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'Hermitage Road' — capítulo 24

El tornado acuático se encontraba a un lado de la margen fluvial, por lo que el paso se estrechaba de nuevo y sólo permitía el paso de una piragua por vez. Los de Chester, viendo que sus rivales tenían que maniobrar forzosamente para no toparse de bruces con el remolino, aumentaron la velocidad pretendiendo ser los primeros en cruzar el estrecho. Claro que esto suponía la posibilidad de que ambas barcas colisionasen al tratar de entrar por el mismo sitio, pero los de rojo sabían que si chocaban, ellos simplemente serían lanzados contra la margen izquierda, mientras que los de Cambridge serían expulsados directamente contra el remolino. Esto les hizo confiarse y lanzarse con impulso a por el camino de aguas tranquilas. Sin embargo, los contrincantes se olieron las intenciones de los de Chester y aunaron sus fuerzas en superar el obstáculo del remolino para llegar los primeros al estrechamiento, como ya habían hecho anteriormente con éxito.

Nunca supieron cómo habían acabado en medio del remolino, pero si alguien hubiera prestado suficiente atención, habría visto una rubia que malmetía su remo entre ambas embarcaciones y que impedía el paso de la embarcación roja de Chester. Ese mismo remo fue quien empujó sutilmente a los del norte hacia el tornado fluvial que amenazaba a los estudiantes. Para cuando quisieron darse cuenta de la precaria situación en la que se encontraban, los de Cambridge ya habían entrado en la zona de aguas tranquilas y seguras.

-¡Estamos encima del remolino! -gritó el chico de la perilla constatando un hecho evidente para todos los que iban en la piragua.

-¡¿Y ahora qué hacemos?! -chilló Hermione de forma histérica.

-Lo primero, tranquilizarnos -aconsejó la chica de rasgos orientales-. ¡Tenemos que salir de aquí como sea o nos hundiremos!

Los rostros de los seis palidecieron perceptiblemente y todos se pusieron manos a la obra sin perder tiempo. Dos de los participantes clavaron los remos en el fondo del río, al lado derecho de la barca, e hicieron propulsión hacia afuera. Mientras, el resto remaba sin descanso tratando de superar las olas que les arrastraban al fondo, pero parecía misión imposible.

-¡No avanzamos! -dijo Hermione con el buzo sudado por el esfuerzo.

Entonces, alguien que parecía que hacía tiempo que se había autoeliminado de la competición, salió en su ayuda.

-¡Dejadme a mi! -Ted saltó de la piragua y se sumergió hasta el centro del remolino, cuyas aguas revueltas le llegaban por los hombros. Una vez sus pies tocaron la arena húmeda, apoyó sus fuertes brazos en el costado de la embarcación y empujó la barca para liberarla del horror que se le venía encima.

Al principio, parecía que su esfuerzo funcionaba; la barca cada vez estaba más lejos del ojo del remolino y, de hecho, en pocos minutos, estaría liberada. Todo hubiese sido perfecto (dentro de lo perfecto que puede ser estar atrapado en un banco de espuma sabiendo que tus contrincantes van ganando en una competición en la que te juegas todo), si no hubiese sido porque una ola interna atrapó las piernas de Teddy y le arrastró hasta el fondo.

Un grito del chaval advirtió a sus compañeros de la suerte que había corrido Lupin, así como a los espectadores que miraban asombrados la lucha de los seis contra la fuerza del agua.

-¡TED! -todos a una corearon el nombre del chico, pero eso no era suficiente para salvarle. El aludido consiguió sacar la cabeza unos segundos para coger aire antes de que otra de las olas lo zambullera río adentro.

-¡Se va a ahogar! -Hermione hizo ademán de lanzarse a por él, pero la mano de Ron agarrándole el brazo se lo impidió.

-Ni se te ocurra -le advirtió él- ¡Si te tiras, tendré que ir a por ti!

-¡No tienes porqué!

-¡YA LO SÉ! -tronó el pelirrojo-. Pero aún así, lo haré. No puedo ver cómo te hundes tú también.

Aquello deberían ser unas palabras románticas para los oídos de la chica, pero en las circunstancias en las que se encontraban no había cabida para sutilezas; sólo se podía pensar en salvar la vida.

-¡Alguien tiene que ayudarle o morirá! -le gritó ella tras haber abandonado las intenciones de saltar de la piragua.

Aquellas palabras no impresionaron al Weasley, pero sí a alguien más que se encontraba en ese río infernal y que se sentía morir sólo con imaginar a Ted pálido y sin esa chispa de vida que le caracterizaba.

-¡Theo! -se oyó decir a Fleur desde la zona segura del río.

La chica iba penúltima en su piragua y era la única que había sentido cómo su compañero de atrás se había puesto en pie. El posterior balanceo que sucedió a ese súbito acto fue suficiente para que el resto de los competidores de Cambridge se girasen para comprender las intenciones del afroamericano.

-¿Qué demonios haces? -preguntó uno de sus compañeros.

'Salvar al chico al que amo', pensó inconscientemente antes de saltar de cabeza desde la piragua.

Una vez en el agua, se dio cuenta que había sido una soberana estupidez aquella acción tan temeraria. Se había raspado el abdomen con el fondo arenoso del fondo, y tenía la sensación de que estaba sangrando copiosamente de una mano.

Si el chico de pelo azul no había sido capaz de salir de aquellas turbulencias por sí mismo, ¿realmente pensaba que tenía una sola oportunidad de llegar hasta él, tirar de los dos y salir del agua como si de un héroe se tratase? ¿Y Ted le admiraría por ello el resto de su vida?

'No', se dijo, 'dirá que he sido un idiota al ponerme en peligro de esta manera'. Aún así, el daño ya estaba hecho: se encontraba en medio de un remolino turbulento y ahora tenía que salir de allí; con Teddy, por supuesto.

Antes de que pudiera buscarlo, algo lo agarró del brazo y tiró de él hacia las profundidades. Cuando se giró para ver con qué animal tendría que batirse para salvar su vida, descubrió con alegría que se trataba de Ted. La sonrisa le duró muy poco ya que el aspecto del joven era de agotamiento total. Comprendió que el chico estaba a punto de perder la consciencia y que sólo le había hecho una indicación para que supiera dónde estaba. '¿O se está despidiendo de mi porque sabe que no saldremos vivos de ésta?'. Fuera como fuese, Theo se armó de valor y no permitió que aquellos pensamientos negativos se hicieran con el control de su alma. Rodeó el tórax del joven con un brazo, mientras con el otro remaba lentamente tratando de zafarse del remolino que parecía querer cobrarse sus vidas antes de tiempo.

En un principio, todo parecía ir bien: Theo conseguía arrastrar a su amigo y, además, Ted seguía consciente. Así, las preocupaciones del de piel tostada se esfumaron rápidamente. Sin embargo, pasado medio minuto, las fuerzas comenzaron a fallarle, su cuerpo parecía hundirse sin remedio, al igual que el de Lupin, y ya no sentía tan cercana la zona de aguas estables, todo lo contrario, cada vez se arrimaban más al centro del remolino.

-¡Os enviaremos una unidad de salvamento en seguida! -gritó un profesor desde la pasarela que había sido construida sobre el río.

'No llegarán a tiempo'. Luna sabía que sus dos amigos no aguantarían las presiones tanto tiempo y, como alguien no hiciera algo, ambos yacerían en el fondo del río en poco tiempo. 'Si quieres un trabajo bien hecho, tienes que hacerlo tú misma', se dijo antes de saltar desde la piragua en pos de los dos estudiantes.

-¡LUNAAAA! -un grito desgarrador surcó el cielo cuando la rubia se lanzó desde la piragua. Inesperadamente, no procedía de ninguna de las embarcaciones; ni siquiera pertenecía a un participante.

Todos los espectadores se volvieron a mirar al muchacho rubio que había soltado tal alarido y que, en aquellos momentos, intentaba salir del atrolladero de gente que estaba en la pasarela para salvar a su amiga.

Sin embargo, el puente metálico estaba tan abarrotado que a Rolf no le quedó otra que saltar por encima de la barandilla y agarrarse a ella para llegar hasta la orilla fangosa desde donde sería de más ayuda.

-¡Scamander! -gritó consternada la profesora Trelawney-. ¡Bájate ahora mismo de ahí!

-Como usted mande. -Rolf saltó al vacío desde la balaustrada, acompañado de gritos de horror. Sin embargo, el rubio no era ningún suicida y sabía perfectamente lo que hacía: se había tirado desde la esquina de la pasarela, cuando ya estaba a punto de tomar tierra firme; claro, que eso sólo lo veía él; a los ojos de los demás, parecía que se lanzaba directamente a la corriente fluvial.

Las fuerzas de Theo empezaron a fallar antes de lo que pensaba, sobre todo cuando se dio cuenta de la precaria situación en la que se encontraban él y su compañero. Antes de tirarse no había pensado en la posibilidad de morir, pero cada vez la veía más cercana. 'Sólo un milagro nos salvará'.

Y el milagro llegó en forma de cabello rubio albino y ojos azules como el cielo.

El cuerpo de Luna abrazó el del afroamericano, el que estaba menos atontado de los dos por las olas mortíferas, y tiró de él hacia la superficie. Una vez que el moreno respiró pausadamente, la chica se dispuso a ayudar a Ted, que apenas era consciente de lo que sucedía a su alrededor. Ella se sumergió y colocó el cuerpo de Lupin sobre sus hombros. Así, no tuvo más que impulsarse para sacarle a la superficie; claro, que ella se quedaba sumergida en el agua. Parecía que era fácil, pero cuando Ted espabiló un poco, ella empezó a quedarse sin oxígeno, Theo empezaba a hundirse de nuevo y las corrientes internas del río les arrastraban hacia el ojo del remolino. Por no decir que sus fuerzas parecían abandonar a la joven como si de un grifo goteante se tratara.

Ted sintió el frío aire de enero que no sólo le hacía tiritar, sino que, además, acentuaba la heladora temperatura del agua que tenía pegada a la cara. Por suerte, el resto del cuerpo estaba resguarecido por el buzo de neopreno. Cuando sus ojos se abrieron, sólo vio cielo despejado a su alrededor, así que pensó que estaba en el paraíso. Esa sensación se desvaneció cuando sus oídos se libraron del taponamiento y pudo percibir los gritos de la gente. 'Nadie chilla en el paraíso', pensó. Y supo que algo malo pasaba.

Cuando vio el cuerpo de Theo que se hundía, deseó no haberse despertado nunca pues la angustia que experimentó repentinamente era lo peor que había sentido hasta el momento. Fue horrible descubrir que sus extremidades estaban como dormidas y que no le respondían. '¿Tendré que ver cómo se ahoga sin poder hacer nada?'.

De repente, alguien le sacudió violentamente y aquello que estaba bajo el agua, aquello que le había estado sosteniendo para que no se hundiese, dejó de ser un sustento para él. Las olas volvieron a cubrirle poco a poco.

Rolf había visto desde la orilla cómo Luna se esforzaba en mantener a flote a los dos estudiantes. Sólo pensaba ayudarla en caso de que realmente lo necesitase, pero no pensaba que se agotase tanto como para tener que socorrerla tan solo unos minutos después de que ella se hubiera zambullido. Al principio le parecía que la rubia lo conseguiría sola, pero cuando se sumergió y sacó a Ted a la superficie, no volvió a salir del agua, por lo que Rolf no se lo pensó dos veces y se lanzó a por ella. El agua helada se le clavó como miles de cuchillos a la piel. De hecho, era lo más doloroso que había sentido en mucho tiempo. El resto de jóvenes que se encontraban en el agua llevaban buzos profesionales que mantenían la temperatura del cuerpo estable, pero él se había introducido con un abrigo y unos vaqueros que no sólo eran permeables, sino que mojados pesaban muchísimo. Cuando ya se había metido al río fue cuando, al igual que el resto, se dio cuenta de lo imbécil que había sido.

Encontró a Luna bajo el agua, consciente, pero sujetando a Teddy con todas sus fuerzas, por lo que en poco tiempo se cansaría y no podría sostenerse ni a sí misma. Tiró de ella sin importarle que Lupin no pudiera nadar hasta la orilla solo y que Theo tenía síntomas de agotamiento extremo; lo único en que pensaba en esos momentos era en salvar a Luna Lovegood. De todos modos, en cuanto la chica entendió las intenciones de Rolf, protestó.

-Ayuda a... coff,coff -la joven expulsó el agua que una ola la había hecho tragar-, ¡a Ted!

-Pero... -rechistó Scamander.

-¡HAZLO!

El rubio se dirigió a regañadientes a la mata de pelo azul oscurecido por la humedad que se hundía sin remedio. En cuanto sacó la cabeza de Teddy del río, se dio cuenta de que era el que más necesitaba la ayuda de los cuatro, pero aún así no respiraría tranquilo hasta que Luna estuviese sana y salva.

-¡Rolf!

El chico alzó la cabeza por encima de las olas y vio a Hermione que le tendía una mano desde la piragua de Cambridge, que se había aproximado a la del equipo local con intención de ayudar en todo lo que pudiese. El de cabellos rubios se armó de fuerza y, sujetándose a la pared de la barca para que no se lo llevase el remolino, alzó el cuerpo de Ted buscando que los competidores le subieran a alguna de las piraguas. Efectivamente, en cuanto los brazos del chico estuvieron al alcance de los nueve jugadores que permanecían en las barcas, le alzaron para ponerle a salvo, aunque las embarcaciones no podían evitar verse acorraladas por el remolino.

Detrás de Rolf apareció Luna arrastrando a Theo tras ella. El negro estaba consciente, pero muy cansado como para luchar contra la fuerza del agua. Entre los dos rubios, pudieron subir al chico de pelo ensortijado a la piragua azul.

-Sube, Luna -le animó su compañero de clase.

-No, sube tú. Estás a punto de sufrir una lipotimia.

Y era muy cierto. El ejercicio que había tenido que hacer en el agua no era suficiente como para mantener a Rolf caliente, y cuando se dio cuenta del frío que tenía, ya no sentía los dedos.

Cuando el rubio se sentó en un pequeño espacio de la piragua, sus dientes empezaron a castañear con violencia. Parecía que se los iba a partir de un momento a otro. Los participantes buscaron algo con que tapar a Rolf, pero no llevaban nada encima más que los trajes de neopreno. Por suerte, el chico no estuvo solo, y en cuanto Luna subió a la embarcación, sintiendo cómo las dos piraguas se hundían inevitablemente en el centro de remolino, se abrazaron para darse calor mutuamente y para agradecer lo que habían hecho el uno por el otro.

Tal vez no tuvieran otra oportunidad para ello.


¡Hola!

¿Será este el final de los protagonistas? O.o Esperemos que un milagro les ayude porque, si no, sus cadáveres descansarán el en fondo del río... (sí, es muy tétrico, lo sé!) De momento, os dejaré con la tensión de saber cómo se solucionará esto.

La buena noticia es que, por lo menos antes de morir, Luna y Rolf parecen haberse reconciliado por completo... (ya, no es muy tranquilizador, ¿verdad?) :S

El viernes que viene sabréis qué ha pasado con los participantes y con los Encuentros Deportivos, entre otras cosas. ¿Se ahogará alguien? (no vale rezar por que se muera Fleur ni Viktor, que aunque no participe, es otro de los más odiados) XD ¿Qué universidad ganará?¿Se quedará Rolf sin dedos?

¡besos! ^^