← 'Hermitage Road' · de
'Hermitage Road' — capítulo 40
"La dejó embarazada y traficaba con drogas para ayudar económicamente", había dicho.
Catorce horas más tarde, todavía no podía creérselo del todo. El relato de Ginny era simplemente surrealista. Algo que sólamente pasaba en las películas, pero no en la vida real, y menos a su pelirroja favorita.
Aún recordaba cómo se le había quedado el cuerpo tras escuchar la terrible historia de amor de Seamus y Ginny, pero peor fue tener que aguantar las ganas de ir a por Finnigan y reventarle a puñetazos. Sin embargo, en aquel momento quien realmente le necesitaba era la chica Weasley.
Para ella, contar su vivencia había sido como una terapia, pero también había resultado una de las experiencias más traumáticas que había tenido que soportar. Por eso, Harry no dudó un momento en abrazar fuertemente a la joven y abandonar sus expectativas de que aquella cita sirviese para encauzar su amistad en una futura relación. Después de todo lo que había sufrido, era lógico que Ginny no quisiese oir hablar de la palabra 'amor', y menos, plantearse una pareja. No estaba preparada mentalmente para ello.
Le dolía todo el cuerpo. Si había algo de lo que era totalmente consciente, era eso. La cabeza le martilleaba intensamente y sentía los dedos de las extremidades entumecidos. Era como si le hubiesen pegado la paliza del siglo. Sin embargo, aún con los ojos cerrados, algunos de los recuerdos de la noche anterior empezaron a irrumpir en su mente: "Una cama, un camisón, un beso... un coche. Un pelirrojo".
Un rayo de luz fue ganando fuerza sobre sus párpados, por lo que alzó la mano para cubrirse aún más con la sábana y no quemarse los ojos. Sin embargo, sus dedos palparon algo duro y caliente que estaba junto a ella en la cama. Se puso una mano sobre la cabeza a modo de visera para frenar la luz que ya le causaba auténtico dolor ocular y buscó con la mirada aquello que dormía a su vera. No necesitó más que un vistazo para reconocer los suaves mechones rojizos esparcidos por la almohada como los de su querido Ron, que dormía profundamente.
Se salió de la cama sobresaltada. La visión del camisón que había portado en la mansión Krum sobre su cuerpo la alivió profundamente. Temía que entre ellos dos hubiese pasado algo que no recordaba.
Se fijó en que se hallaba en una habitación desconocida. 'El cuarto de Ron, probablemente', supuso. Se asomó a la ventana y comprobó que, efectivamente, se encontraba en 'Hermitage Road', sana y salva.
-Ron... -intentó despertar al chico zarandeándole con suavidad. Sin embargo, después de que el muchacho se girase un par de veces para poder seguir durmiendo, decidió dejarle en paz. Recogió sus cosas, que estaban al pie de la cama, y se dirigió a su propia habitación, donde aprovechó para darse una ducha y coger el primer bus a la universidad.
-Digas lo que digas, se te nota en la cara que estás cansadísima. Necesitas dormir.
-Si cierro los ojos, tendré pesadillas, Harry.
-Pero es algo que tarde o temprano vas a tener que pasar. La herida tiene que escocer para que pueda sanar -recitó el muchacho.
La puerta de la residencia se abrió de pronto y la nariz ganchuda del conserje apareció por la rendija.
-¿Qué demonios hacéis aquí fuera? Bueno, no es algo que me importe, en realidad.
Los dos jóvenes vieron cómo el cascarrabias de Filch volvía al interior del edificio para ocuparse de los quehaceres que le deparaba el día recién comenzado.
-¿Entramos? -propuso Harry.
-Pero prométeme que no le dirás nada a Seamus -pidió Ginny-. Nada de nada.
-Prometido.
Cogió de la mano a la pelirroja y ambos entraron en 'Hermitage Road' para tomar una merecida siesta que se alargaría hasta el mediodía.
Le buscó entre sus compañeros, pero parecía que se lo había tragado la tierra.
-Perdonad -preguntó a dos chicas que hablaban animadamente en unos de los pupitres delanteros-, ¿habéis visto a Viktor?
Las muchachas sacudieron sus cabezas y reanudaron su interesante charla. Hermione se dirigió a la mesa que solía compartir con su el búlgaro, dispuesta a esperarle.
Cinco minutos más tarde, la clase empezó y el muchacho todavía no había aparecido.
-Buenos días, Rolfy -dejó caer la bandeja llena de dulces sobre la mesa de forma estrepitosa, lo que hizo que Winky le lanzase un par de miradas asesinas.
-Hola, Luna -contestó él un poco despistado.
En su interior todavía se debatía la lucha entre revelar a la rubia las sospechas respecto a su novio o investigar por su cuenta hasta reunir las pruebas suficientes como para desacreditar al grandullón. Sabía que Ginny y Luna habían estado enfadadas durante un largo período de tiempo debido a ciertas insinuaciones que la pelirroja había hecho a cerca de las supuestas infidelidades de Longbottom. Esto significaba que Luna podía llegar a ser muy obtusa en cuanto a cualquier comentario que desacreditase a Neville, incluida aquella información revelada por sus amigos más cercanos. Rolf pensó que, sin pruebas, sólo conseguiría cabrear a la muchacha. Además, eso implicaría tener que confesar que había allanado las moradas de dos estudiantes de la residencia.
-Tienes mala cara -prosiguió Luna, sin tener en cuenta el estado de ánimo de su acompañante-. Por cierto, no sé qué demonios he hecho con tus pinceles, que no los encuentro. De momento, usa los mios que están en la uni. Pero no te preocupes que, en cuanto los localice, te los devuelvo. Solo es cuestión de ordenar un poco la habitación de Neville. -Rolf recordó algo muy importante y que tenía muchas ganas de decir:
-Tengo buenas noticias para ti, respecto a eso. Filch me ha dicho que hoy mismo van a arreglar el sistema de seguridad de tu puerta, así que esta noche dormirás en tu añorada camita. ¿No te parece fabuloso? -Desde luego, el rostro iluminado del chico revelaba una profunda alegría interior, algo muy diferente a lo que estaba sintiendo Luna que, con el entrecejo fruncido, se sentía decepcionada.
-¡Pues qué asco, la verdad! -exclamó-. Por mi, como si Filch le alquila la habitación a otro. Yo estaba perfectamente con Neville en nuestro nidito de amor -comentó de forma soñadora.
-Recuerda que, oficialmente, has dormido con Hermione. Que no se te olvide.
-Ya lo sé, Don angustias -bromeó ella. Se fijó en que la tostada del rubio se estaba quedando fría-. Venga, desayuna rápido que en quince minutos sale el autobús.
-No voy a ir a clase -explicó Rolf.
-¿No vas a ir?
-Hoy va a ser día de presentaciones de las nuevas asignaturas, así que paso. -Fingió que su interés era exclusivamente el de permanecer en la cama cuanto más tiempo mejor. Sin embargo, su cabeza ya estaba maquinando un plan para pillar a Neville con las manos en la masa y dejarle en ridículo delante de todo el mundo, especialmente, delante de Luna.
-... y tendréis que aprobar los test de actualidad para superar mi asignatura. -Un abucheo general recorrió la clase, de forma que el profesor se vió obligado a acallar a las masas. Por suerte para él, no fue necesario un gran esfuerzo: la puerta del aula fue abierta con rudeza y un joven musculoso y ancho de espaldas entró sin regocijo.
-Siento llegarrrr tarrrde. -Buscó un lugar donde sentarse, pero, para disgusto suyo, el único asiento libre era el que había compartido el cuatrimestre anterior con Hermione. Justo allí era donde le esperaba la chica, que de pronto había palidecido como la cal.
-Me alegra que hayas venido -confesó Hermione tras veinte minutos de forzado silencio escuchando las indicaciones del profesor. Su compañero permaneció callado. Ella suspiró agotada.
-Vale, supongo que es justo que no quieras volver a hablarme el resto de tu vida -reconoció-. Pero si vas a pasar de mi, tal vez deberías buscarte otro compañero de mesa. Será más cómodo para los dos.
-¿Quieres callarrrte? -Hermione abrió mucho los ojos, pero no dijo nada-. No me dejas pensarr.
-¿Pensar? ¿Qué tienes que pensar?
-Hasta qué punto soy capaz de perrrdonarr lo que me hiciste. -Viktor miraba al frente sin atreverse a echar un vistazo a su lado.
-Viktor, sé que actué mal -reconoció la muchacha-, pero tú me empujaste a marcharme con tu actitud avasalladora.
-¿A qué te empujé, Herrrmione? ¿A dejarrrme en rrridículo delante de mis padrrres? ¿A destrrrozarrr nuestrrro San Valentín? ¿O a mentirrrme todo este tiempo haciéndome crrreerrr que me querías? -Tuvo que controlar su voz para no distraer al resto de sus compañeros ni llamar la atención de Quirrell con sus gritos-. Yo, al menos, trrraté de serr el mejorrr novio del mundo. Veo que no era suficiente para ti.
La joven no pudo controlar una lágrima. Había jugado con fuego y se había quemado. Había tratado de sostener una situación insostenible y se había derrumbado todo. Y ahora tenía que afrontar las consecuencias; entre ellas, hacer sufrir a Viktor.
-Sé que lo que hice estuvo mal, pero créeme cuando te digo que todo lo hice intentado hacerte feliz.
-Yo era feliz simplemente teniéndote a mi lado, aunque sólo fuese como amiga -confesó Viktor, y esta vez sí se atrevió a mirar a los ojos castaños de Hermione.
-Lo siento muchísimo, Viktor. Supongo que has tenido que dar muchas explicaciones en tu casa, ¿no?
-La verrrdad es que no -dijo sin acritud-. Digamos que mis padrrres están acostumbrrrados a que las citas me dejen plantado. -El chico rió amargamente recordando episodios de su vida pasados, a lo que Hermione no pudo evitar sonreir-. Siguen pensando que eres una chica muy inteligente. Tal vez ahora incluso más.
-No digas eso -le pidió avergonzada-. Seguro que...
La vocecita del profesor Quirrell la interrumpió.
-¡A ver, vosotros dos del fondo! -Todos los alumnos se giraron hacia Hermione y Viktor, quienes desviaron la mirada hacia el suelo-. Sí, vosotros dos. Si no tenéis interés en lo que estoy diciendo, ahí tenéis la puerta. -Se giró hacia la pizarra murmurando-. Nadie os obliga a venir a clase...
Tras el toque de atención, los dos jóvenes no volvieron a pronunciar palabra el resto de la hora, aunque Hermione sí que aprovechó la nueva circunstancia para hacer las paces de manera express. Le dió un codazo al chico para que éste la mirase.
-¿Amigos? -pronunció ella con los labios sin mediar sonido.
Viktor se lo pensó un momento y, luego, asintió. Ella agradeció el gesto besándole en la mejilla, lo que conllevó una segunda recriminación por parte de Quirrell:
-¡Que esto no es un picadero!
Tres horas y media leyendo en la sala de 'Hermitage Road' tenía sus consecuencias. Sus piernas se le habían quedado dormidas y los dedos de los pies amenazaban con hacer lo mismo. Además, los brazos le hormigueaban debido a la incómoda posición que había adoptado para poder espiar a todo aquel que abandonase la residencia. Había visto pasar a más de veinte alumnos que se dirigían a la universidad o a pasar el día a lugares colindantes, pero ninguno era Neville.
Empezaba a cansarse de esperar y estuvo a punto de desitir. Al fin y al cabo, todavía no tenía ninguna prueba de que él fuese el chico que engañaba a su novia. En el fondo, quería pensar que Neville era un buen tío que se merecía a Luna.
Iba a levantarse cuando crujieron las escaleras que tenía en frente y a los pies de las mismas apareció en novio de la rubia. Tal y como había sospechado Rolf, si su intención era cometer una infidelidad, no se le ocurriría coger su propio coche porque eso podía delatarle. Le vió coger el autobús que se dirigía a Chester y no dudó en subir tras él. Neville iba tan enfrascado en la música que escuchaba a través de sus auriculares que ni se fijó en la presencia de Rolf al fondo del vehículo, estudiando todos sus movimientos.
Mientras, el rubio no dejaba de pensar en que todo aquel asunto le olía a chamusquina y aquel mismo día comprobaría que Neville no era un tipo de fiar.
¡Hola! :D
Parece ser que nos vamos acercando a la caída de Neville... uuhhhh!! XD (se lo tiene bien merecido!). Habrá que ver a Rolf en plan espía y detective (dos en uno!) jajaja
En cuanto a la historia de Ginny y Seamus, no os recomiendo que le déis muchas vueltas a la cabeza con lo poco que sabéis de ellos dos porque dentro de poco se esclarecerá todo y, de momento, los datos sólo pueden llevaros a error. Tiempo al tiempo...
¡Hasta la semana que viene!
¡Besos! ^^