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Cuaderno (la vida fragmentada de una escritora) — capítulo 14
"Estaba aun sentada pero su mente se encontraba pasando un puente que estaba encima de una autopista. El viento chocaba su cara y llenaba sus pulmones de aire impuro. Veía sus pies dando pasos lentos, pausados. Veía sus pies pero también veía la autopista bajo el puente. Se imagino caminando en el aire, con un rumbo cercano pero realmente confuso. Tenía el estomago vacío pero no le molestaba, se sentía ligera y libre. Tal vez su mente estaba trastornada o simplemente su imaginación la dominaba la mayor parte del día. Las líneas de la calle permanecían estáticas, pero los carros pasaban a velocidades peligrosas. Los veía pasar mientras ella seguía volando a unos metros de allí. Todos parecían tener prisa y los que pasaban junto a ella no notaban que no caminaba, estaban muy ocupados viviendo. Ella por su parte estaba ocupada observando, y esta vez no miraba el cielo como era habitual, fijaba sus ojos en una autopista gris que se veía interrumpida por autos que gastaban sus llantas y a su paso sólo dejaban aire detrás de sí. Pero aun estaba sentada".
Este era el resultado de unos minutos en el metro de la ciudad un lápiz y una hoja en blanco. Palabras vagas y sin sentido. O tal vez su mente estaba trastornada o simplemente su imaginación la dominaba la mayor parte del día, después de todo ella lo había escrito ¿no? Las cosas que se dicen pueden ser tan subjetivas. Puede que la mente que estaba deambulando por ese puente sea la de una escritora sin rumbo. Pero también está la posibilidad que la historia de la mente del puente este mucho más allá de la torpe visión desde arriba de la autopista. ¿Qué pasaba si la mente era suicida?, seguramente dejaría la seguridad de las barandas y llegaría de alguna forma al asfalto gris.
Justo en ese momento empezó a subir las escaleras del puente que siempre estaba en su camino a casa. Ese era un momento clave de la historia.
Al terminar de bajar el último escalón del puente, ya estando al otro lado, descubrió que su mente no era suicida, al menos no ese día, pero pensó en las millones que sí lo eran. Ojala el asfalto gris los reciba con gusto.