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'Hermitage Road' — capítulo 28
-¡SÍÍÍÍÍÍÍ! -El grito recorrió rápidamente los pasillos de la residencia, se coló por debajo de los resquicios de las puertas y bajó las escaleras hasta llegar a oídos de Filch. No hubiera supuesto ningún problema un ruido ensordecedor en 'Hermitage Road' si no fuera porque las dos de la mañana no era una hora prudente para andar chillando.
El carcamal no era lo suficentemente ágil como para subir rápidamente a la primera planta, pero los estudiantes de las habitaciones contiguas sí que se presentaron de inmediato en la habitación número quince.
-¿Qué pasa? -gritaron desde el pasillo mientras tocaban la puerta con los nudillos de las manos.
En menos de lo que canta un gallo, se oyó descorrer el pestillo y el rostro pecoso de Ginny Weasley apareció con una gran sonrisa adornando su risueña cara.
-¿Os he despertado? -preguntó la chica sin un atisbo de disculpa-. Lo siento mucho, pero... Bueno, ¡qué digo! ¡No lo siento para nada! ¡HE APROBADO TODOOOOO!
El grito de la pelirroja despertó a los pocos que dormían con tapones en los oídos.
-¡Weasley! -gritó susurrando una voz amargada y corroida por el tiempo-. ¿Se ha vuelto loca por completo? ¿Qué es eso de despertar a todo el personal a las dos de la mañana?
-Acabo de ver mis notas, ¡Y HE APROBADO TOOOODOOOO!! -chilló Ginny en el oído del viejo Filch.
Este acto de valentía supuso que se iniciara una persecución entre la pelirroja y el conserje por todo el edificio que despertó a los tres o cuatro estudiantes que hasta el momento habían estado durmiendo apaciblemente. Los residentes reían viendo cómo, en dos zancadas, Ginny se perdía por los pasillos y se ocultaba en las habitaciones de sus amigos, mientras Argus se desesperaba para encontrarla y echarla una bronca de padre y muy señor mio.
Uno de los que más daba rienda suelta a su risa (y que más lo necesitaba) era un chico rubio a quien la semana de exámenes se había convertido en su infierno particular. Pensó en lo mucho que hacía que la alegría no le inundaba por completo, y un fragmento le vino a la memoria.
"
-¿Draco? ¿Sigues ahí?
La dulce voz le devolvió a la realidad. No debía distraerse pensando en las vidas de otros, sino que debía centrarse en su propia existencia y tratar de sacarla adelante lo más fácilmente posible. Aunque fuera junto a su eterno acompañante, el aburrimiento.
-Sí, perdona, Astoria. Me he distraido mirando por la ventana.
-¿Qué has visto? -preguntó con curiosidad ella mientras se acercaba al marco del cristal en el que se apoyaba su educador.
-A una pareja pasear -respondió él sin mucho interés aparente.
-Les conoces. -No era una pregunta.
-¿Por qué lo dices? -inquirió Draco sorprendido de la capacidad que había desarrollado su pupila para desentramar los tonos de las voces.
-Dos personas andando no suele ser algo tan interesante como para estar meditando durante varios minutos -Astoria sonrió internamente al darse cuenta de que su instinto había mejorado.
-La chica es de mi residencia. La verdad es que apenas la conozco, sé que se llama Hermione, y poco más -se apresuró a añadir Draco intuyendo que la invidente pretendía sonsacarle más información.
-Descríbelos -le animó Astoria - yo también quiero verlos en mi mente.
-Mmm... pues... -volvió a mirar por la ventana y les vio todavía abrazados- Ella lleva unos vaqueros casi cubiertos por un chambergo pardo que hace juego con su pelo encrespado, y él tiene su cuerpo alto y fornido embutido en un chaleco de pelos negros, como si fuera un oso.
-¿Qué hacen? -preguntó ella en un susurro.
-Se acarician. Se abrazan. Se besan.
Astoria tenía la mente totalmente centrada en esa visión. Los ojos se le llenaron de lágrimas recordando que tan solo unos días antes de su accidente había estado en ese mismo plan con su difunto novio. En aquellos momentos tan íntimos con Ernie, ni siquiera podría imaginar que su vida iba a convertirse en un pozo sin fondo en cuestión de horas.
-¡Astoria, ¿qué te pasa?! -Draco se alarmó al ver los lagrimones de la chica recorriendo su bello rostro hasta morir en las puntas de los cabellos caoba.
-Nada. Bueno, -explicó al entender que no eran comprensibles sus palabras- he recordado; eso es todo.
Draco no quiso entrar más al trapo entendiendo a qué se refería la joven. A él también le daban ganas de llorar cuando pensaba en el pasado, aquellos tiempos en los que no tenía preocupaciones y podía permitirse minutos de descanso. Lamentablemente, esos instantes se habían acabado con la aparición de Astoria en su vida.
La mano de ella acarició su rostro lentamente, en un tierno gesto. Al llegar a sus ojos, se detuvo a analizarlos con atención. Pasó los dedos por cada pata de gallo, cada ojera, y cada arruguita que se le formaba en los párpados. Como ya venía siendo costumbre, descubrió pesar en sus emociones.
-Estás triste.
-Ya sabes que soy así -le quitó importancia Draco.
-No, no lo eres -replicó la muchacha-. Eres un chico alegre, no triste. Eres sincero, no mentiroso. Y llevas mucho tiempo ocultando lo mucho que te duele tener que estar aquí cuidando de mi.
No hay palabras para describir lo petrificado que se quedó el joven Malfoy.
-¿Qué creías? ¿que no me había dado cuenta?
El rubio se sentía abochornado. No sabía qué decir o como defenderse ante una verdad tan grande como que el sol es redondo. Prefirió dejar las cosas como estaban y zanjar ese tema que lo avergonzaba tanto.
-Por favor, Astoria, no lo hagas más difícil. Estoy aquí contigo y estaré siempre que lo necesites; eso es lo que importa.
-¿Y qué hay de lo que tú necesitas? -contraatacó ella-. Has renunciado a tu vida por mi, por una mísera ciega que no puede seguir adelante por sí misma. No es justo. Para ninguno de los dos.
-Pero es lo que nos ha tocado vivir -confesó el apesadumbrado muchacho.
-¡No, Draco! ¡Tú todavía estás a tiempo de recuperar tu vida! -le animó Astoria. La chica recapacitó unos segundos y tomó una decisión sin precedentes-. ¡Márchate de aquí, Draco! ¡Vete a disfrutar! ¡Vete al cine, vete a bailar a la discoteca, conduce por la ciudad! Haz todo lo que yo no puedo hacer y, después, vuelve para contármelo.
Por un momento, el chico pensó que su paciente había perdido el juicio de tanto tiempo encerrada en aquel centro destartalado.
-Astoria, deja de decir estupideces. Mejor aún: olvidémonos de este tema y volvamos a los ejercicios de orientación. -Pero mientras lo decía, ya sabía que la joven haría lo que le diese la gana. Así había sido desde que se habían conocido y así sería hasta el día en que se dijeran adiós.
-¡Que no! -replicó ella, tal y como se esperaba el rubio. Tanteó con las manos el aire hasta que agarró el brazo de Draco y, dándole pequeños empujones, logró sacarlo de la habitación-. ¡Vete ahora, antes de que oscurezca y ya no puedas disfrutar de lo que queda de día!
Cuando Astoria estaba a punto de cerrar la puerta para obligar a su tutor a que abandonase el lugar, el brazo de Draco se interpuso en el resquicio de la puerta y agarró la muñeca izquierda de ella.
-Ven conmigo -susurró.
Desde que había comenzado a dar sus clases de recuperación con Malfoy, jamás había imaginado que la invitaría a dejar el Centro de Educación Especial. No es que Astoria no lo desease (llevaba meses soñando con salir a la calle), pero no se sentía preparada para enfrentarse a un mundo que no estaba preparado para verla a ella. Sabía que una invidente sola por la ciudad era un blanco fácil para rateros, aceras mal pavimentadas, coches, semáforos en rojo... ¡y esto era lo menos peligroso!
Por otra parte, sabía que Draco cuidaría de ella, pero él no podía anticiparse a todos los riesgos que la acechaban. ¿Qué sucedería si un perro rabioso se abalanzaba sobre ella? 'Pues me morderá, igual que lo hará con alguien que tenga una vista de lince', recapacitó.
-¿Qué me dices? -insistió el muchacho- ¿Vienes?
Astoria sonrió como hacía mucho que no sonreía y asintió débilmente. Antes de llegar a la recepción del centro, donde se encontraba la puerta de salida, se aseguró de que Draco supiera lo que hacía.
-¿Estás seguro?
-Yo sí. Creo que estás preparada para dar un inocente paseo, como hacía la pareja de antes -recordó-. Pero lo que no tengo tan claro es si tú realmente te sientes suficientemente fuerte como para conocer el mundo de manera totalmente diferente a como lo conocías hasta ahora. Descubrirás una nueva realidad; sólo espero que no te resulte demasiado frustrante como para que se te pase otra vez por la cabeza la idea de subir al ático -Draco recordó el traumático suceso que habían tenido que experimentar y superar los dos en diciembre.
-No te preocupes por eso -aseguró ella sabiendo por dónde iban los tiros-. Aquello forma parte del pasado y te prometo que ahí se va a quedar.
Agarró fuertemente la mano del joven, como si fuera lo que sostenía su voluntad (y en parte, así era), y toda decidida se dirigió a la recepción con el rostro lleno de orgullo. Un tirón de su educador no la dejó continuar.
-Antes de salir, quiero que me prometas una cosa.
-Obedeceré a todo lo que me digas y no me soltaré de tu mano, ya lo sé.
-No es eso. -Draco pensó la forma correcta de enfocar el delicado tema que quería sacar a colación-. Quiero que tengas muy claro que esta vuelta por la ciudad es, algo así como un premio por soportarme cada día -Astoria rió ante esta afirmación-, pero que merece algo a cambio, y si no lo obtengo, ten por seguro que no saldrás de este triste lugar en muuuucho tiempo.
La chica sospechaba que las palabras del rubio no iban 100% en serio, pero aún así prestó atención.
-¿A qué te refieres? ¿Qué es lo que quieres a cambio?
-Quiero que hables con tu hermana -dijo con voz solemne.
-¿QUÉ? -Astoria no podía creer lo que acababa de oír- ¡No puedes pedirme eso! ¡Haré cualquier cosa, de verdad! Todo menos 'eso'.
-'Eso', como tú dices, es lo único que quiero a cambio de sacarte de aquí -dejó bien claro Draco-. Tú eliges; o hablas con Daphne, o nos volvemos a tu habitación.
-¿Es que no entiendes cómo me duele cada vez que veo a esa zorr...?
-¡No te permito que insultes a Daphne!
-¡¿Por qué la defienes?! -gritó la chica furiosa.
-Porque es una de las mejores personas que he conocido en mi vida. Y si hablaras con ella, te darías cuenta de que es cierto.
-Tú... no sabes... nada -Astoria trataba de retener las lágrimas en sus ojos con dificultad.
-Yo sé incluso más que tú.
El tono en la voz de Draco le decía a la ciega que realmente sabía cosas que ella ignoraba, y eso picó su curiosidad.
-¿A qué te refieres?
-Habla con tu hermana y lo descubrirás -dio por respuesta el rubio.
No hubo mayor felicidad para él cuando Astoria asintió con la cabeza suavemente, como derrotada, pero decidida a enfrentarse a su mayor miedo: la persona que suponía un recuerdo constante del maldito accidente. Daphne Greengrass.
"
Cuando Draco volvió al mundo real, se vio de nuevo en el pasillo de la residencia oyendo todavía los últimos gritos que contaban la travesura de Ginny Weasley y recordó que él no había tenido tanta suerte como la pelirroja: había suspendido casi todas las asignaturas.
¡Hola! :D
Por fin vuelven a aparecer Draquito y su alumna, y os prometo que en los próximos capítulos les veremos bastante, así que los (¿o debería decir 'las'? ;D) fans del rubio estáis de suerte! .
¡Hasta la semana que viene!
¡Un beso! ^^