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'Hermitage Road' — capítulo 41
Una vez se hubo bajado en la calle central de Chester siguió a Neville manteniendo las distancias. Se dió cuenta de que el chico ocultaba algo cuando se giró por tercera vez para ver si estaba siendo observado. 'Demasiado sospechoso', se dijo a sí mismo Rolf.
Neville anduvo por varias calles periféricas hasta que entró en un portal privado cuyas puertas estaban compuestas casi en su totalidad por un cristal rallado y blanquecido por la vejez que se sujetaba gracias a unos listones de hojalata sucia. Un encanto de lugar, en definitiva.
Rolf vió a Longbottom tocar el portero automático y desaparecer tras la puerta. Medio minuto más tarde el rubio se acercó hasta la entrada y comprobó, tal y como se imaginaba, que la puerta desvencijada se abría al mínimo roce. 'Mínima seguridad', anotó en su desordenada cabeza.
Una vez dentro del local, las cosas se complicaron un poco. Habia seis pisos repartidos en tres plantas y en ninguna se oía un solo ruido, por lo que a Rolf le resultó imposible conocer la ubicación exacta de Neville. No podía quedarse esperando en las escaleras porque sería descubierto en cuanto algún vecino saliese, así que salió del edificio y esperó en la calle de enfrente, sentado en el bordillo de la acera, oculto entre dos coches desde donde tenía una perfecta visibilidad del portal.
Despertó tarde, pero descansada después del cúmulo de emociones que había experimentado la noche anterior. No había sido nada fácil desnudar su alma y menos ante Harry, pero ya estaba hecho. Miró el reloj y, tal y como imaginaba, se había perdido las clases de la universidad. No era algo que le preocupase especialmente, así que se estiró para desentumecer los brazos y se fue directa al baño a darse una ducha que terminaría de despejarla.
La hora de comer se había pasado hacía mucho tiempo, pero eso no era un problema para conseguir alimento, y menos para ella. En las cocinas, Dean limpiaba la grasa del brasero, y el muchacho no tuvo ningún reparo en preparar un sandwich de jamón y queso para la pelirroja. Una vez satisfecho su estómago, subió a la habitación de Harry con un paquete de galletitas saladas que había robado sin que Dean se diese cuenta. El moreno tendría un hambre voraz y, después de todo lo que había hecho por ella, era lo menos que podía hacer para compensarle.
Empezaba a refrescar y ya se había comido el tentempié que le había preparado Winky, cuando la roñosa puerta se abrió y tras ella apareció el chico al que llevaba esperando tres horas. Pero no iba solo. Una joven preciosa de profundos ojos verdes y nariz respingona le cogió de la mano en cuanto cerró el maltrecho portal. Rolf se levantó y, oculto todavía por los vehículos aparcados en los márgenes de la carretera, seguió a la sonriente parejita.
Tras dar una aburrida vuelta por el parque más concurrido de Chester, se pararon en un bar a tomar unas copas. La oscuridad interior no le permitía observar los sucesos de dentro, pero, para suerte de Rolf, ambos muchachos se sentaron en una mesa limpia que había junto la única ventana del establecimiento. El rubio se recostó contra un árbol que le camuflaba gracias a las enormes hojas que el invierno no había conseguido matar y observó con atención.
Una camarera se acercó a Neville y a su acompañante con las bebidas que poco antes habían pedido. Rolf permaneció inmutable bajo el gélido viento que trataba de hacerle desistir de aquella locura. Los labios de la parejita se movían sin cesar. Lamentablemente, Rolf no podía conocer el contenido de aquella interesante conversación.
Tocó a la puerta de forma estridente, acorde a su personalidad.
-¿Harry? ¿Estás despierto?
Quince segundos después, la puerta fue abierta por un chico de pelo negro desaliñado que llevaba puesta una camiseta grisácea y arrugada como pijama.
-¿Estabas durmiendo? -preguntó Ginny al ver el aspecto que presentaba el muchacho.
-Sólo hasta que te has puesto a gritar como una loca -sonrió él.
Una vez ligeramente despejado, se avergonzó del aspecto que la pelirroja estaba viendo de él: sin peinar, con las gafas torcidas al ponérselas a todo correr, con una camiseta de propaganda y, encima, en calzoncillos. 'A lo malo, malo; menos mal que no se me ocurrió dormir en bolas'.
-¿Me das cinco minutos para ducharme y ponerme un poco decente?
-Claro. -Ginny entró en la habitación de Harry sin preguntar y se sentó sobre el escritorio-. Aquí te espero.
El joven cerró la puerta y, bajo la atenta supervisión de Ginny, cogió unos vaqueros, un polo a rayas y ropa interior limpia. No fue hasta cuando se encerró en el baño, que la pelirroja relajó la vista y se puso a leer los reportajes del chico.
Empezaba a adormilarse por el cansancio acumulado cuando, a través del cristal del bar, el movimiento de la chica que se sentaba frente a Neville le puso las pilas de nuevo. Se restregó los ojos para centrarse en lo que ocurría: la muchacha fue a sentarse directamente en las rodillas de Longbottom. Sin embargo, ahí no quedó la cosa; tuvo que frotarse de nuevo los ojos para poder creer lo que veía. Neville agarraba la nuca de la joven y la aproximaba a su cara hasta darle un beso que habría quitado la respiración a más de uno. "¡Es cierto! No puedo creerlo, ¡Neville engaña a Luna!", pensó con rencor. "¡Será cabrón! En cuanto se lo diga a Luna, se va a enterar el gilipollas éste". De todos modos, no podía volver a 'Hermitage Road' con las manos vacías. Necesitaba pruebas, y no servía su propio testimonio. Tenían que ser pruebas irrefutables.
Sacó su móvil y rezó porque la parejita siguiera besándose lo suficiente como para grabar un par de imágenes y vídeos. De nuevo, la suerte estuvo de su parte y consiguió grabar dos vídeos en los que se veía claramente el rostro del novio de Luna, así como unas siete fotografías muy reveladoras con distintos tipos de zooms para captar bien la calle, el bar, el asiento de los dos,... Desde luego, Rolf no tenía conocimientos de periodista ni de paparazzi, pero actuó como si fuera uno de ellos.
-Lo siento, pero no hay nada más que hablar sobre ese tema -zanjó la discusión guardando la cámara en un cajón con cerradura.
-Algún día descubriré lo que escondes en esa cámara, Harry Potter -dijo la muchacha con voz solemne.
Tumbados en la cama estaban mucho más relajados que hacía media hora. Harry se secaba el pelo frotándolo con una toalla mientras Ginny picoteaba con las galletas que había sustraido de las cocinas de 'Hermitage Road'.
-Siento sacar el tema de nuevo, pero es que aún no acabo de creérmelo. -Harry cambió radicalmente la dirección y el tono de la conversación para que la chica se olvidara totalmente de la cámara fotográfica que había encontrado unos momentos antes.
-¿El qué no te crees?
-Lo que te hizo Seamus -dijo el moreno sin rodeos. Ginny suspiró cansada.
-Empiezo a pensar que, tal vez, la peor parada en esta situación no he sido yo.
-¿Hablas de la chica a la que Finnigan dejó embarazada? -preguntó Harry sabiendo de antemano la respuesta. Ginny afirmó con la cabeza.
-Sin duda, ella ha sido otra víctima más de todo esto. Y su hijo no nato, también.
-Pero tú fuiste la engañada en toda esta historia, Ginny -repuso Potter-. A lo mejor no has sido la más perjudicada, pero has sido la que más a sufrido, y lo sabes.
-Sí, lo sé, Harry. Lo he pasado realmente mal al enterarme de que Seamus me había estado engañando durante todo ese tiempo con aquella americana. -Ginny decidió que era preferible reconocer los hechos y no andarse por las ramas-. Sin embargo, cada uno tiene lo suyo.
-Explícate -le pidió el muchacho.
-La estúpida que se tiraba a mi novio acabó embarazada de un tipo que no podía hacer frente a la gravedad del asunto y que, además, no podía ofrecerle estabilidad porque ni siquiera me la ofrecía a mi -resumió la chica Weasley-. Yo acabé destrozada y engañada a más no poder. Y Seamus...
-Él fue quien lo tuvo mejor -dijo Harry con amargura.
-No -rechazó Ginny-. Mira, cuando aquel día seguí a Seamus para saber adónde demonios iba, y le pillé entrando en aquel... antro -explicó sin saber muy bien cuál era la palabra correcta a utilizar-, yo ya sabía que todo aquello estaba relacionado con sustancias ilegales, pero no podía ni siquiera sospechar lo atado de pies y manos que estaba Seamus por traficar con drogas.
-¡Él se lo buscó! -Harry no soportaba el dolor que su pelirroja había pasado y aún menos podía comprender que alguien se atreviese a defender a Finnigan.
-Vale, Harry, es cierto que él decidió por voluntad propia colaborar con los capos, pero se te olvida que detrás de todo esto había un buen motivo: ayudar a su hijo y a la madre del niño.
-Es lo mínimo que debería hacer cualquier tío -opinó el chico-. Si eres lo suficientemente hombre como para dejar embarazada a una mujer, también lo has de ser para afrontar las consecuencias, sea como sea.
Ginny rió por lo bajinis.
-¿Qué habrías hechó tú?
Harry no se pensó mucho la respuesta.
-Yo jamás engañaría a mi novia con otra y, mucho menos, le haría un bombo. Para eso existen métodos anticonceptivos.
-A veces fallan -contratacó Ginny.
-Pero ése no es el supuesto que se dió con Seamus, ¿verdad? Él no hizo nada para evitar aumentar la tasa de natalidad.
-Es curioso que, ahora que yo empiezo a superar mi historia con Seamus, tú te hayas vuelto tan irascible con él -comentó la Weasley de forma pensativa-. ¿Te ha hecho algo a nivel personal?
"Ha hecho muchísimo daño a la mujer que amo y, además, la ha convertido en inalcanzable para mi, ¿te parece poco?", quiso responder, pero se limitó a contestar:
-No, nada.
Salieron del bar cuando ya oscurecía, algo que a mediados del invierno sucedía sobre las seis de la tarde. A Rolf casi le da un ataque al ver que la pareja cruzaba la acera y se aproximaba peligrosamente hacia él. Se quedó quieto tras el árbol en el que se encontraba. Ya pensaba que le habían visto espiando, cuando Neville se detuvo delante del árbol y se giró hacia el bar en el que acababan de estar. El rubio, que permanecía escondido, pudo escuchar la conversación entre los dos muchachos:
-¿Estás seguro de que te tienes que ir? -El sonido agudo y melodioso no permitía lugar a las dudas: aquella era la voz de la mujer-. Todavía tienes un minuto para pensártelo hasta que llegue el bus...
-Tengo que volver -dijo Neville-. Mi novia ya me echará de menos.
Un suspiro insatisfecho siguió a la explicación del chico.
-Espero que volvamos a vernos. Prontito -puntualizó ella.
-Dime cuándo puedes volver a tener el apartamento libre y ya veremos si me puedo librar de Luna.
-Por cierto -la voz melosa de la joven volvió a poner sobre aviso a Rolf-, antes, en mi casa, me has demostrado que sí reservaste energías para mi, ¿eh?
El apasionado beso de la pareja fue sofocado por la llegada del autobús que devolvía a sus pasajeros a los pueblos adyacentes del condado.
Tras veinte segundos, Rolf sonrió al escuchar el motor del autobús rugir, lo que indicaba que Neville se alejaba y que no había sido descubierto. Su sonrisa no pudo ser mayor cuando volvió a oír los comentarios de la pareja reproduciéndose en la grabadora de voz de su móvil.
¡Hola, mis ávidos lectores! :D
Parece que a Neville se le va a caer el pelo... (se lo tiene bien merecido!). ¡Esperemos que Rolf no pierda las pruebas! O.O ¿Cómo reaccionará Luna? ¿Pensará que todo es son una falsificación y que hay un complot para desestabilizar a Neville?
Por otra parte, ahora sí que podéis darle a la mollera y pensar todo lo que queráis acerca del pasado de Seamus y Ginny (más que nada, porque doy el tema por zanjado; no voy a darle más vueltas al asunto dentro de la trama de la historia). No espero que me hagáis caso porque en el último capítulo dije que dejárais el tema de Ginny en paz hasta conocer toda la verdad y, por los comentarios, fue como hablarle a las paredes ¬¬
¡Os veo el viernes que viene!
¡Besitos! ^^