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'Hermitage Road' — capítulo 44

Aquello parecía una fantasía de las suyas. Frente a ella desfilaban formas y colores de lo más variopintos y, lo más insólito de todo aquello no era que esas figuras fuesen personas de carne y hueso, sino que en realidad había gente que estaba dispuesta a vestirse ridículamente con tan de celebrar una festividad que, en su opinión, no tenía ni pies ni cabeza. Aquel día no importaba quién eras, sino quién decías ser. Aquel día era Carnaval.

-¡Cuidado! -avisó con tiempo una figura pastelera y dulce que, de hecho, sostenía una pila de tostadas de carnaval recién hechas en una bandeja blanquecina-. Princesita, si me dejas pasar, te dejo que cojas uno de los croissants. -El hombrecillo señaló su cabeza, de donde colgaban docenas de mini-croissants que, para su sorpresa, eran comestibles. Al alcanzar uno de los bollos, una arruguita inconfundible se dejó entrever sobre la piel camuflada.

-¿Dobby? -preguntó incrédula.

-¡El mismo! ¿Te gusta mi disfraz?

-Errrrr... -Le miró de arriba a abajo, pero aparte de un delantal con los bajos sucios que le hacían tropezarse constantemente, todo el resto de su cuerpo estaba cubierto de croissants. "Con lo glotones que son en esta residencia, a ver cuánto le duran". Buscó una respuesta que no supusiese una mentira-. Es un claro reflejo de tu persona.

Dobby le respondió con una de sus encantadoras sonrisas abominables y seguió su camino entre los estudiantes que trataban de robarle algún bollo sin que se diera cuenta.

Cuando entró en el comedor, le pareció que todo estaba patas arriba: las mesas habían sido tunneadas para que cada una mostrara motivos distintos acorde a la temática de los disfraces de los jóvenes. Piruletas, palmeras de chocolate y otros dulces colgaban del techo, los alimentos del desayuno también habían sido tematizados y, por su puesto, el suelo estaba lleno de confeti revuelto y sucio, con las marcas de los zapatos en algunos de los trocitos de papel. Aquello era peor que nochevieja.

-¿El mundo se ha vuelto loco? -preguntó en alto, haciéndose eco entre la multitud, sin esperar respuesta.

-El mundo ya estaba loco, Hermione -oyó una voz tras ella-, sólo necesitaba un día al año para demostrarlo.

La chica Granger se giró para quedar frente a Ginny, pero su amiga pelirroja había desaparecido tras una escafandra de plástico color agua sucia y una mascarilla de papel que le tapaba medio rostro.

-¿De qué demonios te has disfrazado? -quiso saber Hermione, incapaz de imaginar las razones por las que una persona podría ponerse semejante armatroste encima.

-En el paquete lo llamaban "controlador de pandemias" -explicó la pecosa.

-Pareces sacada de una película de ciencia ficción -comentó Hermione-. Si te pusiéramos junto a Winky, pareceríais personajes de "Monstruos S.A.".

-Vaya, hombre. Muchas gracias. Ten amigas para esto -se quejó.

-¿Se puede saber por qué no te has comprado aquel disfraz de Catwoman que tanto te gustaba? -recordó pensando en la paliza que Ginny la había dado con el dichoso disfraz de cuero.

-¡Porque no tenía suficiente dinero! -rompió a llorar la chica Weasley recordando el bonito traje de superheroína-. Esto es lo único que me podía pagar, ¿satisfecha?

Hermione se quedó paralizada. Había metido la pata hasta el fondo.

-Lo siento muchísimo, Ginny. Si hubiera sabido lo apurada que estabas económicamente, te hubiera prestado dinero.

-Precisamente porque mi familia no tiene tantos recursos como me gustaría, no puedo gastarme la pasta en algo tan insulso como una fiesta de disfraces -razonó la joven-. Por lo menos, veo que tú sí que conseguiste el traje que querías. -Señaló el precioso vestido blanco con motivos plateados que lucía su amiga-. Pareces una princesa...

-Reina de las Nieves, exactamente -puntualizó Hermione-. Estaba rebajado, aunque, aún así, no es del todo original. Ya sabes que yo preferiría borrar esta fiesta del calendario.

-¡Anda, no seas aguafiestas! -pidió-. Ya verás esta noche. ¡Te lo vas a pasar genial en la fiesta de disfraces que van a montar en la sala de juegos!

-Supongo que vienes con la misma camisa de siempre y los vaqueros viejos, ¿no? -preguntó después de terminar un ejercicio particularmente complicado.

-¿Para qué voy a disfrazarme... -empezó diciendo el rubio.

-... si no te puedo ver? -terminó ella la frase.

-... si Pipo me va a ensuciar con sus patas? -dijo con retintín. Una de las cosas que menos le gustaban de la chica era su obsesión por relacionar cada detalle del día con su ceguera. Si no lograba alejar de su mente su discapacidad, jamás avanzaría. No pretendía que se olvidara de que estaba ciega, eso era muy difícil, y más para alguien que no llevaba ni un año de adaptación; pero, por lo menos, pretendía que no relacionara día sí y día también cada momento con la invidencia.

-Eres my malo mintiendo, Draco. Y eso es grave -comentó medio en broma, medio en serio-. Después de tanto tiempo a mi lado, ya deberías haber aprendido a mentir con cierta credibilidad.

-¿Por qué no dejamos el asunto de las mentiras a un lado y nos centramos en el último ejercicio? -quiso cambiar de tema.

-También eres malísimo desviando las conversaciones. -Rió suavemente.

-Ya vale, Astoria. Me siento incómodo.

-Perdona -pidió de corazón y, tal y como Draco pretendía, retomó la charla de las prácticas-. ¿En qué consiste el ejercicio?

-Quiero que pruebes algo nuevo y, por eso, voy a incrementar bastante la dificultad de las actividades -explicó el muchacho-. Hasta ahora, te has guiado por la intensidad de la luz que percibes, sin embargo, a partir de ahora practicaremos a oscuras para que la desorientación sea máxima. Te dejaré dormir mucho durante el día para que cada noche estés descansada y nos pongamos a ello. Empezamos hoy mismo.

-¡Qué guay! -saltó de repente Astoria. Una idea fugaz cruzó su mente-. Un momento, ¿eso significa que esta noche no vas a celebrar el Carnaval?

Draco asintió como si la respuesta fuera muy obvia:

-Entre irme de fiesta o trasnochar para trabajar -comenzó diciendo de forma cómica- prefiero estar contigo.

La ciega dejó en el suelo al perrito que había estado sosteniendo en brazos y se abalanzó sobre el chico, como venía siendo costumbre. Le abrazó fuertemente tratando de que la luz del rubio consiguiese borrar las tinieblas que cubrían sus ojos verdosos.

Se quitó un par de hilos que colgaban de su chaqueta demasiado usada y tocó la puerta de la habitación de su amigo utilizando un código especial desarrollado a través de los nudillos. El adormilado estudiante de su interior reconoció las señales y abrió la puerta desganado. El pelirrojo que lo esperaba fuera se quitó la gorra y saludó como un auténtico piloto:

-Bienvenido a aerolineas Weasley... -Un olor pestilente del interior de la estancia golpeó sus fosas nasales-. ¡Buff! Tío, deberías ventilar de vez en cuando... Aquí huele a sudor y pies. -Las ojeras de Neville y su aspecto desaliñado le dieron a entender a Ron que el muchacho no estaba en su mejor momento-. ¿Todavía sigues así? ¡Pero si ya han pasado dos semanas!

-¿Y qué? -contestó Longbottom con la voz ronca- ¿Te crees que la gente ha olvidado el numerito que me montó Luna?

-Por supuesto que no, pero no puedes quedarte eternamente encerrado en tu cuarto -respondió Ron-. Además, aquel asunto es agua pasada.

-Eso díselo a Luna, que me sigue matando con la mirada cada vez que me ve. -Ron no pudo evitar pensar: "Te lo tienes bien merecido". Recordaba cómo la muchacha había descendido las escaleras de 'Hermitage Road' enfurecida para acabar abofeteando a su novio (ahora ex) delante de los estudiantes que se encontraban en la sala y enseñando las pruebas como una loca mientras Neville aguantaba el bochorno. En su interior, no sentía ninguna pena por su amigo, él se lo había buscado-. Algún día el rubito me las pagará por haberme dejado en ridículo.

-Lo que tú digas -dijo el pelirrojo sabiendo que Neville ladraba mucho y mordía poco-, pero hasta entonces, más te valdría disfrazarte y bajar conmigo esta noche a la fiesta. Seguro que mañana te despiertas con una nueva churri en la cama -trató de animarle.

-No sé, Ron... -dudó el chico-. No tengo el cuerpo para fiestas.

-¡Joder, tío! ¡Ya no sales nunca! -Se quejó el joven Weasley.

-Yo no saldré nunca, pero tú es el cuarto año que repites modelito -señaló el grandote sus vestimentas-. Podrías cambiar la gorra, por lo menos. Siempre disfrazarse de piloto debe ser un coñazo.

-Pues claro que es aburrido, pero no puedo andar gastándome un pastón para compararme algo que me voy a poner un día al año -razonó-. El viejo uniforme de Bill me queda bien y lo seguiré amortizando hasta que se haga pedazos.

-Mi abuela me envió un disfraz. Está en el armario por si quieres ponértelo.

El apuesto piloto abrió con delicadeza las desvencijadas puertas del maltratado armario, testigo de muchas de las sesiones amatorias de Longbottom y Lovegood, y en el fondo, aplastado por un par de zapatillas de deporte, había un traje envuelto en plástico transparente. Lo sacó y lo desenvolvió.

-¡Un enorme disfraz de payaso! -Ron alisó el brillante traje de mil colores-. ¡Si viene hasta con nariz, peluca y zapatos!

-Esos los añadió mi abuela, que es muy perfeccionista -aclaró el otro joven-. Puedes usarlo esta noche y, así, cambias de disfraz.

-Te lo agradezco, pero este traje ya tiene maniquí para esta noche.

-¿Quién? -preguntó Neville sin entender del todo a su amigo.

-Tú -contestó Ron y, antes de que el joven se negase, continuó hablando-. Vas a venir conmigo a la fiesta, quieras o no. Y no hay discusión posible.


¡Hola! :D

Bueno, como habéis podido comprobar, he dirigido un poquito la discusión entre Luna y Neville para que le déis a la imaginación dentro de unos parámetros razonables jaaja

Como ya anticipé, el Carnaval ha llegado a Hermitage Road y se mantendrá con nosotros hasta que termine marzo -

Vuelvo el viernes que viene con un poquito de más acción, ok?

¡un besito! ^^