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Aléjate de mí, Granger — capítulo 14

Lo que Hermione piensa realmente de él.

Su visita había sido más fría que la anterior. Bellatrix había ido al grano y le había preguntado por los avances del plan.

Draco tampoco se había andado con rodeos. Le había contado acerca del trabajo que tenía con Mc Gonagall y en el cual Hermione Granger solo había echo un tercio de su parte y ahora, después de la evaluación, le debía un *Supera Expectativas. Bellatrix le había compadecido por su trato con la hija de muggles, y había sonreído cuando él tomó con una mueca de desagrado su pedido de antelación de sus planes. El chico había dejado que ella se metiera en la privacidad de su cerebro, y armado hasta los dientes para que no pudiera saber nada más de lo debido, le había dejado verla muestra de confianza que le había dado la chica: un abrazo mientras ella lloraba, su muestra de agradecimiento en clases, uno que otro chiste o sonrisa de parte de ella…

Bellatrix se mostró conforme y sonrió, desquiciada. Si se había tragado el cuento, Draco no lo supo hasta que Snape lo condujo fuera de la mansión. Gracias a él, había podido ver a su madre, por lo menos unos cuantos minutos. En los cuales, y aunque ella se había esmerado en disimularlo, él había visto un feo morado en la parte superior del pómulo. Eso le dejó preocupado. Iba a preguntarle directamente quien le había golpeado pero la llegada oportunade su padre se lo había impedido. Y Lucius no se había movido de ahí desde entonces. No se creyó su explicación -Nadie se golpeaba con una puerta en estos tiempos- y se prometió investigar por cuenta propia quien carajo le había hecho eso en la cara. El culpable pagaría.

Cuando llegaron a Hogwarts y le preguntó a su mentor acerca del incidente,Snape le había dicho que no hiciera preguntas tontas, que ya era muy tarde y que se fuera a dormir. Le felicitó por su actuación y aprobó su capacidad de ocultamiento de pensamientos. Su progreso era notable.

No era como el imbécil de Potter, tan pegado de sí mismo…

Draco se encogió de hombros y caminó hacia su torre. Llegó, muy entrada la noche, y tuvo que esperar al personaje de su cuadro, que se había quedado dormido junto a los perros que jugaban ajedrez. Para cuando pudo entrar a la estancia, ya eran más o menos las tres de la madrugada. Gracias a Merlín, ya comenzaba el viernes y en estos días no tenía clases hasta bien entrada la mañana.

Arrastró los pies mientras subía a su habitación, pensando en su madre, en como estaría, y el motivo verdadero por el cual su padre no había querido dejarlos a solas.

¿Le habría hecho Lucius algo?

A estas alturas ya no le asombraría nada. Su padre había cambiado mucho, estaba ciego, era un títere y lamentablemente, Draco ya no sentía nisiquiera admiración por él.

Levantó la mirada hacia la puerta que tenía en frente y su corazón se detuvo por un segundo. Estaba frente a la puerta de la habitación de Granger.

Demonios.

Su respiración se volvió agitada.

Hasta su subconciente le jugaba malas pasadas. ¿Por qué había tenido que caminar hacia ese cuarto si su habitación estaba en el otro extremo?

Bravo, Draco. No eres dueño ni de ti mismo.

Después de pensarlo mucho, empujó levemente la puerta y entró en la habitación… en la que tuvo que contener la respiración de sopetón.

La luz de la media luna traicionera se proyectaba sobre el rostro de la chica. La ventana se hallaba abierta y corría una leve corriente de aire por la rendija. Contuvo una maldición y con mucho cuidado de no hacer ruido, cruzó la pieza y cerró la ventana manualmente.

Mierda, ya se estaba comportando como un maldito muggle.

Se detuvo frente a la cama de su compañera y sonrió de lado al verle dormir tan pacíficamente. *Joder, estaba hecho un memo.*Le estaba mirando como un baboso, un imbécil, como el Weasley seguro le había mirado en la tarde.

¿Había sido lo suficientemente valiente como para decirle lo que sentía hacia ella?

Una nueva pregunta se filtró en su mente: ¿Habría sido él capaz de decirle lo que… creía sentir por ella?

La respuesta llegó a modo de video, en su cerebro, a modo de recuerdo. Le hizo recordar su último sueño, el que había reprimido para que Bellatrix no notara nada extraño: la imagen de la chica, dormida en sus sueños, se coló en su cabeza.

E inconcientemente, sintió su calor, su ternura… sus labios… sus lágrimas…

Ella sufría, sufría por culpa del señor Tenebroso... de V-Voldemort.

Y él estaba sirviéndole.

¡Maldita sea! ¡Podría salvarle de lo que el señor Tenebroso le quisiera hacer, pero no podría salvarle del sufrimiento que Él le hacía sentir!

Era un imbécil.

Un imbécil enamorado.

Y cursi.

Merlín, que castigo. Que combinación más… fatal.

OoOoOOoOoOOoOoO*OoOoO

-¿A que hora llegaste? - escuchó y se obligó a mantener los ojos pegados al libro que leía.

Hermione frunció los labios ante la poca atención del rubio y terminó de bajar las escaleras para luego plantarse frente a él. Draco no pudo evitar más sus ansias y levantó los ojos hacia ella.

Golpe duro. Ella había llorado de nuevo. Tenía los ojos hinchados y para camuflarlo había optado por un leve maquillaje.

Tonta Granger.

-Buenos días también a ti, Granger - contestó él a modo de saludo y con un tono burlón. La chica se sonrojó por la leve llamada de atenciónpero le agradeció silenciosamente por no haber sacado a colación los modales de los muggles.

-Buenos días - dijo, y Draco contuvo una sonrisa ante su actitud. Ella no se movió y siguió mirándole, esperando. Él rodó los ojos y se dio por vencido.

-Llegué como a las tres…

-¿Y porque no me levantaste? - le reclamó Hermione, con las manos a la cintura. Draco no pudo soportar más y sonrió, petulante, de lado, mientras dejaba de lado el libro.Se veía realmente adorable con el ceño fruncido y con ojeras tamaño familiar. Y la postura, sin duda alguna, era lo mejor.

-Uy, no estamos de humor…

-Cállate

  • le espetó ella, lanzándose rendida en un sillón a su lado y masajeándose las sienes con fuerza. El rubio optó por seguir fastidiándole la mañana. Ayer le había hecho pasar un mal rato. Se lo cobraría ahora.

-*¿*No me digas que tu cita con el Weasley no salió bien? - habló, mientras guardaba el libro en su maletín. Hermione abrió los ojos al tiempo justo para leer la portada. Era un libro de Pociones. ¿Así que era cierto? - ¡O mejor! ¡Alégrame la mañana y dime que se lo tragó el calamar!

Hermione contuvo un taco y cerró los ojos nuevamente, recostándose con pesar en el sofá.

Todavía recordaba el titubeo del chico.

-Flashback-

Había decidido acudir al encuentro con George y ayudarle en lo que necesitara a la mayor rapidez posible: tenía mucho que estudiar y los exámenes eran en un par de semanas.

¿Cómo se había descuidado tanto? Normalmente estudiaba con un mes de anticipación pero este año… Este año las cosas se le habían salido de control, estaba desequilibrado, este año no tenía apoyo, este año estaba sola.

Caminó hasta la entrada al campo de Quidditch y esperó al pelirrojo con paciencia. Mientras esperaba, optó por entretenerse jugando a dibujar formas con sus pies en la nieve.

Su mente voló hacia la semana en la que Draco le había contado lo de Snape. ¿Por qué no había podido contarle a Harry? ¡Necesitaba contarle a Harry!

Pero tenía que ceder la información con cuidado. Conociendo la impulsividad de su amigo, este era capaz de arremeter contra su profesor con su propia varita y ella no podía permitir eso.

No. Lo mejor sería averiguar un poco más y luego ya arriesgarse.

Además, Harry no le había contado nada acerca de los últimos horcruxes encontrados con Dumblendore y Hermione tenía la leve impresión de que no lo hacía para no preocuparle.

¡Pero ella quería mantener la cabeza ocupada en otras cosas! ¡Es por eso que ahora la presión de los exámenes le hacía bien!

-Hombres…

  • pronunció en un susurro, pateando la montaña de nieve que se había hecho por las figuras. George, que planeaba asustarle por la espalda, se detuvo y habló con voz preocupada.

-¿Te hice esperar mucho? - preguntó, haciéndole sobresaltarse. El chico sonrió ante su reacción y le tendió una bolsa de caramelos - Cortesía de la casa.

-No me querías aquí para utilizarme como conejillo de indias, ¿verdad? - le inquirió ella, sosteniendo la bolsa con desconfianza. George soltó la carcajada.

-No, no te preocupes - le tranquilizó él, sosteniéndole del brazo y guiándola hacia los otros terrenos, donde estaban el sauce y el lago - Son chocolates. Lo único extraño de ellos es que cambian de sabor según la persona que los prueba. ¿Fascinante, no? - sonrió, emocionado. Hermione asintió y se llevó el primer bombón a la boca.

George tragó en seco, nervioso. Tenía que decírselo ya.

-Hermione, no quiero alargar el tema, así que si me permites…- la chica soltó una expresión de goce ante el dulce y le miró, aún moviendo el chocolate en la boca. George se giró hacia ella, frente a frente y le sujetó de los hombros - Me gustas - soltó, haciendo que Hermione abriera los ojos de par en par de la impresión. El chico exhaló de golpe y continuó hablando, ahora con las manos de Hermione en las suyas. Ella estaba demasiado consternada como para soltarse.

-G-George…

  • consiguió tartamudear, pero él la interrumpió.

-Escúchame, por favor: Creo que te lo dije muy rápido. Es que esto es nuevo para mí… Dame un segundo.

-George, espera…

-Hermione, yo sé que antes te gustó Ron y que por eso seguro crees que ahora no sería… ético… Pero te aseguro que a mi no me importa, es más, puedo esperar un tiempo prudente si quieres…- continuó hablando el chico, pero Hermione se soltó del agarre con suavidad. George suspiró. Al fin lo había soltado y tenía la ligera sensación de que no había salido nada bien. Nada bien.

-George, yo no… - habló ella, recuperando su voz y soltando el aire con desazón - A mi no me gusta Ron. En realidad, en estos momentos no me gusta nadie, en este momento… estoy preocupada pormis estudios. La guerra está cerca y…

-No me pasees, Hermione - sonrió tristemente el chico, destrozándole el corazón a la castaña, que ya tenía los ojos acuosos. Ella intentó arreglar las cosas y se acercó para abrazarle suavemente - Ey, no te preocupes… Yo entiendo - sonrió él, acariciándole el cabello. Ella gimió de pena. ¿Por**qué todo le salía mal? ¿Y porque estaba llorando? ¡Estaba hecha una plañidera!

-Tú eres un gran amigo, G - habló ella, ocultando su rostro en el pecho del chico, sin saber que más decir para reconfortar al Weasley.

-Pero no te gusto - resumió él, soltándose del abrazo y apartándole el cabello del rostro. Hermione boqueó pero ningún sonido salió de ella, seguía en shock - Lo siento… No debí de ser tan impulsivo… ¿Te asuste, eh? - exhaló, con los brazos en jarra e intentando bromear. Hermione se mordió el labio inferior, apenada.

-Fue muy halagador, George - dijo y él sonrió, abrazandole de nuevo para quitarle la culpa. Ella tragó en seco - Lo siento, también. Yo no… ¡Diablos! Esto no… Yo no me di cuenta de nada…Perdón, no quise…

-Ya te dije, olvídalo - le soltó él, alborotándole el cabello. La Granger intentó hablar pero él le negó con la cabeza - Tengo que ayudar a Fred con algunas cosas en la común… Nos vemos luego, ¿vale?

-George…

-¡En serio, no pasa nada, Herms! - exclamó él, caminando de espaldas hacia el pórtico. Ella avanzó hacia él pero George le dio la espalda y comenzó a caminar rápidamente hacia el vestíbulo.

¿Por qué carajos le pasaba esto a ella?

¡Merlín, acaso no había recibido suficiente? ¡Ahora no podría mirar al chico a la cara! ¡Pobre George!

¡Que vergüenza!

Giró rumbo al bosque, o al cabaña de Hagrid, donde se dirigiera ahora no le importaba mucho.

Tenía que arreglar esa maraña de pensamientos que tenía en la cabeza.

**-**Fin FlashBack-

-Hubiese preferido que me tragara a mí - dijo, volviendo a la realidad. Malfoy, que estaba sentado mirándole directamente, rió.

-Una imagen muy chistosa - se excusó el chico, conteniéndose por no hacer el escándalo de la semana al comprobar con regodeo que la cita no había salido nada bien. Aún así, torturar un poco más a su compañera no le parecía mala idea, ¿o sí? - ¿y por qué?

-No seas metido, Malfoy.

-Granger…

  • comenzó él, utilizando un tono convincente. Ella le fulminó. No le convencería de esa forma - De acuerdo, de acuerdo. Hagamos un intercambio - Hermione cuadró los hombros, mostrándose interesada, pero sin mostrar la menor intención de moverse del sitio. Malfoy hubiese saltado de felicidad ante la atención recibida - Me cuentas que pasó, mientras caminamos al comedor y yo te cuento que averigüé - le guiñó un ojo. Hermione se quedó de piedra ante el gesto y tuvo que obligar a su cerebro a respirar por sí mismo. Condenado hurón. ¿Desde cuando le pasaba esto a su cuerpo cuando él hacia… esas cosas?

Hermione asintió, aceptando el pacto y respiró hondo, preparándose mentalmente. Draco se levantó del sillón. Seguro el Weasley no había podido. Y le había decepcionado. Típico de ellos…

-Pero prefiriría quedarme aquí - pidió la chica y Malfoy aceptó la condición, volviendo a sentarse. *Mujeres -*Anoche George… - comenzó, hundiéndose en el mueble, con vergüenza. Draco enarcó una fina ceja al verle actuar así. ¿Por qué se sonrojaba?

Maldición.

Esto le daba mala espina. Su cerebro le envió un cable de ayuda: George si se le había declarado.

Pero… no, no podía ser. A Granger no le podía gustar ese gemelo pelirrojo y delgaducho.

-¿Ajá?

  • le instó él, con el estómago echo un puño.

-S-se… Se…me declaró - soltó de golpe ella y enrojeció al evocar la imagen de George diciéndoselo. Malfoy parpadeó y se quedó callado…

-¿Cómo? -…alrededor de tres segundos, atónito. Sin querer su tono de voz había salido un poquito más alto de lo normal y Hermione no lo tomó nada bien.

-¡Que se me declaró! - exclamó ella, cabreada. Malfoy maldijo su torpeza en todos los idiomas que se sabía. Malditos sus impulsos. Maldito Gemelo - ¿Tan difícil te resulta creer que alguien se fije en mí? - se levantó indignada la muchacha. Él también se levantó.

-No seas boba, Hermione - le frenó, atinando a llamarle por su nombre de pila y calmándola - Eso no es… cuestionable - agregó, y la mirada de la chica se cruzó con la suya un microsegundo para luego desviarse hacia la chimenea. Malfoy le observó lanzarse en la alfombra frente a la calefacción, con aspecto cansado.

Hermione se contuvo de preguntarle lo que le rondaba por la cabeza.

¿Por qué le decía esas cosas? ¡La dejaba fría! Ahora si que ya no sabía que pensar.

Definitivamente, la comida de Hogwarts estaba cambiando las actitudes de los alumnos.

Sí, era eso.

Sí, claro…Por supuesto. Por eso es que tú estás tan de los nervios ahora.

Maldición. Que se callara esa maldita voz en su cabeza…

Draco no la estaba pasando bien, tampoco.

Intentó contener la adrenalina que corría por sus venas y que le obligaba a escupir ideas como esas.

Rodeó el sillón y se apoyó en la cabecera; desde ahí observaba el perfil de su compañera, que se iluminaba tenuemente por la sombras del fuego. Carajo, seguro tenía una cara de bobo… Estaba jodido.

-Sinceramente, pensé que la cosa era con la otra comadreja… -soltó, tratando de desviar la atención hacia otra parte. Hermione frunció el ceño, fastidiada - Aunque éste por lo menos fue capaz de decirte lo que siente…

Ella bufó, mirando sus zapatos con reciente atención.

¿Así que todo el mundo se había dado cuenta menos ella?

¡Pero que le pasaba a su sexto sentido últimamente?

Ni últimamente, guapa. Porque con Viktor te pasó igual.

¿Por qué demonios… ¿Qué acaso había señales que ella no veía?

-Yo no… no me di cuenta… - le explicó al rubio, mirándose los dedos. Malfoy semisonrió. *Por supuesto que no se había dado cuenta. Era tan… despistada con esas cosas -*A estas alturas, todo Hogwarts ya debe haberse enterado - gimió ella, apesadumbrada. Draco le preguntó el porqué de su suposición con la mirada. Ella desvió sus ojos y se apresuró a contestarle - Lavander nos vio justo cuando… - y no tuvo que continuar: el evidente bochorno en sus mejillas completó el trabajo.

-Por lo menos el gemelo tiene mejor gusto - le trató de consolar el Malfoy, refiriéndose claramente a Lavander. Pero falló estrepitosamente en su plan y metió la pata hasta el fondo. Al minuto siguiente estaba mordiéndose la lengua.

Hermione sintió un escalofrío recorrerle desde la columna hasta la nuca y agachó la mirada a su regazo ante el elogio.

Porque eso había sido un elogio, ¿no?

Trató de regular su respiración y el latido de su corazón.

Necesitaba encontrarle una explicación a esos cambios ya. ¿Por qué Draco Malfoy de pronto se daba cuenta que era una mujer? Lo más importante, ¿Por qué la trataba ahora así?

Maldito Harry, él tenía la culpa de esas dudas… de esas ridículas dudas.

Pero Malfoy no le dio tregua. A pesar de todo siguió preguntándole, con súbdito interés.

-Y… ¿él te gusta? - La pregunta le llegó a los oídos dolorosamente. *No era la primera vez que lo escuchaba.*Ginny se lo había preguntado también.

Draco tragó en seco. ¿Por qué se demoraba tanto en contestar? ¿Acaso…?

-No

  • contestó con voz débil ella, al fin. Draco dejó escapar un resuelto suspiro, aliviado, pero ella no se dio cuenta de ello. Siguió hablando -George es… solamente un amigo. Le quiero mucho pero…

-¿Pero…?

-Ya preguntaste bastante, ¿no crees? - le espetó ella en respuesta, con un brillo extraño en la mirada.

Malfoy puso los ojos en blanco. Que mujer, por Merlín…

-Que carácter, Granger - atinó a decir, y se acercó a ella con las manos en los bolsillos de su uniforme.

Hermione le indicó que se sentara a su lado, en un cojín. Él obedeció y se inclinó para hablar en tono confidencial. Hermione habría sonreído si no tuviera la cabeza perturbada.

-Fui a la mansión y… no hay novedades. Mi tía - Hermione observó como arrugaba los labios ante la interrupción, mientras miraba las llamas de la chimenea (que a pesar de que era de día, alumbraban la estancia fuertemente) con atención - Bellatrix se mostró conforme con su revisión a mi mente - soltó y la chica frunció el ceño, confundida.

-¿Ella… utiliza la legeremancia contigo? - le preguntó y Malfoy se maldijo por haber soltado esa información. Había olvidado que Hermione no tenía que enterarse de eso. PRECISAMENTE PORQUE SU MISION TRATABA DE ELLA.

-Algunas veces, como ayer - susurró él, afectado. La castaña pensó que que no le era muy cómodo hablar de ello y esperó con paciencia a que continuara - Solo pude hablar con mi madre un par de minutos y…

-¿Está bien? - curioseó ella, sintiéndose ajena a la pregunta al instante. Malfoy giró el rostro para mirarle directamente.

¿Cómo sabía ella que le preocupaba que su madre viviera en la mansión, con su tía demente y su padre?

Es evidente, imbécil. Debe pensar que te iniciaras con Voldemort para salvar a tu madre.

Ahhhhh, cierto. Buena coartada.

-Sí, ehm, sí. Pero no pude hablar mucho con ella. Mi padre estuvo presente en todo momento y… no la dejó hablar.

La castaña se mordió el labio inferior, mirando con atención al rubio heredero de los Malfoys. Sospechaba que Lucius no era bueno con su esposa. Y que no había sido bueno tampoco con su hijo.

De repente sentía una enorme compasión hacia el chico.

-Él quiere que mi madre me convenza de casarme con Pansy - le comentó él, con el rostro inescrutable. Hermione sintió un retorcijón en el estómago y frunció los labios, de nuevo.

Pero por supuesto, las familias Sangre Puras necesitaban asegurar su legado pretencioso de poder. ¿Y que mejor manera que arreglando matrimonios entre sí?

Sin embargo, Hermione observaba al chico que tenía al lado y notaba cierta renuencia de su parte respecto al plan trazado por su padre.

-Pero tú no quieres - asumió, hablándole con voz monótona. Tratando que no se notara su… ¿eso era decepción?

-Vaya, que observadora - sonrió el chico y ella hizo una mueca de burla - Y decían que eras mala en adivinación…

-Ni lo menciones. Soy pésima, no tengo *ojo interior -*dijo,imitando la voz y los ademanes de la profesora Trelawney. Malfoy sonrió sutilmente y Hermione siguió su ejemplo, observandole perdido en el fuego - Pero no es necesario saber leer los cunchos de tu té para leerte, Malfoy - Las palabras salieron de su boca sin su autorización. El rubio volteó a mirarle, perspicaz.

-¿A que te refieres con eso? - preguntó con un toque de desconfianza en la voz. O eso pensó ella.

-Solo se necesita un poco de observación - le reveló Hermione, siendo ella ahora la que guiñaba un ojo. Malfoy sonrió.

-Oh, Granger, Ilúminame con tu teoría - le pidió él, levantando las manos al techo, como clamando al cielo. Hermione sonrió, sintiéndose cómoda de repente.

En realidad, hablar con Malfoy le había ayudado a despejarse un poco.

Y tenía la impresión de que si seguía conversando con él, al final terminarían siendo… amigos.

Malfoy seguía mirándole fijamente, expectante, ansioso y con un brillo curioso en los ojos.

-No sé, Malfoy. Yo creo que te escondes detrás de una máscara porque tienes miedo de mostrar tu verdadera personalidad. Tu madre te puede leer… porque bueno, es tu madre. Pero en el caso de tu padre, por ejemplo, es diferente: él quiere que sigas sus pasos. Quiere que seas un verdadero Malfoy, y cree que siguiendo su ejemplo lo lograrás. Pero tú… - se detuvo; Draco había acercado su cojín al de ella y ahora solo los separaba un pequeño espacio. Se mostraba interesado y esto le dio valor. Y un escalofrío - Tú solo quieres ser un adolescente. Vivir de acuerdo a tu edad, y sin la presión de llevar tu apellido a cuestas. Quieres ser feliz, pero a tu manera. Pero claro, al ser una combinación de Blacks&Malfoys te han enseñado que reprimir las emociones es de temerarios, de fuertes y que mostrarlas, es de cobardes. ¿Me equivoco?

Todo lo había dicho tan rápido que, cuando levantó los ojos para observar los de Malfoy, encontró autocompasión en ellos. Compasión de él mismo. De que lo hubiera descrito tal cual era.

Y aun así, había un poco de recelo ante sus palabras.

Entonces Malfoy desvió sus ojos grises, tristes y cansados hacia la chimenea y lanzó una astillita de madera hacia el fuego. La fina fibra desapareció en él, pero lo suficientemente lento como para verla consumirse, en el piso de la chimenea, poco a poco. Hermione titubeó cuando el chico le tendió una ramita para que hiciera lo mismo.

Pero la lanzó. Y junto con ella sus prejuicios hacia el rubio.

¿Qué por que? ¡Estaban sentados juntos, muy juntos, frente a la chimenea de la torre de premios anuales, conversando como si fueran amigos desde siempre, sin distinciones de sangre!

-Tú no me conoces - escuchó la voz del chico, muy cerca a su oído, aunque él no lo estaba. Hermione se encogió de hombros, simulando indiferencia.

-¿Alguien realmente te conoce? - él no le miró. Su mirada seguía fija en el fuego - ¿Quién sí, además de tu madre? ¿Pansy? - ironizó, logrando que el chico girara a verle de nuevo, impresionado, tal vez porque había mencionado a su compañera slytherin - Puede que tengas razón: no te conozco. No del todo, pero…

-Siempre has sido muy racional, Granger.

-Puede que sí, pero gracias a mi racionalidad he llegado a entender tu arcaica forma de pensar. No me malinterpretes - agregó, moviendo las manos frente al chico, en actitud calmante. Malfoy no se movió - No estoy diciendo que mi forma de pensar sea mejor. Bueno, tal vez sí, un poco - siguió hablando ella; Draco sonrió ante su contradicción - Es decir… tienes que admitir que pensar que… - se detuvo. Malfoy le miraba burlón - Demonios, he hablado demasiado, ¿no?

-La verdad, sí… pero me resulta interesante saber como es mi arcaica forma de pensar - le calmó él, aunque con ironía. Mientras, seguía lanzando pequeños trozos de madera al fuego. *Sabiendo que se metía a un terreno peligroso.*Hermione también lo intuía; se sentía incómoda ante la aceptación que le daba a sus críticas, hacia él y hacia toda su familia, hacia sus principios… Malfoy debió captar sus dudas porque le animó a continuar- Anda, no te lanzaré un crucio luego.

Claro, que de una forma poco convencional.

-Si piensas que me vas a convencer tan altruistamente…

-Solo dilo - le instó él, estirando los brazos y apoyando su espalda en el sillón que había movido con magia hacia atrás suyo. Hermione copió su pose y respiró hondo antes de continuar.

-Cuando me insultabas, lo hacías porque odiabas a los sangresucias, ¿no? O bueno, porque lo haces. O lo hacías - repitió con el ceño fruncido, lo que denotaba su confusión. *Malfoy hizo un gran esfuerzo por no sonreir como un bobo ante su caos -*En fin, hacías miles de cosas para hacer sentir mal a los que eran como yo… y en cada uno de tus crueles ataques he pensado que eras un brutal desalmado. No es que no lo siga pensando… En realidad, no sé que pensar de ti ahora… Admito que tengo que actualizar tu expediente, has cambiado mucho, aunque Harry piensa que es una de tus estrategias para…

Mierda, tenía que contenerse, estaba hablando demasiado.

-¿Para…?

  • le apremió él, dándose cuenta de la debilidad de la chica. Despues de todo, era una mujer y todo lo que ellas buscaban eran ser escuchadas.

No obstante, tuvo la ligera impresión de que ella no estaba siendo sincera cuando le contestó.

-Ya sabes, lo de Voldemort, y todos esos complots que él ve por…

-¿No le habrás dicho lo que te conté, verdad? - se incorporó, regresando a su típica expresión dura. Hermione negó con la cabeza, dolida ante su oración y él, dándose cuenta-ultimamente entendía casi todas las muecas de la chica- regresó a su posición y aún así la notó titubear al continuar con su análisis.

Pero sabía que ella ya había soltado el meollo del asunto. No se dejaría intimidar. Le diría todo lo que pensaba de él. Así era ella, no se detendría por nada del mundo ahora que podía criticarle.

-Cuando veía las actitudes que tomabas - le escuchó hablar, con un tono de voz suave y con la mirada en su regazo. ¿Era miedo?

  • descartaba por dialéctica las que no asumirías. Por ponerte un simple ejemplo: Eras un clasicista pedante, por lo tanto no eras un…

-¿Amante de las causas perdidas? ¿Liberador de elfos domésticos?

-Adelante, búrlate de mí - soltó ella, ante la broma del chico. Malfoy rodó los ojos y bufó.

-Solo estaba bromeando; que yo recuerde siempre he tenido un sentido del humor único al atacar a los Gryffindors - Hermione le fulminó fríamente pero a Malfoy pareció importarle muy poco. De hecho, lo que él quería era hacerla enojar. Le gustaba sentir que le alteraba los nervios - Como la broma en tercero hacia Potter, la de los dementores… - dejó la frase en el aire. Al parecer, estaba recordando aquel episodio. Hermione frunció los labios con desaprobación - Tienes que admitir que fue un buen truco.

-De pésimo gusto - le hizo saber ella, y levantó el mentón hacia el techo, indignada. Sin embargo, no se levantó ni apartó de él.

Había entendido que Draco Malfoy no esperaba que su contrincante, por así decirlo, huyera por sus pullas. Noooo, lo que él quería era que ella continuara con los golpes verbales, quería que ella le fregara la existencia también.

Era como un ping pong: él le soltaba alguna pachotada y ella en respuesta tendría que lanzarle un insulto de esos ingeniosos que se inventaba.

Sin duda alguna, un juego mucho mejor que un duelo.

Otra cosa más que añadir al archivo de misterios "Draco Malfoy"

-Fueron buenas épocas.

-Me faltó añadir que eras un mimado hijo de papi - y le miró a la cara cuando se lo dijo, causando que Malfoy enarcara una ceja ante su leve ataque - Corriste donde tu padre para que le cortara la cabeza a Buckbeack, ¿no es así? - Malfoy tragó en seco. El tono lleno de rencor que estaba utilizando su amiga no le gustaba. La había cagado otra vez. Bien, Draco - Aunque claro, semejante chasco que te llevaste cuando él escapó…

-Nunca me quedó muy claro ese suceso, ahora que lo mencionas - comentó pensativo, mirándole fijamente, como esperando que ella le abriera la mente y le explicara la situación. Hermione ni se inmutó; mas bien, hizo el ademán de levantarse, aunque Malfoy no se lo permitió. Sujetó la manga holgada de su túnica, como se le había hecho costumbre - No has terminado de explicarme, Granger.

-Creo que ha terminado la tregua, *Malfoy -*se encargó de que cada una de sus palabras fueran severas, y aún así el chico no le soltó.

-¿Y todo porque saqué a colación la bromita a Potter? - le reclamó, obligándole a permanecer sentada a su lado. Ella no forcejeó - Dices conocerme y sin embargo, sigues sin identificar con que bromeo y con que no. ¿No crees que eres algo injusta?

Hermione le hubiese respondido si es que su estómago no le hubiese alertado de que llevaba aproximadamente más de 12 horas sin comer. Ruidosamente, por cierto. Malfoy sonrió con burla ante el hecho pero no la molestó. Y menos mal porque no se sentía de ánimos para continuar con la pelea… En realidad, no tenía una respuesta racional para explicarle que sentía que él no era mala persona.

¿Cómo explicarlo si le había hecho la vida imposible en los últimos años? ¿Que debía decirle? ¿Qué en estos meses había cambiado su concepto hacia él al enterarse que había mandado a un elfo a cuidarle? ¿Cómo?

-Podemos dejar la plática para después - concedió el chico, ayudándole a incorporarse del suelo - Aunque claro, ahora tendrás que ir a las cocinas, porque nos hemos perdido el desayuno.

-Es toda tu culpa, Malfoy. Como siempre todo tiene que ser acerca de ti.

-Algún día te recompensaré diciéndote que pienso realmente de ti.

-Ya sé que piensas de mí - dijo, en un tono obvio. Malfoy levantó la mirada hacia ella, y la escaneó de pies a cabeza. Ella sintió sonrojarse. ¿Acaso lo hacía a propósito?

-Dije realmente, Hermione - le sonrió el chico y salió de la torre con el maletín cruzado en el pecho. La castaña se obligó a sentarse para procesar la información.

¡En serio, algo muy extraño le pasaba a Hogwarts!

¡Sobre todo a ella! ¡Y a Malfoy! ¿Cómo es que ahora él prefería conversar con ella que tomar su desayuno? ¿Y porque carajos ella necesitaba aire?

¡Odiaba que siempre él terminara las discusiones y la dejara agotada!

Su estómago volvió a protestar y ella no tuvo más remedio que levantarse y correr hacia las cocinas.

Ya se las pagaría Malfoy.

OoOoOOoOoOOoOoO*OoOoO

Efectivamente, cuando Hermione entró al salón de Encantamientos, Harry la sujetó con cuidado del codo y la hizo sentarse a su lado, ignorando un leve murmullo al fondo.

Minutos después, y ante su total asombro, Ronald Weasley tomó su lugar a su otro lado.

Hermione se estremeció. El solo pensar que las cosas volvían a ser como antes le emocionaba de sobremanera.

-Así que… George te lo pidió - soltó a modo de saludo el pelirrojo.Hermione volteó a mirar a Harry pero él miraba al frente con una media sonrisa. La chica se aclaró la garganta.

-Supongo que tengo que agradecerle la divulgación del tema a Lavander - habló la castaña, frunciendo los labios en reprobación. Ron se removió incómodo en su asiento.

-En realidad, ella solo nos dijo que George se te declaró. Lo que no sabemos es si lo aceptaste - habló Harry, ayudándole a su amigo. Ron se lo agradeció con una sonrisa.

-Pues no, no lo acepté. No sería capaz de jugar con los sentimientos de George -les respondió ella, sacando su libro y cuaderno de notas junto con el tintero.

-Lo sabemos, Hermione, no tienes porque darnos explicaciones.

-Últimamente Lavander está muy pesada - comentó Ron, cambiando drásticamente de tema. Hermione cruzó una mirada de asombro con Harry, pero éste se encogió de hombros

  • Creo que sí tenías razón con eso del espacio personal, Hermione. Tengo que pedirte una disculpa. Una enorme disculpa.

Draco Malfoy, que estaba sentado atrás comiendo un bollo de las cocinas, enarcó una ceja cuando Hermione se le lanzó encima a la comadreja Weasley, en lo que parecía ser un abrazo. El rubio incrustó los dedos en su asiento para dominar su furia, su envidia y su rostro se convirtió en una máscara de inexpresividad única. Pansy, que acababa de llegar, cruzó rápidamente el pasillo y se sentó a su lado izquierdo, pues en el derecho se encontraba Theodore Nott.

-Suéltalo Malfoy - le recomendó su amigo, codeándole y haciendo referencia al pupitre. El chico apretó fuertemente los labios, convirtiéndolos en una fina línea - Tus nudillos están blancos, ya contrólate.

Malfoy asintió y liberó al maltratado mobiliario para luego lanzar el pedazo de bollo a las profundidades de su maletín.

Malditos todos los pelirrojos de la faz de la tierra.

-Así que vuelven a ser los tres rídiculos de Gryffindor, ¿no? - se carcajeó la morena Slytherin, enganchándose al brazo de Draco.

Harry y Ron se giraron al instante, dispuestos a matar con la mirada a la chica y compañía. Malfoy no hizo nisiquiera la típica mueca de burla, sino que se soltó del brazo de Pansy con fastidio y se levantó del pupitre, dispuesto a irse.

Pero fue ese preciso momento el que Hermione escogió para voltear a mirarles.

Vio los intentos zalameros y vanos que Pansy hacía para que el rubio volviera a sentarse, y a pesar de sentir una punzada en el pecho al verles juntos, levantó los ojos hacia los de Malfoy y le pidió con la mirada que se sentara.

Draco, que ya había pasado las piernas por el banco, preparado para salir, retrocedió.

Carajo. No, no. Eso no. ¡Mierda, no!

¿Por qué su cuerpo le hacía caso a ella y no a él que era el dueño?

Y así fue como al minuto siguiente estaba sentado de nuevo en su sitio, con Pansy regodeándose ante su supuesto triunfo y con Nott en el otro lado, sonriendo con disimulo.

Ron torció la boca con burla pero Harry entornó los ojos hacia el rubio.

Él sí que se había dado cuenta del contacto visual de ambos jóvenes, y ahora más que nunca se mostraba preocupado ante el poderde convencimiento - *porque lo había visto -*que su amiga tenía sobre el Malfoy.

-Sácame de una duda, Herms - musitó Ron, acercándose a Hermione para que solo ellos tres pudieran escucharse pues Flitwick ya preparaba su taburete para empezar la clase- ¿Le has hecho alguna clase de encantamiento a Malfoy para que haga lo que tu le dices, o fue un imperius leve?

-No seas tonto, Ron. Sabes muy bien que eso está prohibido - respondió ella, con rapidez. Harry notó como los cabellos de su nuca se habían erizado y frunció el ceño con evidente molestia. Al parecer, él no había sido el único que se había dado cuenta del hecho. Y eso que Ron era un poco lento para esas cosas.

-Es que se sentó cuando le miraste. Como si siguiera tus órdenes por un nexo invisible o algo así - siguió el Weasley, buscando apoyo en Harry, alegre de gozar de su amistad nuevamente.

-Yo también lo vi - corroboró el moreno, y Hermione negó con la cabeza, quitándole importancia al hecho.

-Últimamente está haciendo cosas muy extrañas. Ya sabes, primero te pegó por el accidente - Ron tragó en seco ante sus palabras y regresó su mirada al frente - Luego puso mi nombre en el pergamino sin que me lo mereciera - siguió enumerando, y comprobó conforme como la mandíbula de Ron llegaba hasta la mesilla de trabajo y como Harry giraba el rostro hacia otro lado, irritado - Y ahora conversa conmigo de lo más normal… Supongo que quiere sacar algo de provecho, o algo así…

-¿No hiciste el trabajo de Mc Gonagall? - preguntó Ron, todavía impresionado. Hermione rodó los ojos y le prometió ponerle al día luego pues el profesor ya había comenzado a hablar acerca del complicado procedimiento a seguir para el encantamiento de la semana.

OoOoOOoOoOOoOoO*OoOoO

Draco se había olvidado de un chiquito pero sumamente importantito punto en su plan, un punto en el que tal vez nadie había reparado, ni Bellatrix ni Lucius ni Snape y mucho menos Voldemort. Solamente Narcissa había encontrado un hueco en la estrategia de su hijo: Pansy.

Sabía de buena mano, que Pansy si que había estado ligada emocionalmente a su Draco. ¿Si no porque entonces le había soportado todas sus majaderías y desplantes?

Narcissa sabía que la chica le iba a, tarde o temprano, avisar de la poca afectividad y compromiso hacia su futura esposa. Y ella sabía, que Draco no le iba a hacer caso, hasta terminar su plan. Y Pansy, haciendo gala de la impulsividad de los Parkinson, iba a montarle un escenario público que a Draco no le gustaría nada. Conociéndole, y viéndolo convertido en un Malfoy, Narcissa sabía que su hijo rompería el compromiso. Así, de raíz.

Narcissa Malfoy, otrora Black, sabía muy bien que los Malfoys siempre habían tenido ese aire a aristocracia en la sangre, siempre habían sido pedantes, orgullosos, pegados de sí mismos, elitistas.

Por eso, cuando Lucius la había pedido en compromiso se asustó al principio. Vivir con un Malfoy, compartir todo con un Malfoy, dormir con un Malfoy… y un año después, estaba haciendo todo eso y además viviendo como uno.

Los primeros meses habían sido… buenos. Lucius le tratraba como si fuera una reina, era cierto, seguramente por orden de Abraxas, su suegro, y la verdad ella no se lo reprochó, hasta que comenzó a marcarle horarios, y actividades típicas de las mujeres de la época.

Narcissa aceptó: su tía Walburga le había dicho que tenía que hacer feliz a su esposo y en el transcurso de los siguientes meses ejecutó sumisamente cada una de las celebracionesque le pedía su esposo.

Hasta que una mañana, después de asearse y bajar a la mesa del desayuno, un leve mareo le alertó de lo que normalmente se espera en un matrimonio: estaba embarazada.

Abraxas hizo una celebración digna de su apellido: invitó a todas las personas célebres del mundo mágico, que brindaron hipócritamente por la familia de su anfitrión.

Pero Narcissa, a pesar de estar muy alegre y emocionada por su hijo, sentía una opresión en el pecho. Lucius estaba conforme, sí: le daría un heredero (porque tenía que ser hombre) pero ella tenía la leve sensación que se había casado con ella solo con ese propósito. ¿Y luego que pasaría con ella? ¿La separaría de su hijo?

Aunque Narcissa hizo de todo, tal vez demasiado, engriendo a su hijo, dándole el amor que Lucius no, pronto su esposo le ordenó que le dejara de consentir. Un Malfoy tiene que ser independiente, le había dicho en una ocasión.

La realidad se abrió ante sus ojos: Lucius la había utilizado. Él siempre había sido independiente.

Y ahora, después de años, ya no le servía para nada.

La última vez que había visto a su hijo, él tenía un plan. Narcissa no quería creer que su hijo estuviera convirtiéndose en Lucius. Ella no quería que su hijo fuera un idiota ciego de poder, títere de Voldemort, un ser sin afecto, incapaz de proporcionarlo.

Cuando se enteró que tendría que enamorara una muchacha para atraer al Potter, su corazón se congeló. ¿Haría lo mismo que Lucius había hecho con ella?

Entonces le había reclamado a su esposo, lo había hecho responsable de todo, de sus errores, de sus dolores, de su poca humanidad, de haberle alejado de su hijo, de convertir en su hijo en un ser sin corazón, en un Malfoy.

Lucius no lo soportó y le lanzó un golpe. Narcissa había caído al suelo, golpeándose con la cama y había quedado inconciente.

Días después, con un feo morado en el ojo, recibió a Snape y las noticias que le traía de Draco: su hijo había aceptado engañar a la chica para atraer al Potter. Hermione Granger, le había dicho Snape. Una chica inteligente, vivaz, pero sin ningún atractivo en particular, aparte de su habilidad con la magia. Gryffindor.

Y la luz había regresado a ella. Una mujer podría sensibilizar el corazón de su hijo, así como una de sus tataraabuela había cambiado a su tataraabuelo, Magnus Black. Si tan solo ella fuera lo suficientemente buena persona para hacer cambiar a su hijo, si tan solo fuera… Si tan solo fuera lo suficientemente fuerte, lo que no había sido ella, si tan solo fuera idealista, con los pies en la tierra, incapaz de corromper. Si tan solo fuera una buen modelo Gryffindor…si tan solo se llevaran bien. Grande fue su sopresa, al enterarse que la chica era nada más y nada menos que una sangresuciay sus esperanzas murieron en ese mismo momento. Recordó entonces que Draco le había contado en una de las tantas vacaciones acerca de la señorita Granger: Era la mejor amiga de Potter, la chica que se sacaba las más altas calificaciones, la que Draco odiaba casi tanto como a su prejuicio de sangres.

Su misión… iba a ser imposible.

Lucius entró en ese preciso momento, cerrando al puerta tras de sí y haciéndola salir obligatoriamente de sus pensamientos. Él le observó inalterable, con los ojos rojos, parecía haber llorado…Narcissa intentó hablar pero un sollozo ahogado se escapó de su garganta. Su esposo solo atinó a sacarse la capa, y a arrojar su bastón a un mueble cercano. Se levantó las mangas de su camisa… Ella comenzó a llorar. El Malfoy exhaló fuertemente y se le acercó con vehemencia.

Todo era culpa de ella.

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-¿Quieres que crea que solo hiciste la mitad de tu parte y que Malfoy la completó y encima puso tu nombre en el trabajo… sin nada a cambio? - le preguntaba Ron, todavía con la boca abierta. Hermione asintió y siguió bajando la escalinata que daba a la casa de Hagrid. Desde ahí podían ver el denso humo que salía de su cabaña. Se reunirían como los buenos tiempos.

-Sí, Ronald, sí. Ginny tampoco se lo podía creer… ¡Y espera que Hagrid se entere!

-Es una broma, ¿verdad, Harry? - La expresión en el rostro del Weasley hizo que Harry soltara la carcajada. Ésta retumbó en el terreno vacío e hizo que el sauce boxeador sacudiera sus ramas, nervioso.

-Yo tampoco me creo eso del cambio de Malfoy.

-¿Cambio de Malfoy? ¡están chalados! ¡Malfoy no ha cambiado, nunca lo hará, es un idiota hijo de papi que odia a los muggles solo porque él tiene una casa enorme y una familia estirada!

-Estoy totalmente de acuerdo contigo - le secundó Harry, observando como Hermione se hacía de los oídos sordos y seguía el camino hasta la cabaña de Hagrid - ¿Tú que piensas de todo esto, Hermione?

La chica no le contestó hasta que estuvieron fuera de la accidentada vía. Sabía que Harry estaba presionándole para que admitiera frente a Ron que ella sí que creía en el cambio de Malfoy.

-Yo pienso que todo es muy extraño. Pero no sé… También está lo de Dobby, y ahora mismo no quiero pensar en la remota buena voluntad de Malfoy. Sigue siendo un imbécil, después de todo.

-¿Estás seguro que Malfoy alertó a Dobby que Hermione estaba enferma, Harry?

-Ron, para ya con eso. Se lo has preguntado como mil veces desde que te lo contó - le pidió la castaña, deteniéndose a recobrar el aliento. Harry rodó los ojos y tocó la puerta de la cabaña del semigigante.

-¡Es que no me cabe en la cabeza! ¡Está buscando algo! ¡No es normal en él! Tenemos que averiguar que está planeando - se defendió el pelirrojo, ajustándose la mochila al hombro - Tú podrías sonsacarle algo de información, Hermione. Tal vez si le echas algo de Verisaterum en el jugo de la mañana…

-¿No quieres también que le lleve el dichoso jugo a la cama? Por que claro, eso sí que sería lo más normal de mi parte hacia él.

-¿Entonces si aceptaste a George? - le preguntó Hagrid, que había escuchado a partir de lo del jugo. Harry sonrió y posteriormente, junto con Ron, rió ante la expresión de molestia de su amiga castaña.

-Espera que te cuente: ahora tiene a Malfoy detrás de ella - soltó Harry a boca de jarro, ahogando una carcajada por el codazo que le había lanzado Hermione - ¡Suave!

-¿Malfoy detrás de ti? Eso no suena nada bien - habló el semi-gigante, haciéndose a un lado para dejarles pasar.

-¿Ves, Hermione? ¡Es obvio! ¡Está conspirando algo contra nosotros! - exclamó Ronald, haciendo reir a Hermione ante su emoción.

Ahora le importaba un pepino lo que pasara por la mente de Malfoy. Estaba realmente muy contenta de volver a ser amiga de Ron y de Harry. De volver a ser el trío de oro.

Ahora su prioridad sería investigar acerca de los posibles Horcruxes y ayudar a Harry a preparar su mente.

De pronto, su plática con Draco se filtró en su mente.

-¿Ella… utiliza la legeremancia contigo? - le preguntó a Malfoy y notó como el chico adoptaba una postura incómoda. Luego vio como descuadraba los hombros y giraba su mirada hacia la chimenea, como meditando algo.

-Algunas veces, como ayer - susurró él, en un tono afectado, mientras fruncía el ceño repentinamente.

¡Era una tonta! ¿Cómo no se le había ocurrido antes? ¡Malfoy sabía legeremancia! ¡Malfoy era bueno con Oclumancia! Había podido burlar la demencia de su tía y le había ocultado su aversión a los planes de Voldemort.

¡Él podía ayudarle a Harry!

Pero inmediatamente después la idea se deshizo en su mente.

Harry nunca admitiría la ayuda de Draco Malfoy.

Entonces, ¿ella tendría que aprender oclumancia para luego preparar a Harry?

Puff, hombres. Tanto Harry como Malfoy eran personajes importantes en el mundo mágico y a pesar de ello se odiaban a muerte.

Menuda magia.

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Luna se llevaba de las mil maravillas con Rolf.

Era un chico sencillo, a pesar de ser el nieto de uno de los más emblemáticos directores de Hogwarts y el autor de uno de sus libros preferidos. Llevaba siempre una sonrisa en los labios, aunque Luna sabía muy bien que era más una costumbre que un sentir.

Rolf le había comentado que la situación en su casa no había sido muy fácil, teniendo en cuenta que su madre había fallecido joven, y que su padre, a raíz de esto, permanecía siempre fuera de su mansión.

Así que el chico había designado la palabra "Hogar" a Hogwarts y ahora la miraba a ella, muy a menudo, con una sonrisa que tenía estampada por todas partes su atractivo y que Luna, demasiado inocente o distraída quizás, no atinaba a captar.

Las innumerables afrentas de las que últimamente había sido víctima la rubia, habían avivado el espíritu protector del chico para con ella. No la dejaba irse por ningún pasillo solitario y al contrario, la guiaba por los numerosos estudiantes hacía su próxima clase.

Luna, que vivía en su mundo tranquilo, sin presiones ni bulla, tomó esto como un severo cambio, que desequilibró sus horarios bien establecidos.

No obstante, sus notas no habían cambiado. Seguía estando por encima de Ginny, muy a su pesar, y Rolf se encargaba de fortalecer su ánimo cada vez que los muchachos de su casa le fastidiaban haciendo alusión a sus raras costumbres y de amenazar a los alumnos que se metían con la rubia. Y al parecer, había dado resultado: los ataques habían disminuido bastante desde que se juntaba más con Rolf y claro… desde su lejanía con Gryffindor.

Cada vez que le daban ganas de acercarse a la mesa escarlata, la mirada de Lavander, siempre alerta, le reprimía y le hacía sentarse de un bote en su mesa, y la conversación cálida de su nuevo amigo le alejaba de la desazón que le producía no reir con Hermione, con Harry, con Ron.

Levantó la mirada en ese preciso momento -antes la había tenido posada en uno de los arreglos florares de su mesa- y la desvió hacia la mesa de los leones, sobresaltándose excesivamente al chocarse con los ojos azules de Ronald. Un rubor cubrió las claras mejillas de la muchacha, obligándole a bajar la mirada hacia su plato del desayuno. El tocino no le llamaba la atención ahora. Se levantó lentamente, sonriéndole a Rolf, que conversaba con uno de los jugadores de su casa, y se encaminó hacia la gran entrada.

Con la mirada del chico en su mente. Había notado cierto dolor, resentimiento… Era como si le reclamara… a gritos su ausencia.

Pero eso no era posible. Lavander se lo había dicho. *Ron pasaba de ella. No soportaba sus costumbres.*Y aunque su encuentro con Ronald en el bosque le hubiese hecho pensar diferente, ahora no sabía que pensar.

Él tampoco le dio tiempo para ello.

Una fuerte y varonil mano la sujetó de un brazo y la hizo girarse hacia su dueño.

Luna se encontró, por segunda vez, en menos de cinco minutos, viendo los ojos de Ronald Weasley.

-¿Porqué… Porque no has ido a saludarnos? - le preguntó el pelirrojo, a modo de saludo.

Luna inspiró y parpadeó rápidamente.

-Me duele… - susurró, haciendo referencia a la mano del chico que aún apretaba su brazo. Ron disminuyó el agarre pero no le soltó. Luna tragó en seco. *Su ritmo cardiaco se había acelerado -*No, no es nada, Ronald, es solo que… He tenido que estudiar, se acercan los exámenes y… a sexto, nos presionan un poco más… y….

-Sí, Luna, si estuve en sexto también - contestó, de manera brusca el chico. Luna se mordió las mejillas interiores, dolida. *Él nunca le había hablado tan frío.*Ron pareció darse cuenta y se disculpó, soltándole rápidamente - Es que no te he visto mucho. Paras con Scarmander y… te extrañamos, Luna. Todos.

Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la rubia cuando él mencionó la frase. Él la extrañaba.

Sonrió timidamente. Ron elevó la comisura de los labios también, aunque de manera imperceptible.

-¿Hemos hecho algo que… te incomode? - le preguntó el chico, acercándosele. Luna negó efusivamente, sacudiendo sus nuevos aretes de tela, regalo de Hermione.

Ron notó que no llevaba los de rábano y sintió cierta melancolía.

-¡No!

  • exclamó y soltó el aire contenido con titubeo - No… no han hecho nada. Es solo que Gryffindor…- La expresión de confusión en el rostro del chico le hizo tartamudear - E-Es decir, t-tú…

¡Merlín y todas las constelaciones! ¿Qué había dicho?

-¿Yo? ¿El problema soy yo? ¿He hecho algo? ¿Luna?

Ella lo intentó, claro que lo intentó, pero no pudo hablar. Un factor externo le hizo enmudecer de repente: Por encima del hombro de Ron, Lavander le observaba, fijamente, con odio. Luna se estremeció. Nunca nadie la había mirado de esa forma.

-Te lo advertí… - pronunció la morena con voz suave. Ron se giró completamente, mirándola, confundido.

-¿De que hablas, Lavander?

-Creo que mejor me voy - comentó Luna, con voz débil, preparándose para irse. Sin embargo, no solo Ron se lo impidió sino también la voz de Lavander.

-¡No, Lovegood, no! ¡Espera! - zapateó la chica y avanzó hasta la rubia. Ron estaba entre ambas, mirándoles, interesado, sabiendo que se había perdido de algo muy importante - ¿No fui clara contigo acaso?

-¡No me he acercado a Gryffindor! - exclamó la chica Ravenclaw, defendiéndose. Ron giró la cabeza hacia Lavander tan rápido que por un segundo Luna creyó haber escuchado un "crack".

-¿Qué le dijiste Lavander? - le preguntó el pelirrojo, cogiéndola ahora del brazo con fuerza, comenzando a entender de que iba todo. La chica le miró, mordiéndose el labio.

-Ro-ro… La vi tan empecinada contigo, Ronnie. Y bueno, no pude… ¡Tenía que decirle…darle un pare! ¡Te estaba acosando!

-¿Acosando? ¿Luna? ¡Pero si Luna es la persona más tímida del mundo, Lavander! - le espetó y la gryffindor boqueó, pero ningún sonido salió de ella. Luna parpadeó, mirando el suelo. Se sobresaltó nuevamente cuando el chico se giró y le pidió explicaciones - ¿Qué te ha dicho? - le preguntó, señalando a su novia. Luna negó con la cabeza.

-Solo que estaba celosa - logró decir y Lavander levantó la cabeza, detrás de Ronald, impresionada. ¿En serio, no le iba a delatar?

-¿Solo eso?

-Ronald, de verdad, yo no tendría porque mentir-te - asintió ella y Ron relajó su ceño y aceptó las explicaciones de la rubia. Lavander bufó. Ron se giró a mirarle.

-¿No tienes nada que decirle a Luna, Lav?

-¿Yo? No, nada, cariño.

-¿Estás segura?

-Muy segura - dijo la morena y Luna se inclinó en sus zapatos en actitud infantil, con las manos cruzadas a su espalda. A Ron se le antojo tierna y sonrió por su estilo.

-No es necesario que se disculpe, Ronald - le tranquilizó la rubia, a lo que Lavander contuvo un insulto por poco - Ella solo defendía lo que es suyo - agregó y se dio la vuelta para irse dando saltitos por el amplio corredor, dejando a Ron alelado y confundido y a una Lavander muy conforme consigo misma.

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Sí, sí. Sé que prometi 100% dramione en este nuevo capítulo pero no pude dejar inconcluso el tema de George, (algunas me pidieron explicarlo) ni tampoco pude ignorar mi arranque de inspiración y dejar para el próximo capitulo todo lo referente a la pareja principal del fic. Por eso puse a Luna/Ron/Rolf en este. Espero no me odien. Lo siento. Intenté poner todo aquí en serio, pero no pude... este capitulo consta no más de 27 páginas. Guau, eso es mucho. Espero no les aburra. Pero ahora sí, en el siguiente, la escena dramione que estaban esperando. Y quien sabe, tal vez algo más. Jeje.

Otra cosa: Tengo que seguir escribiendo acerca de las Reliquias para que el descenlace salga como espero. Así que no me maten si en el próximo hay algo de Dumblendore y escenarios ajenos al dramione.

¡Alto a los tomates! ¡Dije "algo" de Dumblendore!

Un besote a todos los favoritos, y mucho más a quienes me comentan. Entre ambos, hacen que mi corazón rebote de alegría y mi sonrisa se ensanche. Además, de la patada enorme al stress.

Mil disculpas por subir el capítulo tarde.

MBW

PD: solo esperaré que lo comenten para subir el otro que ya lo tengo listo. Gracias a Merlín que estos dos son química pura juntos…