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El dulce sabor de la miel — capítulo 12
-No quiero - replique.
-Por favor - suplico - solo debes invitarla a la fiesta.
-No lo voy a hacer - en verdad ya no deseaba ser la que invitara a la zorra que se iba a llevar a la cama ese día en la fiesta.
-Es diferente - estuve a punto de echarme a reír, pero sus ojos verdes no hubo mentira - sus ojos, por primera vez sentí un cosquilleo.
Acaba de llegar a la escuela, cuando Edward llego a mí y comenzó a decirme que había una chica de cabello castaño y ojos chocolate que le había interesado. Supuse que como siempre sería la chica que se llevaría a la cama ese viernes en la fiesta que Alice y él organizaban.
Y ahora resultaba que esa chica, era diferente porque había sentido un cosquilleo, estuve a punto de golpearlo, pero en ese momento sus ojos verdes dejaron de prestarme atención. Giré mi vista, para ver que veía él, y en ese momento paso una chica que se me hacía lejanamente familiar.
-Es ella - susurro - solo sé que estudia Gastronomía.
-Eso es una gran ayuda - le espete - ¿Cómo diablos la voy a invitar, si ni siquiera sé su nombre?
-Tienes que investigar - ahora yo debía encargarme de saber todo para él - vamos My, eso hacen los amigos.
Me mordí la lengua, para no replicar, entonces vi que Jacob se acercaba a ella, por eso se me hacía conocida, era la amiga de ese imbécil. Pero por más que hice memoria no llego su nombre, y en cambio el del idiota, no podía olvidarlo.
Edward me tomo del brazo y los seguimos, Jacob se alejo de ella, la chica tomo asiento en una mesa, saco un libro; Edward me empujo levemente.
-¿En verdad tengo que hablar con ella? - pregunte observando a la castaña.
-Eres mi amiga ¿cierto? - le mande una mirada asesina - vamos My hazlo por mí.
-Me deberás una grande Edward - gruñí.
Camine hacia la castaña, en ese momento note que el libro que leía era bastante viejo, me senté en la silla que estaba frente a la suya, en cuanto lo hice, levanto su mirada y la clavo en mí, era cierto que no era la primera vez que la veía, pero en esa ocasión, mi mente estaba en su amigo y apenas si nos habíamos dirigido la palabra.
-Hola - salude con una sonrisa - ¿te acuerdas de mí?
-Eres la chica que choco con Jake - afirmo y su mirada me pedía una explicación de que hacía ahí, de hecho yo me preguntaba lo mismo.
-Bueno si no recuerdas mi nombre es Amy, - no sabía como empezar la conversación, ella asintió dándome a entender que me recordaba - y bueno yo soy malísima para los nombres, ¿me podrías repetir el tuyo?
-Soy Isabella - dijo tranquilamente - pero dime Bella.
-Muy bien Bella - enserio, la sentencia de muerte del imbécil de Edward ya estaba firmada, por meterme en esto - sé que no somos amigas, - que lista eres, me reproche - pero el viernes habrá una fiesta y quería invitarte.
-¿Fiesta? - me observo con el ceño fruncido.
-No te haré una broma - no quite mi sonrisa - es de los Masen, puedes preguntarle a quien quieras, para que sepas que es real.
-¿De los Masen? - repitió abriendo un poco demás los ojos.
-¿Tiene algo de malo? - en verdad Edward me metía en cada problema.
-No - aunque su mirada me decía que sí - es solo que llevo un año aquí y jamás me han invitado a una fiesta de ellos, pensé que solo iba la gente importante.
¿A qué diablos se refería con gente importante? La observe y supe que en verdad yo no le caía en absoluto bien, y ni siquiera sabía la razón.
-No sé a que te refieres - eleve los hombros - pero puedo decirte, que van los que se enteran, la verdad invitaciones no hay muchas.
-No entiendo - estúpido Edward, porque diablos me hacía invitar a una chica normal, una zorra hubiera sido sencillo.
-No importa - en verdad comenzaba a ponerme nerviosa - hace un año, no había tenido la oportunidad de verte - su mirada me hizo ver que si lo había hecho, pero no le puse atención - pero ahora que lo hice, tengo la fortuna de poder invitarte.
-¿Puede ir Jake? - no, esa era la respuesta, pero sonreí.
-Por supuesto - me levante de la silla, dispuesta a salir corriendo - pero por favor no faltes - y después sin más salí huyendo del lugar.
En cuanto llegue a Edward, me observaba ansioso, de nuevo mis ganas de golpearlo aparecieron.
-¿Qué dijo? - no pudo más con su ansiedad.
-Creo que fue un sí, - la verdad no estaba segura - y no digas nada, porque la chica me odia, y ni siquiera lo entiendo.
-Ok - acepto con una sonrisa de lado - eres la mejor.
-Me debes un viaje a Venecia - le espete.
-Dalo por hecho - me beso la frente - en Navidad te llevare.
-Por tu bien - gruñí.
Él simplemente sonrió, en verdad si no fuera mi mejor amigo, lo habría golpeado y no hubiera ido con esa chica que parecía odiarme.
-Hablando de otra cosa - me vio fijamente - ¿Qué paso el sábado?
-¿Por qué tendría que haber pasado algo? - desvíe la mirada, porque no quería que viera la mentira.
-Porque el domingo no saliste de tu recamara - respondió como si fuera obvio - además del bote de helado de galletas que fue tu compañero.
-Me di cuenta que soy una tarada - dije secamente - y que mi teoría del no amor es lo mejor.
-¿Qué te hizo el imbécil de Evans? - su voz fue ronca.
-Lo peor, es que podría esperar todo de él, así que no habría decepción - respondí - pero cuando, piensas que hay alguien diferente y te das cuenta que el único hombre decente y eso entre comillas es mi mejor amigo.
-Debería sentirme ofendido - bromeo - pero creo, que alguien necesita un capuchino y pay de frambuesa.
-Me conoces - conteste con una media sonrisa.
-Entonces vamos - me tomo de la mano y caminamos hacia la cafetería.
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