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'Hermitage Road' — capítulo 42
Estaba sumamente emocionado. Le habían concedido la petición que había hecho hace meses al CBA (o Chester Blind Association, como solían decir las enfermeras) y, por fin, podía enseñárselo a su alumna. Sabía que a ella le encantaría, además de que resultaría una ayuda inmejorable a la hora de desenvolverse en el día a día. Gracias a Pipo, sería cuestión de meses el que su pupila pudiera salir de aquella "prisión", como solía calificar a la institución cuando nadie le oía.
Pasó frente a la secretaría, donde se encontraba la enfermera que llevaba el papeleo en sus ratos libres. Lo miró a él y al bulto nervioso que llevaba entre sus brazos y, con una sonrisa, le dejó pasar al pasillo central desde donde se podía acceder a la mayoría de las habitaciones de los internos. Para su sorpresa, la puerta de la habitación de su paciente estaba abierta. Empujó el plástico duro que ocultaba en su interior a la persona que le hacía sonreir cada día, aunque se lo negase así mismo una y otra vez. En seguida se calmó al reconocer la mata de pelo negro y grasiento, que ocultaba con su cuerpo a la chica.
-... de acuerdo, pero recuerda que sólo yo puedo autorizar que dejes las pastillas -decía el hombre de voz grave-. No se te ocurra abandonar el tratamiento por tu cuenta.
-No te preocupes, Severus -"¿Severus? ¿A qué vienen tantas muestras de afecto?", se preguntó el joven. Bien cierto era que, normalmente, no se solía encontrar con el doctor, pero tampoco sospechaba que entre él y la ciega hubiese una relación cordial y de confianza-. Bueno días, Draco.
Snape se giró y, efectivamente, descubrió junto a la puerta al rubio. Abrió mucho los ojos al ver lo que llevaba consigo, pero un gesto de Draco fue suficiente para entender que se trataba de una sorpresa para Astoria y que no debía descubrir el pastel antes de tiempo.
-¡Hey!, ¿cómo has sabido que estaba aquí? -preguntó obteniendo como respuesta una risa dulce de mujer.
-He percibido tu aroma: tu colonia masculina mezclada con ese frescor que envuelve a las personas que vienen de la calle -contestó sacando la lengua-. ¿Has visto cuánto he mejorado?
-Estoy impresionado -dijo Draco sinceramente. Severus pasó junto a él en silencio-. ¿Ya se marcha, doctor?
-Sí. Sólo venía a darle unas indicaciones a Astoria. Buenos días a los dos. -Y tras estas escuetas frases, el hombre desapareció por el pasillo.
Se despertó molido. Le dolía todo el cuerpo, a pesar de que la noche anterior no hubiese hecho grandes esfuerzos. Sin embargo, las emociones vividas en San Valentín le habían pasado factura y, por ello, se precipitó a la recepción con un dolor de cabeza insoportable.
Algunas de las estudiantes que se encontraban en el pasillo en aquellos momentos se regodearon la vista con la impresionante imagen de los abdominales del Ron acompañando el movimiento del pelirrojo. El Weasley parecía ser el único que no se había percatado de que los vaqueros desgastados eran su única compañía.
-¡Carca...! Digo, ¡Filch!; digo, ¡Argus! -exclamó al llegar a la planta baja-. Necesito una aspirina.
-¿Me has visto con cara de farmacia? -respondió el conserje con la misma cara de amargado de siempre-. Pregunta en las cocinas o búscate la vida. ¡Y no me molestes con cuentos chinos!
Ron se abstuvo de soltarle una expresión hiriente porque su cabeza le pedía ayuda a gritos. Corrió hacia el comedor con urgencia.
-¿Hola? ¿Hay alguien aquí? -preguntó al ver que las luces estaban apagadas y no quedaba comida en los mostradores.
-¿Qué buscas? -Ron miró al frente y distinguió entre las sombras a Dean, el eterno habitante de los fogones-. Son las seis y media; hasta las ocho no servimos la cena.
-¿Tienes una aspirina, un ibuprofeno o algo?
-Pues no -dijo el negro, como si fuera evidente-, esto es un comedor, no un hospital.
-Muchas gracias por nada, ¿eh? -El pelirrojo salió de la estancia muy mosqueado. El dolor de cabeza le estaba poniendo de mala hostia.
-¡Ronnieeeee! -"Lo que me faltaba para acabar mal el día", pensó amargado. No tuvo más remedio que girarse y enfrentarse a la dueña de aquella vocecita estridente que cada vez le resultaba más molesta.
-Te he traido algo que te va a ayudar a superar las dificultades de la ceguera. -Astoria sonrió inmensamente-. Pero no te emociones tan rápidamente; es un método que tiene un largo tiempo de adaptación.
-Como todo, ¿no? -se resignó ella.
-Lo bueno es que esta nueva ayuda te va a gustar -aseguró el chico.
-¡¿Quieres decirme qué es de una maldita vez?! -casi chilló la joven-. ¡Me estás poniendo nerviosa, Draco!
-¿Todavía no lo has adivinado? -dejó caer el chico de forma misteriosa-. Pensé que a estas alturas ya podías detectar los movimientos igual que has detectado mi llegada...
Astoria no supo interpretar las palabras del muchacho, pero en vez de quedarse sentada esperando a que Draco le revelase la misteriosa sorpresa, se puso a gatas y fue tanteando el suelo en busca de una tercera persona que todavía no se había presentado. Estaba segura de que no se trataba de su hermana ya que la hermana mayor de las Greengrass se hallaba en el continente americano por un asunto de negocios, tal y como la mismísima Daphne le había confirmado en su última conversación teléfonica.
Empezaba a desesperarse y a sentir agudas punzadas en las rodillas, cuando sus dedos tocaron una superficie blanda, sedosa y suave que, para su sorpresa, escapó de su alcance a los pocos segundos. "No será...".
-Lavender, ahora no, por favor -pidió él-. No me encuentro bien.
-¡Ronniee! ¿Qué te pasa? ¿Quieres que te lleve a Urgencias? -Brown estaba realmente preocupada. Sostenía al chico como si estuviera a punto de caerse muerto.
-Sólo quiero una aspirina, nada más.
-Yo tengo un botiquín completo en mi habitación, ahora mismo te lo traigo. -Ron vió cómo ella desaparecía por la escalera a todo correr.
El pelirrojo recostó la cabeza sobre el reposabrazos del sofá ante la impotencia de poder hacer nada para calmar su dolor. Sin embargo, éste disminuyó cuando unas suaves caricias recorrieron su frente y los mechones de su nuca. No le importó quién estaba teniendo aquel gesto tan cariñoso con él; en esos momentos estaba lo suficientemente dolorido como para dejarse hacer. Por un momento, tuvo la loca idea de que se trataba de Luna, que se encontraba en la misma sala, pero cuando entreabrió levemente los ojos, se fijó en que la rubia soñadora leía una revista frente a él. Quiso creer que era una muchacha castaña la que le cuidaba, aún sabiendo que eso era imposible. ¿O no?
-Si tan cansado estabas, ¿qué haces aquí medio tirado?
Ron abrió mucho los ojos al reconocer la voz. Miró a la chica que continuaba acariciándole y, al ver la sonrisa de ella, se le curaron todos los males.
-Hermione... -susurró como delirando. La muchacha sonrió con ganas, pero no le duró mucho la felicidad. Una voz que se acercaba a la sala interrumpió el momento de la risueña pareja.
-Toma, Ronnie, te traigo la aspirina. Que conste que todavía sigo enfadada contigo por lo de anoche, ¿eh? -rió Lavender bajando los escalones-. También te he traido una camiseta para que te cubras un poco. Que a mi me encantan tus músculos, ya lo sabes tú, ¡pero no me gusta que los vayas exhibiendo por ahí! -Al llegar abajo se topó con Hermione-. Vaya, te dejo a solas un momento y te acosan los moscardones... ¿o debería decir 'las mosquitas muertas'? -comentó desafiante ante la rabiosa mirada de Hermione.
Un ladrido confirmó lo que ya intuía.
-¡Draco! ¡Un perro! -gritó algo emocionada.
-¿Cómo que un perro? -El chico arrugó el entrecejo-. ¡Lo vas a ofender! No es un perro, es Pipo.
-Acércamelo, por favor -pidió Astoria al comprobar que el animal todavía no había adquirido una gran afinidad con ella.
Cuando por fin lo tuvo entre sus brazos, pudo palpar lo pequeño que era. "No parece un perro-guía", pensó la chica. Sin embargo, eso no la preocupó demasiado. Ahora tenía un perrito que la haría compañía cada vez que Draco volviese a 'Hermitage Road'. Gracias al tacto, supo que Pipo tenía el pelo corto y liso, las orejas medianas y caídas, con unos mechones algo más largos en los extremos, así como en las patitas, que el animal movía incesantemente intentado escapar de su opresora. El estrés de cambiar de ambiente rápidamente le estaba pasando factura.
-Déjalo en el suelo para que se vaya acostumbrando a su nuevo hogar -sugirió Draco.
-¿De qué raza es?
-Es un Golden Retriever, ¿te suena? -Astoria ladeó la cabeza intentando recordar, pero le resultó imposible-. Es como cualquier otro perro lazarillo; todos son iguales -bromeó el joven sabiendo que su afirmación no era correcta del todo-. De momento es sólo un cachorro, pero cuando sea más grande podrá ayudarte.
-¿No es muy joven para ser un perro de ciegos? -quiso saber Astoria.
-Antes de ser un auténtico perro-guía tendrá que pasar por una especie de examen que hace la CBA -contó el rubio-. Normalmente estos perros pasan el primer año con una familia de acogida, pero en cuanto he explicado tu situación y lo sola que estás, los de la CBA me han dejado traértelo.
La invidente se puso en pie y se lanzó a los brazos de Draco, quien la recogió de milagro. No se esperaba una acción tan impulsiva de alguien que no ve lo que tiene delante de sus narices.
-¡Mil gracias, Draco! Ha sido el mejor regalo que me han podido hacer nunca -dijo ella realmente emocionada-. Justo lo que necesitaba, en el momento en el que más falta me hacía.
-Me alegro de que te guste -sonrió el joven Malfoy. Acto seguido, se giró hacia el perro-. Bienvenido a la familia, Pipo.
El cachorro se le quedó mirando sin entender del todo que aquellas cuatro paredes serían su nuevo hogar.
-¿Lo de anoche? -Hermione repitió las palabras de Lavender con ira contenida. Miró a Ron enfurecida- Con que al final no estabas tan desamparado en San Valentín como parecías...
-No, vamos a ver, Hermione -quiso explicar el chico-. Déjame explicarte qué pasó con Lavender...
-¡Pero si está muy claro todo! -Se separó del pelirrojo de forma bruta con intenciones de marcharse.
-¡Espera, Hermione! -Lavender se quedó como en shock al ver que el joven no la hacía caso y sólo se preocupaba de lo que pudiese pensar Granger.
-Mira, Ron. Yo no soy tu novia y tú no eres nada mio, así que no me debes ningún tipo de respeto. Puedes hacer lo que te dé la gana. -Dicho esto, se marchó desoyendo las exclamaciones de Ron, que apenas se podía mover de lo mucho que le dolían los músculos, e ignorando la sonrisa de suficiencia que destilaba Lavender.
A la vez que salía de la residencia enfurecida, un chico rubio entraba con una gran sonrisa oculta en su interior. Buscaba unos ojos azules que, afortunadamente, le esperaban en la sala.
-¡Luna! -exclamó para llamar la atención de la muchacha.
-¡Rolfy! -El joven volvió a juntar las cejas, como cada vez que alguien le llamaba así-. ¿Dónde te habías metido? Te he dejado un mensaje en el móvil...
-Lo sé, lo he visto. -Agarró la muñeca de la chica y tiró de ella escaleras arriba- Ven a mi cuarto, hay algo que tienes que ver.
¡¡Holaaaa!! :D
Sé que muchos estábais deseando ver lo que ha pasado con Rolf y las pruebas sobre la infelidad de Neville que tanto le costaron conseguir, pero tendréis que esperar hasta la semana que viene para eso. Este capítulo empezó a escribirse por sí solo con la aparición de Pipo, algo que no estaba para nada previsto y que se me ocurrió cuando una amiga adoptó a una perrita hace unas semanas (que se ha convertido en una auténtica fiera!) jajaja
En cuanto a Hermione y Ron... la felicidad les ha durado menos de 24 horas ¬¬
Ah, que se me olvida!!: Este capítulo se lo dedico a BeitaPotter, ¡¡¡que el martes es su cumple!! (¿pensabas que no me iba a acordar?) xP Mi pequeñina se hace mayor... snif, snif
Además, tengo que agradecerle que todo apunta a que nos vamos a la Premiere de HP y las Reliquias de la Muerte parte 2!!!!!!!! YUHÚÚU!
¡¡Prepárate, Londres, que allá vamos!! :DDDDDDDDDDD
Pasad todos unos estupendos Carnavales (los que los celebreís). Dentro de no mucho, nuestros protagonistas también tendrán su Carnaval particular (y pasarán cosas que yo ni siquiera tenía previstas) xP
¡El viernes que viene vuelvo con más caña!! -
¡Mil besos! ^^