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'Hermitage Road' — capítulo 20
Había estado chupando banquillo durante el primer tiempo de partido sin dejar de preguntarse porqué se había apuntado a participar en todo aquello, cuando debería aprovechar las vacaciones para descansar, que bien falta le hacía.
-¡Equipo! -llamó el entrenador, que resultaba ser su profesor de Historia. Hacía aspavientos con las manos invitando a los jugadores a que se reunieran en un silencioso corro para determinar la táctica que seguirían durante el segundo tiempo de partido-. ¿Ya estamos todos?
Algunos compañeros asintieron.
-Quiero que en los últimos cuarenta y cinco minutos adoptéis posiciones defensivas hasta el final. Vamos ganando, pero no podeis confiaros. Si los de Oxford meten un gol, será difícil salir victoriosos del empate -explicó el profesor Flitwick. Acto seguido, se giró a un alumno que tenía la rodilla vendada de manera improvisada-. ¿Cómo va tu pierna, Oliver?
-Mal -contestó él sin vacilar-. No voy a poder jugar en la segunda parte.
Ante las palabras de Wood, el entrenador se mordió el puño en un acto de desesperación.
-¿Y ahora que hacemos? -preguntaba el enano a sus alumnos, quienes se miraban sorprendidos ante la reacción de Flitwick.
-Alguien tendrá que sustituirme -sugirió Oliver.
El profesor se giró buscando una cara que le despertase un algo en su sensibilidad de entrenador de fútbol.
'Tú', oyó que alguien le señalaba. Había estado pensando en sus cosas, en lo precipitado que se habían sucedido los tres primeros meses de universidad, de modo que había perdido la noción del tiempo y del espacio sin caer en la cuenta de que todavía tenía medio partido por delante. Eso si es que le sacaban del banquillo, claro.
Fue entonces cuando el 'tú' había rebotado en su cabeza y, al enfocar la vista, volvió a ver a su profesor de Historia que le apuntaba con el dedo.
-¿Cómo te llamas, hijo? -No le sorprendió que ni le reconociera ni supiera su nombre porque él no se consideraba un alumno que destacase en clase, todo lo contrario; intentaba pasar desapercibido en el aula.
-Draco Malfoy -respondió con concisión.
-Bien, Draco. Saldrás en el segundo tiempo como defensa, sustituyendo a Oliver -dijo mientras se convocaba de nuevo a los jugadores en el campo para comenzar el segundo tiempo de partido.
Draco, que apenas había tenido tiempo para calentar, pisó la hierba recién cortada que acariciaba sus tacos apretando los dedos de los pies para desentumecerlos. Cuando estuvo colocado en posición, hizo una señal al capitán, que buscaba con la mirada a todos los jugadores y comprobaba que se hayaban preparados para retomar el partido que podía hacerlos vencedores.
El árbitro sopló con fuerza por la boquilla del pito y los jóvenes que habían estado como estatuas en tensión echaron a correr en pos del balón.
Los estudiantes de Oxford no perdieron tiempo en recuperar la pelota después de que ésta corriera debido a una patada de un jugador local. Draco vio cómo cuatro jugadores vestidos de verde avanzaban hacia él con la vista puesta en la portería, su meta final.
El portero gritó algo a los tres defensas, pero el rubio estaba paralizado al entender lo que estaban viendo sus ojos grises. Junto al banquillo, recién entrada al campo, se detenía una cara amiga que le miraba con un rostro surcado por el horror, la desesperación y la amargura. Sin pensarlo dos veces, salió del terreno de juego obviando las señales acústicas que le hacían sus compañeros.
El árbitro no pudo más que aceptar impasible cómo un jugador de cabellos platinos abandonaba el campo para dirigirse a una joven de largo pelo caoba que derramaba lágrimas por sus brillantes ojos mientras hablaba angustiada con el estudiante.
Tras escuchar las palabras de su amiga y antes de marchar a Chester a todo correr, Draco echó un último vistazo al centro del estadio, donde los jugadores de Oxford celebraban el primer gol marcado y sus compañeros le miraban con rencor contenido.
-¿DÓNDE ESTÁ?
La enfermera de guardia que atendía durante las vacaciones navideñas lo reconoció y le permitió el paso sabiendo a lo que venia.
-Primera puerta a la izquierda -dijo con voz trémula. Rechazó la idea de acompañarle porque en la habitación estaba el médico y un especialista; además, ella tenía que vigilar la entrada, ante todo.
Entró en la estancia de forma violenta y, apartando a los dos hombres que estaban con ella, se abalanzó sobre Astoria sin presentarse.
-¡¿ESTÁS LOCA?! -gritó sin esperar contestación de la chica, a la que tenía cogida por los hombros y la movía con violencia-. ¡¿POR QUÉ HAS INTENTADO SUICIDARTE?!
-¡Señor Malfoy!, ¡señor Malfoy! -El médico, que conocía las visitas que el rubio hacía regularmente a su paciente, le separó de Astoria, no sin esfuerzo-. ¡El loco es usted! ¿Cómo se le ocurre zarandearla así? ¿No ve que está traumatizada?
Ciertamente, la cara de Astoria era lamentable. Parecía haber envejecido diez años de golpe: su rostro estaba más pálido que de costumbre, tenía hondas arrugas en la frente; y sus ojos hinchados, húmedos y rojizos de tanto llorar, se apoyaban sobre unas ojeras tan oscuras que parecía que tardarían años en desaparecer. Ante esta visión, Draco cogió aire en profundidad y trató de calmarse un poco.
-Doctor, ¿puedo salir un momento con usted? -Ambos hombres abandonaron la habitación de la invidente y se retiraron a una esquina del pasillo.
-¿Qué ha pasado? -preguntó Draco.
-¿Qué le han contado, señor Malfoy?
-Daphne Greengrass me dijo que hacía como tres horas que habían encontrado a su hermana en la azotea del centro educativo y que tenía intención de tirarse y... y ya no sé nada más porque me he venido corriendo en cuanto me he enterado.
-Acompáñeme, señor Malfoy -le pidió el doctor Snape, quien le condujo hasta lo alto del edificio.
Draco se impresionó de la gran cantidad de puertas, pasillos estrechos y demás obstáculos que cualquier persona tenía que sortear hasta llegar a la azotea; más complicado aún para alguien que no podía ver.
El frío temporal de finales de diciembre le sorprendió en cuanto corrieron el pestillo y franquearon la puerta de hierro oxidado que permitía acceder directamente a la azotea. Una vez arriba, vio el patio cubierto de escarcha resbaladiza en el suelo, donde apenas había una caseta con los contadores eléctricos del centro, nada más; ni asientos, ni alumbrado, ni seguridad tales como vallas que impidiesen a la gente caerse o tirarse deliberadamente, como había pretendido la joven.
-Pero... ¿cómo es que esto está en malas condiciones? -Draco estaba impresionado con aquella zona en desuso que parecía más propia de una zona marginal que de un centro de educación.
-Nadie se acordaba de que esta zona existía porque apenas se emplea ni se ha tenido necesidad de subir hasta aquí -explicó Severus-. Claro que en seguida se hubiera reformado el patio en caso de que hubiera sido descubierto con antelación. Sin embargo, como siempre digo yo, tienen que ocurrir desgracias para que se tomen medidas. Afortunadamente, no ha habido nada de que lamentarse en esta ocasión.
-Pero, ¿es cierto? ¿Ha intentado suicidarse?
-La señorita Greengrass nos ha dicho que ésa era su intención cuando subió aquí, pero que en el último momento se arrepintió y, al final, se quedó arriba llorando. Creemos que estuvo cerca de cuatro horas.
-¡Cuatro horas! -se escandalizó el joven pensando en todo el tiempo que estuvo la chica sin vigilancia-. Doctor, ¿cómo pudo llegar hasta aquí si era un área que nadie conocía y, además, es bastante complicado esquivar los obstáculos? Además, las escaleras que conducen hasta arriba están muy mal cuidadas y son bastante empinadas...
-Por lo que he entendido, hacía tiempo que Astoria conocía la existencia del ático. En una de las prácticas en solitario de tus ejecicios, se desvió del itinerario normal y ninguna de las cuidadoras se percató de ello, pero como sentía que lo estaba haciendo bastante bien, Astoria se animó y andó hasta llegar a aquí arriba -contó el doctor-. Desde entonces, ha frecuentado este lugar varias veces sin que nadie se haya dado cuenta. Las enfermeras la encontraron por casualidad cuando el electricista subió para hacer la revisión anual.
Draco echó una última mirada al ático y se marchó de aquel lugar rápidamente. Snape le siguió sin preguntar, pero en cuanto el médico echó el pestillo de nuevo y puso un candado recién estrenado en el manillar de la puerta para evitar que ningún invidente volviese a subir, fue el mismo Malfoy quien le dio explicaciones. 'No me gusta ese ático; me da mala espina', confesó a media voz. El doctor le sonrió débilmente dándole a entender que le entendía perfectamente.
Una vez que regresaron a los pasillos de las habitaciones, Severus pasó a hablar de un tema que le rondaba la cabeza y le preocupaba en demasía.
-Siento decirle que, debido a la alta tasa de intentos suicidas que acumula, la señorita Greengrass necesita compañía constante -dejó caer Snape-. No tengo derecho a pedirle esto, pero como usted parece ser la única persona en quien ella confía plenamente, le pediría que redujese sus estudios al mínimo y permaneciese con Astoria unas doce horas al día.
El doctor le entregó a Malfoy una pequeña libreta en la que se indicaba el historial de Astoria como paciente suya. Draco revisó por encima las diez páginas que el médico había rellenado sobre la ciega y se quedó leyendo un dato que le llamó la atención y que había sido modificado recientemente.
-"Tres intentos de suicidio" -recitó-. "Dos de ellos durante los tres primeros meses de ceguera y el tercero, a final de año. En todas las ocasiones intentó lanzarse desde una posición elevada del edificio en el que permanece recluida, pero siempre se arrepintió a tiempo". -'Menos mal', pensó el chico sintiendo un escalofrío recorrerle la espina dorsal al imaginar a Astoria mirando al vacío a punto de saltar.
-Como ve, es un peligro para ella misma. ¿Aceptaría cuidarla como si de una enferma crónica se tratase, a la par que continúa con los ejercicios de readaptación?
Después de todo lo que había pasado, Draco era incapaz de denegar ayuda a su amiga, pero era consciente de que su sueño de ser profesor universitario de Sociología se desvanecía cada día que pasaba con ella. Aún así, jamás se perdonaría haber abandonado a Astoria a su suerte, y mucho menos a su hermana Daphne, a quien debía tanto en la vida. Por ello, su voz no vaciló cuando le notificó su resolución a Snape.
-Acepto.
¡Hola! :D
No sé si debería poner la carita sonriente porque este capítulo es bastante triste U_U
Confieso que me costó escribirlo, sobre todo de noche, porque todo era muy tétrico y parecía sacado de una película de terror (sólo con imaginarme el patio me daban escalofríos) :S
Los próximos capítulos no serán tan tristes, aunque sí bastante tensos porque estarán llenos de emociones, y cuando se trata de sentimientos, todo vale ;)
Recordad que se ha acabado el chollo de las actualizaciones los martes y que subiré un nuevo capítulo el viernes que viene.
¡Un besito! ^^