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'Hermitage Road' — capítulo 21

Parecía imposible que ya hubieran pasado tres meses y medio desde que había llegado a 'Hermitage Road'.

Efectivamente, en menos de veinticuatro horas darían la bienvenida al 2010 en medio mundo, lo que siempre era un motivo de alegría y celebración durante toda la semana. Para Hermione, sería la primera Nochevieja que celebraría fuera de su casa, sin su familia, ya que la final de los encuentros deportivos se llevaría a cabo en dos días y ella estaba entre los alumnos llamados a competir. Como era de esperar, a los padres de la joven no les había hecho ninguna gracia que su única hija hubiese estado fuera de casa durante la Nochebuena y Navidad, pero que tampoco pudieran verla en Nochevieja ni Año Nuevo, era más de lo que estaban dispuestos a soportar.

La señora Granger intentaba localizara a su hija por móvil, pero lo tenía apagado, y en la recepción de la residencia no descolgaba nadie. Le envió un mensaje a su correo privado, pero la chica estaba siempre entrenando o compitiendo, y no había tenido tiempo ni de encender el portátil. Finalmente, en un acto desesperado, había escrito una carta, pero intuía que no llegaría a tiempo porque la había enviado tardíamente.

Una mano se agitó sobre sus ojos perdidos en la lejanía.

-¿Hola? ¿Hermione, me estás escuchando?

-¿Eh? -La chica salió de su ensoñación-. Ah, no, perdona Ginny. Estaba... pensando.

-Espero que estuvieras debatiendo internamente cuál de estos dos vestidos me queda mejor porque si no, tal vez deje salir a la furia Weasley que llevo dentro -dijo irónicamente señalando ambas prendas-. Especialmente, espero que no te quedaras tontita pensando en tu búlgaro macizo.

'¿Viktor?', recordó Hermione. Se sorprendió así misma intentando recordar la última vez que había hablado con él; le sonaba vagamente que había ganado la competición de hípica, pero lo cierto era que apenas había prestado atención cuando el joven se lo había comentado. Realmente, hacía bastante tiempo que era otro quien ocupaba sus más profundos deseos; un chico que tenía los mismos genes que su amiga pelirroja.

-¡Hermione! -gritó Ginny enfadada-. ¿Te has vuelto a perder en los mundos de Yupi?

-Perdón, perdón -se disculpó rápidamente al darse cuenta de que, por segunda vez consecutiva, no había puesto atención a su compañera-. Lo siento. Te prometo que ya me centro. A ver, ¿qué estabas enseñándome?

La joven pelirroja suspiró intentando llenar de paciencia sus nervios como llenaba de aire sus pulmones, y pasó a repetirle el plan del día por última vez.

-Te estaba diciendo que, ya que hoy es nuestro único día libre dentro de los Encuentros Deportivos, podríamos ir a comer por ahí con Rolf o Teddy, ¿te acuerdas? -Hermione asintió recordando aquella parte del discurso-. Bien. Ahora me estabas ayudando a elegir vestido para esta noche porque, por si ya se te ha olvidado, celebraremos la Nochevieja en Strawberry Fields y, después de las campanadas, nos iremos de fiesta por Chester.

-Pero nada de FEVER -apuntó Hermione, quien no tenía muy buenos recuerdos de la última y única vez que había acudido a la discoteca de moda.

-Nada de FEVER -aseguró Ginny. Acto seguido, colocó delante de su amiga los dos vestidos y la obligó a tomar una decisión respecto al atuendo que luciría aquella noche.

El prado estaba irreconocible. La luz de la luna daba un aura de magnetismo al lugar y ésta se alzaba en lo alto de la noche como si del más potente foco se tratara; un foco que servía de líder entre todas las bombillas de colores colgadas de finos cables que estaban tendidos por todo Strawberry Fields. El resultado era una explosión de brillo equiparable a los rayos del sol, pretendiendo que la fiesta durase hasta el amanecer; lo que sería muy probable.

Unas guirnaldas blancas que se movían al son del frío vientecillo, la hicieron recordar la comida que había disfrutado al mediodía en un restaurante tailandés en compañía de Ginny y Rolf, quien había aceptado la invitación después de que Ted hubiese preferido almorzar con Theo. Las rosas pálidas que decoraban el centro de mesa en el restaurante resultaban tan traslucidas como las guirnaldas que miraban fijamente a Hermione. En donde difería la velada de la mañana con la de la noche era en el ruido: la tranquilidad era la firma del restaurante, mientras que en aquellos momentos, a la chica le resultaba difícil hablar con Ginny debido a la algarabía que se presentaba en la explanada. Gritos y más gritos, voces y más voces eran la carta de presentación de la última noche del año que, con unas copas de más podía resultar jocoso, pero que en el estado de tensión en que se encontraba Hermione era incluso molesto.

Los nervios de la joven eran una bomba a punto de explotar por diversas causas acumuladas: la cercanía de las doce de la noche, el momento álgido de la noche; o la competición final que se llevaría a cabo en dos días y en la que la habían llamado a competir pese al ridículo que pasó durante la pelea de taekwondo.

Milagrosamente, Oxford había sido eliminada al quedar tercera en puntuación y Chester se había clasificado como segunda de grupo. Esto indicaba que en el duelo con los estudiantes de Cambridge habría que dejarse la piel.

Pero, por encima de todo, la atormentaba la lucha mental y visceral que llevaban a cabo su compañero búlgaro y el pelirrojo en su interior. Ya se había reconocido a sí misma, no sin esfuerzo, que Ron era quien ella quería, el chico que aparecía en sus sueños cada noche (y en sueños no precisamente inocentes). Sin embargo, Viktor cada vez la acosaba más con sus llamaditas y mensajes, por ello, había optado por apagar el móvil. Aún así, no podía ignorar que, durante meses, ambos habían pensado que acabarían teniendo una relación seria; e incluso, durante algunas semanas, prácticamente se habían comportado como una pareja de enamorados que ya había tenido citas día sí y día también. De hecho, Hermione sospechaba que Krum seguía interesado en ella, pero no quería hacerle daño. Por encima de todo, seguía siendo su amigo, aquel que la había apoyado en todo y quien había estado allí para ella; le resultaba muy injusto no poder enamorarse de él y sí, en cambio, del idiota de Ronald Weasley.

-¡Herrrmione!

'No, por favor', suplicaba en su interior. Viktor era la última persona a la que quería ver en aquellos momentos. Sonaba egoísta y lo sabía, pero apenas podía mirarle a la cara, a pesar de que no le debía ningún tipo de fidelidad, ni fisica ni de pensamiento.

-Llevo días intentando hablarrr contigo, ¡perrro es imposible! -refunfuñó el chico mientras la agarraba por el codo para evitar volver a perderla.

-¿Y qué querías decirme? -dijo Hermione de forma cortante.

-Prefiero dejarlo para el año que viene -ironizó el chico, quien cambió bruscamente de tercio-. Me han dicho que vas a parrticiparrr en la final deporrrtiva y querrría desearrrte suerrrte.

La joven sonrió tensamente intentando agradecerle sus palabras.

-Gracias, Viktor. Siempre eres muy atento conmigo. -Vio por el rabillo del ojo que su compañero enrojecía ligeramente.

-De nada -respondió el muchacho alzando los hombros para restar importancia al asunto-. Estoy seguro de que ganaremos y, así, todos olvidarán lo que pasó con taekwondo.

A la chica no le hizo mucha gracia que le recordaran aquella competición tan vergonzosa que había sido la comidilla de los estudiantes, pero prefirió no tocar el tema y hacer como que no había oído las últimas palabras de su compañero.

-Hermione, ¿me ayudas un momento? -La chica se volvió hacia la voz que la acaba de llamar, y descubrió a Rolf con las mejillas coloradas, sin motivo aparente.

-Claro. -Ella se dispuso a acompañarle, dejando a atrás a Krum.

-¡Después de las campanadas necesito hablar contigo, no lo olvides! -gritó Viktor a Hermione desde la distancia, viendo como se alejaba de él, como ya era habitual, desgraciadamente.

El rubio la condujo hasta una zona apartada de la masa de gente, donde se encontraban los cubos de basura y las botellas vacías de refrescos, licores y demás litros que habían sido consumidos en menos de hora y media.

-¿Qué pasa, Rolf? ¿A qué viene tanto secretismo? -preguntó ella mirando lo que les rodeaba. Imaginaba que tenía que ver con la disputa que habían tenido recientemente, pero se equivocaba por completo; el muchacho parecía haber olvidado ese tema de la noche a la mañana.

-No es nada malo... eh,... es... es una tontería, en realidad -tartamudeó el muchacho-. Es que... mmm...

-¿Quieres soltarlo de una vez? -le presionó Hermione.

El chico cogió aire profundamente y trató de calmar sus nervios. 'Es Hermione', se decía intentando insuflarse ánimos así mismo. '¡Puedes confiar en ella!'.

-Es que... no tengo ni idea de cómo funciona esto de las campanadas, el fin de año y todo el rollo éste -soltó de carrerilla.

La chica abrió mucho los ojos sin creer lo que le decía Rolf.

-Me refiero a que... buff, que difícil es esto -reconoció en voz alta el rubio-; que no sé si hay algún tipo de ritual o si simplemente nos comemos el pudding cakecuando ya estemos en el 2011...

-Rolf, ¿de verdad me estás preguntando lo que creo que estás preguntando? -Hermione tenía que asegurarse que sus oídos no la estaban traicionando-. Parece como si nunca hubieras celebrado la Nochevie...

No pudo continuar la frase al ver ante ella la evidencia. Los ojos de la chica casi se salieron de sus órbitas cuando comprendió que sus suposiciones eran acertadas, lo que quedó confirmado cuando los ojos tristes y avergonzados de Rolf desarrollaron una repentina fascinación por una lata de coca-cola que descansaba entre la hierba.

-¿Nunca has celebr...?

-¡No! -saltó el joven- ¿algún problema?

Esta vez fue a Hermione a quien le tocó sonrojarse. Se había tomado a broma un tema que era muy delicado para el rubio y ella no había sabido entenderlo.

-Perdona, Rolf, no debería haberme tomado este asunto con tanta ironía...

-¿Puedes limitarte a responderme, por favor? -cortó él-. Quiero volver a la fiesta cuanto antes. Además, Ginny ya te estará echando en falta.

-Es que no sé exactamente lo que quieres que te diga -se sinceró Hermione-. No tiene ningún misterio, la verdad: Esperamos hasta que lleguen las doce de la noche, luego, con las campanadas, cantamos la cuenta atrás y, cuando entramos en el nuevo año, nos comemos el pudding cake.

El muchacho necesitó unos segundos para asimilar los datos más importantes y, finalmente, sonrió con debilidad.

-Muchas gracias, Hermione.

-No ha sido para tanto. -Ella hizo un gesto con la mano tratando de quitarle importancia.

-No me refiero a lo de la Nochevieja -aclaró él-, sino a lo de no hacer preguntas.

-En mi cabeza, me las hago -confesó la chica.

-Lo sé. Por eso tiene tanto mérito que te contengas.

Con una última sonrisa, esta vez más relajada, Rolf volvió junto al gentío, que apuraba los últimos veinte minutos del 2009.


¡Hola! :D

Buff... se ha hecho larga la semana, ¿verdad? Me daba la sensación de que hacía siglos que no actualizaba esta historia ;)

Bueno, aunque todavía quede un poco para Nochevieja, aquí os traigo un pedacito para que vayáis calentando motores... os advierto que el próximo capítulo va a ser mucho más emocionante que éste!! :D

¿No os ha dado pena Rolf? A mi me provoca mucha ternura este chaval :3

¡Hasta el viernes, lectorcillos de mi alma! xP

¡Muchos besos! ^^