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'Hermitage Road' — capítulo 38

Se había encerrado en su habitación a primera hora de la mañana y había despachado a todos alegando que estaba enfermo. No quería que nadie le molestase aquella noche. Sólamente había salido de la cama para mirar a través de la ventana y comprobar cómo Hermione se subía al coche de Vicky, para su desgracia.

'Está preciosa', pasó por su mente al verla de espaldas. Su pelo ondulado había sido recogido en un moño desordenado que se sujetaba gracias a una graciosa y desenfadada flor verde, a juego con el vestido pistacho que dejaba al descubierto más espalda de lo que debería estar permitido. Fue sólo un momento el que pudo disfrutar de aquella visión, pero suficiente como para deprimirse el resto de la tarde.

Durmió a ratos, lo que las pesadillas le dejaban descansar. En la última de todas las que le acosaron ese día, presenció una imagen realmente desagradable protagonizada por una Hermione Granger muy salvaje y un Vicky-descerebrado-Krum un tanto desinhibido. Cuando ambos jóvenes iban a pasar a mayores, unos socorridos golpes en la puerta le despertaron. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan agradecido con una interrupción de su siesta.

Sin embargo, su alegría no duró mucho tiempo. Lo suficiente como para abrir la puerta y recoger su dignidad del suelo, que se había caído al ver la masa de carne embutida en ropa interior que se presentaba ante él y que se echó a sus brazos sin siquiera preguntar.

-Este lugar es precioso -comentó mirando a su alrededor.

La hierba salvaje les cubría hasta los codos; nada alarmante teniendo en cuenta que se hallaban recostados sobre el mantel de cuadros rojiblancos. La luz desaparecía del cielo poco a poco, según el sol se metía en el horizonte para desaparecer hasta el día siguiente. Una bandada de pájaros negros alzó el vuelo y se alejó graznando estrepitosamente. Los vió alejarse hasta que un suspiro profundo de su acompañante la hizo retomar la atención.

-Me quedaría aquí para siempre.

Ginny rió suavemente.

-Eso no sería prudente ni responsable. -El chico alzó las cejas ante la afirmación de la pelirroja.

-¿Y desde cuándo eres prudente? -Como respuesta recibió un golpe cariñoso en el hombro.

-Por mucho que tratemos de alejarnos del presente... o del pasado -comenzó diciendo ella-, éste siempre nos espera allá adonde vayamos.

-Sabias palabras. Aunque demasiado profundas para una tal Ginny Weasley -bromeó Harry-. ¿Estás bien?

La chica pensó concienzudamente cómo responder al moreno. '¿Se encontraba bien?' Bueno, no se encontraba mal, de eso estaba segura. Le hubiese gustado pasear por los campos de Hermitage Road sólamente por placer, y no por necesidad. Y es que aquella tarde con Harry era algo que necesitaba profundamente. Necesitaba alejarse de la residencia, del día de San Valentín, de Seamus y, sobre todo, del pasado. Un pasado que todavía le dolía.

A través del ventanal de la sala de juegos veía la luna llena parcialmente oculta por un manto de nubes que amenazaban con lluvia. Se aproximó aún más al cristal, hasta que el frío del vidrio tocó su mejilla de terciopelo y la dejó helada.

Apagó la luz de la estancia para poder regodearse con las diminutas candelas que brillaban en el firmamento. Por un instante, quiso ser una de esas estrellas y dejar de ser humana; dejar de tener obligaciones y deberes y, sobre todo, dejar de sentir. Quería olvidarse del dolor y del amor, las dos sensaciones que se hallaban más presentes en ella en aquellos momentos. Quería desaparecer... No, no quería desaparecer, quería brillar más que nunca.

Pero con querer no es suficiente, y menos cuando hay más personas en juego. Por ello, fue inevitable que una lágrima resbalase por su rostro hasta ir a parar al cristal. La misma superficie en donde murieron todas las demás lágrimas que expulsó aquella noche.

Se sentía el hombre más feliz del mundo. Parecía que las luces del local en el que se encontraba alumbraban sólo para disfrutar del momento. Estaba en su propio mundo y no había nada ni nadie que pudiese sacarlo del mismo.

Y sin saberlo, la chica sentada frente a él se sentía la mujer más desdichada del planeta.

-¿Qué te ha parecido?

Ella levantó la mirada de su plato, donde la mousse de limón seguía prácticamente intacta.

-¿El qué?

-Pues el rrestaurante, la cena... No sé; el plan en general -dijo nervioso.

-Ha sido todo muy bonito, Viktor -reconoció la joven-. Gracias por todo. Me haces sentir muy especial.

-Lo eres, ya lo sabes -respondió el búlgaro-. Aunque... no pareces muy contenta.

Hermione sintió dispararse todas sus alarmas y reculó sin dilación.

-Sólo estoy un poco cansada. Ha sido una semana ajetreada...

Antes de que su novio pudiera darle la razón, el maitrese acercó hasta la pareja con una suavidad espeluznante.

-Aquí les dejo la cuenta. -Junto al pequeño fragmento de papel satinado depositó unas chocolatinas bañadas en papel dorado-. Esto es un obsequio de la casa.

Hermione, al distinguir las formas acorazonadas de los dulces, no pudo más que cerrar los ojos y pensar en una melena pelirroja despeinada que probablemente se divertiría aquella noche junto a una mujer de generosos pechos y risa estridente.

-Me siento muy culpable.

-¿Por qué? -quiso saber el chico. Y añadió medio en broma-: ¿Acaso has hecho alguna travesura?

La mujer rió amargamente.

-Las bromas quedaron vedadas para mi después del accidente. Podrían resultar peligrosas -sentenció-. No; me refiero a que has perdido una bonita amistad por mi culpa.

-Eso ya lo hemos hablado, Astoria. Tú no has hecho nada -le recordó el rubio-. No es problema tuyo si Pansy no entiende que entre ella y yo no va a pasar nada.

-Ya lo sé, Draco, pero me da mucha pena. Esa chica me cayó bien cuando nos la encontramos en el parque, y se la notaba ilusionada contigo.

El joven se quedó callado. No pudo evitar recordar la última conversación que había tenido con su amiga. Entonces, le había contado una mentira que la había destrozado por dentro, pero no había tenido opción. Para que Pansy pudiese seguir con su vida, tenía que hacerla creer que entre Astoria y él mismo había más que una amistad; y eso era lo que había intentado.

En el fondo no lamentaba su decisión lo más mínimo. Era lo correcto. Claro que eso no significaba que, en ocasiones, no echase de menos pasar un ratito con Pansy. Por suerte para él, cada día estaba más a gusto con Astoria. Poco a poco, empezaba a dejar de ser una paciente para convertirse en una de sus mejores amigas.

-¡Genial, está cerrada! -La frase revelaba algo previsible y que Hermione ya había anunciado días atrás. Sin embargo, Viktor no había dejado de insistir en ir a cenar a aquel restaurante de Chester, a sabiendas de que la noche se les echaría encima y que la chica no podría entrar en la residencia-. Ya te dije que Filch cerraba la entrada pronto.

Viktor notó resentimiento en la voz de su novia, así que trató de suavizar la situación restándole importancia.

-Bueno, qué más da. No tienes porrrqué pasarr la noche en la rrresidencia. En mi casa tenemos muchas habitaciones de sobrrra, ya lo sabes -dijo como quien no quiere la cosa.

Hermione miró a su novio sabiendo que no le quedaba más opción que dormir en la mansión Krum, junto a la familia de búlgaros ricachones.

Lo último que alcanzó a ver antes de regresar al Volvo de su chico fue la luz encendida de la tercera ventana empezando por la derecha, primera planta. La habitación de Ron.

Las lágrimas recorrieron su piel negra sin temor a que fuesen vistas. Por un instante, los mechones azulados de su acompañante se agitaron pensando no le había gustado su regalo. Todo lo contrario. Ted pudo relajarse cuando la sonrisa afroamericana más bonita del mundo asomó en los labios y ojos de Theo y las lágrimas que brotaban de sus ojos pardos dejaron un rastro de felicidad allá por donde resbalaban.

-Es el regalo más bonito que me han hecho nunca -confesó sin pudor mirando incrédulo el bonito colgante que encerraba en su interior una promesa de amor joven, pero sincero e inocente.

-¿De verdad? -quiso confirmar Teddy de forma orgullosa.

El muchacho de pelo ensortijado asintió con la cabeza. Un segundo después se tiró encima de su pareja, quien cayó de espaldas riéndose. Las duras baldosas del portal en el que se habían refugiado del frío no fueron impedimento alguno para que quedasen uno sobre el otro más tiempo del que permite la mera amistad. Las miradas de los dos conectaron, como solía pasar cuando estaban juntos.

-Te quiero -quiso gritar Theo. Para el joven Lupin, fueron suficientes aquellas palabras susurradas con dulcura y amor latente.

-Te amo -contraatacó Ted.

No fueron necesarias más muestras de cariño verbal para que los dos chicos se enredasen en una cadena de besos y caricias que duró toda la noche.

Y es que, en algún lugar, a pesar de los problemas del corazón de muchas parejas, siempre hay quienes disfrutan de San Valentín como si fuese su último día sobre la faz de la tierra.


¡Hola, gentucilla! :D

Como podéis imaginar, esto no es todo lo que San Valentín tiene preparado para nuestros personajes. El próximo capítulo será el doble de largo que éste y englobará a muchas parejas que entremezclarán sus tramas a través de párrafos, por lo que puede resultar un poco confuso al principio. Si no lo entendéis del todo, os recomiendo que leáis varias veces el capítulo. Como último recurso, aconsejo que leáis todos los párrafos dedicados a una pareja de forma seguida y, así, no os perderéis. Sé que lo podría haber escrito de forma más sencilla, pero como futura profesional de la comunicación, escribo viendo la trama en mi cabeza como una película por lo que, a la hora de pasar las escenas a párrafos, me suele quedar un poco raro.

Nos vemos el viernes que viene, ok?

¡Mil besos! ^^