué bueno! ¿ya lo saben mamá y Sofía?- El rostro de papá se puso nervioso pero como siempre volvió a sonreír.

-Ya sabes cómo es tu mamá, su puso histérica aunque le aseguré que estabas bien. Empezó a gritar que nunca debió dejar que vallas caminando tú sola y muchas otras cosas. Dijo que llevaría a Verónica a su casa y luego vendría al hospital, creo que le llamaré para decirle que no es necesario…-La puerta se abrió y se asomó la cabeza de un doctor bigotudo.

-Roberto te buscan en el piso tres… ¡valla la súper chica despertó!- soltó una risita parecida a la se Santa Claus y se fue.

-¿súper chica?- pregunté confusa.

-Es que a muchos les resultó curioso que estuvieras tan agotada, como si hubieras realizado un gran esfuerzo físico y muchos doctores empezaron a bromear con que tú fuiste la que lanzó ese camión por los aires.- Me reí aunque sentía un nudo en el estómago.- Tengo que bajar- anunció papá- nos vemos en un rato.

-Yo igual me voy, mamá me espera abajo

Cuando Kim y papá se fueron prendí la televisión y aparecieron las repeticiones de Luna Morena así que preferí cambiarle a una de esas típicas comedias románticas americanas, que en realidad son muy malas pero te entretienen por un rato.

En el fondo estaba preocupada. Ahora que había usado el Cristal de Luna no sabía si Fernando, los nigromantes, los hombres de fango, o quien sea sería capaz de encontrarme.

Me acordé de Julia González, creo que a estas alturas era más que obvio que no iría a la fiesta. Busqué mi celular en mi bolsa para mandarle un mensaje pidiéndole disculpas y explicándole lo sucedido, después de todo éramos buenas amigas. En eso me di cuenta que mi cartera se me había caído de la bolsa, debía estar tirada en alguna parte cerca de la parada de autobús, si es que alguien no la había encontrado, así que decidídarla por muerta.

…

Pasé tres días sin salir de mi casa, el accidente me sirvió como buena excusa pero sabía que no podía quedarme para siempre encerrada y más porque en unos días entraba a clase. Tal vez sonará un poco paranoico pero tenía miedo de encontrarme a Fernando a un nigromante rondando ahí.

Esa mañana mamá me pidió que sacara la basura. Yo no podía negarme ¿qué pretexto le iba a dar? ¿Qué un nigromante podría saltar atrás del bote de basura y atacarme? Así que salí arrastrando una enorme bolsa negra hasta dejarla en la escarpa.

Me pasé la mano por el rostro para secarme el sudor y observé la pulsera de mariposas que me había regalado Fernando, colgando delicadamente en mi muñeca.

-Quizás no sería tan malo volver a verlo- murmuré para mímisma. Levanté el rostro y vi sentado enfrente de mí un gato. No era uno de esos dos gatos marrones que siempre jugueteaban por el jardín, no. Era un gato negro con ojos tan oscuros como su pelaje. Si los gatos pudieran sonreír hubiera dicho que el gato lo hizo. El animal dio un salto hacia mi brazo y con su hocico arrancó el brazalete de mi muñeca para salir corriendo a toda velocidad por la calle…