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'Hermitage Road' — capítulo 37

Las legañas le impedían abrir del todo los ojos, pero eso no le molestó. Nada podía molestarle aquel 14 de febrero. Los ojos cansados, las ojeras y demás eran sólo prueba de que la noche anterior había estado hablando durante horas con la persona que le hacía sentirse especial. Todavía daba gracias a Dios por haber encontrado a Theo en aquella discoteca. Él era lo más maravilloso que jamás había conocido y, por ello, pretendía que el Día de los Enamorados fuera algo memorable entre los dos.

Se giró hacia la mesilla después de restregarse los ojos y, del segundo cajón sacó un collar de cuerda negra que quedaba al ras del cuello con un pequeño colmillo de plata en la parte frontal que le daba un aire muy masculino y rebelde a su portador. Entonces, hincó una de sus uñas en una imperceptible abertura lateral que dividía el colmillo en dos, y lo abrió. El colgante se transformó en una especie de número pi en cuyas patas se podía leer "Ted&Theo". El chico del pelo de colores sonrió. 'Le va a encantar el detalle'.

Rolf se levantó pronto esperando poder pasar la mañana junto a Luna ya que por la tarde la chica estaría ocupada con su novio y la cena romántica que Neville seguro prepararía.

Tocó la puerta de la habitación de Luna hasta que la puerta rota cedió sola y vio el interior vacío. 'Idiota', pensó. 'Sigue durmiendo con Neville'.

Subió a la segunda planta, donde se encontraba la morada de Longbotton, pero no se atrevía a tocar la puerta. Suponía que el chico no estaría dentro porque ya había promulgado por toda la residencia que sería el primero en conseguir una entrada para el concierto que U2 ofrecería en Manchester nueve meses más tarde. Probablemente en aquellos momentos estaría en Chester, peleándose con otros tantos chavales por tan codiciada entrada que, además, concedía el privilegio de ver a los miembros del grupo musical en el back-stage.

Una vez convencido, levantó el nudillo y, con un suspiro, tocó la puerta de la habitación. Pasaron unos veinte segundos hasta que abrieron y apareció una mata de pelo rubio y despeinado que se frotaba los ojos azules con insistencia.

-¿Neville?

-No, soy Rolf.

Luna abrió los ojos de golpe y sonrió ampliamente.

-Rolf, buenos días. Qué pronto te has levantado.

El chico se rascó la nuca avergonzado.

-Quería aprovechar el día. Como por la tarde te irás con tu novio...

La muchacha rió alegremente y, dejando abierta la puerta para que el chico entrase, regresó a la cama. Rolf alcanzó a ver cómo se dejaba caer de espaldas sobre la mullida cama que mostraba un aspecto lamentable: sábanas revueltas, ropa tirada por el suelo...

-Creo que me va a preparar algo impresionante -le confesó ilusionada.

'Eso también lo haría yo', pensó Rolf con enfado; enfado que se le pasó al ver a Luna tirada en la cama, con las mejillas sonrosadas, el pelo revelto... Sacudió su cabeza para alejar las imágenes que acosaban su mente.

-El mejor regalo que te podría hacer sería conseguir que recuperases tu habitación, ¿no crees? -propuso el rubio.

-¡Para nada! Estoy encantada con pasar las noches así, con Neville... Aunque creo eso es bastante evidente, después de echar un vistazo por aquí -dijo Luna, más para sí misma que para Rolf. Desde su incómoda posición encontró, por el rabillo del ojo, varios calzoncillos tirados, uno de sus tangas, el pijama de su chico desperdigado en la moqueta, un paquete de preservativos casi vacío con algunos de los envoltorios fuera de la caja...

-Te vas a poner enferma.

La afirmación de Rolf la hizo incorporarse con escepticismo.

-¿Ah, sí? ¿Y eso, por qué?

-Estamos en pleno invierno y duermes con pantalones muy cortos... Deberías utilizar un pijama de lana gorda.

Luna rió suavemente.

-Esto no es un pijama, Rolf. Es un culotte.

El chico desvió la mirada con vergüenza. 'Genial, la he pillado en ropa interior'. Sin embargo, a Luna no parecía importarle ese detalle.

-Si me das un minuto, me ducho y bajo contigo a desayunar. Podríamos ir a Chester, ver tocar a la banda municipal, pasear por el parque...

Rolf se quedó embobado escuchando planes para ellos dos solos mientras sus ojos acababan sin remedio en aquel culotte medio escondido entre la camisa vieja que cubría el torso de la chica.

Leía. Leía, pero no leía. ¿Cómo iba a leer si tenía la cabeza a punto de explotar?

Se sentía acorralada en su propia casa, y en parte así, era. Desde que había llegado Lavender acompañada de su peor pesadilla, lo había pasado realmente mal. Seamus no había dejado de perseguirla pidíendo una explicación por la forma que había tenido de escapar de las cocinas. '¡Sólo quiero que volvamos a ser amigos, Ginny!', solía decir cada vez que se encontraban; mas a la pelirroja aquellas palabras le parecían la mayor hipocresía de todas. No podía ser amiga suya. De hecho, tampoco quería su amistad. Sólo intentaba esquivar al chico que más la había hecho sufrir en toda su vida. Sin embargo, Seamus podía convertirse en una lapa cuando lo pretendía: La buscaba por la mañana, por la tarde y por la noche para hablar con ella; incluso una vez creía haberle visto en la facultad de Enfermería, por lo que tuvo que refugiarse en los baños de mujeres. La situación era tan insostenible que Dean y Harry le habían pedido al joven que dejase en paz a Ginny, pero no había sido hasta que Ron había intervenido el día anterior cuando Seamus se había tomado en serio las advertencias.

Tocaron a la puerta. '¡Otra vez, no, por favor!'

Como ya era costumbre, la pelirroja trató de no hacer ruido. Con un poco de suerte el visitante se marcharía pensando que no había nadie en la habitación. Ginny trató de sumergirse de nuevo en las páginas de su novela hasta que dejasen de golpear su puerta.

Tras tres repiqueteos sin éxito, la persona que llamaba se cansó y dejó a la chica en paz. O al menos, eso parecía hasta que la pelirroja oyó que la llamaban desde el pasillo.

-Ginny...

La chica se sobresaltó al reconocer aquella dulce voz como alguien totalmente distinto a Seamus. Corrió a abrir la puerta para recibir al muchacho de pelo negro y ojos verdes que sabía que se encontraba al otro lado.

-¡Harry! ¿Qué haces aquí?

El chico sintió que un hormigueo nervioso le recorria el cuerpo al ver aquellas pequitas alegres que le recibían junto a una gran sonrisa. Sabía perfectamente lo que quería; de hecho, había practicado la conversación varias veces para evitar equívocos. Sin embargo, a la hora de la verdad se sentía bloqueado y su mente no lograba encontrar las palabras adecuadas.

-...

-¿Quieres pasar? -preguntó la Weasley apartándose del marco de la puerta para que Harry pudiese entrar en la habitación.

El joven aceptó sin mediar palabra. En dos pasos se plantó junto a la cama.

-Antes de nada, quiero agradecerte el toque de atención que le diste a Sea... bueno, a ése. -La chica prefirió no mencionar a su ex-. Aunque parece que no sirvió de mucho, fue muy importante para mi.

Harry seguía callado. Él no había acudido allí a hablar de Seamus.

-¿Tienes planes para esta tarde? -preguntó de improvisto.

-No. Tenía pensado quedarme en la resi en plan tranquilito. Como Luna y Hermione salen con sus parejas por lo de San Valentín... -Arrugó el entrecejo menospreciando la festividad.

-¿Te gustaría pasear por los campos de Hermitage Road? Podríamos ver el atardecer y luego cenar algo suave en plan picnic -dijo rápidamente, tal y como lo tenía ensayado.

A Ginny aquella petición la pilló de improvisto. Quería pasar San Valentin sola y alejarse de todo lo que significase amor y cariño por un día, aunque ya intuía que cuanto más sola estuviese, más se acordaría de todas las parejas que celebraban juntas una fecha tan tonta.

Harry descifró su cara y, antes de que rechazase la propuesta, se apresuró a aclarar:

-Lo digo sólo porque como 'Hermitage Road' va a estar prácticamente vacía, para no pasar la tarde solos. -En su interior, tenía más planes que solamente pasar unos momentos con ella, pero primero debía convencerla, y sabía que Ginny se resistiría si intuía que sus intenciones iban más allá de la inocente amistad.

La chica se quedó pensando un momento y, después de unos segundos, asomó una pequeña sonrisa.

-De acuerdo. Necesito alejarme un poco de la civilización. Me vendrá bien un poco de aire puro.

El suspiro de alivio de Harry podría haber despertado a una ciudad... si lo hubiese dejado salir, pero, muy inteligentemente, se contuvo para no estropear el momento. Pocos minutos después abandonó la habitación de la chica que le volvía loco con una única idea en mente: "¡Tengo una cita con Ginny Weasley!".


¡Hola, lectorcitooos! :D

Después del parón obligado que tuve que hacer por los exámenes de la uni, he vuelto con energías renovadas y muchas ideas que iréis descubriendo en próximos capítulos. También quería desear mucha suerte a todos aquellos estudiantes que empiezan ahora los temidos exámenes. ¡Ánimo, que todo se pasa!

En cuanto a la historia, en los dos capítulos siguientes veremos uno de los San Valentines más locos que nunca haya imaginado jajaja Y después del Día de los Enamorados habrá que enfrentarse a todas las consecuencias de esa noche XDD

¡Hasta el viernes que viene!

¡Un beso muy grande a todos! ^^