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'Hermitage Road' — capítulo 23

Se sentía ridícula con el buzo puesto, aunque tenía que reconocer que era la única opción viable en la primera semana de enero; por nada del mundo se pondría el bikini. Un copo de nieve cayó sobre la punta de su nariz y, mirando alrededor, deseó que el resto de sus compañeros llegasen cuanto antes. Vio que los seis competidores de Cambridge ya estaban colocados en su correspondiente piragua, al otro lado de la orilla. Estaban distribuidos en fila, todos dispuestos a remar a una para conducir su embarcación a la meta.

A pesar de que Cambridge iba en cabeza en cuanto a puntuación se refiere, todos los estudiantes de una u otra universidad eran conscientes de que aquella carrera era decisiva para determinar el campus ganador. Chester había acumulado menos puntos, pero si se alzaban campeones de la carrera de piraguas, los puntos que recibirían serían suficientes para alzarse con la copa de los Encuentros Deportivos por segundo año consecutivo, algo que ni los ojos más ancianos habían visto nunca. Oxford había sido eliminada tras haber perdido más partidos de los que podía recuperar, lo que había supuesto que parte de sus estudiantes se hubiesen marchado a casa, aunque la gran mayoría había preferido quedarse para ver la final y pasar más tiempo con las amistades forjadas durante esas dos semanas.

Hermione buscó a sus compañeros, pero los únicos con el buzo y listos para zarpar eran Ted Lupin y un chico rubio de perilla recortada y con un claro problema de sobrepeso, aunque él seguía insistiendo en que sólo era 'ancho de huesos'. Faltaban otros tres jugadores: una joven asiática de clase de Ginny, Luna Lovegood y "Él", pero estaba segura que llegaría tarde y les haría esperar a todos, como era habitual en Ron.

De todos modos, lo cierto era que desde que le había rechazado en Año Nuevo, dos días atrás, no se había cruzado con él, ni en 'Hermitage Road', ni en Strawberry Fields. Únicamente se habían encontrado en el entrenamiento del día anterior, pero ni siquiera entonces habían intercambiado palabra alguna.

Hermione no quería sacar conclusiones precipitadas, pero si la situación entre ellos seguía inalterable, tendría que reconocer oficialmente que Ron la evitaba.

A lo lejos aparecieron las dos chicas que faltaban charlando animadamente y riendo de lo ridículas que parecían con los buzos puestos. Cuando llegaron a la piragua y se situaron correctamente, Ron todavía no había aparecido.

-¿Preparados? -preguntó el joven de la perilla con la vista puesta en el árbitro que marcaría la salida de la carrera de piraguas.

-¡Si todavía nos falta un jugador! -le recordó Hermione. 'Ron, ¿dónde demonios te has metido?'.

-Pues nada; a esperar -resumió Luna.

Lo que no imaginaban era que tuvieran que esperar tanto tiempo. El rector de la facultad de Física ya empezaba a presentar sustitutos cuando el pelirrojo apareció corriendo por un lado de la ladera con el buzo a medio atar.

-¿Dónde te habías metido? -arremetió la rubia en cuanto se sentó en la canoa.

-¡¿Y a ti qué te importa?! -contrarrestró de forma maleducada el recién llegado.

-¡Oye, Ron! -le llamó la atención Hermione-. Podrías ser más amable. Por si no lo recuerdas, has sido el que más has tardado. ¡Has retrasado la carrera casi veinte minutos y ahora vienes dándote aires de insoportable!

-Tú cállate que eres la culpable de todo. -Todos se quedaron helados ante las hirientes palabras del pelirrojo, pero antes de que ninguno pudiera defender a su compañera, el árbitro hizo una señal y tuvieron que agarrar fuertemente los remos para reaccionar en cuanto oyeran el pitido que indicaba el comienzo de la prueba.

Más de quinientos estudiantes de Chester les apoyaban desde unas balaustradas de metal antideslizante, algunos en la salida y otros en la meta, aunque nadie se explicaba quién había sido el inteligente que había puesto a unos críos de primero frente a la competición más importante de todas. Los gritos de júbilo y ánimo acompañaron a los doce participantes hasta bien entrado el curso del río.

Desde que se habían puesto en marcha, no sin dificultad, apenas habían cruzado un par de palabras entre ellos. La frase más larga había sido aquella con la que Ted pedía aumentar el ritmo. Y la verdad es que lo necesitaban. Los estudiantes que competían por Cambridge habían entrenado más o el piraguismo era algo que llevaban en la sangre, porque en menos de ocho minutos ya les habían sacado varios metros de distancia que eran difíciles de recuperar.

Cuando una pronunciada curva hizo que los espectadores perdieran de vista ambas canoas, los participantes empezaron a soltar la lengua.

-¿A qué a venido lo de antes, tío? -preguntó el chaval de la perilla y cuya anchura sería el blanco de las críticas en caso de que salieran perdedores. Ron calló y dedicó sus esfuerzos en remar con mayor intensidad.

-Ron, yo también quiero que contestes -confesó Hermione-. No puedes culparme de tu tardanza y quedarte de brazos cruzados.

El pelirrojo seguía haciendo oídos sordos.

-Déjalo, Hermione. Está claro que no le importa nada más que él -dejó caer Teddy. Contra todo pronóstico, estas palabras exasperaron a Ron, quien instintívamente se puso de pie. La piragua se balanceó bruscamente debido a la diferencia de peso entre la parte delantera y la trasera, donde se encontraba el Weasley.

-¡PERO, ¿QUÉ HACES?! -gritaron algunos de los compañeros.

-¡SIÉNTATE, RON! -replicaron otros tantos.

-¿ESTÁS LOCO? -se oyó decir a alguien.

Los alaridos llamaron la atención de quienes conducían la piragua de Cambridge que, una vez que echaron la vista a atrás y vieron a uno de los rivales puesto en pie mientras el resto gritaba y agitaba las manos, se alarmaron pensando que a la competencia les entraba agua en la barca y que se iban a pique. En un acto de generosidad, los ingleses del oeste frenaron rápidamente el ritmo de la piragua, que se deslizaba corriente abajo, y remaron con brío y ahínco hasta retroceder a donde se hallaba la canoa de Chester. Una vez allí en seguida entendieron que no había ninguna fuga por la que entrara agua.

-¿Qué os pasa? -gritó el joven que encabezaba la piragua azul.

Los estudiantes de Chester se sorprendieron al comprobar que sus adversarios habían regresado para echarles una mano. 'Mal hecho', pensó Ron.

-¿A qué coño habéis venido? -les increpó el pelirrojo.

-Nos parecía que necesitábais ayuda -explicó otro de Cambridge, que fue reconocido casi de inmediato por Ted.

-¿Theo? -preguntó incrédulo el de pelo azulado. El aludido saludó a Teddy con un gesto de su mano tostada.

-Gracias por preocuparos, pero...

-¡No necesitamos nada! -Ron cortó a Hermione de golpe-. Habéis sido muy estúpidos retrocediendo porque ahora estamos en igualdad de condiciones y vamos a ganar. -Según terminó de decirlo, y sin esperar apoyo de sus compañeros, agarró su remo y descargó toda su rabia removiendo el agua. A pesar de que sus compañeros no estaban preparados para retomar el rumbo, hubo un par que, viendo la ventaja que suponía el factor sorpresa, ayudo a Ron con su propio remo. Así, la piragua se movió a trompicones, mientras los rivales se quedaban atrás.

-¡Hey! ¡Pego, ¿qué hacéis?! -El inconfundible acento francés alertó a Hermione quien, descubriendo que la misma chica que le había arrebatado el triunfo en taekwondo pretendía hacer lo mismo en la final, cogió su remo con fuerza y empezó a mover el agua sin descanso, consiguiendo que su esfuerzo, sumado al del resto del equipo que en seguida había entendido la táctica, diese sus frutos; en poco más de diez segundos ya habían aventajado a los de Cambridge. La chica sabía que no estaba bien aprovecharse del desconcierto del enemigo; enemigo que, además, había retrocedido para ayudarles. Aún así, un último vistazo hacia atrás le hizo comprender que sus oportunidades de ganar se esfumarían en cuanto la piragua azul consiguiera alcanzarles. De hecho, ya se acercaba a ellos.

-¡Remad más rápido! -animó Luna, quien había visto lo mismo que Hermione.

-¡Esperad! -Ted ancló su remo en el fondo del río, que no era muy profundo, impidiéndoles avanzar- No podemos hacer esto...

-¿De qué hablas? -preguntó confundido el muchacho de la perilla.

-¡Nos van a alcanzar! -avisó Ron mirando a sus espaldas. La piragua de la otra universidad se veía cada vez más cercana.

-¡Y eso es lo que deberían hacer! -declaró Lupin-. Escuchad, ellos podían habernos dejado tirados aquí con nuestros problemas y habrían conseguido una victoria fácil.

-¿Y qué? -le animó a continuar la compañera de Ginny.

-Ted, no es por nada, pero casi les tenemos encima y todavía podemos aprovechar la ventaja que tenemos... -Hermione habló de carrerilla sabiendo que cada segundo era crucial para poder ganar-. ¿Podemos hablar esto cuando hayamos terminado la carrera?

-¡Cuando hayamos ganado ya no tendrá sentido! -replicó él.

-Si quieres, luego les pido perdón personalmente -se ofreció el Weasley-, pero ahora, ¡PONTE A REMAR!

Ted obvió las palabras del pelirrojo; desenterró su remo de la arena, en las profundidades del cauce, y lo lanzó lo más lejos posible de la piragua, ante la mirada atónita de todos los participantes. Después, se sentó en su trozo de madera carcomida que servía de asiento y se cruzó de brazos con actitud pasota.

La actitud de Lupin había asombrado más incluso que la que había mostrado Ron al principio de la carrera. Era más que de sobra conocido por todos que el pelirrojo tenía mucho genio y que no debía ser molestado a no ser que fuera por causa mayor. Ted, sin embargo, tenía fama de ser un chico amable siempre dispuesto a echar una mano allá donde hiciese falta y, desde luego, en su currículum no estaba el dejar tirados a sus compañeros en medio de una competición.

Aún así, los cinco estudiantes restantes ya estaban cansados de discutir, y decidieron continuar remando sin la ayuda del chico. Esta idea se afianzó cuando vieron que la piragua de Cambridge se había aproximado peligrosamente a ellos. ¡Prácticamente les tenían encima!

'Adiós, ventaja', suspiró Luna al ver que la joven hermosa de acento francés hacía una mueca de mal gusto desde su piragua azulada.

Los de Chester se pusieron a remar como locos, sabiendo que era difícil adelantar al rival con un jugador menos, pero con el mismo peso en la barca. Sus seis adversarios no se quedaron de brazos cruzados y el río se convirtió en un ring donde lo único que importaba no era adelantar al contrario, sino hacer que éste avanzase lo más lentamente posible.

Era tanta la desesperación de los de rojo que no se preocuparon de los riesgos de la competición hasta que no se toparon con ellos de frente. Hasta entonces no habían advertido el balanceo natural de la balsa, pero tuvieron que prestarle atención cuando estuvieron a punto de volcar. Cuando se recompusieron, vieron a Fleur retirando su remo de los bordes de la desvencijada piragua que conducían. No hacía falta mucho ingenio para darse cuenta de que había sido ella quien les había intentado conducir hacia un accidente seguro. Por suerte, ellos no fueron los únicos en percatarse de la actitud tramposa de la rubia.

-¡Fleur! -Theo llamó la atención de su compañera con expresión enfadada-. ¿En vez de ayudarnos a remar te dedicas a estorbar a los otros?

La aludida simplemente le dedicó una de sus sonrisas repugnantes como respuesta.

Ambas canoas se encontraban a la par y, entre que Ted pasaba de remar y Fleur hacía otro tanto, las condiciones entre ambos grupos se habían igualado. Parecía que la carrera iba a retomar la tranquilidad del principio, pero sólo era un espejismo. A pocos metros, el río se estrechaba y no permitía que las dos piraguas lo cruzasen a la vez, por lo que la primera que entrase en ese área de poca anchura sería la que marcase el ritmo de la competición.

Los doce participantes se habían percatado del estrechamiento del río y se miraron entre sí intentando escrutar las intenciones de los de enfrente. De pronto, casi a la par, los remos se movieron a una velocidad vertiginosa y cada jugador descargó sus energías en ser el primero en atravesar la estrecha barrera de agua. Incluso Fleur dejó sus jueguecitos traidores y, en vez de molestar a los de Chester, batió el agua con su remo como si le fuera la vida en ello. Claro que sus rivales contaban con desventaja: Ted había arrojado sus remos al fondo del río y, aunque en aquellos momentos se arrepentía de haberse desecho de ellos, lo hecho, hecho estaba. Por esta razón, Cambridge se impuso a los de la piragua roja, para disgusto de los del norte.

-¡Mierda! -gritó la joven asiática.

-Si el idiota de Ted no hubiese tirado los remos, ¡habríamos sido los primeros! -dijo Ron con mala ostia.

-Si tú no hubieras venido cabreado a la competición, no me habrías puesto de los nervios y yo no me habría desecho de los remos -contraatacó el chico.

-¡Si Hermione controlase mejor a su novio, no habría tenido que aguantar su charla y el gilipollas ése no me habría cabreado!

La aludida se quedó helada ante las palabras del pelirrojo. '¿De qué novio me está hablando?'. No tuvo que reflexionar mucho para darse cuenta de que Ron sólo llamaría 'el gilipolas ése' a una persona: 'Viktor'. ¿Qué habría hecho esta vez el búlgaro? '¡¿No se habrá atrevido a decir que soy su novia?!', se escandalizó interiormente; 'y, además, ¿quién es él para decirle cuatro cosas a Ron?'.

-Luego tenemos que hablar tú y yo -apuntó ella sabiendo que el Weasley tenía que contarle bastante.

-Mejor vete a soltarle el rollo al húngaro -dijo él-. A mi déjame en paz.

Hermione se aguantó las ganas de corregir el error de nacionalidades que había tenido el pelirrojo, y se limitó a seguir remando.

Probablemente fue por la pequeña discusión que acababan de tener, pero lo cierto era que, para cuando quisieron darse cuenta, ya habían salido del estrechamiento y la carrera se reanudaba. La desembocadura del área delgada había derivado en un pequeño tramo en el que había pasarelas por encima del río desde donde muchos estudiantes (más de los que realmente cabían) se habían asomado para ver la competición.

Cuando las personas que se habían acercado a animar a sus jugadores vieron la barca azul de Cambridge, rugieron animando hasta que sus gargantas quedaron resentidas. Pero nada importaba, al fin y al cabo, se encontraban ante la competición más importante del año que iban a vivir en directo.

Casi pisando los talones a los del oeste, aparecieron los seis jugadores de Chester en su desvencijada piragua roja, intentando alcanzar a los oponentes.

-¡Cuidado con aquel remolino! -oyeron gritar a algún participante desde la canoa de Cambridge-. ¡Vamos a bordearlo con cuidado!


¡Hola! :D

Como habréis deducido, este capítulo está dividido en dos porque, si no, se hacía demasiado largo. Por eso, leeréis el final de la competición el viernes que viene... ¡os aseguro que será muy emocionante y que se planteará la base de alguna de las relaciones futuras entre los personajes! ;)

De hecho, estos dos capítulos (que son como uno solo), son de los mejores que he escrito (tal vez más de uno piense que me equivoco de cabo a rabo!) jajaja

¡Hasta la semana que viene! xP

¡Un besito! ^^