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'Hermitage Road' — capítulo 39
-Ésta es tu habitación. -La mano de él señalaba una estancia pequeña, pero acogedora. La cama de matrimonio coronaba el cuarto, decorado con tonos celestes y malvas. Se presentía una mano femenina detrás de toda aquella planificación. Los armarios y mesillas de noche estaban lacadas con la misma madera envejecida. 'Probablemente carísima', pensó Hermione.
-Muchas gracias por dejarme dormir en tu casa. -La muchacha se volvió hacia su novio-. Y dales las gracias a tus padres otra vez. Se han portado muy bien conmigo.
Viktor sonrió interiormente. 'Están encantados con la novia tan perfecta que tengo', pensó con orgullo.
-Bueno... -tartamudeó Hermione-. Estoy muy cansada, así que me voy a dormir. Buenas noches.
-Buenas noches, prrrincesa. -Viktor se acercó a ella y la besó fuertemente antes de retirarse a su dormitorio.
-Harry, ¿alguna vez Ron te ha contado lo que me pasó con Sea...? -Se interrumpió sin poder continuar. A pesar del tiempo, todavía no era capaz de pronunciar su nombre-. ¿...quién-tú-sabes?
-No hace falta que me cuentes... -respondió el muchacho. No quería incomodar a la pelirroja.
-No, de verdad que quiero contártelo -explicó ella decidida-. Necesito desahogarme con alguien.
El chico prefirió no abrir la boca y limitarse a escuchar. No se sentía muy cómodo porque, aunque sabía que aquel paso de mutua confianza le acercaba aún más a Ginny, intuía que, tras aquella charla, iba a desear arrancar la cabeza de Finnigan de un mordisco.
Trataba de realizar un boceto que tenía que entregar a la profesora Trelawney en dos semanas, pero cuando rebuscó en su escritorio para coger uno de sus pinceles se acordó de que le había dejado la totalidad de su colección a Luna. Esto le planteaba dos opciones: o aguantarse y quedarse sin hacer nada el resto de la noche (lo que suponía dejar que su mente le atormentase con la cita romántica de Longbottom y Lovegood), o colarse en la habitación de Neville para recuperar sus pinceles. ¿Qué debería hacer?
Llevaba tanto tiempo recostada sobre el frío cristal, que se le había dormido la mitad derecha de la cara. Estuvo a punto de dormirse en aquella incómoda posición hasta que un olor desagradable y molesto la espabiló. Se separó rápidamente del cristal y se volvió hacia la puerta dando un respingo.
-¡Anda! No sabía que había alguien aquí -dijo una voz desde el otro lado de la habitación. La chica se borró las lágrimas de los ojos, que no había dejado de caer a lo largo de la noche. A pesar de ello, no pudo distinguir al hombre que se hallaba en la sala de juegos; la luz de la luna no era lo suficientemente potente como para superar las sombras que se formaban en aquella estancia oscura.
-¿Quién eres? ¿Qué quieres? -su voz sonó tan débil y acongojada que el chico se acercó hasta ella con cautela.
-Tranquila, soy de la residencia. -Al llegar a su lado, apreció que la muchacha tenía una brillante cabellera negra que hacía juego con sus ojos, ahora enrojecidos de tanto llorar-. ¡Pero no llores, mujer!
Ella hizo caso omiso a las palabras del joven.
-No me suena tu cara.
-Es que llegué la semana pasada. -Tendió la mano amigablemente-. Me llamo Seamus.
Daba vueltas en la cama. No se parecía en nada a la que tenía en 'Hermitage Road'. La de su habitación era dura, pequeña, con una almohada ajada y vieja que había pasado por más estudiantes de los que nadie podría recordar. Aquella nueva cama era mullidita, de un tamaño desproporcionado e iba acompañada de una almohada de plumas que parecía recién estrenada.
Después de pensar mucho en sí misma, en Viktor y en Ron se levantó de la cama con un leve dolor de cabeza y una sed que la impulsaba hasta la cocina. Abrió la puerta dispuesta a cruzar el largo pasillo de la mansión a oscuras y en silencio, pero una figura se alzó ante ella incluso antes de que pusiese un pie fuera del cuarto.
-Herrrmione, soy yo -se presentó una voz grave que la muchacha reconoció como su novio.
-¡Viktor! ¡Qué susto me has dado! ¿Qué haces aquí?
Los susurros de los dos retumbaban en las paredes y, como era cuestión de tiempo que los padres del chico despertasen, Viktor cerró la puerta de la habitación de invitados tras de sí y empujó con delicadeza a Hermione hasta que las piernas de ella tocaron el borde de la cama. Entonces, sin previo aviso, agarró las mejillas de la joven y la beso con una furia y una pasión que nunca antes había mostrado físicamente.
-Conocí a Seamus hace siete años, cuando él se mudó desde Liverpool y acabó en el mismo instituto que yo. En seguida hizo buenas migas con mi hermano. De hecho, en aquella época se parecía a ti. -Esta afirmación no fue del agrado de Harry, pero la chica se apresuró a aclarar el sentido de la frase-: amigo de sus amigos, colaborador, estudioso... Era quien controlaba los impulsos egoístas y juerguistas de Ron.
-No sé yo si se parece mucho a mi... -comentó el moreno con aires chistosos. Ginny le devolvió la sonrisa.
-Un año más tarde nos presentó a Lavender -continuó con su narración-. Ya sabes, la rubita esa que acaba de llegar a 'Hermitage Road'. -Harry asintió-. Y desde entonces no hemos podido librarnos de ninguno de los dos.
-Creo que a tu hermano no le disgusta eso...
La pelirroja arrugó la nariz. Todas las pecas que rondaban las mejillas y adornaban su cara se juntaron dándole aquel toque desenfadado y pizpireto que tanto la caracterizaba. Harry se perdió entre aquellas manchas, mientras la joven seguía con su historia.
-La casualidad al principio y la voluntad después, hizo que los cuatro pasásemos casi todos los veranos juntos. Dos años más tarde, Ron y Lavender empezaron a "intimar" (por decirlo de forma suave), lo que supuso más tiempo para que Seamus y yo estuviésemos juntos.
El muchacho intuyó acertadamente que el momento clave del relato se aproximaba.
-Me enamoré de él, Harry -confesó sin ningún pudor-. Me volví loca por Seamus, más de lo que lo he estado nunca por ningún otro.
Harry carraspeó suavemente. No quería conocer ningún detalle de la vida romántica de Ginny. ¡Él sólamente quería empezar algo con ella! ¿Es que no se daba cuenta?
Entró en la habitación de Neville, pero esta vez dejó de lado la ganzúa para evitar destrozar otra puerta y optó por el mítico sistema de la tarjeta de crédito que, si no se hacía bien, conseguía romper el plástico por la mitad, sin embargo, para un profesional como él era muy fácil irrumpir en la estancia sin dejar huella alguna.
Tenía que moverse a oscuras por el cuarto ya que cualquier luz podría ser vista por otros residentes o vecinos de la calle que acabarían jugando en su contra. Por suerte, llevaba consigo el teléfono móvil que le servía de limitada linterna. Este artilugio más los conocimientos que había adquirido en la última visita a Luna, le permitieron desplazarse con soltura por la habitación.
Una vez encontró los pinceles trató de salir de puntillas haciendo el menor ruido posible, pero sonó un débil pitido que le sobresaltó. "¿Habrá alguna alarma de seguridad?". Se puso a buscar el dispositivo que había pitado entre las prendas sucias que seguían en el suelo. Una luz debajo de una camiseta interior le llamó la atención y cuando metió la mano por debajo del algodón sucio sacó un ligero I-phone plateado de última generación.
-Aquí no se puede fumar -dijo señalando el cigarrillo que Seamus tenía encendido en la mano-. Además, el humo me molesta.
-Joder, qué tiquismiquis eres -respondió el mientras apagaba el cigarrillo de mala gana.
-No es sólo por mi. Si Filch te pilla fumando en 'Hermitage Road', eres hombre muerto.
-Oh, así que te preocupa que me pueda pasar algo malo, ¿eh? -bromeó. Después de hora y media hablando ya se había dado cuenta del carácter angelical e inocente de Pansy. Sabía que era difícil hacerla enfadar y eso le gustaba. Con ella podía hacer todas las bromas que quisiera sin que la morena se molestase.
-¿Me vas a decir por qué estabas llorando o no? -preguntó por enésima vez aquella hora.
-Te lo digo si dejas de atosigarme -pactó Pansy.
-Te lo prometo -contestó él con la mano en el corazón, de forma teatral. Para su sorpresa, Pansy rió con suavidad.
-Lloraba por amor.
Aquella reacción la había pillado totalmente desprevenida. Viktor siempre había sido muy caballeroso con ella y nunca había insinuado querer más que una relación tranquila basada en el cariño y la amistad. Jamás hubiese pensado que las intenciones de su novio aquella noche probablemente llevasen planificadas mucho tiempo, desde el comienzo de la cena hasta acabar en la mansión Krum.
-Viktor, para -pidió ella cuando el muchacho se detuvo a coger un poco de aire después de morrearla sin contemplaciones.
-¿Porrr qué? ¿Lo estoy haciendo mal?
-No es eso, Viktor... -quiso explicar Hermione.
-Entonces no pienses, mi vida -la interrumpió su chico-. Tan sólo déjate llevarrr -propuso antes de volver a la carga y arremeter contra el turgente cuello de su novia mientras colaba sus grandes manos por debajo del camisón blanco que la señora Krum había prestado a la chica para dormir.
Hermione se sintió violentamente invadida ante este gesto y se separó de Viktor sin dudarlo un momento.
-Creo que es mejor que me vaya... -dijo de repente mientras recogía sus cosas.
-Pero, ¿qué estás diciendo, Herrrmione? ¿Cómo te vas a marrrrcharrr en mitad de la noche? -preguntó Krum sin creer del todo las palabras de ella-. Anda, haz el favorrrr y vuelve a la cama. No te prrrresionaré, si no quieres.
Viktor se levantó con intenciones de dejarla dormir en paz, pero Hermione ya había tomado una resolución y quería hacerla efectiva en aquel mismo instante.
-Viktor, yo te quiero -aclaró cogiéndole la mano cariñosamente. El búlgaro sonrió pensando que, al final, iba a conseguir que su novia se ablandase. "A lo mejor la noche acaba con 'final feliz'"-. Pero sólo te quiero como amigo.
-¿Y qué pasó? ¿Él te rechazó?
-¡No! Para nada, Harry. Él me quería también -dijo ilusionada recordando momentos del pasado-. Al menos, eso es lo que me dijo -susurró-. ¡Fui una estúpida, Harry! ¡Me creí todo lo que me contaba porque no quería ver lo contrario! Estaba ciega de amor por él.
-¿Cómo supiste que realmente no te quería? -quiso saber el chico.
-Fue este verano. Yo ya le notaba un poco cambiado, como más cansado. Había días en los que ni dormía o se levantaba en mitad de la noche murmurando pesadillas...
-¿Cómo lo sabes? -preguntó de pronto. Un instante después se arrepintió profundamente.
-¡Pues porque dormíamos juntos, Harry! -saltó ella como si fuera obvio-. Estuve mes y medio en el rancho de los padres de Seamus, en Texas.
-Ah... claro, claro. -"Qué idiota eres, Harry".
-La semana antes de volver a Inglaterra empezó a ausentarse del racho cada vez más a menudo, a veces sin avisarme si quiera. Llegó un día que me cansé y le seguí sin que se diera cuenta. Quería saber, ¡necesitaba saber lo que ocurría y si me ocultaba algo! -exclamó desesperada.
-¿Y a dónde se iba?
-No te lo puedes ni imaginar. Todavía me cuesta creerlo...
Su cuello estaba pringado de saliva, al igual que sus mejillas, sus párpados, su pecho entero y, cómo no, sus labios. Reconocía perfectamente el sabor y aroma de aquellas caricias. Las finas manos que recorrían su cuerpo eran astutas como su dueña y la piel que tenía la oportunidad de recorrer era tan tersa y suave como la melena rubia de su portadora.
-Rrrooonn... -gimió ella-. Hacía tanto que deseaba tenerte así...
El pelirrojo la hizo callar apoderándose de nuevo de sus grandes labios. No quería hablar; quería silenciar todo ruido posible. Ya tenía bastante con la batalla que se libraba en su cabeza: "No pienses, no pienses, no pienses, no pienses, no pienses, ¡NO PIENSES EN HERMIONE!"
-¡NO PUEDO! -gritó desesperado.
Lavender frenó de súbito el movimiento de caderas que pretendía llevar al chico a la locura.
-¿Qué pasa, Ro-Ro?
-No puedo -susurró el chico agotado mentalmente.
Lavender se quedó pensativa y, sin preguntar, metió una mano dentro del boxer del Weasley.
-¡No, Lavender! ¡Para! -Ron apartó a la joven de un empujón que la lanzó directamente al suelo. Acto seguido se arrepintió profundamente del trato que acababa de dar a su amiga-. Perdona, Lav. Es que estoy un poco confundido, eso es todo.
-¡¿Confundido?! -gritó ella histérica mientras se levantaba-. ¿Qué es lo que tienes que pensar? ¡Es tan fácil como siempre! ¡Pero tú lo haces complicado! -Se acercó hasta Ron y arropó su cara entre las manos-. Simplemente déjate llevar, ¿quieres?
-Esta noche no puedo, Lavender -se resistió. Se apartó cuidadosamente de ella para no herir más sus sentimientos y se puso su ropa apresuradamente-. Lo siento.
-¡¿No irás a dejarme a medias?! -exclamó Lavender al ver que su follamigo se marchaba.
-Búscate a otro para que te termine la faena, pero no cuentes conmigo.
El portazo que pegó fue determinante para que la rubia entendiese que aquella noche se iba a quedar con las ganas.
-¿Alguien se ha atrevido a romperte el corazón? -preguntó furioso tras dos horas charlando sobre el tema .
-Empiezo a darme cuenta de que, tal vez, he sido yo misma la que me he roto el corazón solita.
-Explícame eso -pidió Seamus.
-Me enamoré de mi mejor amigo. Y él se ha enamorado de otra.
-¡Oh, qué putada! -reconoció el chico-. Lo siento mucho.
Ambos se quedaron callados, escuchando sus respiraciones y los sonidos de la noche: grillos que les vigilaban desde el otro lado del ventanal, hojas secas que volaban según la voluntad del viento,...
-Puede que después de esto no quieras saber nada más de mi, pero -comentó con cautela el chico- yo tuve una mejor amiga que se enamoró de mi. Y yo me enamoré de otra.
Pansy alzó los hombros quitándole importancia al asunto.
-Ya da igual. Me he dado cuenta de que el amor no se controla. No puedes elegir de quién te enamoras y de quién no. Nadie es culpable de sus sentimientos ni de los de los demás.
-Mi caso es un poco más complejo...
-Pero no me lo quieres contar, ¿verdad?
-No quiero espantarte todavía -confirmó Seamus con una sonrisa.
-¿Ahora te importa lo que pueda pensar de ti?
El chico miró a Pansy intensamente.
-Ahora y siempre me importará lo que puedas pensar de mi -dijo con pasión contenida.
El joven se quedó helado. "¿QUÉÉÉÉ?".
-¿Qué has dicho?
-Lo siento muchísimo, Viktor, pero me he dado cuenta de que sólo te puedo ver como a mi mejor amigo.
-No, porrr favorrr -suplicó él mientras oía cómo su corazón se rompía en mil pedazos.
-He intentado quererte -continuó ella desoyendo la petición del búlgaro-. Pero, por más que lo intento, no puedo. Mi corazón y mi mente ya están ocupadas por alguien que, lamentablemente para los dos, no eres tú.
Viktor no fue capaz de aguantar las lágrimas. Cayeron de sus ojos como cataratas de tristeza imparables. La visión era tan impactante que Hermione se arrodilló junto a él y lloró a su vera.
-Perdóname, Viktor. Lo siento muchísimo. No quería que el día de hoy acabase así, pero no me ha quedado elección al verte tan entregado en una relación en la que yo no...
-Márrrrchate -la interrumpió-. Vete de esta casa tal y como estabas a punto de hacerrr hace apenas uno minutos. Pero, porrr lo que más quieras, no me hagas oírrr que tú nunca sentiste nada porrrr mi.
No hubo nada más que decir. Hermione no tenía fuerzas para explicarse ni para defenderse. Se puso el abrigo por encima del camisón, se ató los zapatos de tacón que durante la noche le habían dejado ampollas y, agarrando su vestido arrugado, salió corriendo de la mansión Krum para no volver nunca más.
"Tiene 1 mensaje nuevo".
Sabía que estaba mal leer los correos privados de los demás, pero su curiosidad fue más fuerte que su sentido común y pulsó el botón verde intuyendo que aquel mensaje era más importante de lo que parecía a simple vista.
"T recuerdo k mañana tnems algo pendient... Algo k t va a gustar =P
T desea,
Perritasexy"
La mente de Rolf empezó a trabajar a toda pastilla al leer aquel apodo. "Perritasexy... ¿de qué me suena?", se preguntó. Le vino a la memoria unos fragmentos de chat en un ordenador, pero enseguida rechazó aquella idea. "Neville no puede ser tan cabrón como para engañar a Luna", se dijo con firmeza, "No. Imposible".
Cerró el mensaje, volvió a esconder el móvil bajo la ropa y salió de la estancia sin que nadie lo viese.
Llevaba media hora conduciendo. Necesitaba desahogarse después de la nochecita tan revuelta que había vivido.
Se sentía muy estúpido. Estúpido porque la práctica totalidad de los hombres del mundo le recriminaría por haber dejado pasar aquella noche de sexo salvaje con una diosa como Lavender. Estúpido porque había dejado que la imagen y la sonrisa de una chica que ya estaba comprometida le nublase los sentidos y le impidiese continuar con su vida diaria. "Eres estúpido, Ronald Weasley". Abrió la guantera con la intención de fumar uno de los cigarrillos que Neville solía dejar por ahí tirados. Su mano tanteó a diestra y siniestra, pero sus dedos no consiguieron atrapar ni una pizca de tabaco.
Miró hacia el frente y vio que la carretera por la que circulaba estaba bien iluminada y, además de no tener ni un solo bache, era recta. "La zona de residencias de los ricachones, seguro", adivinó. Aprovechó las condiciones de la vía para agachar la cabeza y rebuscar de nuevo en la guantera. Cuando se alzó de nuevo con un cigarrillo partido entre los dedos corazón y anular, tuvo que pegar un frenazo que le impulsó contra el cristal, sólo salvado por el cinturón de seguridad mal puesto.
Ante sí había aparecido una figura femenina de pelo enmarañado y camisón blanco que le llegaba hasta los pies. "¿La chica de la curva?", pensó al recordar algunas de las viejas leyendas que circulaban en toda buena historia de terror que se precie.
-¡Por favor, ayúdeme! -pidió la mujer cubriéndose los ojos con las manos para que las potentes luces del vehículo no la cegasen.
A Ron casi se le salen las órbitas de los ojos cuando reconoció aquella voz. Sin someterlo a votación en su mente, apagó las luces y el motor del coche y se bajó del mismo.
-¿Hermione?
La chica reconoció aquel pelo rojo al momento y, cuando oyó la ronca voz del joven, lágrimas de alivio y felicidad resbalaron sin remedio hasta el suelo. Se echó a los brazos del chico y le abrazó como si aquel cuerpo fuera el anclaje que necesitaba para vivir.
Ron no quiso ni preguntar qué había sucedido y dónde demonios estaba Vicky; simplemente la cogió en brazos y la metió en el coche sin mediar palabra. Ya tendrían tiempo suficiente para aclarar aquel imprevisto encuentro.
¡Hola! :D
¿Os habéis enterado de algo de este capítulo? ¡Espero que sí! xP
Curiosamente, ha tocado el capítulo referido a la festividad de San Valentín cuando está a la vuelta de la esquina esa celebración. ¡Prometo que no ha sido intencionado! XD (ha caído así, sin más...).
Para los que os hayáis quedado con las ganas de conocer la historia entre Seamus y Ginny, no desesperéis, que se irá revelando poco a poco. Prometo que no pasará mucho tiempo hasta que conozcáis todos los detalles de la traición de Finnigan.
**Por cierto, ya que se acerca la fiesta del amor: ¡Feliz San Valentín! Espero que la mayoría de vosotros tengáis con quien celebrarlo... y, si no,**siempre se puede echar mano de los socorridos amigos jeje
¡Hasta el viernes que viene!
¡Un besito! ^^