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Historia 52782 — capítulo 3
Media hora más tarde los Scamander salían de pueblo manantial rumbo a Londres, el viaje fue rápido y lleno de recomendaciones por parte de tía Luna. -…Y esperaremos a que Rolf valla a Gringotts a sacar el dinero-decía mientras llegaban a la ciudad. -Pero Mamá, yo quería entrar al banco-se quejó Lysander. -Si, tía yo también, leí sobre el banco y dice que viajas en carrito por debajo de la tierra-dijo Jose molesto mirando por la ventana. -Mientras podrán ver a los hijos de los Potter y Weasley-dijo tío Rolf mientras paraba por un semáforo en rojo- hace mucho que no se ven -¿James estará allí?-preguntó Jose emocionado -Claro que estará-respondió tía Luna. El enojo se le pasó de inmediato, James y él se habían vuelto buenos amigos hacia dos años, pero casi nunca se veían. Luego de dejar el coche en un parqueadero, anduvieron por la calle llena de muggles dirigiéndose al caldero chorreante, el bar más famoso por su conexión secreta con el callejón Diagon. -Es aquí-dijo tío Rolf abriendo una puerta negra y mugrienta de un establecimiento muy pequeño que al parecer los muggles no podían ver. Jose entró primero, el bar constaba de una mediana estancia algo oscura, con varias mesitas en las cuales habían brujas ancianas tomando lo que parecía ser vino y varios magos que estaban casi ebrios por tanto tomar cerveza de mantequilla. -Venga, pasemos al patio-dijo tía Luna. Todos la siguieron y entraron al patio que solo contaba con un cubo de basura. Tía Luna saco su varita y golpeo el tercer ladrillo de la izquierda sonriente. De repente, este se estremeció y comenzó a moverse, lo mismo hicieron los demás ladrillos y poco a poco fueron formando un arco bastante grande. -Bien, por fin hemos llegado-anuncio tío Rolf-este es el callejón Diagon. Ante ellos se formo un largo callejón lleno de tiendas mágicas, Jose y los gemelos quedaron boquiabiertos en cuanto empezaron a andar por él; una de las primeras tienda estaba dedicada a la venta de calderos, los cuales se balanceaban uno sobre otro formando una torre en la acera. Más adelante vieron una tienda llamada "El emporio de la lechuza" de la cual provenían diversos chillidos de lechuzas. En cuanto anduvieron un poco más los gemelos y Jose dieron un grito de emoción al ver la tienda dedicada a los deportes mágicos, en su ventana exhibían la mejor escoba que había en el mercado una "saeta de fuego". -Chicos ese es el banco-dijo tío Rolf señalando el edifico más hermoso que nunca antes hubiera visto Jose. Era el más grande de la zona y tenía un color blanco. -Rolf, ve tu iré con los chicos a la heladería, allí están los chicos-dijo tía Luna. -¿No crees que estarán en sortilegios Weasley? -Creo que mi vista aún funciona muy bien querido-le dijo ella señalándole un edificio el cual tenía una bonita terraza en la cual habían dos parejas de adultos con varios niños a su alrededor. -Ah es verdad, son ellos—dijo el sonriéndole-bueno enseguida vuelo-dijo mientras corría al banco. -¿Que es sortilegios Weasley?-preguntó Jose -Es la tienda de artículos de broma de los Weasley-dijo tía Luna-a la cual no creo que deban entrar-dijo al ver las caras de los gemelos llenas de una mezcla de emoción y malicia. -Es mejor no correr riesgos-dijo Jose mientras entraban en la heladería: esta era una habitación mediana, con varias mesitas de colores rodeadas por sillas, había muchos niños que comían grandes bolas de helado de muchos sabores; una niña morena de ojos soñadores tenía sobre su mesa lo que parecía una barca pequeña llena de helado de fresa. Al fondo había una gran vitrina con varias fotos de helados, los cuales les hicieron agua la boca a los chicos; había una foto en la cual un par de niños comían lo que parecía un hipogrifo hecho de helado de vainilla con trozos de fresas. -Subamos ellos están en la azotea-dijo tía Luna guiándolos por las escaleras que habían al rincón -Vamos Lorcan-dijo Jose dándole un empujón a su primo ya que no se movía de donde estaba y tenía la vista fija en el hipogrifo de helado dejando caer un chorro de babas al suelo. Subieron las estrechas escaleras metálicas y llegaron a la azotea del establecimiento, allí habían distribuidas varias mesitas al igual que en la parte de abajo solo que estas tenían carpas sobre cada una de ellas, los Potter y Weasley estaban al fondo, en cuanto vieron a Luna todos dieron gritos de alegría. -Luna, que alegría verte nuevamente-dijo la señora Weasley, una mujer hermosa con cabello castaño y amable sonrisa. -Es verdad Hermione, hacia ya mucho tiempo que no nos veíamos-dijo tía Luna abrazándola y dándole un beso. -Jose que gusto-le gritó un chico de cabello negro e igual estatura que la suya, Jose lo abrazo y sonriendo saludo con una inclinación de cabeza a los mayores. -Buenos días señores Potter…Señores Weasley-dijo educadamente -Valla Luna te has esmerado criando a Jose-dijo el señor Weasley un hombre de cabello rojo intenso y ojos azules. -Sí, es la vergüenza de la familia, don perfectico -Lysander, ya basta, pídele disculpas a tu primo-dijo tía Luna mientras se sentaban -Da igual tía, el troll jorobado nunca se endereza-dijo Jose ante las risas de todos. -¿Dónde está Rolf?-pregunto la señora Potter. -Fue al banco a sacar el dinero, para los útiles de los chicos. -Valla estamos aquí por lo mismo entonces-dijo el señor Potter-este año James entrará en Hogwarts. Diez minutos después, todos habían bajado de la heladería y esperaban a Rolf en la entrada de la tienda de Varitas, ya que los gemelos, James y Jose querían comprar primero que nada la varita. -Ollivanders, no hay mejor lugar para una varita-dijo el señor Potter sonriendo viendo el establecimiento, era muy viejo y algo estrecha, sobre la puerta había un gran letrero en letras doradas que ponía: Ollivander's: fabricantes de excelentes varitas desde el 382 a.C. -Ya era hora Rolf-dijo Luna cuando tío Rolf llegó junto a ellos. -Ya sabes cómo son los gnomos, además endurecieron las medidas de seguridad desde que ya sabes quienes destruyeron medio banco-dijo mirando a los Potter y Weasley que sonrieron. -¿Destruyeron medio banco?-preguntó Lysander. -Valla eso es increíble-dijo Lorcan. -¿Y quiénes fueron?-dijo James mirando a sus padres y tíos con curiosidad -Vamos se nos hace tarde-dijo la señora Weasley entrando en la tienda. Este era un lugar pequeño, tenia aspecto de biblioteca antigua, contra las paredes habían miles de pequeñas cajitas una sobre otra. -Oh valla otro Potter, y tres Scamander vienen por su varita por primera vez-dijo una voz amable desde el fondo de la tienda. Jose estaba algo nervioso, se mordía el labio y se pasaba la mano por la frente, vio que sus primos estaban muy emocionados, así que trato de cambiar su gesto de nerviosismo. -Señor Ollivander, que alegría de verlo nuevamente-dijo tía Luna -Luna querida, que emoción el verte, valla cuanto has crecido-dijo dándole un gran abrazo. Los gemelos y Jose intercambiaron miradas de curiosidad. -veo que goza de buena salud-dijo el señor Potter -Sí, últimamente me he sentido muy bien -Ya basta de pláticas, quiero mi varita por favor-dijo James desesperado -Oh lo siento joven Potter es que me deje llevar por la alegría de ver a viejos amigos. Uno a uno el señor Ollivander les tomo medidas de sus brazos y cabezas. Luego uno a uno les fue enseñando diferentes varitas, cada uno tuvo que probar hasta tres veces de varita ya que no encontraban la que le era correspondiente. -Veamos joven Scamander-le decía el señor Ollivander a Jose-pruebe con esta: Acebedo, veintinueve centímetros, pluma de fénix combinada con pelo de unicornio, flexible-dijo entregándole una varita muy hermosa. Jose la tomo y sintió en sus dedos un calor confortable, Jose la levanto y de ella salieron chispas rojas. -Excelente-dijo Jose emocionado. -Bien hemos terminado-dijo el señor Ollivander, mientras la puerta se abría y entraban las señoras Weasley y Potter junto con tía Luna cargadas de libros, estas habían salido a comprarlos mientras los chicos probaban las varitas. -Bien aquí están los textos-dijo tía Luna dejando los libros en el suelo -Genial así ya queda algo menos por hacer-dijo tío Rolf Luego de pagar se despidieron del señor Ollivander, fueron a comprar las túnicas del colegio, en la tienda de Madame Malkin. Compraron los calderos, balanzas, telescopios y kits de pociones ente risas y regaños hacia los gemelos, fue uno de los mejores días que había vivido Jose hasta entonces.