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'Hermitage Road' — capítulo 35

Tocó suavemente con los nudillos la puerta de la habitación que tenía delante. No oía ningún ruido en su interior, lo que no era para nada sorprendente ya que Ginny acababa de decirle cinco minutos atrás que su amiga estaba dormidita.

Precisamente porque Luna no estaba en condiciones de atender a nadie, las ganas de verla recostada sobre su mullida cama habían sido un imán para sus deseos. Desde el día del accidente con las piraguas, o quizá desde antes, había empezado a sentir un cariño indescriptible por aquella mujer de carácter duro y melena platina, pero no había sido hasta volver a la residencia cuando aquellas sensaciones se habían manifestado en él sin control alguno.

Su compañera de residencia no respondía a sus llamadas sonoras ni verbales, por lo que, echando mano de un viejo truco que había tenido que utilizar reiteradamente en el pasado (para verguenza suya) consiguió abrir la puerta de la habitación de Luna con la ayuda de una horquilla deformada como ganzúa que siempre llevaba consigo.

La visión que tuvo de ella era incluso mejor de lo que había imaginado. Luna se encontraba enterrada entre las mantas con la almohada a un lado, donde apoyaba su rostro y a la que, a la vez, abrazaba fuertemente. Las sombras y la oscuridad de la habitación perfilaban el contorno de su cuerpo bajo las sábanas, solo visible gracias la luz proveniente del pasillo. Rolf no pudo contenerse y sacó una foto de aquella visión tan agradable para la vista con la cámara que incorporaba su teléfono móvil. El flash que iluminó la habitación fue intenso e impactó de lleno en el rostro de Luna, lo que hizo que la chica despertase a los pocos segundos.

Rolf maldijo por lo bajo su despiste. '¡Mierda! ¡Puto flash!', se lamentó demasiado tarde. Guardó el móvil mientras Luna se restregaba los ojos con sus puños para eliminar la somnolencia que nublaba su enfoque ocular.

-¡¿Rolf?! -Luna se incorporó de la cama como si de un resorte se tratara. Casi de inmediato volvió a cubrirse entera cuando recordó el absurdo camisón que llevaba puesto: uno muy viejo que le habían regalado hacía años por la suscripción a una revista infantil y que, por su puesto, llevaba la marca de la empresa plasmada en la tela junto a un estampado horrible-. ¿Qué haces aquí? -Se aclaró la voz, que sonaba un poco ronca-. ¿Cómo has entrado?

-Temía que te olvidaras de que tenemos clase y que deberías levantarte -se justificó él. De paso, sacó la horquilla, a la que no se le resistía ninguna cerradura, para que Luna entendiera su misteriosa aparición.

-Tenía el móvil programado para que sonara justo -una música animada y aguda procedente del aparato interrumpió su frase-... ahora.

-Menuda birria de alarma que te has puesto -comentó el chico una vez que Luna apagó el modo despertador-. Tendré que pasarte una lista de canciones que merecen la pena, en vez de la bazofia ésa.

-¡Hey! No te metas con mi música, Rolfy.

El chico frunció el ceño al escuchar el sobrenombre que Luna le acaba de adjudicar gratuitamente, pero lo dejó pasar, a pesar de que no le traía recuerdos agradables.

-Te dejo que te vistas y te veo abajo para coger el autobús juntos, ¿vale?

-De acuerdo -contestó ella mientras su amigo salía de la habitación.

Cuando el rubio ya había desaparececido de su campo de visión, recordó algo.

-¡ROLF!

Él regresó a su lado de inmediato.

-¿Qué?

-Se me había olvidado... He quedado con Neville para que me lleve a la uni en su moto -comentó apenada. La verdad es que le sentaba muy mal dejar plantado a Rolf.

-Ah... -El muchacho se sentía un tanto idiota. '¿Cómo se te ha podido olvidar el "maravilloso" novio de Luna?'-. No te preocupes; ya iremos juntos otro día. Te veo en clase.

-Hasta luego.

'He quedado con Neville...', resonaba una y otra vez en su cabeza mientras bajaba las escaleras de 'Hermitage Road'. Al principio no había creído las palabras, las había considerado inverosímiles; sin embargo, en cuanto había abandonado la habitación de Luna, entendió que la rubia no le acompañaría a clase ese día, en contra de su deseo. Ella ya estaba comprometida y Rolf se dio cuenta de que ese compromiso no acababa aquella misma mañana. Neville seguía siendo el novio de Luna y por ello, tenía privilegios con los que Rolf sólo podía soñar.

Iba tan ensimismado que no se dió cuenta de la pelirroja que pasó corriendo junto a él y se metió en la misma habitación de la que acababa de salir él hacía medio minuto.

Estaba en el baño cepillando su larga cabellera casi albina cuando la puerta de su habitación se abrió y oyó unos pasos dentro.

-¿Te has olvidado de algo, Rolf?

Mas no era el chico quien estaba en el umbral de su cuarto, sino su mejor amiga con el rostro desencajado y con ronchones cubriendo su pecoso rostro por las lágrimas que había derramado a mares.

-¡Ginny! ¿Qué te pasa?

-Ha venido, Luna.

-¿Ha venido, quién?

-Seamus.

Luna entendió enseguida el estado de nerviosismo de la pelirroja. Se había enterado de toda la historia la misma tarde en la que regresó con Rolf del hospital (se acordaba de ello porque aquel beso que él le había regalado seguía ardiendo en su mejilla). Entonces, la actitud de su amiga era muy parecida a la actual. La condujo hasta su cama ya echa y la sentó en el mullido borde.

-Conque está aquí... -murmuró-. De todos modos, Ginny, ya sabías que vendría. Tendrías que haberte echo a la idea de que acabarías encontrándote con él.

-¡Lo hice! Pero creo que en el fondo tenía una pequeña esperanza de que al final decidiese no acompañar a Lavender.

-¿Lavender? Ahora sí que me he perdido -confesó Luna-. ¿Quién es ésa?

-Es una amiga íntima de Ron. -Luna alzó una ceja y Ginny corrigió rápidamente-. Sí, "muy íntima".

Físicamente es como tú, pero en versión guarra.

La joven Lovegood rompió a reír.

-Menos mal que ese imbécil no ha hecho que pierdas tu sentido del humor, Ginny.

-Eso nunca -aseguró ella-. Es el gen Weasley.

Las dos amigas se quedaron calladas unos segundos, hasta que el silencio empezó a ser incómodo.

-En fin -suspiró Luna-, no puedes esquivarle eternamente. Cuanto antes le hagas frente, mejor.

-¡No puedo! Cuando le veo, siento que me ahogo -confesó Ginny-. Creo que estos días no voy a ir a clase.

-Ay, Ginny, no digas bobadas. No puedes quedarte encerrada para no saber nada de Seamus porque podría venir y encontrarte. Si estás en la universidad es mucho más difícil que le veas. ¿Va a tu facultad?

-No; por lo que sé estudia Administración y Dirección de Empresas. Tienes razón -reconocíó la pelirroja-. Y por eso, voy a estar en el campus el máximo número de horas posible. Cogeré cada día el bus de las siete de la mañana y volveré en el de las nueve de la noche. Desayunaré, comeré y cenaré allí. ¡Es perfecto!

-Es estúpido -insistió Luna-. Y no voy a dejar que lo hagas. No puedes cambiar tu vida de la noche a la mañana porque te asuste encontrarte con un ex.

-Pues no sé cómo piensas hacer para impedírmelo...

-¿Que no? Se lo diré a Harry -propuso la rubia-. Ya verás como él hace lo imposible por que desistas de tus locas ideas.

-Harry tiene cosas más importantes que hacer que ocuparse de mi.

-Puede. Pero, ante todo, no hay cosa más importante para él que tú, digas lo que digas y pienses lo que pienses -dejó caer Luna al ver que Ginny estaba a punto de replicar sus palabras.

De pronto, llamaron a la puerta y una voz grotesca y ruda sonó al otro lado.

-Luna, ¿estás ahí?

Sin esperar contestación, un chico alto y ancho de hombros entró en la habitación de la rubia.

-Tienes la puerta rota. No cierra bien -explicó él cuando encontró a las dos chicas sentadas en la cama. 'Mierda de Rolfy', pensó Luna al acordarse de que él había sido quien había forzado la cerradura hacía unos minutos atrás-. Hola, Ginny.

-Hola, Neville -respondió la pelirroja de forma seca y cortante-. Bueno, yo me voy, Luna. Te veo en la sala después de clase, ¿vale? -Guinó un ojo a la rubia dándole a entender que la iba a hacer caso y que no iba a dejar que Seamus la afectase tanto como para cambiar sus rutinas y horarios.

-Vale. Hasta la tarde, Ginny -se despidió la muchacha rubia mientras veía cómo la chica Weasley abandonaba su habitación. Acto seguido, se volvió hacia su novio-. Voy un momento al baño y ahora bajo contigo. Me compraré algo para desayunar en la cafetería del campus.

-No pierdas el tiempo maquillándote, que no vas a mejorar -soltó Neville-. Mira, te espero abajo, en la moto. De paso, le digo a Filch que te arregle la puerta.

-¿Y si no la tengo lista para esta noche? -se preocupó de pronto Luna-. No puedo dejar la habitación abierta y desprotegida.

-Si entornas completamente la puerta, parece que está cerrada. Además, ¿quién coño va a querer robarte nada?

-¿Y cómo diablos duermo esta noche?, ¿eh?

-Vente a mi habitación -sugirió Neville. Después, sonrió maliciosamente-. Aunque no te aseguro que vayamos a dormir mucho...

Luna sacó su cabeza por la puerta del baño y mostró una sonrisa picarona.

-Eso no me preocupa.


¡Hola, fieles lectores! :D

Pobre Rolfy... para cuando se da cuenta del cariño que tiene a Luna, aparece el "simpático de Neville" (nótese la ironía) para recordarle quién es la pareja de la rubia. Bueno, el tiempo recompensará a quien se lo merece y si no, ya me encargaré yo de equiparar las cosas jajaja

Por ciernto, antes de que se me olvide: ¡FELIZ NAVIDAD A TODOS! Ojalá podáis pasar estas fechas con vuestros seres más queridos.

¡Hasta la semana que viene!

¡Un beso enorme! ^^