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'Hermitage Road' — capítulo 34

Hermione se levantó cinco minutos después de que la estridente alarma del móvil la sacase de sus sueños, que en aquel momento no estaban siendo para nada dulces. Desde que se había enterado, hacía tan solo seis días atrás, de la inminente llegada de Lavender a 'Hermitage Road', apenas podía pegar ojo. Se levantaba cada día temiendo encontrársela por los pasillos; cada hora se asomaba a la ventana de su habitación por si veía a la chica en el patio (a pesar de ni siquiera conocer su rostro). Se había llegado a obsesionar tanto con el tema que, casi una semana más tarde, seguía teniendo pesadillas con Ron y su follamiga montándoselo en su habitación, restregándola por la cara lo bien que se lo pasaban juntitos...

Ni la intranquilidad de Ginny, que aseguraba no temer encontrarse con, palabras textuales, "el maldito hijo de puta que me destrozó el corazón", pero que seguía alerta por si acaso; ni la tristeza contagiosa de Pansy, que deambulaba como un espectro por los pasillos desde que Draco la había "abandonado por la mierda de ciega"; habían logrado evitar que Hermione se convirtiese en un manojo de nervios inaguantable. De hecho, incluso Viktor había hecho todo lo posible por alejarse de su novia hasta empezar el segundo cuatrimestre en la universidad, día que acababa de llegar.

Se vistió deprisa y sin ganas (ni se dio cuenta de que el conjunto que se había puesto no pegaba ni con cola), se peinó con un par de pasadas de los dedos por sus mechones que apenas consiguieron desenredar sus bucles rebeldes, y dejó el bolso cerca de la puerta para recogerlo después de bajar a desayunar, cosa que hizo sin siquiera maquillarse levemente, como era su costumbre.

Nadie habría imaginado que Hermione pudiese aparentar veinte años más en menos de una semana. Pero lo cierto era que la chica de grandes ojeras y rostro cenizo era la misma Hermione Granger que hacía tan sólo ocho días atrás había sido la alegría del pueblo por su recién estrenado noviazgo. Por eso, la reacción de Winky cuando vio a la muchacha que acababa de entrar al comedor fue perfectamente normal.

-¡Nena! -la llamó. Hermione acudió junto a ella y la ayudó a reponer galletas de chocolate-. Cada día estás más paliducha, ¿eh?

-Será un virus -mintió ella, sabiendo perfectamente que su enfermedad tenía nombre de licor.

Winky empezó a llenar la bandeja de la joven sin que ésta se lo pidiera.

-No me llenes de comida, que no tengo apenas hambre...

-Calla, calla -la cortó la pequeña mujer mientras añadía otras dos ricas magdalenas a la bandeja-. ¡Que te vas a quedar 'anorésica' perdida!

Hermione sacudió la cabeza divertida y se volteó para buscar una mesa en la que sentarse. Rolf la saludó agitando la mano en la que sostenía su croissant mordisqueado. Antes de dirigirse a donde el adormilado rubio, Winky, que estaba a punto de volver a las cocinas, la hizo una última observación, no del todo oportuna.

-Oye, no estarás fumando hierbas raras, ¿no?

La muchacha agachó la cabeza y voló hasta la mesa de Rolf, donde trató de frenar el súbito enrojecimiento de sus mejillas ante la ocurrencia de la fea trabajadora.

Llevaban un cuarto de hora juntos, pero ninguno había pronunciado palabra por el cansancio acumulado. Claro que nunca se puede estar tranquilo con una pecosa pelirroja en la vida.

Ginny apareció más radiante que nunca por las puertas del comedor. Al verla, Hermione se dio cuenta de que se habían invertido las tornas entre ellas dos: hacía unos días, Ginny estaba desolada y necesitada de consuelo, mientras que Hermione se había prometido no dejar que la conocida de Ron influyese para nada en su vida. Sin embargo, en aquel momento, al contemplarse así misma reflejada en la ventana, se dio cuenta de que la que iba a necesitar todo el apoyo del mundo iba a ser ella.

-¡Buenos días, chicos!

-Hola Ginny -saludaron al unísono Rolf y Hermione.

-¿Has visto a Luna? -le preguntó el rubio a la recién llegada.

-Creo que sigue en su habitación, durmiendo -comentó la Weasley-. Últimamente parecía cansada.

Rolf dio un otro mordisco a su croissant y, dando por terminado su desayuno, se levantó. Tras despedirse rápidamente de las dos amigas fue en busca de Luna.

-¿Y a ti qué te pasa?

Hermione movió negativamente la cabeza, quitando importancia al asunto.

-Tienes mala cara.

-Eso ya me lo han dicho casi todos.

-Pues tal vez deberías escuchar a alguno -la aconsejó Ginny.

Sin embargo, Hermione había dejado de oírla a mitad de frase. Por la puerta del comedor había aparecido el pelirrojo de sus sueños, ése que aparecía en sus pesadillas de la mano de otra. Intentó recomponerse un poco para que Ron no viera la cara de muerta que tenía aquella mañana, pero no le dio tiempo. Casi de inmediato, el chico había captado a Hermione de entre toda la multitud y se le había quedado mirando. Por la cara que había puesto, la joven Granger se dio cuenta de que sus ojeras debían ser bastante más profundas de lo que ella se pensaba.

La decisión en los ojos azules de Ron era una evidencia. Quería acercarse hasta Hermione, quería llegar a donde ella y recomponer de alguna manera aquel bello rostro. Quería levantar el velo de tristeza que cubría la mirada de la chica que más le había importado en la vida. Sin embargo, antes de dar un solo paso hacia Hermione, una voz inesperada le llamó desde la sala.

Era una voz que todavía le perseguía en sus peores sueños, en los momentos en los que andaba más cabizbajo. Más que una voz, era como un pitido. Un sonido agudo e inolvidable. Y supo que, a partir de entonces, las cosas se iban a poner feas en 'Hermitage Road'.

Aunque la voz de aquella rubia le ponía enfermo, se alegró sobremanera al verla por allí. Era su oportunidad de demostrar a Hermione lo que se estaba perdiendo cada vez que acudía a la llamada de Vicky. Era la única forma que se le había ocurrido para recuperar a la chica de pelo revuelto; ponerla celosa. No sabía si funcionaría, pero rezaba cada noche porque así fuese.

-¡Ron! -repitió la voz. Él se giró y desapareció del comedor con un '¡Hombre, Lavender!' que escuchó la totalidad de los estudiantes que se encontraban en la planta baja.

Dos muchachas, una junto a la otra, una de rostro jovial y la otra de expresión demacrada, una pelirroja y otra de cabellos color miel, se tensaron a más no poder. 'Ya está aquí', pensaron al unísono, aunque cada una pensaba en personas distintas.

Hermione no sabía si quedarse quieta o salir del comedor a conocer a la joven que durante un tiempo (y sospechaba que también en un futuro cercano) se había estado acostando con el amor de su vida. Miró el plato de comida que tenía delante y supo que si probaba un miga más de magdalena, vomitaría. Planeó quedarse sentada con su amiga hasta que hubiese pasado el ajetreo en la sala por los recién llegados, pero al alzar la mirada descubrió con sorpresa que Ginny se había fugado. Viéndose sola en la mesa, la curiosidad empezó a hacer mella en ella. Quería concerla; necesitaba mirar a la cara a esa tal Lavender y ver qué es lo que buscaba Ron en una mujer. No para imitarla, sino para tener una buena razón por la que olvidar al pelirrojo.

Se había refugiado en el primer sitio que había pillado. No podía salir a la sala porque se encontraría de frente con él, y tampoco podía quedarse en el comedor porque las lágrimas rodando por sus ojos alertarían a todo el mundo. Mientras buscaba una ventana abierta por la que saltar al jardín y escabullirse, se fijó en que Winky había salido corriendo del comedor presa de la curiosidad por conocer a los nuevos estudiantes. Muchos residentes que un segundo atrás desayunaban tranquilamente, habían hecho exactamente lo mismo que la jefa de cocina. A su pobre marido, por el contrario, le había tocado encargarse de reponer las dos largas mesas del buffet sin ayuda de nadie, por lo que Dobby tenía los ojos puestos en mil cosas y no podía vigilar quién entraba en la cocina.

Dos minutos más tarde, se había visto así misma entre fogones llorando copiosamente y sin sentido. Sabía que llegaría ese día y que llegaría él. Se había estado preparando para entonces, pero cada sonrisa, cada pensamiento positivo había sido una mentira. En su interior estaba aterrada y sus verdaderos sentimientos se habían demostrado en aquel momento, cuando la voz de Lavender había traido a su memoria situaciones, momentos y sensaciones que el paso del tiempo no había conseguido borrar, sólo habían quedado relegados a una parcela de su alma y de su memoria que habían estado censuradas hasta entonces, pero que ahora volvían a surgir a borbotones.

Movía la cabeza al ritmo de la música de su mp3 nuevo. Había conseguido el aparato casi regalado porque en la tienda de electrónica estaban deseando retirar los dispositivos desfasados para hacer hueco a los fabulosos mp4s y Ipods. Probablemente por eso le tenía tanto cariño, aunque apenas podia utilizarlo. Trabajaba duro metido de lleno en las cocinas y sus entrañables jefes no le permitían ponerse los auriculares mientras trabajaba. Sin embargo, hacía un rato que Dobby y Winky no se dejaban caer por la zona de fogones, por lo que aprovechó para escuchar el último tema de Jason Derülo.

Mientras freía las tortitas que los compañeros de residencia se comerían minutos más tarde, una sombra blanca se reflejó en las cucharas soperas y los cuchillos jamoneros que tenía justo delante. Se giró asustado pensando que le esperaba una bronca de aúpa por encender el mp3 en horas de trabajo, pero quien se había colado en las cocinas no era ninguno de sus propietarios, sino una chica pecosa que le volvía loco.

-Ginny... -dijo sin podérselo creer del todo-. ¿Qué haces aquí?

La chica alzó el rostro al verse sorprendida. Medio segundo más tarde se dio cuenta de su error: la cara que puso Dean al ver sus lágrimas rodando mejillas abajo fue de alarmismo total.

-¡Ginny! ¿Estás bien? ¿Te pasa algo? ¿Qué hago? -Estaba deseando abrazarla, pero le parecía demasiado atrevido, y él nunca se había caracterizado por ser un chico lanzado.

-N... no, no ha.. gas nada -pidió la muchacha hipando suavemente.

Dean se sentó junto a ella sin importarle las tortitas que se le quemaban en la vitrocerámica. En un momento de súbito ataque de bravura acarició el dorso de las manos de Ginny, aunque se moría de ganas de coger sus manos y nunca soltarlas. Para su sorpresa, fue Ginny la que se acercó más a él y se acurrucó contra su cuerpo, mientras se calmaba. Mantuvieron esa postura unos minutos más.

-¿Me puedes dar un vaso de agua, por favor?

-Claro. -Dean se levantó como si le hubieran pinchado y corrió a satisfacer los deseos de su princesa particular.

-Gracias -comentó Ginny cuando refrescó su boca y consiguió deshacer el nudo que tenía en la garganta.

-De nada.

La chica Weasley se enterneció con el joven aprendiz de cocinero de la residencia. Dean siempre estaba allí para ella cada vez que necesitaba un amigo, un abrazo, alguien que la escuchara o que le diera algún consejo... en cambio, ella apenas se acordaba de él ni se acercaba a las cocinas para saludarle.

-Eres una persona magnífica, Dean -reconoció Ginny. Thomas, por su parte, trató de sofocar el calor en su rostro que denotaba una rojez repentina camuflada bajo su oscura piel- ¿Quieres que te cuente lo que me pasa?

-Sólo si tú quieres contármelo.

-¿Qué sabes de mi vida pasada? -preguntó de repente.

-No mucho -confesó él.

-Y es mejor que no sepas mucho, no quiero aburrirte con historias absurdas -explicó ella-. Pero tal vez en alguna ocasión te hayas preguntado por qué no he salido con nadie desde que me conoces.

-Sinceramente, nunca me he preocupado por eso. -Y era verdad. Lo único que le había atormentado sobre Ginny eran los posibles pretendientes que pudiesen conquistarla, como el chico Potter; el resto le era indiferente.

-Lo cierto es que la última vez que me enamoré me sentí tan traicionada que he tratado de desterrar de mi vida el amor en un sentido romántico. En un sentido de pareja.

-Eso es horrible -susurró el joven.

-Es la manera que tengo de no sufrir. Amar implica sufrir, Dean. Y ahora no tengo fuerzas para lidiar con otra relación que me pueda hacer volver a hacer daño.

-Entiendo. Aunque ya sabrás que esa postura no la vas a poder mantener eternamente. Nadie puede estar toda su vida sin amar. -Dean tuvo que hacer de tripas corazón y no compadecerse de su situación personal: estaba enamorado de alguien que luchaba con todas sus fuerzas para no enamorarse-. ¿Y qué tiene que ver eso para que irrumpas aquí llorando a mares?

-La persona que me traicionó acaba de llegar a la resi.

-¿Qué?

-Lo que oyes. Va a quedarse todo el cuatrimestre en 'Hermitage Road' -aclaró Ginny-. ¿Te das cuenta de lo que eso significa? Tendré que verle todos los días en la sala, a la hora de comer, en la universidad, en la discoteca...

Antes de que el joven Thomas pudiera siquiera expresar el horror que suponía lo que la pelirroja acababa de relatar, la entrada a las cocinas se abrió con un chirrido y una figura encapuchada interrumpió la charla entre los dos compañeros.

-Ginny... ¿estás aquí? -susurró la persona encapuchada que, además, llevaba un chubasquero que chorreaba agua. Las baldosas de su alrededor pronto quedaron mojadas por las gotas que se desprendían del trozo de plástico que se había echado sobre los hombros.

-¿Quién me busca? -preguntó la chica recelosa mientras se levantaba del suelo. Aquella voz grave y ronroneante la ponía nerviosa.

El encapuchado se acercó a uno de los focos de luz y se quitó el impermeable para que fuese totalmente reconocible. Ginny notó como su corazón se paraba durante unos segundos.

Todo su cuerpo parecía rígido, y cuando Dean se acercó a ella para protegerla del joven que acababa de dejarse ver, notó que las manos de la chica se habían quedado súbitamente heladas.

-¿Quién eres tú? ¿Qué quieres de Ginny? -preguntó bruscamente al desconocido.

-Su hermano Ron me dijo que estaba en el comedor y, como allí no la encontré, me colé por la primera puerta que encontré. ¡Casualidad que estaba aquí metidita! -confesó casi riéndose-. Sólo quería saludarla. Ahora vamos a ser compañeros de residencia y me gustaría recuperar la amistad que teníamos antes de... -se quedó como ido-; bueno, la que teníamos antes.

Dean no sabía qué decir. Suponía que, si dos amigos de toda la vida se acaban de reencontrar, como decía el chico, debería dejarles intimidad; pero algo en la expresión corporal de Ginny, algo en la mirada castaña de la chica le decía que ella no estaba nada contenta de verle. '¿No será éste el que traicionó a Ginny? Ella ha dicho que venía a la residencia...', pensó acertadamente.

Dean ni siquiera pudo preguntárselo a la interesada ya que ésta se escapó a todo correr de la estancia, para asombro de los dos chicos.

-¡Ginny, espera! -gritó el recién llegado.

-¡No, déjala! -saltó Dean. Para asegurarse de que no la seguía, agarró al chico del brazo-. ¡Escapa de ti!

-¿Y tú que sabes? -replicó el desconocido.

En ese momento, Dobby y su mujer aparecieron muy enfadados.

-Si es que sabía que no podía dejarte solo... -dijo Winky sin saber del todo si la frase iba dirigida a su marido o a su empleado.

-¿Se puede saber qué demonios está sucediendo aquí, Dean? ¿Por qué están las mesas sin nada de bollería? -preguntó furioso el cocinero jefe-. ¡Vuelve a los fogones de inmediato!

Winky vió los alimentos quemados sobre la sartén y se echó las manos a la cabeza.

-¡Las tortitas! ¡Has destrozado la masa!

-Lo... lo siento -contestó el bedel avergonzado. Se había olvidado de su trabajo desde que Ginny había aparecido en la habitación.

-¿Que lo sientes? -repitió Winky enloquecida-. ¡Más lo vas a sentir cuando cubras los daños con tu sueldo!

-No, por favor, Winky -suplicó Dean-. ¡Sabes que necesito el dinero!

-Eso haberlo pensado antes de destrozar mi negocio -replicó la mujer al borde de las lágrimas-. ¡Todo el género de tres días tirado por la borda! Nos hemos quedado sin pasta y sin crema pastelera, al menos hasta que podamos reponerlas... ¡y a saber cuándo será eso!

-No te preocupes cariño, estoy seguro de que si llamamos a Nick, nos podrá traer más material para antes del lunes.

-Ahora mismo me pongo a hacer chocolate caliente para los estudiantes -propuso el aprendiz de cocina tratando de solucionar el embrollo.

-Si quieres hacer algo útil, empieza limpiando el suelo de la cocina, que está mojado.

-Ha sido éste -señaló Dean al joven que continuaba junto a él.

Los dueños de la cocina miraron al otro chico con desconfianza. 'Me da muy mala espina', pensó interiormente la mujer.

-¿Y tú quién eres? ¿Qué haces aquí? -quiso saber Dobby-. ¡Si estás empapado!

-Perdónenme, es que afuera está lloviendo. -El joven se dirigió a la salida-. Si tienen que pedirme responsabilidades por algo... porque he interrumpido su trabajo o algo, me hospedo aquí, así que pregunten a Filch por Seamus Finnigan. Él sabrá encontrarme.

Era mucho peor de lo que pensaba: alta, atlética, guapa, con un par de tetas bien puestas, unas piernas de infarto, cara redondita, ojos muy expresivos y bellos y una sonrisa que parecía iluminar el mismo sol. 'No hay manera de competir con ella', supo Hermione. Se había imaginado a Lavender un millón de veces; había tratado de recrearla a partir de los gustos de Ron, pero ahora comprobaba que no se había acercado a la verdad ni por asomo. Lavender era mil veces más... 'puta'. 'Tiene todas las papeletas para ser la típica calientabraguetas de película americana'.

No se había dado cuenta de que la recién llegada estaba realizando la ronda habitual de saludos y besos hasta que se plantó frente a ella.

-Y esta chica tan... -'demacrada', estuvo a punto de decir Lavender-, tan... multicolor. -Todos los estudiantes miraron fijamente la horrible combinación de colores que lucía Hermione-. ¿Quién es? -preguntó a Ron, que también miraba a la de cabellos indomables, pero con tristeza.

-Hermione Granger -contestó secamente el pelirrojo.

-Encantada, Hermione. Yo soy Lavender Brown. -La rubia oxigenada se aproximó a Hermione y le dio dos besos a modo de saludo. Hermione contuvo las ganas de vomitar lo mejor que pudo-. Estoy segura de que seremos grandes amigas.

La chica Granger necesitaba gritar. Gritar y llorar fuertemente. Y sacudir a Ron suplicándole su amor. Sin embargo, no hizo ninguna de las tres cosas porque, primero y ante todo, se había prometido mantener la compostura como si no pasara nada. Estaba intentando olvidar a Ron, y de repente aparecía la muchacha que la iba a ayudar a lograrlo. Todo estaba bien. Aquella misma mañana volvería a ver a Viktor y juntos mostrarían su amor ante todos, incluidos aquel pelirrojo y aquella rubia que hacían muy buena pareja.

Por ello, sólo se le ocurrió contestar:

-Sí; yo también lo creo.


¡Hola! :D

Llegó el gran día  ¡por fin aparece Lavender! (sé que la echábais de menos!) jajaja****Bueno, apartir de ahora tendréis tiempo suficiente para odiarla tanto como queráis ;)

¿Y Seamus? ¡Confesádlo! ¿Cuántos de vosotros os imaginábais que él era la pesadilla viviente de nuestra querida Ginny? Y no será por falta de pistas, porque no conozco pista más grande que la fotografía de Finnigan en la portada del fic desde el principio de los tiempos... =P

¡Hasta el viernes que viene, pichoncitos! -

¡Muchos besos! ^^