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'Hermitage Road' — capítulo 16
Era un prado enorme cubierto de fina escarcha matutina. A pesar de estar alejado de la civilización, tenía accesos para el transporte ya que, cuando no estaba en uso, constituía uno de los puntos turísticos de referencia en el condado.
Gran parte de las fotos tomadas de la zona representaban las bases arenosas rodeadas de la verde hierba que permitía disputar los famosos partidos de baseball entre los equipos universitarios diferenciados explícitamente para aquellos días de sana competitividad.
La atracción favorita, sin embargo, era el estadio de fútbol con capacidad para cien mil espectadores, así como los encuentros que en él se disputaban ferozmente. Se encontraba un poco apartado del entorno natural donde se desarrollaba la mayoría de las competiciones, incluida la carrera de remos que transcurría por el río que cruzaba aquella extensión de flores y árboles. De todos modos, el tamaño del Estadio Winsor, que así se llamaba, era tan descomunal que permitía ser visto desde prácticamente cualquier ángulo del terreno.
Tal entorno paradisíaco se veía alterado una vez cada muchos años, cuando la universidad de Chester conseguía hacerse con el mayor número de medallas frente a las universidades de Oxford y Cambridge y, por tanto, se convertía en la ganadora de los Encuentros Deportivos. El trofeo iba de la mano con la concesión de los derechos para celebrar las competiciones del año siguiente, pero como Chester pocas veces se alzaba con la copa que le nombraba universidad ganadora, el prado no había conocido la perturbación en muchas ocasiones. Hasta ahora.
Bajó de uno de los autobuses contratados por la universidad para desplazar a todos los participantes y encontró la hermosa extensión verde donde se arremolinaban las últimas hojas doradas que habían caído de los árboles y que ya se habían quedado desnudos por completo. El verdor de la hierba se mezclaba con el marrón del sucio barro formado la semana pasada por las acuciantes lluvias que había sufrido el país y que daban cuenta de que el invierno estaba a la vuelta de la esquina. Además, al pie de algunos robles podían verse restos de nieve y hielo aún no derretidos que esperaban extenderse a lo largo de las semanas hasta cubrir de blanco todo el paraje.
-Si piensas que ahora es bonito, espera a ver el lago congelado y los árboles con carámbanos de hielo -dijo Ginny, que salía detrás de ella-. Strawberry Fields es más bonito cuando está nevado que el resto del año.
-No lo dudo, pero estoy segura de que el calor veraniego es más agradable que las temperaturas bajo cero que vamos a tener por aquí.
La pelirroja sonrió a Hermione, por su comentario tan acertado. 'En verdad pasaremos frío, incluso aunque estemos practicando deporte'.
Un silbato chillón ensordeció a los estudiantes recién llegados para llamar su atención. Una vez reunida la ronda de jóvenes que llegaban a las cinco de la tarde, un monitor (que era profesor del campus) condujo al rebaño de personas a un lado de la explanada para hacer sitio a los autobuses que traerían a los alumnos de las cinco y media.
-¡Saludos a todos! -gritó el profesor del silbato para hacerse escuchar-. La mayoría no me conocéis todavía, pero durante las próximas dos semanas os hartaréis de oirme. Me llamo Ludo Bargman y voy a ser vuestro monitor durante el tiempo que estéis participando en las competiciones. Podéis preguntarme siempre que tengáis dudas y acudir a mi cuando lo necesitéis, ¿de acuerdo?
Hubo un asentimiento general.
-Perfecto. Entonces, os enseñaré esta maravillosa pradera que se llama Strawberry Fields y que va a ser el escenario de, prácticamente, todas las competiciones deportivas. Tenemos que ir ágiles porque hay mucho que enseñar y a las nueve y media es la gala de inauguración en el Estadio Winsor.
'¡Y tanto que había mucho por enseñar!', pensaba Hermione recordando el gran rodeo que Bargman les había dado por la pradera.
Tenía un bocadillo en la mano derecha y una coca-cola light en la otra. Se había cogido la bebida con más cafeína de todas las que ofrecían para aguantar despierta durante todo el tiempo que durase el espectáculo inaugural. No es que esperara dormirse porque tenía entendido que el montaje escénico era increíble, pero llevaba cansancio acumulado de días anteriores y temía que esa noche se hiciera notar.
Estaba sentada en una de las gradas superiores y, todo hay que decirlo, peor cuidadas del estadio. Por suerte, había podido sentarse con Ginny y con Viktor, que había llegado dos horas más tarde que ella a la explanada.
Desde sus asientos, apenas divisaba la mitad del escenario, que estaba intensamente iluminado por miles de luces de colores que creaban formas y palabras indescifrables para todos aquellos con sillas en el ángulo noroeste.
Cuatro filas más abajo y siete asientos a la derecha, divisó a Luna y a Rolf. Ella estaba riendo con algunas amigas mientras que él, fiel a su aire taciturno, se mantenía distante de todo aquello. Ambos habían acudido con sus compañeros de clase por seguir la tradición que ostentaban los de Bellas Artes, más que nada.
Hermione paseó su mirada un poco más y distinguió que los alumnos de Chester, que superaban en número a los de las otras dos universidades porque sus domicilios estaban cercanos, se extendían por todo el lado derecho hasta las gradas de enfrente. Sin embargo, todos los estudiantes que quedaban inmediatamente a su izquierda, llevaban escudos y distintivos en su indumentaria que dejaban claro que el centro por el que competían era distinto al suyo.
Un grupito de chicas mayores que ella, pero emocionadas como nunca por las dos semanas que se sucederían gritaban histéricas junto a ella, mientras sacudían en alto una bandera donde se podía leer 'Cambridge's the best'. La rubia que parecía ser quien llevaba la voz cantante se giró a Hermione.
-Victoige, ¿has visto a esos de Oxfogd que están como un ques...? -calló al ver que se había equivocado de compañera-. Oh, pegdona, te he confundido con otga.
Hermione sacudió la cabeza restándole importancia.
Los fuegos artificiales sucedieron a las magníficas actuaciones del conjunto de baile de Chester que animaron prácticamente las dos horas y media de show. Los personajes animatrónicos que habían aparecido por el campo y que recordaban los diferentes deportes que se disputarían en los próximos días habían arrancado varias expresiones de asombro y muchos aplausos. Los colores de los focos remataron el espectáculo envolviendo el Estadio Winsor en una explosión de agitación colectiva cuya consecuencia serían varias gargantas corroidas en las horas próximas. Una de ellas no sería la de Hermione, que había permanecido muda durante casi todo el espectáculo. Sólamente se había vuelto ante unas observaciones de Ginny y otras tantas de Viktor que apenas se había molestado en asentir.
La ceremonia llegaba a su fin y los estudiantes de las gradas superiores empezaron a retirarse para ser los primeros en coger los autobuses que los trasladarían hasta el hotel, en el caso de los alumnos de Oxford y Cambridge, y hasta Chester en el caso de los estudiantes locales con casa en los alrededores. Hermione permaneció sentada a que el tumulto de gente disminuyera.
En cuanto volvió a enfocar la mirada al campo de fútbol que empezaba a ser desalojado, un destello rojizo la hizo desviar su atención.
Entre la multitud, casi en las primeras gradas que quedaban frente a ella, se encontraba su pelirrojo favorito, aquel que seguía robándole el sueño por las noches y cuyo aroma la conseguía transportar hasta mundos lejanos. Inesperadamente, Ron también la localizó en el estadio.
Ajenos al espectáculo finiquitado bajo sus pies, sus miradas se fundieron en una sola. Y en ese momento, Hermione supo que estaba perdida; que no importaban cuantas bromas la gastara, no importaba si él era maleducado o si a veces parecía que la necesitaba y otras se comportaba como si ella no existiera. No importaba nada porque el corazón de la chica latía sólo para aquel joven de cuerpo trabajado y mirada profunda como el mar. Y daba igual cuántos Viktor Krum se le pusieran por delante o que la trataran como una reina; ella no podría amar a nadie como amaba al pelirrojo.
Sabía que sufriría, pero estaba dispuesta a ello si la recompensa era verse entre los brazos de un hombre como Ronald Weasley.
¡Hola! :D
Por fin Hermione pone nombre a lo que siente por Ron: ¡¡¡amor puro y duro!!!! XD
Bueno, los próximos capítulos serán muy deportivos, así que espero que no sólo os guste practicar algún deporte o verlo restransmitido por la televisión, sino también leerlo! ;)
Un secretillo: el nombre del prado, Strawberry Fields, está basado en el área dedicada a John Lennon en Central Park (Nueva York), donde también hay un campo que lleva el nombre de esa canción y, donde, además, hay una placa conmemorativa al artista en la que se puede leer 'Imagine', en recuerdo a su tema más famoso. (Menuda chapa que os acabo de meter jajaja)
¡Hasta el martes! (es que el viernes probablemente no pueda actualizar!)
¡Muchos besos! ^^