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'Hermitage Road' — capítulo 17

Hermione tenía todo el cuerpo molido. El día anterior había tenido su primera competición de baloncesto femenino por la mañana y, tan sólo dos horas más tarde, había estado entrenando taekwondo con un profesor particular ya que, lamentablemente, en ese deporte las modalidades eran individuales. Sobra decir que no tenía ni idea de artes marciales y ni siquiera tenía una técnica aprendida, por eso había estado practicando hasta bien entrada la noche. Su único consuelo era pensar que su rival probablemente estaría tan verde en ese deporte como ella misma.

Le habría gustado descansar un poco más, pero viendo su tabla de deportes comprobó, con creciente horror, que aquella misma tarde tenía la tediosa competición de taekwondo y que en hora y media tenía que presentarse en la ribera del río Strawberry para aprender a navegar en equipo; al fin y al cabo, la competición de vela era en tres días y debían preparar a todos los participantes.

Bajó a desayunar al comedor de 'Hermitage Road' que estaba más abarrotado que nunca. No sólo fue determinante el hecho de que casi toda la residencia había accedido a participar en las competiciones y que desayunaban a la misma hora, sino que algunas de las habitaciones que quedaban libres durante las vacaciones de Navidad habían sido alquiladas a otros estudiantes que no disponían de hogar cercano ni podían costearse un hotel durante dos semanas.

En cuanto traspasó las mesas vio a Ginny sentada con Rolf, quien daba vueltas lentamente a la cucharrilla del café, removiendo el líquido y mezclando el azúcar con la leche. En las mesas del fondo estaba Luna sentada con Harry, Ron y Neville, quien no le dirigía la mirada mientras hablaba sobre nuevos trucos para la consola. La rubia la vio entrar y alzó las cejas a modo de saludo, pero no dio mayores muestras de afecto. 'Por lo menos, no ha hecho como si no existiera', pensó Hermione acordándose de que ésa era la actitud que Luna tenía con Ginny desde la noche en la FEVER.

-Pareces cansada. -Dobby interrumpió sus elucubraciones.

-Sí, es que no estoy acostumbrada al ritmo que me ha tocado en las competiciones -explicó la chica.

-Ni tú ni nadie, tesoro. -Winky apareció con una bandeja llena de tiernas y calentitas napolitanas de chocolate recién salidas del horno que colocó en el mostrador a disposición de los hambrientos estudiantes-. Para cuando quieras acostumbrarte, ya se habrán acabado las vacaciones.

Hermione cogió con rapidez un yogur de macedonia y un zumo y se dirigió adonde Ginny intentando no dejarse agobiar por las sabias palabras de los viejos cocineros.

-...y los de Cambridge no tienen muchas posibilidades de llegar a la final - le decía Ginny a Rolf- Les he observado entrenar y han desaparecido los grandes jugadores invencibles que tenían hace años. ¡Hola, Hermione!

La aludida saludó con una sonrisa cansada a los otros dos alumnos antes de deplomarse sobre la silla.

-Uiui... -mencionó expresivamente la pelirroja-. Estás hecha polvo, ¿eh?

-No puedo ni con mi alma. Me tuvieron tres horas dándole al baloncesto -pasó a explicar Hermione-. Tengo la cabeza reventada de todos los balonazos que han ido a parar a mi frente y los pies muertos de todos los pisotazos que me dieron.

-¿Con quién te tocó jugar? -preguntó su amiga.

-¡Con unas de cuarto! -se quejó-. Al parecer necesitaban a una más en el equipo y sólo se les ocurrió la genial idea de meterme en el equipo con esas gigantonas que, además, llevan años practicando y juegan como brutas.

-Mayor masa muscular, menor cerebro -fue la confusa frase que dejó caer Rolf, quien no había abierto la boca desde que Hermione había aparecido. De todos modos, estaban acostumbradas a que el chico fuese parco en palabras y a no entender mucho de sus expresiones.

-Y por la tarde llegó la mejor parte: dos horas y media de taekwondo con un profesor coreano de nombre impronunciable -dijo Hermione retomando el tema.

-Supera esto -anunció Ginny-: cinco horas y media de volleyball. ¡Tengo las muñecas en carne viva!

La joven hizo ademán de enseñarles en vivo y en directo su sufrimiento, pero sus otros dos compañeros de mesa rechazaron el ofrecimiento alegando que estaban desayunando.

-Estoy planeando asesinar a quien me dijo que me lo iba a pasar bomba en los Encuentros Deportivos. -Ginny hizo muecas dementes-. ¡El problema es que no sé quien de mis siete hermanos lo comentó!

-Lo tengo en tareas pendientes -Rolf quiso sumarse a la broma del crimen que había empezado la pelirroja. Hermione supuso que el día anterior del joven no había sido mucho mejor que el de ellas. Aquí no se libraba nadie.

Se frotó su brazo dolorido. Llevaba dos horas de partido de tenis y su estado físico empezaba a resentirse. Se apartó los mechones rojizos que dificultaban la visión de su oponente y tras darle un último sorbo a su bebida isotónica, volvió a la pista de arena ocre para empezar el tercer y último set.

Lo peor, además de la debilidad física de Ron, era que iba perdiendo y, por la furia con la que competía su rival de Oxford, le resultaría difícil una remontada de última hora. Si Oxford ganaba, se haría con la segunda victoria desde que habían comenzado los Encuentros Deportivos y se pondría a la cabeza sacando casi el doble de puntos a Cambridge, que ostentaba la medalla de plata de momento. Por el contrario, si era Ron quien se hacía con la victoria, Chester se pondría por delante de Cambridge y sería un rival temible para los ingleses del este.

Elevó la pelota y justo antes de que cayera, la golpeó con la raqueta negra que le habían dejado. La pelota salió disparada a toda velocidad cortando el aire. Sin embargo, en seguida se detuvo cuando la red que dividía el campo por la mitad paró su trayectoria.

-¡Media! -se oyó indicar al juez de línea.

Ron sacó de nuevo y esta vez sí que consiguió sortear la barrera de hilos que constituía un obstáculo para ambos jugadores.

Su oponente, ágil como un guepardo y fuerte como un tigre, se abalanzó sobre la pelota dando comienzo al último set.

Los gritos de ambos jugadores cada vez que golpeaban la bola animaban al público sentado en las gradas, que no estaba compuesto exclusivamente por estudiantes universitarios. Media ciudad de Chester se había aproximado a animar a la universidad del condado con la esperanza de que se convirtiera en la primera de las tres en ganar el trofeo dos veces consecutivas.

Tras cuarenta minutos de intenso sufrimiento, un grito unánime, esta vez procedente de los asientos que sufrían tanto o más que los jugadores, enfocó toda la atención en el joven de rostro pecoso. Acababa de perder la bola que le habría asegurado la victoria, por lo que en el próximo saque se decidía el ganador.

El Weasley, sudado de arriba a abajo, buscaba una forma de mantenerse en pie, pues sentía que le pesaba hasta el alma. Sus plegarias fueron escuchadas cuando divisó a duras penas entre el gentío, un cabello color miel que caía en suaves ondas. Su corazón se disparó aún más de lo que ya estaba y trató de reconocer en aquella persona a la que él deseaba contemplar. Afortunadamente, era quien él quería.

'Hermione'.

Notaba que la miraba con una sonrisa en sus definidos labios que ya habían aparecido en sus sueños más de una vez. Sus miradas se fundieron del mismo modo que lo habían hecho durante la gala de inauguración. Y aquello fue suficiente para que el chico sintiera que las fuerzas nunca le habían abandonado; que de hecho, él era el creador de la energía misma.

Cuando se retomó el juego por última vez, Ron sabía exactamente lo que debía hacer.

La pelota se puso a botar por el terreno sorteando la dificultad añadida de la red tejida en su mitad y siendo detenida y desviada una y otra vez por las firmes raquetas de los participantes. El pelirrojo buscaba un momento de debilidad en el que su oponente se hayara en un extremo de la pista para poder enviar la bola al extremo contrario. El problema era que el rival siempre permanecía en el medio del campo, desde donde podía llegar a cualquier parte del área. Además, la táctica que quería utilizar Ron era empleada en casi todos los partidos oficiales, incluso la usaban los mejores tenistas del mundo, por lo que era muy probable que el estudiante de Oxford se la conociera de sobra y, probablemente, él también estaba esperando el momento oportuno para echar mano de ella.

Hubo un momento de tensión para quienes apoyaban a Chester cuando, en un descuido grave, Ron se había adelantado en exceso, aproximándose hasta la red, lo que permitió que el oponente enviara la pelota lejos, por encima del pelirrojo, sin que éste tuviera opción de alcanzarla. Por suerte, el rival, sabiendo que su éxito residía en enviar lejana la bola, la lanzó con excesiva fuerza y la pelota dio en la línea blanca que marcaba los límites del campo. A falta de medios tecnológicos que permitiesen averiguar si el tanto era válido o si había sido fuera, y debido al clamor del público que se dividía entre una opción u otra, se decidió anular la jugada y repetirla hasta conseguir un ganador. Así, el juego continuó tan igualado como lo había estado durante el tercer set.

Una chispa de suerte o una concesión del destino permitieron que Ron viera que la jugada que le convenía se presentaba ante él, y no dudó en aprovechar la oportunidad. El chico de pelo negro contra el que jugaba se había ido desviando poco a poco hacia la derecha hasta llegar a un punto que, si bien no estaba todo lo desplazado que al pelirrojo le hubiese convenido, era la única ocasión que iba tener de arriesgar.

Para cuando el joven de Oxford vio las intenciones de Ron en su mirada, ya era tarde. La pelota que había enviado directamente a la raqueta del Weasley había sido golpeada correctamente por él y había adquirido una nueva trayectoria, la que el pelirrojo sabía que le llevaría a la gloria. El rival sólo pudo contemplar impasivo cómo la pelota cruzaba fugazmente por su lado sin tener tiempo de golpearla. Antes incluso de que la bola botase dentro del área, dando la victoria a Chester, el oponente de Ron ya se había dejado caer al suelo derrotado.

Lo último que recordaría el pelirrojo años más tarde, sería a los profesores de su campus corriendo a abrazarle, la alegría de la multitud en las gradas y una tierna mirada castaña que le había permitido alzarse ganador sin saberlo.


¡Hola, mis queridos lectores! :D

He subido este capítulo a primera hora de la mañana para compensaros por el viernes pasado, que no actualicé (como ya había avisado).

En cuanto a las descripciones de los partidos que detallaré estos capítulos, tengo que decir que todos los deportes que explico son un misterio para mi, así que si hay algún/a experto/a en el tema, le ruego que no sea muy quisquilloso/a con los errores que pueda haber.

¡Hasta el viernes! xP

¡MUCHOS BESOS! ^^