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'Hermitage Road' — capítulo 29

Llegaron jadeando al hospital. En cuanto traspasaron las puertas automáticas se dieron cuenta de que habían llegado tarde.

-¡Mierda!

-¿No hemos... llegado a... tiempo? -La respiración agitada impedía que hablase a un ritmo normal.

-¿A ti qué te parece? -dijo señalando el motivo por el que estaban allí y que, en aquellos momentos las sonreía.

Las dos chicas que acababan de llegar al Centro de Salud se dirigieron hacia el joven que las esperaba en recepción con el mejor aspecto que había lucido desde que habían entrado en el nuevo año. La más baja de las dos, que parecía llevar la voz cantante, corrió hasta él y le abrazó con todas sus fuerzas.

-¡Felicidades, Rolf! -dijo frotando su ancha espalda con los brazos.

-Gracias, Luna.Ya tenía ganas de que me dieran el alta. -Agitó un papel que tenía en la mano haciendo que sonase cada vez que se doblaba.

-¿Ya lo has firmado? -preguntó la otra chica que acompañaba a Luna.

-Mierda -repitió la rubia-. Te dije que llegábamos tarde, Pansy.

-No he sido yo la que se ha tirado media hora preparándose como si fuese a ver a su novio -explicó Parkinson haciendo que ambos jóvenes enrrojeciesen levemente.

-Lo que no entiendo es por qué teníais tantas ganas de verme firmar el alta -comentó el chico cambiando de tema y alejándose de asuntos que lo perturbaban y lo avergonzaban un poco-. No es algo muy emocionante, la verdad.

-¿Que no es emocionante? ¡Es la prueba de que por fin te has recuperado!

-Y todo gracias a ti -dejó caer el muchacho mirando a la chica rubia a la que la trágica experiencia en el río le había unido tanto-. Muchas gracias por haber estado por aquí todo el tiempo de recuperación. Tus visitas eran lo mejor del día.

Luna miró al rubio confesándole muchas cosas con la mirada, pero sin estar segura de que Rolf supiese interpretar correctamente cada brillo en sus ojos.

-Bueno, ahora podréis veros en la residencia -dijo Pansy.

Rolf recordó inesperadamente a Neville y deseó haberse quedado más tiempo en el hospital. Allí, por lo menos, no tendría que ver cómo Luna le dejaba para hacer compañía a su novio.

-¿Damos una vuelta por Chester? -propuso Luna-. Antes de que tengas que irte a estudiar a todo correr.

Los otros dos asintieron recordando que Rolf había sido exculpado de realizar los exámenes de febrero durante su estancia en el hospital, pero a cambio se había comprometido a examinarse en cuanto le fuera posible. Por ello, la siguiente semana debería examinarse de todas las asignaturas, una detrás de otra, lo cual para muchos era un suicidio, pero para Rolf era una oportunidad que debía aprovechar.

El parque central de Chester era ideal para un paseo tranquilo y para disfrutar de los helados de Madame Rosmerta, pero sólo si era verano. En invierno, con un frío que congelaba los huesos, las corrientes de aire se colaban por los paseos y entre los árboles, lo que disuadía a mucha gente de pasear. Era entonces cuando el parque se quedaba prácticamente vacío y cuando se podía obtener la intimidad que algunos necesitaban. Como Draco y Astoria.

-Camina recto y a paso regular.

La chica hizo lo que su educador le decía. Comprobó con satisfacción que estaba caminando por el parque sin ayuda, y el sentir el gélido viento en su cara no era más que una muestra de que aquello no era un sueño.

Después de dar diez pasos seguidos, se detuvo.

-¿Hasta dónde quieres que llegue? -gritó para que Draco la oyera a unos metros frente a él.

-Hasta donde puedas -sonó el susurro del rubio junto a su oreja, acariciando con su aliento el lóbulo de manera que la hizo temblar imperceptiblemente.

-¿Y si me estampo contra un árbol o piso un escarabajo?

-¿De verdad crees que yo lo permitiría? -Astoria sonrió y siguió caminando bajo la atenta supervisión del Malfoy.

No lejos de allí, tres amigos paseaban recordando la experiencia de los Encuentros Deportivos. Rolf lo tenía clarísimo: no volvería a apuntarse jamás. Las secuelas de Luna eran aún peores; le resultaría imposible subirse de nuevo a una canoa y, probablemente, incluso navegar en un barco sería una experiencia desagradable. Después de oir los testimonios de los compañeros, Pansy se alegró de que sus padres no la hubiesen dejado quedarse en Chester; las vacaciones en las Islas Canarias habían sido más cálidas y menos peligrosas que los deportes. Había echado de menos a Draco y casi sufre un infarto al entrarse de que algunos de sus amigos habían estado a punto de morir ahogados. Por suerte, más adelante le dijeron que Draco se había librado del hospital porque había abandonado el campeonato a mitad de semana para ayudar a una amiga. 'Ya sé muy bien qué amiga es esa', pensó con rencor. Ese sentimiento pasó a manifestarse físicamente cuando a lo lejos oyó unas risas y descubrió con sorpresa a su chico favorito junto a la ciega.

Miró a Luna y a Rolf y les vio felices, recordando los buenos momentos que se habían sucedido durante las dos semanas de intensa competitividad, que también existían.

-Chicos, me tengo que ir, que le había prometido a mi madre conectarme a las cinco para chatear con ella. Os veo en 'Hermitage Road'.

Después de que la pareja rubia se hubo despedido de ella, Pansy salió del parque, dio un rodeo y volvió a entrar por otra puerta para encontrarse con Draco.

-Jajajaja ¡Para Draco, por favor! Jajajaja

-Adivina... -le propuso él.

-¡No lo sé!

-Entonces tendré que volver a dejar que lo averigües. -Volvió a pasar la hoja de menta por el cuello de Astoria, haciendo que ésta no pudiera aguantar las cosquillas y rompiese a reir.

-En serio, Draco ¡No puedo adivinar qué tipo de hoja es! -dijo entre risas- Si me la pasases por la cara, tal vez podría concentrarme más.

-No, no, que entonces lo adivinarás por el olor. Esta vez quiero que desarrolles el tacto -y volvió a arremeter contra el cuello de la joven.

Entre risas los encontró Pansy, quien no pudo evitar que unos celos terribles la dominasen por unos segundos. En seguida se arripintió de ello; sabía que Draco jamás se fijaría en una ciega ('¿quién lo haría?', pensaba); sin embargo, no podía evitar que la rabia la inundase cuando tenía en cuenta la cantidad de horas que aquellos dos muchachos pasaban juntos. Esos preciados minutos eran los que el rubio robaba del tiempo que dedicaba a Pansy, lo que no era justo para ninguno de los tres.

-¡Draco!

El chico se giró al reconocer la voz.

-¿Qué haces aquí, Pansy?

-Estaba paseando con Luna y Rolf, que ya ha salido del hospital.

-¿Ah, sí? Me alegro -respondió sinceramente el chico-. Te presento a Astoria Greengrass. Astoria, ésta es Pansy Parkinson.

Cogió las manos de la recién llegada y se las pasó a la invidente para que hiciese el reconocimiento que le había enseñado. Pansy se dejó manosear obedientemente.

-Así que tú eres la famosa Pansy -dijo Astoria una vez que soltó las muñecas de la morena-. Draco me ha hablado mucho de ti.

'¿En serio?'; las palabras de la chica de pelo caoba sonaron como música celestial para los oídos de Pansy.

-Espero que te haya dicho cosas buenas.

-Creo que no conoce nada malo tuyo -confesó Astoria con una sonrisa.

Pansy miró a Draco ruborizada, esperando que el chico afirmase o desmintiese lo que acababa de oír, pero el joven no parecía tener intención de regalarle los oídos porque permaneció callado. Por eso, fue Pansy la que le instó a hablar.

-¿Es cierto eso?¿Hablas mucho de mi? -dijo coquetamente.

-Bueno, quien dice mucho, mucho... te habré mencionado en un par de ocasiones nada más.

Astoria se echó a reir.

-¡Un par de ocasiones dice! Pansy, tú ni caso. Créeme; Draco te tiene mucha estima y te considera una de sus mejores amigas.

La morena sonrió encantada, hasta que escuchó al rubio.

-No te lo tomes a mal, Pansy -comenzó-, pero es que nos has pillado en mitad de una sesión educativa y no puedo estar pasando el rato, sino que tengo que enseñar unos ejercicios y, para ello, me resultaria más fácil que no estuvieras delante porque me distraes.

Parkinson abrió mucho los ojos. No sabía si la estaba echando sutilmente o si debía quedarse con algunos puntos clave de la frase como 'no te lo tomes a mal' o 'me distraes', que demostrarían que realmente la quería a su lado.

-Oh, Draco. Déjala tranquila -le pidió Astoria- Además, podríamos practicar con ella, ¿no te parece?

-No. -El chico fue tajante en ese punto-. De hecho, dentro de poco va a empezar a oscurecer y tenemos que volvernos al Centro Educativo.

-Pero, ¿qué dices, Draco? -replicó Pansy- ¡¿Cómo va a oscurecer si no son ni las cinco de la tarde?!

Él permaneció callado.

-Mira, si no quieres que esté aquí, que esté contigo o que me meta en tu trabajo con Astoria, me voy -sentenció-, pero no te inventes excusas ridículas y mucho menos la obligues a volver al Centro por mi.

Se levantó un poco enfadada y marchó a todo correr antes de que la viesen llorar.

-¿Se puede saber a qué ha venido esa actitud? -increpó la invidente una vez que la morena se hubo marchado-. ¿Por qué has sido tan desagradable con ella?

El chico suspiró.

-No lo sé... Creo que llevo tanto tiempo haciendo mi vida contigo, que repelo a cualquier otra persona que pretenda acercarse a ti.

Astoria se quedó totalmente paralizada. Sabía que Draco había renunciado a muchas cosas por estar con ella, pero lo último que quería era que perdiera a sus amistades porque toda relación humana perdida es muy difícil de recuperar, suponía ella pensando en su hermana Daphne.

-Deberías alejarte un tiempo de mi, entonces. -No pudo evitar que su voz estuviese teñida de pena.

-Ya hemos hablado de eso -recordó el chaval-. El problema es mio, no tuyo.

-Pero tú siempre has hablado maravillas de Pansy y la acabas de tratar como una mierda.

-Es inevitable que me aleje un poco de mis antiguas amistades si ya no paso tanto tiempo con ellas.

-Tu reacción con ella no ha sido para nada amistosa -le recriminó ella-. ¿Tú sabes lo que duele que alguien a quien amas te quiera mantener alejada?

El rubio la miró intensamente.

-¿Alguien a quien querías no te correspondió? -preguntó incredulamente. Al fin y al cabo, Astoria era una chica de una belleza sublime; le resultaba increíble pensar que algún hombre no la hubiera querido junto a él.

-¡No estaba hablando de mi! Me refería a Pansy.

-No es que me importe mucho, pero ¿cómo sabes que ella está enamorada de mi?

-No necesito poder ver sus ojos para saber que brillaban intensamente al mirarte. -Sonrió levemente-. Su tono de voz demostraba auténtica devoción, Draco. Está coladita por ti.

-Pero yo no la correspondo por igual -aclaró él-. Tal vez lo mejor sea que se lo deje claro, aunque es muy raro que no lo sospeche ya. Jamás he tenido ninguna actitud romántica hacia ella.

-Si no vuelve a salir el tema entre los dos, déjalo pasar -le aconsejó-. Pero si vuelve a intentar ligar contigo como hace un rato, explícale que no estás interesado en ella. ¡Sé delicado, por favor!

Draco sonrió ante la preocupación que Astoria demostraba por Pansy, cuando apenas la conocía de nada.

-Te lo prometo. -Antes de que terminara la frase, un pitido le avisó de que había recibido un mensaje al móvil. Lo leyó en alto para que Astoria fuera partícipe de él.

"

De

Pansy Parkinson:

Siento muxísimo aber interrumpido tu trabajo con esa pobr ciega

Spero k podams kedar cuand tengas unos minutos librs y recuperar el cariño k aún t tngo

Con amor

"

Los dos chicos se quedaron sin saber qué decir; Astoria sonrió al comprobar que había acertado en cuanto a los sentimientos de la morena, y Draco tuvo que aceptar que la charla con Pansy llegaría antes de lo que planeaba.


¡Hola lectores! :D

Antes que nada, quiero pedirle a Ilki que deje de saltar por las nubes junto a Rolf y regrese al mundo real. ¿Ya? XD

Bien, aunque en estos capítulos y siguientes voy a dejar zanjados temas importantes concernientes a Draco y Astoria, en el siguiente capítulo volveremos a encontrar a Ron y Neville haciendo de las suyas y a muchos de los compañeros de la residencia, así que no os preocupéis si echáis de menos a otros personajes, porque que acaban apareciendo.

¡Hasta la semana que viene! (¡que es el día del estreno de HP7 en Españaaaaaa!) ;DDDD

¡besos! ^^