← Historia 53710 · de
Historia 53710 — capítulo 3
El chico nuevo es increíblemente guapo, tiene el pelo corto y negro, tiene unos ojos almendrados oscuros. Tiene una boca grande e incitante, su cuerpo es esbelto, se le marcan los pectorales, va vestido completamente de negro.
-Chicos, -comenzó el tutor- este es Cristian Delgado. Acaba de mudarse y a partir de ahora vivirá aquí. Bien, señor Delgado, puede ocupar el sitio vacío que hay al fondo del aula. Tendrás que compartir el libro con Noemí hasta que tenga uno.
Me concentro en el libro y mientras el avanza hasta donde yo estoy no levanto la cabeza del libro de Matemáticas, como si las derivadas fueran realmente interesantes. Todas las chicas de la clase se vuelven hacia mí y me dedican una mirada de desprecio, ya que el chico que todas piensan que está como un tren va a sentarse con la chica que piensan que es un poco rarita.
-Hola- Cristian se sientan a mi lado, y deja caer la mochila en el suelo.
-Hola- respondo, sin levantar la cabeza del libro. No quería cruzarme con su mirada.
Coloco el libro entre los dos, y él acerca su silla a la mía para poder mirar el libro. Yo lo único que hago es apoyar la mejilla en la palma de la mano y lo único que deseo es que la clase termine lo antes posible.
Cuando suena el timbre, recojo mis cosas y salgo disparada de la clase. En los pasillos todos (mejor dicho todas) hablan de lo bueno que está Cristian. Cuando llego a la cafetería ocupo la mesa en la que nos sentamos siempre y espero a mis amigos. Elena viene corriendo hacia donde yo estoy, seguro a hablar de la buena nueva.
-¿Has visto al nuevo?- dice, mientras ocupa el asiento que está enfrente del mío.
-Sí, está en mi clase, se ha sentado a mi lado y hemos compartido el libro de Matemáticas- Elena me mira con los ojos abiertos.
-¿Vosotras también estáis hablando del nuevo?- dice David, mientras se sienta.
-Si- contesta Elena- se ha sentado con Noe, tía, seguro que ya se ha fijado en ti, eres realmente guapa.
-No digas tonterías.
-¿Te has sentado a su lado?- pregunta David.
-No, el de Matemáticas le dijo que se sentara a mi lado. Nos obligaron a compartir el libro.
-Os obligaron,- comentó mi amiga- segura que fue todo un suplicio para ti.
En ese instante Cristian se acerca a nuestra mesa.
-Perdona, ¿podrías dejarme el libro de Matemáticas para hacerle fotocopias a las primeras páginas?, es que en la librería me han dicho que tardarán una semana en traerme ese libro.
-Sí, claro,- digo, rebuscando en la mochila- aquí tienes.
-Gracias, mañana mismo te lo traigo- me contesta, y entonces se aleja.
-Podrías haber sido más simpática y haberle dicho que se sentara con nosotros- me dijo Elena, fulminándome con la mirada.
- No hace falta ser tan simpática- dijo David- ese tío no me da buena espina.
-Eso lo dices porque está más bueno que tú- le contesta Elena.
Menos mal que en ese momento sonó la campana y tuvimos que regresar a clase, no quería escucharlos discutir.
Las siguientes tres horas no las compartía con Cristian, o eso, o él se las había saltado. Bueno, ni lo sé ni me importa, la verdad, David tiene razón, tiene pinta de ser un rompecorazones.