Aléjate de mí, Granger — capítulo 15
So close.gris.
Consejo: Sé que no debería ponerlo, pero recomiendo escuchar "I´m with you" de Avril Lavigne al leer el acercamiento entre Hermione y Draco. Saludos.
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-¡Malfoy! ¡Contigo quería hablar! - exclamó George Weasley, deteniéndose frente al aludido slytherin. El rubio se acomodó en la silla de la biblioteca, pero no cerró el libro que leía.
-Ah, Weasley - saludó, pasando la página con indiferencia. George apretó los puños al sentirse ignorado - ¿Vienes a disculparte? - preguntó, sin molestarse en ocultar su sonrisa burlona. George rió con sarcasmo pero a Draco no le importó: ahora que sabía que Hermione no quería nada más que una amistad con él podía darse el lujo de tratarle como quisiera.
-¿Y porque según tú debería disculparme? ¿Por sacarte los trapos sucios en la cara?
-No, no, es mucho más rápido que calumniarme - sonrió el rubio, dejando su libro de lado y haciendo que George enarcara una ceja ante su cinismo - Te lo haré fácil: Podrías comenzar por justificar tu idiotez. Aunque ahora que lo pienso, creo que no hay remedio para ello, así que pasa a lo siguiente…
-Mira, Malfoy…
-Estoy ocupado, Weasley - le interrumpió, sujetando una pluma y preparándose para escribir en un recién convocado pergamino- Así que si me disculpas…
-¿Qué andas con Hermione? - soltó a boca de jarro George. Draco agradeció a Merlín que la tinta se le hubiese acabado en la pluma, sino, estaba seguro, hubiese malogrado toda la línea que acababa de escribir. Humedeció la punta de la pluma en su fino tíntero y no se preocupó por levantar la mirada hacia el chico cuando le contestó.
-Es ridículo que siquiera pienses que tengo algo con Granger. Por favor…
-¿Seguro?
- le instó el otro. Malfoy gruñó y apartó la vista de su pergamino, hastiado.
-Mira, yo no tengo porque rendirte cuentas de mi vida - se incorporó, apoyando las manos en la mesa y poniéndose a la altura del gemelo. George levantó el mentón ante su respuesta - En todo caso, ¿porque no le preguntas a ella si no me crees a mí? Estoy seguro que se escandalizará ante tu absurda suposición.
-Lo siento, hurón. Pero tienes que admitir que luego de tantas estupideces tuyas no puedo creer ninguna de tus palabras…
-No me interesa tu aburrido discurso de moral, Weasley - le cortó nuevamente el slytherin - A diferencia tuya, yo sí quiero culminar con mi educación. Ahora, a menos que tengas que decir algo inteligente, vete.
-Quiero que dejes de frecuentar a Hermione, Malfoy - exigió el pelirrojo, apretando los dientes con fuerza. Draco sonrió abiertamente, con insolencia.
-Pues eso no va a poder ser, muy a tu pesar - le refutó, sentándose en la silla y balanceándose en ella. George le fulminó con odio - Antes de que comiences a elaborar teorías sacadas de los pelos te aclaro el tipo de relación que Granger y yo tenemos. Entre ella y yo no hay nada más que un trabajo que Mc Gonagall nos encargó y que desgraciadamente tenemos que ejecutar en pareja - habló con un tono tan creído y altivo que George estuvo a punto de partirle la cara del enojo - Y si te resulta increíble mi supuesta mentira puedes confirmarla con Potter o con la comadreja de tu hermano.
-Estás advertido, imbécil - le amenazó el muchacho, sin despegar sus ojos de los del chico - Ni se te ocurra hacerle daño, o siquiera molestarla por su condición de sangre. No sea que la próxima vez que hablemos sea en la enfermería.
Y antes de que el rubio pudiera contestarle se giró hacia la salida de la biblioteca.
Draco frunció los labios con sorna y suspiró, volviendo a su redacción.
Si tan solo supiera los planes que tenía para con la chica.
OoOoOOoOoOOoOoO*OoOoO
Luna respiró con fuerza antes de cruzar la biblioteca y sentarse en la mesa de Rolf. Él le sonrió conciliadoramente y le tendió un libro. Ella también sonrió, aunque perturbada.
¿La razón de su nerviosismo?
Ronald Weasley.
Le miraba desde la otra mesa, la que había sorteado para poder llegar a la de Rolf, y no le miraba de una forma… amistosa. No. Le miraba…¿resentido?
Oyó el ruido de una silla, y ella rogó a todos los dioses que no fuera…
-Hola, Luna - saludó Ronald Weasley, sentándose a su costado, sin nisiquiera molestarse por presentarse ante el chico que le miraba receloso.
-Buenas tardes, Weasley - habló el Ravenclaw, con un tono apacible. Ron se giró a mirarle y asintió con la cabeza, saludándole fríamente.
-Espero no te moleste que me acerque a saludar a Luna, Scarmander.
-Para nada - dijo el apuesto muchacho, tratando de descifrar si la visita del pelirrojo afectaba a Luna - Claro, si es que ella así lo desea.
-Está bien, Rolf - le sonrió ella, haciendo que el castaño asintiera ante su ternura. Se levantó de la mesa y recogió un libro para dejarlo en su respectivo lugar. Luna sospechó que lo hacía para que pudieran conversar con comodidad.
Sin duda, que educado.
-¿Estás con él? - le preguntó Ron, a boca de jarro, haciendo que ella volteara a mirarle con los ojos muy abiertos, asombrada.
-No, no. Él y yo solo somos amigos - le aclaró la chica, mirando hacia la mesa en la que Lavander asomaba su cuello para poder verles - Lavander te está buscando - comentó en un tono cantarin. Ron frunció el ceño y le sujetó del mentón para que le mirara.
-Ignorala
- le pidió y Luna agachó la mirada ante el gesto - ¿Te gusta Scarmander?
-Es solo mi amigo. Es muy atento y lindo conmigo - Ron le soltó del mentón y sonrió de lado - Me gusta que esté pendiente de mí, y que me cuide. Además, le gusta mi presencia.
-A mi también me gusta tu presen… - se cortó. *¿Qué había dicho?*Luna se mordió el labio, apenada y sonrosada, y observó sus manos en su regazo. Ron se levantó de la silla, con ruido y se despidió de ella con un gesto, nervioso.
Pronto, Rolf ya estaba a su lado y le sonreía abiertamente.
-¿Quieres ir a caminar por ahí? - le preguntó, sin preocuparse por recoger sus cosas. Luna levantó la mirada y le sonrió, aceptando su invitación. En un minuto, la varita del chico ya había recogido todos sus útiles y la mochila (ya reparada) de Luna colgaba de su hombro.
Ron observó como salían juntos y algo parecido a una garra estrechó las paredes de su estómago.
Lavander gimió, histérica, causando que el tintero del pelirrojo salpicara en el pergamino que estaba utilizando. El Weasley suspiró, conteniendo su arranque de cólera y movió la varita, limpiando el estropicio pero de paso también borrando el avance de su trabajo.
Su novia frunció los labios, extrañada ante su temperamento tranquilo, cuando Ron Weasley era todo lo contrario: impulsivo, irreflexivo y desconsiderado a veces.
Y sabía que todo era fruto de Lovegood. Estaba celoso de Lovegood.
Y tendría que hablar con ella nuevamente.
OoOoOOoOoOOoOoO*OoOoO
La noche había caído demasiado rápido.
Aunque hace algunos minutos los pasillos estaban abarrotados de alumnos, ahora Hogwarts parecía estar vacío.
El frío les había hecho refugiarse en sus salas comunes y amenazaba con aumentar en el transcurso de las horas.
Hermione había subido a su habitación ni bien había llegado de la biblioteca; tenía la nariz más helada que la de Fang, el perro de Hagrid, y los dedos entumecidos ante el clima.
Parecía que se avecinaba una gran tormenta.
A pesar de que se había arropado con los edredones más gruesos y había extendido la sábana, envolviéndose en ella, aún sentía un frío atroz.
Así que luchando con sus ganas de quedarse hecha un ovillo en su cama, se liberó de la sábana y calzó las zapatillas, dispuesta a bajar por un vaso de leche caliente.
Claro, tenía que irse hasta las cocinas. A esta hora.
¿Y si solo convocaba un elfo doméstico?
No, Hermione. Ellos ya tienen mucho trabajo como para que tú les atosigues de más.
Pobrecillos. Además este frío les debería afectar terriblemente.
No había terminado siquiera de ponerse la manta alrededor del cuerpo cuando escuchó unos gritos… procedientes de la salilla de la torre.
¡Era Malfoy!
Lo primero que pensó fue en un ataque.
Voldemort podía haberse infiltrado en Hogwarts.
¡Después de todo, estaba loco!
Cogió su varita de la cómoda y abrió la puerta de su habitación, sin detenerse a pensar en las consecuencias si es que se tratara de un supuesto ataque.
-¡Me prometiste que la protegerías! - escuchó que exclamaba el joven Malfoy. *¿A que se refería?*Hermione apretó con firmeza su varita y se asomó por la escalerilla. Observó al rubio: tenía los puños apretados con fuerza.
Y ante su total sorpresa le vio conversando con nada más y nada menos que Snape. Él miraba al rubio inmutable, con la misma expresión hermética de siempre. Los ojos grises de Malfoy se volvieron acuosos de un momento a otro y Hermione sintió unas inmensas ganas de abrazarle, de consolarle ante su muda desesperación.
Después de todo, él le había brindado su hombro cuando ella lo había necesitado, ¿no?
Sin embargo, Draco ahí abajo, ajeno a la presencia de Hermione, respiraba con dificultad, consternado ante la noticia que acababa de recibir.
Su madre… Su madre se debatía entre la vida y la muerte.
-Le prometí a ella protegerte mucho antes. Ella decidió rebelarse ante Lucius. Yo no pude hacer nada… no estuve allí - Draco cerró los ojos, con dolor. Estaba pálido y se le marcaba la vena de la sien. Snape continuó - Cuando lo supe, ya era tarde. Te traje una carta que encontré en su alcoba. Draco… - le llamó, apoyando una mano en su hombro, preocupado por su falta de emoción. Sabía que se estaba conteniendo y que eso no era bueno para él.
Malfoy se deshizo del contacto, alejándose de su mentor. Snape exhaló ruidosamente, resignado al trato gélido del rubio. No sería la primera persona que le tratara así.
-Lucius no quería que te enteraras. Por eso nadie te ha avisado, por eso no te ha llegado ninguna otra carta.
-¿Y que haces aquí entonces? ¡Lo haces a propósito para hacerme daño? ¿Es para vengarte por no haberte hecho caso? ¡Te ha mandado Bellatrix acaso, para que sienta el dolor, para presionarme con el plan? - gritó el chico, fuera de sí, alejándose de su profesor con rencor.
-¡No seas tonto, Draco! ¡Tu impulsividad te puede hacer fracasar! ¿Eso quieres? ¿Qué tu madre termine de morirse en esa mansión? ¿Sola y sin ti, sin tu apoyo?
-¡Cállese!
- exclamó el muchacho, tapándose los oídos como un niño. Hermione gimió, impotente. Su profesor no pudo más que sentir pena por él. Estaba prácticamente solo - ¿Por qué no la ayudó, Severus? ¿Por qué no la sacó de allí? ¡Podía hacerlo!
-No sin despertar sospechas, Draco. Ella está bien… Dumblendore me dijo que debías saber de su estado…
-¡Dijo que estaba inconsciente! ¿Le parece que esté bien? - Snape frunció los labios, haciendo acopio de toda su tranquilidad.
Hermione no pudo esperar más. Draco estaba muy alterado, tanto que parecía que en cualquier momento se le iba a lanzar encima a Snape. Había leído en algún libro que cuando un mago no podía descargar una emoción fuerte (en este caso el dolor) como una persona normal, su magia comenzaba a salirse de control y que podía ocasionar un colapso dentro del mago en cuestión. En otras palabras, su magia se desbordaría y originaría desordenes sin necesidad de una varita.
Así que decidió actuar en ese preciso instante.
Cuando Snape le vio bajar, le miró fríamente, sin prestarle gran importancia.
-¿Qué pasa? - preguntó ella, con la varita aún a un lado de su cuerpo.
-Este no es su asunto, Srta. Granger - le espetó su profesor, pero incluso ante su escueta respuesta, ella no se movió del pie de la escalera, con la mirada fija en un Draco encogido en el sofá.¿Estaba llorando?
-¿Qué tiene Malfoy? - le exigió ella, esperando una respuesta considerable.
Pero Snape no le contestó. Siguió hablándole al slytherin, como si ella no estuviera allí.
-Tienes que ser fuerte, Draco.
-Dígame la verdad, Snape - El tono de la voz del rubio simulaba a una súplica. Hermione se acercó, extrañada y con el corazón echo un puño ante la escena. El chico se veía realmente muy mal, y al parecer no se había dado cuenta de su presencia - ¿Qué tan mal está?
Snape se tomó su tiempo en responder pero lo hizo: con un tono medio sobrio, medio renuente, medio culpable.
-No voy a mentirte. Podría morir.
-¡NO!
- exclamó el chico, arrodillándose en el suelo, como un niño pequeño. Hermione le observó intranquila y se trató de acercar pero Snape le frenó con la mirada y avanzó él en su lugar - ¡No es justo! ¡Yo estoy cumpliendo con mi parte! ¿Por qué él no puede hacer la suya! ¡No puede morirse!
Y tal cual lo había leído la castaña, la furia de Draco hizo explotar una de las vitrinas que adornaban la sala, donde reposaban algunos premios de los otroras premios anuales. Los vidrios volaron en todas direcciones. La chica no dudó en usar su varita y desmayó al rubio, para frenar su ataque involuntario. Snape generó un escudo que protegió a los tres, dejando lejos a la mayoría de los vidrios, y Hermione creyó ver en sus fríos y oscuros ojos un poco de agradecimiento.
No obstante, al minuto siguiente volvió a mirarle con la fría expresión de siempre. Hizo levitar el cuerpo de Draco y lo llevó a su cuarto, subiendo con cuidado las escaleras. Hermione le siguió.
-Tengo entendido que Draco le cuidó cuando usted estaba enferma, srta. Granger - le habló, cuando estuvo ya dentro de la habitación del slytherin. Hermione tragó en seco, pero asintió. Snape caminó hacia la puerta y se detuvo ahí para mirarle - Devuelvale el favor, y dese una vuelta de vez en cuando. Si despierta, mándeme una lechuza, por favor.
La chica asintió, conmovida. Snape se despidió con una cabeceada y se apresuró a salir de la torre.
Una vez que la chica se halló sola con el rubio, se acercó y se sentó en la cama.
Se veía tan vulnerable… tan débil. Parecía un niño.
Decidió irse a dormir y darle una chequeada de vez en cuando.
Sabiendo que más tarde iba a reprocharse por lo que iba a hacer, alargó una mano hasta el rostro del chico y le apartó un cadejo rubio que le ocultaba parte del párpado. Se mordió los labios, sintiendo una enorme empatía hacia el muchacho.
Lo único que Draco quería, la única persona por la que había reconsiderado cambiar de vida ahora se debatía entre la vida y la muerte.
Por lo menos ella estaba segura de que sus padres estaban vivos.
En cambio, Malfoy no.
¿Habría hecho mal al decirle que se sublevara de la tiranía de Voldemort? ¿Habría sido verdaderamente Lucius el que había maltratado a su propia esposa?
Merlín, que desazón sentía. Lo veía ahí, tendido, respirando rítmicamente y aún así se sentía fatal.
¿Qué le pasaba con Malfoy? ¿Por qué sentía esa… necesidad de acercársele y asegurarle que todo saldría bien? ¿Sería porque él había hecho algo parecido con ella?
Cambió de decisión y optó por quedarse ahí, solo por si Malfoy despertaba en medio de la noche, con algún deseo suicida. Tocó con su varita un libro del chico y, haciendo gala de sus dotes mágicas, éste se transformó en un mueble lo suficientemente ancho como para que pudiera dormir en él. Convocó una manta amplia y acolchada y se acomodó en el sofá, con la mirada anclada en todo momento en el chico. Incluso se sacó los zapatos con los talones, para no perderse ningún detalle.
*Psicótica,*escuchó en su cabeza.
El frío de la noche le hizo temblar y al mismo tiempo, darse cuenta de que el rubio no estaba abrigado. Cogió su varita nuevamente y la movió con ligereza. El cobertor verde-esmeralda de la cama se movió y tapó de manera parcial el cuerpo del chico.
A pesar de no estar del todo contenta con la eficacia de su hechizo, Hermione cedió ante su casancio y cerró los ojos.
Curiosamente, en lo último que pensó antes de dormirse fue en los ojos tristes y cansados del chico.
OoOoOOoOoOOoOoO*OoOoO
Harry no había vuelto a tener pesadillas desde su salida con Dumblendore.
Por eso, cuando se levantó con el pijama empapada de sudor y con un fuerte dolor de cabeza maldijo su mala suerte. Aquí iban de nuevo.
¿Y que había soñado ahora?
Con Hogsmeade. No había entendido algunas imágenes, y sinceramente, se le hacía poco probable que un ataque de esa magnitud se llevara a cabo en los alrededores de Hogwarts.
No. Hogwarts era el lugar más seguro, incluso más que Gringotts, ¿verdad?
Tenía que contárselo a Hermione. Aunque le metiera una bronca por no cerrar su mente…
¡Maldición! ¿Por qué habían vuelto sus pesadillas?
Quizá se debiera a que con Dumblendore se había sentido protegido, fuerte, con algo de miedo tal vez, pero con más esperanzas para derrotar a Voldemort… Aunque la búsqueda de los Horcruxes estuviera truncada mientras estuviese en Hogwarts.
La única forma de salir del castillo era con Dumblendore, y no había visto al director en las últimas semanas. Ya ni siquiera se presentaba a las comidas de los Lunes, ni a los banquetes de los sábados.
Algo extraño estaba ocurriendo con su profesor.
Y tenía la leve impresión que todo tenía que ver con la maldición de su mano.
Ni siquiera le había buscado para decirle que ya había destruido el Horcrux que habían encontrado en ese castillo horrible de 1934, en Albania. Había sido difícil, puesto que luego del pacto de sangre, habían tenido que caminar un buen tramo, sorteando las trampas que los turcos y los serbios habían implantado desde los 1400, y sobre las cuales estaba construida la muralla. La caminata había debilitado al director, pero no lo suficiente: había tenido la fuerza necesaria para mover con su varita la urna que protegía, en medio de la habitación principal, la tiara de Rowena Ravenclaw.
Harry había suspirado de alivio, pero Dumblendore seguía mostrándose serio.
-Lo peor aún no ha pasado, Harry - le había dicho.
Y efectivamente, no habían podido arrancar la tiara de su santuario. Ni con la varita, ni con las manos. Harry había utilizado un accio y nisiquiera ello le había ayudado.
Dumblendore sonrió con misterio, aunque no con alegría, y se descubrió la mano maldecida.
Harry comprendió.
Todos los incidentes, todos los acontecimientos, la sangre, el cuchillo, la caminata, y ahora esto; todo, todo estaba destinado para debilitar al invasor.
Por eso cuando Dumblendore logró sacar la tiara con la mano ensangrentada, y ésta brilló haciéndole fruncir el ceño, Harry no se sorprendió. Su profesor le indicó que buscara un pañuelo en su túnica, y con él, envolvió la reliquia.
Pero se tuvo que sostener del hombro de Harry cuando la soltó. Al parecer, la tiara había absorbido parte de la energía de Dumblendore, porque ahora brillaba intensamente, incluso a través del trapo.
Luego de haber llegado a Hogwarts el director le había mandado a dormir, con la promesa de avisarle del avance de su misión. Pero hasta ahora nada.
¿Qué le pasaba a Hogwarts?
¿Donde estaba Dumblendore? ¿y Porque estaba teniendo pesadillas nuevamente?
¿Cuál era la reliquia de Slytherin y donde estaba? ¿Y la de Hufflepuff?
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Im with you.
Para cuando la conciencia volvió a Draco Malfoy, eran más o menos las dos de la mañana.
Últimamente se levantaba alrededor de esa hora, como si tuviera un despertador en el cerebro que le indicaba que tenía que levantarse a esa hora.
Se restregó los ojos con los dedos y se incorporó en la cama, conciente de que sentía la piel tensa por las lágrimas que había soltado.
No era para menos. Su madre estaba medio muerta, según Snape. Había tenido una hemorragia interna, y a pesar de ello, no había sido trasladada a San Mungo.
Draco no necesitaba mucha imaginación para armar todas las piezas del supuesto incidente: Su padre había entrado en cólera, la había encontrado sola y la había atacado manualmente.
Sin embargo, Snape le había contado otra versión: supuestamente Narcissa había resbalado en el baño de su habitación y se había golpeado la cabeza en el lavabo.
Si, claro. Draco sabía muy bien que su madre no era estúpida, ni torpe tampoco.
Lucius era el culpable. Su propio padre.
Menuda mierda de vida.
Su mente hubiese seguido recreando planes de venganza sino hubiese girado el rostro hacia la puerta.
Su corazón se detuvo una milésima de segundo. Era Granger, estaba dormida en un sofá que él no conocía, en su propia habitación.
Se había quedado, cuidándole.
Joder, su corazón latía a mil por hora. Que horror.
Se levantó con parsimonia, movió su cuerpo silenciosamente hasta posicionarse frente a ella.
Sus ojos cayeron en los labios de la chica. De ellos se escapaban pequeños suspiros. Suspiros que Draco quería para él.
El impulso loco, impulsivo de acercársele más y posar sus propios labios sobre los de ella inundó todos sus sentidos.
¿Se molestaría con él? Posiblemente sí.
¡Maldición! ¡Era un castigo tenerle cerca y no poder tenerla!
Se alejó de ella, retrocediendo hasta situarse cerca a la ventana. Apoyó la mano en el marco de ésta y respiró hondo.
Sí, necesitaba oxígeno. Mucho oxígeno.
Hermione despertó apenas media hora más tarde. Abrió los ojos levemente, y los volvió a cerrar al instante, con pesadez.
Los ojos grises de Draco se cruzaron en su mente y le obligaron a abrir los suyos de inmediato. Su mirada se posó en la cama del slytherin pero no le encontró. Se incorporó asustada, con el corazón amenazándole con salírsele del cuerpo.
Un minuto después, se calmó, cuando desvió sus ojos hacia la amplia ventana de la habitación y encontró al aludido chico, perdido en la nada, o quizá en las sombras de la noche.
O madrugada.
-¿Draco?
- pronunció, en un tono muy bajo. Si el rubio no hubiese volteado a mirarle, hubiese pensado que la frase no había salido de sus labios.
-¿Qué haces aquí? - le preguntó él, con la voz ronca. Una lágrima rodó por su mejilla pero para que ella no se diera cuenta, se apresuró a limpiársela con fiereza, mirando por la ventana nuevamente.
Hermione se mordió el labio inferior, apenada y desvió su mirada hacia el edredón color verde... que cuando se había quedado dormida, no estaba encima suyo.
¿Malfoy le había tapado con su propio edredón, arriesgándose a sentir luego su olor a sangresucia en él?
Iba a a agradecerle, pero él hizo un movimiento con su mano, alrededor de su rostro antes de caminar hasta la puerta de su habitación.
Era obvio que a él no le había gustado que ella le viera vulnerable.
-Te desmayé para que… Estabas fuera de control - se explicó ella, pensando que tal vez el chico estaría furioso por ello. Pero Malfoy no le dijo nada, seguía oculto en las sombras - Hiciste explotar una vitrina.
-No estoy apto para… Es mejor que te vayas, Granger - le pidió, haciendo evidentes esfuerzos por no ceder ante el dolor.
-Sí, sí, entiendo - logró decir ella, levantándose del sofá.
Draco abrió la puerta y la mantuvo así, indicándole que quería estar solo. Hermione asintió, dolida ante el trato del rubio pero una parte de su corazón le obligó a sentirse identificada con su dolor.
-Si necesitas algo… Puedes llamarme, Draco. No dudes en…
-Estaré bien - soltó él, con la voz quebrada. Una nueva lágrima rodó por su mejilla pero esta vez no se preocupó por secársela. Simplemente giró el rostro con orgullo, donde la oscuridad la ocultaba. Hermione exhaló tristemente y los ojos se le anegaron también.
-Desahógate, Malfoy - le aconsejó, acercándosele. Él no se movió, seguía con la mirada perdida y los labios crispados en una línea.
-Granger, te lo agradezco pero no nec…
Pero Hermione ya estaba a solo un paso de él. Él le sacaba prácticamente una cabeza, así que no se le hizo demasiado difícil apoyar su cabeza en su pecho y pasarle los brazos por la espalda, para abrazarle tímidamente.
Draco no soportó el contacto y se quebró, temblando por el llanto que se acababa de desatar en él.
-Se va a morir - musitó, intentando no sucumbir ante Hermione. Sin embargo, se le doblaron las rodillas y cayó al suelo junto con ella.
Hermione nunca le había visto tan débil. ¡Ni siquiera podía mantenerse en pie! Con un agudo dolor en el pecho, se abrazó más a su cuerpo y aunque él no le tenía rodeada, sintió como se sacudía ante las lágrimas contenidas.
Malfoy había olvidado que era Hermione Granger la que estaba abrazandole. En él solo estaba el dolor y la furia. Aunque no sabía cual de ellas era más fuerte.
-No, Malfoy, no - habló ella, sintiendo un gran nudo en la garganta y a punto de llorar también, conmovida, sujetándole del rostro para que él le mirara. Pero Malfoy evadió sus manos y agachó la cabeza, apoyado en el suelo.
-Sí, Granger. Yo aquí, luchando, haciendo maniobras, fingiendo ser fuerte. Sintiéndome mierda, todos los días de mi vida. Siendo alguien que no soy, como tú dices. Y al final, todo por nada. ¿De que me sirve tratar de forjarme un futuro libre de prejuicios, libre de muerte… Si siempre tendré el peso en mi conciencia de que… mi propia madre sufriendo a manos de mi modelo a seguir… ¡Le odio! ¡Le odio por no amarle! ¡Por no quererle o respetarle siquiera! ¡No es justo! ¡No es…
Y se había vuelto a quebrar, con un sollozo gutural, desgarrador.
Hermione no sabía que hacer. Sentía sus propias lágrimas corriendo por sus mejillas y aún así sentía las de Malfoy llegar a su alma.
-Según Snape está estable - le consoló Hermione, separándose un poco. Malfoy se llevó las manos al rostro y se secó todas las lágrimas que se le habían escapado - No es malo llorar…
-No puedo. No debo.
-¿Porque? ¿Por qué eres hombre? ¿Por qué eres Draco Malfoy? Son solo palabras. ¡Eres humano! ¡Puedes hacerlo! Tienes sentimientos. Sufres. Tienes derecho a llorar también… como cualquiera, Draco.
Draco esbozó una mueca parecida a la resignación, y se levantó del suelo, rápidamente, y con la carta que le había dejado Snape arrugada en uno de sus puños. Hermione siguió su ejemplo y esperó su reacción. La expresión en su rostro se había vuelto inescrutable otra vez, pero en contraste con la de siempre, ahora sus ojos estaban hinchados y rojos. Cuando Hermione levantó una mano para acariciarle la mejilla, él la detuvo en el aire y con su otra mano, limpió las lágrimas de solidaridad que había soltado la castaña. Odiaba que esas lágrimas las hubiera soltado por él. Indirectamente, claro.
Hermione había sentido un escalofrío al sentir la ternura en el gesto del chico, y ahora le miraba con una leve sonrisa, aunque triste. Tuvo el impulso de posar su otra mano en la de Malfoy pero él retiró la suya al instante. Retrocedió y se acercó a la cama, sentándose en ella con desgano y con la mirada perdida en sus caros zapatos.
Hermione no supo que hacer luego.
¿Debería irse luego del intercambio que habían tenido? ¿O debería quedarse y hacerle compañía?
Pero como siempre, Malfoy no le dejó decidir. Le hizo un gesto confuso con la mano y al ver que ella no captaba lo que él le quería decir, la sujetó de la mano y le hizo sentarse a su lado. Hermione se dejó arrastrar y parpadeó incomoda.
Malfoy hubiese sonreído. Seguro pensaba que le iba a hacer alguna de sus pachotadas.
A pesar del poco crédito que le profesaba Hermione, Draco abrió uno de sus puños y planchó los bordes de la carta que le había dejado su mentor.Cuando ya estuvo más o menos lisa se la tendió a la chica, para que la leyera.
Hermione abrió la boca, consternada ante la confianza que le estaba demostrando el chico. Esto no estaba en sus planes. Bueno, la verdad últimamente nada de lo que le pasaba con Malfoy figuraba en sus planes.
Así que suspiró con tristeza, aceptó el papel y con algo de duda, bajó sus ojos a la carta.
OoOoOOoOoOOoOoO*OoOoO
Y Hermione seguía ahí, sentada en la cama del chico, con la espalda apoyada en el respaldo, velando su sueño.
*¿Velando?*Sí. Se había quedado en el cuarto del chico.
Luego de haber leído la carta llena de amor de Narcissa -un amor frío, claro está, solo comparable con el de un Malfoy- Hermione había desviado su mirada hacia el rubio, con los ojos llenos de lágrimas también, incapaz de moverse por el temor a que alguna cayera por su mejilla. Había querido darle una palabra de consuelo pero las letras en la carta eran muy claras hasta para ella: Narcissa se echaba al olvido, le pedía que siguiera las órdenes de Snape, que se encomendará a la causa de Dumblendore, aunque esto supusiera irse en contra de su propio padre.
Así que luego de verle sollozar en silencio y simplemente acompañarle, sentados ambos en la cama, ella había decidido quedarse con él hasta que se durmiera. Pero Malfoy había resuelto quedarse dormido en la cama alrededor de las cuatro de la madrugada. Y ella no había podido despegarse de él. No después de ver las lágrimas secas en su rostro, no después de escucharle gemir de tristeza como un niño.
No después de haberle visto aceptar su apoyo, aunque con debilidad, y quebrarse con ella como si se conocieran de toda la vida.
Además, ya faltaba poco para que el día aclarase.
Y sabía que se sentiría mucho más tranquila viéndole dormir que durmiendo ella misma en su propia cama.
¿Y qué?
Nadie le podía juzgar por ello. El chico necesitaba un hombro, él se lo había brindado cuando ella estaba destruida por los acontecimientos que le había deparado el mismito Voldemort.
No te engañes, Hermione. No lo haces en retribución. Lo haces porque…
Suspiró con pesar y arrugó el ceño, observando el rostro del chico, por décima vez.
No podía seguir negando esa atracción repentina que sentía por él. Lo admitía, sí, era cierto.
Le gustaba tenerle cerca, le gustaba el color de sus ojos, el matiz que adoptaba su rostro cuando ella le sacaba de sus casillas, su voz cuando le reclamaba algo o cuando le hablaba suavemente, como hace poco.
Le gustaba su temperamento, explosivo, y la vehemencia con la que enfrentaba los problemas. La valentía con la que había osado burlar las técnicas de legerems de su tía y su rebeldía ante los planes de Voldemort. Y le traía loca la manía que tenía de sonreírle de lado con misterio y el desconcierto que sentía cada vez que le tocaba.
Un abrazo, un roce en la mejilla, un empujón juguetón, su risa o incluso una simple mirada irónica le ponían nerviosa…Maldición, ¡No le podía estar pasando esto!
Sin embargo, lo que más le gustaba, lo que le tenía intrigada, era esa reciente confianza que él había depositado en ella. Por supuesto, no cualquiera se jactaba de ser el confidente real de Malfoy. No con cualquiera Draco lloraba sus penas. No con cualquiera se abría y confesaba sus sentimientos, esos que no afloraban normalmente en su ser.
¿Acaso se sentía orgullosa de eso?
¡Por Merlín!
¿Por qué le pasaba esto a ella? ¿Por qué con él? ¿Por qué justo ahora?
Desvió su mirada hacia el chico y temblando, con mucho cuidado, alargó uno de sus dedos y acarició una de sus finas cejas.
Se arrepintió al instante.
Él se movió, ligeramente y murmuró algo entre sueños. Hermione se quedó quieta, solo escuchando los sonidos de la noche, que se filtraban por la habitación del slytherin, esperando…
-¿Qué dijiste? - le musitó, con curiosidad.
Pero él no le contestó.
¿Se había levantado de verdad?
¿No sería esta alguna de sus tretas?
El chico murmuró algo más, de forma inintelegible, pero a Hermione le pareció escuchar parte de su nombre.
Esperó con paciencia, pero ya resuelta a dejarle solo. Escucharía lo que él tenía que decir -tal vez era algo referente a Voldemort- y luego se largaría a dormir a su cuarto Gryffindor.
Pero Malfoy derribó su decisión.
Le había susurrado algo, otra vez.
-No te entiendo - le habló, incapaz de incorporarse de la cama ahora. Por alguna extraña razón, su cuerpo ya no reaccionaba a las órdenes de su cerebro. Maldita sea.
-Qué-quéda…- escuchó ahora más nítido. Su corazón dio un vuelco. No podía creerlo. Esto no podía… ¡No podía estarle pasando! - P-por favor…Quédate.
Hermione tragó en seco y cerró los ojos con fuerza.
Exhaló sin saber que hacer. Estaba en la cama de Malfoy y él le estaba pidiendo que se quedara, entre sueños. Entre sueños.
¿Qué podía hacer? ¿Qué debería hacer?
Maldijo internamente, y por milésima vez en la noche se preguntó porque le pasaba esto a ella.
¿Por qué no había sido otra la premio Anual?
De pronto sintió un retorcijón en el estómago.
No, no quería que nadie más compartiera esto con el chico. Nadie más.
¡Que triste, Hermione!
¿Estaba celosa? ¿Del hurón botador? ¡Merlín!
Malfoy no se movió cuando ella se acostó a lo largo de la cama, ante el ligero dolor que había comenzado a sentir en la espalda, claro.
Estaba a unos cuantos centímetros de su cuerpo, a pesar del amplia cama, e incluso así podía ver claramente cada uno de sus bonitos rasgos.
Maldito hurón. Se había metido en su cabeza sin darse cuenta.
¿Y en tu corazón?, le habló esa vocecita interior.
Shhhh. Cállate, tú.
Aún así, a pesar de la cercanía de la chica, él no se movió.
No concientemente, por lo menos.
El corazón de Hermione se sobresaltó cuando Draco se giró en la cama, acomodandose en un costado, quedando de lado, con el rostro vuelto hacia ella. La castaña respiró hondo: se sentía tan nerviosa, ¡le sudaban las manos, Merlín! Estaban tan frías…
Inspiró fuertemente -cuando él se había movido había contenido la respiración- y trató de regularla. No había contado tenerle tan cerca. Tan… vulnerable.
La idea de que estaba siendo objeto de una broma del chico le llenó la cabeza de dudas. Pero él había llorado, y con convicción. ¿Cómo se fingía eso?
Se mordió el labio, insegura. Le miró por el rabillo del ojo pero solo comprobó que estaba dormido, realmente dormido.
Su respiración serena lo evidenciaba.
Decidió darse la vuelta, darle la espalda; así no se sentiría más perturbada: sentía cientos de hormiguitas recorrer sus manos, seguro por la tentación de alargar la mano y acariciarle el rostro.
¿Cómo es que se entretenía tanto en ello?
Un nuevo pensamiento inundó su cerebro: ¿Qué le había pasado en realidad a Narcissa? ¿De verdad Lucius Malfoy sería capaz de atacar a su propia mujer, a la madre de su hijo? ¿Qué les había pasado?
No obstante, no pudo ejecutar más preguntas: sus párpados comenzaron a bajar lentamente, cada pestañeada le costaba más. Los abrió un segundo después, pero sus ojos estaban tan cansados… Tan… tan…
Aproximadamente una hora más tarde, el chico seguía durmiendo pacíficamente. Pero ella no. Al parecer, no quería dormir demasiado. Había despertado muy pronto, una hora apenas más tarde, pero no sentía cansancio ni nada.
O tal vez, inconcientemente, no quieres dormir. Para quedarte mirando a…
No, descartó esa idea. No.
Aunque había algo especifico, algo que le hacía sentirse incomoda, que la tenía intranquila, que no le había dejado dormir…
Tal vez era la presencia del rubio…
Era cierto, ella había aceptado, de una manera poco convencional, quedarse a dormir en su cama -los colores se le subieron al rostro al pensar en la otra acepción de su frase- pero no se le había cruzado por la cabeza que él la pegaría a su cuerpo, en medio de la madrugada.
Sí, esa era la principal razón por la que no había podido dormir. Por la que se había levantado: El brazo del rubio permanecía en su cintura.
Hermione había sentido su cálido aliento en su nuca y un escalofrío le había recorrido todo el cuerpo cuando él había apoyado su mejilla en su omoplato.
La tenía como si fuera su almohada. Como un niño inocente abraza a su osito de la infancia.
Inocente, sí, claro. Semejante bribón…
¿Porque estaba haciendo esto con Draco Malfoy?
Había compartido cama una que otra vez con Harry e incluso con Ronald, en la Madriguera, pero nunca ninguno de los dos le había abrazado de una manera… tan posesiva.
Sí, posesiva.
Sólo de esa forma podía describir el agarre de Malfoy. Dudaba mucho que pudiera girarse sin despertarlo.
Observó toda la instancia, resignada -involuntariamente, claro- a tener que quedarse así hasta que él despertara, y su mirada se posó en el estante que había cerca al escritorio del chico. No estaba tan lleno como el de ella, con cientos de libros apretujados, pero tenía algunos, gruesos, tomos oscuros… Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando pensó en lo que estaba trabajando el chico.
Había escuchado que le decía a Snape que él estaba cumpliendo su parte del trato. Y también había hablado algo acerca de un plan que no avanzaba rápido.
¿Qué plan se traía Malfoy entre manos? ¿Qué le había encomendado Voldemort?
¿Buscar algo? ¿Vigilar a Alguien?
Sea lo que fuera, Draco lo estaba haciendo por salvar a su madre. Si no, no hubiese mencionado "su parte del trato"…
Una fuerte y sonora inhalación de parte del chico le hizo salir de su mundo de pensamientos. Sin embargo, Malfoy no sacó el brazo de su cuerpo.
¿Seguiría dormido?
Despacio, y con extrema lentitud, se giró para quedar frente a frente, para comprobar si seguía dormido…
Pero no. Vislumbró sus ojos. De un color neutro. Ni claro ni negro. Gris. En la mitad.
-¿Dor-dormiste bien? - fue lo primero que se le ocurrió pronunciar, sintiéndose tonta al instante. Malfoy sonrió burlonamente, de lado, pero su sonrisa no llegó hasta sus ojos grises. Hermione arrugó el ceño, preocupada.
-Estoy bien, Granger - pronunció él, con la voz ronca. Hermione sintió otro escalofrío recorrerle el cuerpo entero y se removió incomoda. Malfoy lo notó - Al parecer, tú no.
¿Y si lo sabía entonces porque demonios no le soltaba?
-En realidad… - dudó ella, mordiéndose el labio levemente. Cerró los ojos y suspiró. Malfoy frunció los labios, y reparó en la cercanía. No obstante, no retiró su brazo de la cintura de Hermione.
Al contrario, se acercó más a ella, conciente del nerviosismo de la chica. Sonrió levemente.
-¿Por qué te quedaste? - le preguntó, mirándole a los ojos.
-Tú… tú me lo pediste - barbotó ella, sin poder despegar su mirada de la de él.
-¿Sí?
- preguntó, bajando la mirada a los labios temblorosos de la chica.
Al ver la reacción de Draco, Hermione entreabrió los labios levemente, a punto de decir algo… pero él solo mudó su expresión a una mirada seria.
Hermione respiró hondo.
-Tengo que irme - pronunció a modo de susurro, a pesar de que estaban solos.
Malfoy no dijo nada, desvió su mirada hacia sus ojos chocolate y brillosos, llenos de inquietud y le soltó con algo de reserva.
-¿Qué hizo Snape luego de…? - preguntó el rubio, cuando Hermione ya se hubo levantado, y vuelto a su estado original el libro del chico.
-Me pidió que le avisara cuando despertaras - contestó ella, con cuidado, girándose a verle. Él levantó sus ojos grises hacia ella.
-¿Y lo hiciste?
-No, no. Estabas muy…
-Gracias. No tengo ganas de verle - musitó él, posando su mirada en la carta despositada en su mesilla de noche. Hermione miró el papel también, y luego le miró con duda.
-¿Estarás bien, Draco? - inquirió con intranquilidad.
Él simplemente asintió y tomó la carta de su buró.
-Tengo que verla - habló, ausente. Ella se mordió el labio, con pena.
¿Qué podía decirle?
-No te arriesgues, Malfoy, por favor - le pidió. Él asintió otra vez, y se acostó en la cama para releer la carta.
La gryffindor entendió que la conversación había acabado ahí. Y optó por salirse lo más silenciosamente posible de la habitación.
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¡Holaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
¿Qué tal les ha parecido el acercamiento?
¿Nada santo, verdad? ¡oooooooooooooooh!
Suertuda Hermione… y no saben lo que se viene, pronto pronto, el Draquito causará más sensación todavía…. Si con este rubio a cualquiera se le acelera el corazón…
PD: A ver, les dejare explayar su imaginación… ¿Qué creen que pasará en el próximo capítulo?
PD2: Muchas gracias a los favoritos (¡Cada vez somos más!) y a quienes me comentan: EmmaHermione ,Jasbi, Daniiela_Malfoy, dramione2712,Dramiones7, -mar-: muchachas, las adoro y agradezco de corazón sus comentarios. ¡Me suben las pilas!OoOoOOoOoOOoOoO*OoOoO