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'Hermitage Road' — capítulo 45
La buscaba insistentemente, pero la rubia incansable que lo acompañaba le dificultaba mucho la búsqueda. Al principio le había dado vergüenza ver las pintas con las que se presentaba Lavender a la sala de juegos, pero luego le quitó hierro al asunto. "Ya es mayorcita para vestirse (o desvestirse, en este caso) como le dé la gana". Su mayor preocupación era que la chica que tenía metida muy en su alma no imaginase nada equívoco entre Lavender y él. La rubia parecía haberle perdonado por el desastre comentido en San Valentín, pero Hermione todavía se resistía a mirarlo a la cara. Por eso, por ella; pretendía abordarla en cuanto se topasen el uno con el otro para aclarar las cosas entre los dos, sobre todo en aquellos momentos, en los que Viktor y la muchacha ya no salían juntos.
Hacía como que se lo pasaba bien, pero lo cierto era que estaba sumamente nerviosa: miraba a derecha e izquierda intentando localizar a cierto pelirrojo, pero no veía más que personajes sacados de cuentos de hadas, máscaras y monstruos. De hecho, tampoco podía saber si el pelo rojizo que llevaba alguno de los personajes era real o una simple peluca.
-¡Hola, chicas! -Hermione casi bota del susto que le produjo la voz a sus espaldas.
-¡Harry! -anunció alegremente Ginny-. Vaya, ¡qué sexy estás!
El muchacho enrojeció, algo que no concordaba del todo con su disfraz de boxeador.
-Qué escondidos tenías los abdominales, ¿eh? -comentó la pelirroja mientras, sin ningún tipo de pudor, pasaba un dedo por cada uno de los músculos que Harry llevaba descubiertos, lo que hizo que al chico se le acelerase el corazón rápidamente.
Hermione aprovechó que sus compañeros parecían muy entretenidos el uno con el otro para refrescarse con un cócktel de los que se ofrecían en la mesa del catering y que Dobby había preparado con tanto esmero.
-Podríamos coger un apartamento el curso que viene... -sugirió con la timidez propia de su persona, pero deshinibida por el alcohol ingerido. Su pareja se atragantó con la mezcla de licor que tenía en su copa.
-¿Lo dices en serio? -preguntó una vez que la chica que les acompañaba le hubo palmeado la espalda para que se recuperase.
-Era sólo una suposición, Ted -reculó el mexicano-. Entendería perfectamente que te pareciese demasiado pronto como para dar un paso tan importante en nuestra relación, que estuvieses más cómodo en 'Hermitage Road',... -No pudo continuar en cuanto los labios de su novio cubrieron por completo su boca.
-¿Me he perdido algo? -preguntó Hermione al llegar a la mesa de los ponches y descubrir una escena tan romántica.
-Que estos dos se van a vivir juntos. Menuda suerte tienen algunos que encuentran a su media naranja a la primera... -respondió con envidia la muchacha que se encontraba junto a ellos.
-¿Pansy? -preguntó Hermione a la niña diabólica que se encontraba a su lado. Reconocía a Parkinson por la voz y los ojos, pero el camisón ensangrentado que llevaba puesto, su sedoso pelo todo revuelto y sin brillo y la palidez del rostro demacrado que presentaba, habían desfigurado por completo sus rasgos-. Estás terrorífica.
-He rescatado el disfraz de Halloween que utilicé en casa de una amiga -sonrió ella tratando de explicar la elección de su traje, pero incluso la sonrisa amable resultaba perversamente aterradora-. ¡Y vosotros dos! -dijo palmeando en los hombros de la pareja homosexual-, dejad de morrearos, que Filch os está mirando con cara de expulsaros inmediatamente.
-¿Te apetece que nos vayamos a un lugar más privado? -preguntó Ted, disfrazado de ladrón, al chico negro que sustentaba un sombrero y un poncho mexicano, de forma que resultaba uno de los personajes más raros que se pudiese haber conocido.
Ambos se sonrieron compartiendo, además de una mirada enloquecida por el deseo, un futuro en común que pondrían en práctica en cuanto les fuera posible.
Con Hermione había tenido una supérflua conversación. Sólamente había una persona en la residencia que conocía sus verdaderos sentimientos tras el desengaño amoroso que había vivido con Draco, y fue precisamente esa misma persona la que la agarró de la muñeca sin previo aviso.
-¿Pero qué...?
-Hola...ehmm... "chica ensangrentada" -dijo el chico sin saber muy bien cómo calificar el disfraz de Pansy.
-Seamus. -Un oficial de policía con una placa lacada en la que se leía "S. Finnigan" la retuvo frente a él-. Pensaba que no vendrías a la fiesta.
-He cambiado de idea.
-¿Alguna cita te ha dejado tirado? -dejó caer ella con burla. Seamus desistió de contestar la pregunta.
-Me apetecía bailar contigo.
Pansy seguía sorprendiéndose de lo directo que podía ser su compañero, pero se quedó callada. Ante su silencio, Seamus aprovechó para acercarse aún más a ella, colocó los brazos rodeando su cintura y se movió lentamente para animarla. La morena no sabía cómo reaccionar, por lo que se dejó llevar momentáneamente. Miró a su pareja de baile y él la sonrió con sinceridad. Pansy empezó a encontrar cómica la situación: la música que sonaba no podía ser más estridente y rockera, aunque Seamus persistía en bailar de forma lenta. Tras unos minutos de reflexión en brazos de su amigo, decidió olvidarse de Draco, de los estudios y de sí misma para poder disfrutar libremente de aquella extraña danza.
El resto de la noche bailaron pegados todas y cada una de las canciones que sonaron por los altavoces, mientras eran acompañados por las risas inaguantables que les generaron las miles de anécdotas que sacaron en claro de aquella fiesta.
Hermione se terminó de un trago el cubata y buscó con la mirada a Ginny y a Harry para regresar con ellos, pero no pudo llevar a cabo sus planes porque alguien la cogió del hombro y tiró de ella para darla media vuelta. Esperaba encontrar una melena pelirroja, pero por el contario, frente a sí se encontró un escote demasiado pronunciado y, un poco más abajo, unas tetas apunto de salirse del pequeño sujetador que las mantenían firmes.
-¡Mira a quién tenemos aquí! Una mosquita muerta con purpurina.
"¿Qué he hecho yo para merecer este momento?", pensó la chica al comprender que aquella masa de carne turgente que se ofrecía sin contemplaciones sólamente podía corresponder a una persona.
-Para ir de puta, no tenías que disfrazarte, Lavender -dijo cruelmente Hermione-. Bastaba con hacer de ti misma.
-¡Serás guarra! -exclamó ofendida-. ¡Mi disfraz es de gogó! Pero supongo que la mala gente tiene la mente sucia allá donde vaya.
-Prefiero tener la mente sucia a vestirme de forma... vomitiva -concluyó mirando de arriba abajo a su némesis, quien se paseaba con un sujetador de lentejuelas y un tanga a juego como únicas prendas. Lo que tenía más cubierto eran las piernas, embutidas en una liga rojiza que hacían resaltar sus taconazos negros-. ¿Estás segura de que puedes salir a la calle? A lo mejor te detienen por escándalo público. O tal vez por traumatizar a los niños.
-Quizá deberíamos preguntar a Ron quién de las dos está más atractiva... -sugirió. Hermione tembló inconscientemente. No quería verle. Llevaba toda la noche evitándole y por culpa de la idiota de Lavender, todo se iba a echar a perder-. ¡RON!
El grito de la rubia quedó apaciguado por la música de la sala, pero eso no impidió que el pelirrojo se fijase en ellas. La visión era espeluznante y, a la vez, muy erótica: a la derecha, la sexual rubia que se le ofrecía en bandeja y, a la derecha, su ángel particular, que aquella noche brillaba más que nunca con aquel vestido tan festivo y elegante. No quería apartar la mirada de la muchacha y por eso corrió tras ella cuando la vió esfumarse entre la gente a todo correr. Bastaron un par de personas interpuestas en su camino para perderla de vista. Sin embargo, el recuerdo del largo vestido con motivos invernales le dió ánimos para encontrarla.
-¡Ronnie! ¿A dónde vas? -Lavender le alcanzó una vez hubo perdido la pista de su queridísima Hermione-. ¿No te irás a buscar a esa calientapo..?
-¡No te atrevas a insultarla! -gritó el chico furioso.
-¡Pero si es lo que es! ¿No te das cuenta de que nos está distanciando? -preguntó incrédula- ¡Es como si sólo tuvieras ojos para ella!
-No es eso -dijo Ron, que no quería desvelar sus verdaderos sentimientos, y menos ante la rubia chismosa-, pero te portas tan mal con Hermione que tú misma provocas que la preste tanta atención.
-¡Ella se ha buscado todos mis insultos! -se defendió-. Si dejase de ir detrás de ti como una gata en celo, no habría ningún problema. Pero ya me está tocando los ovarios, la niñata de los cojones...
-¡Ya basta, Lav! No estoy de humor ahora. Me voy a dar una vuelta -comentó marchándose en busca de Hermione.
Auténtico pánico era lo que se filtraba en sus venas. Lo había visto. Aquellos ojos azules que no la dejaban dormir tranquila; aquel pelo rojizo que deseaba acariciar por momentos... y él había intentado acercarse a ella. Había visto la decisión en su mirada, y sabía que Ron no se detendría hasta conseguir hablar con ella. Por eso, tomó una estrambótica decisión.
Se sentía humillada y muy dolida. Ron nunca la había hablado así, con tanto desprecio. "Todo es por culpa de la mosquita muerta", pensó con rabia. "Hace como que no va detrás de mi Ronnie, pero la tengo bien calada. Como se atreva a acercársele más de lo necesario, ¡le saco los ojos con mis uñas afiladas!". A pesar de proferir mil y un insultos contra Hermione, eso no conseguía apaciguar el dolor de su corazón. No estaba enamorada de Ron, pero su cuerpo musculoso, su pelo como el fuego y aquellos ojos azules cautivadores eran como una droga para ella. Sin embargo, aquella noche el muchacho había demostrado que su prioridad número uno era la idiota de pelo encrespado y que, por mucho cuerpazo que enseñara y por muy sensual que se mostrase, el joven Weasley no sabría apreciarlo. Tal vez ése era el motivo de que Ron la hubiese dejado sola para ir tras la mosquita Granger.
Sin saber muy bien porqué, sus ojos se humedecieron. Hacía mucho tiempo que no lloraba y, desde luego, jamás había derramado una sola lagrima por un hombre. Empezaba a comprender que Ron se salía de los cánones preestablecidos y que por él estaba dispuesta a llorar cuanto hiciera falta.
Lavender miró a su alrededor y se vió entre un montón de gente que bailaba y reía. Y en medio, estaban ella y sus lágrimas. Divisó la puerta al fondo y corrió hacia ella, pero mientras salía, un grupo de chicos un tanto alegres debido al efecto del alcohol, la detuvo.
-¡Hey! ¿Cuánto cuestas? -preguntó uno de los muchachos- Te doy cinco euros y nos subimos a mi cuarto -los amigos de la cuadrilla rieron locamente.
-¡No soy una puta! -gritó ella desesperada. Apartó las manazas del más corpulento del grupo y echó a correr.
¡Hola, mis lectorcillos perversos! =D
Menuda guerra de divas se disputa entre Hermione y Lavender, eh?? ¡Estas chicas ya no se cortan ni un pelo! El odio se palpa en el ambiente... XD
El próximo capítulo se avecina emocionante, os anticipo!! Hasta el título (que no os voy a revelar) tiene su miga jajaja
¡Nos vemos el viernes!
¡Mil besos! ^^
PD: El martes tengo un examen difícil e importante... ¡deseadme suerte! (pero suerte que pueda viajar a través de mares u océanos, eh?) xP