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'Hermitage Road' — capítulo 48

El traqueteo del autobús estaba matando sus riñones, pero eso no impidió que se quedase dormida a medio camino mientras su libro de Sociología se escurría entre sus manos flojas. Algunos rayos de sol incidieron sobre su rostro y dañaron sus párpados, pero un ligero movimiento de cabeza volvió a ocultarla entre las sombras de las cortinillas rojas que colgaban de la barra de acero sobre la ventanilla. El vehículo fue aminorando la marcha hasta detenerse en seco. Abrió los ojos perezosamente hasta que una mano zarandeó su hombro.

-Hermione, ya hemos llegado.

Se restregó los ojos para quitarse los restos de legañas. El pelo sedoso de Luna acarició su rostro cuando ésta se giró para dejar pasar a un hombre que veía interrumpida su salida del convoy por los pies de la soñadora muchacha que se atravesaban en medio del pasillo. Su lugar fue ocupado por un tigre humano que en vez de rayas, tenía miles de pecas.

-¡Hemos llegadooo! -gritó eufórica Ginny en su delicado oido. Una vez hecha constancia del fin del viaje, la pelirroja salió corriendo con su maleta a cuestas, rebotando entre las piedras del suelo árido.

Todavía en el interior del vehículo, Luna recogió su bolso y sacudió de nuevo a Hermione.

-Date prisa. Hay que andar un poco y, como perdamos de vista a Ginny, no vamos a saber llegar.

Hermione vió a Luna salir corriendo tras la tercera amiga. Por el cristal de su ventana vio su maleta junto a otras muchas que ya estaban siendo retiradas por sus dueños y, tras ellos, unas viejas casitas.

-Disculpe. -Hermione se giró y encontró de frente al conductor del autobús-. Ya hemos llegado a Ottery St. Catchpole. Le rogaría que descendiese del vehículo. Tengo que pasar el aspirador por los asientos.

-¡Oh, sí! Ya me bajo. -Dicho y hecho, recogió su bolsito y su cazadora y bajó las escaleras hasta que sus pies tocaron la tierra arenisca de la descuidada carretera de Ottery.

Una vez con el equipaje bien agarrado y con su mente totalmente despejada por la brisa suave, pero helada, buscó con la mirada a sus compañeras, sin embargo, éstas ya se habían ocultado entre la maleza que se desviaba de la entrada al pueblo. Sus risas se oían en el horizonte, donde se veía el humo de una chimenea perdida entre los árboles. "¡A la aventura!", pensó mirando al cielo. "Hermione Granger, aquí empiezan tus vacaciones". Se arremangó los bajos de los vaqueros para no ensuciárselos con el barro que se atisbaba entre los hierbajos, cogió en brazos su maleta recién estrenada y comenzó a andar guiada por el piar de los pájaros, el brillo del sol y, sobre todo, por aquel humo grisáceo que subía hasta la estratosfera en forma de espiral y que actuaba como una brújula para ella.

Nadie la esperaba, ni a ella ni a su amigo de orejas suaves y peludas. No había dudado ni un segundo a la hora de aceptar la proposición de Draco, pero ahora, ante la imponente mansión Malfoy, se sentía fuera de lugar. ¿Cómo se presentaría ante los padres de su profesor? Y más aún: ¿la aceptarían igual que lo había hecho su hijo?

Un lametazo en la mano la hizo dar un respingo y volver a la realidad. El apretón en su muñeca la tranquilizó al certificar que Draco seguía allí, con ella, y que no la iba a abandonar, fuese cual fuese la postura de sus progenitores ante su visita.

El sonido de un timbre antiguo y musical sonó muy cerca de ella y, algo más lejos, se oyó un cerrojo oxidado descorrerse. Agarró con fuerza la correa de Pipo, que ya se había puesto nervioso al oler y ver a través de sus ojos acuosos a una persona acercándose al otro lado de la verja de hierro. No pasaron más de dos segundos hasta que una voz profundamente desagradable y pausada salió al encuentro de los tres viajeros.

-¡Señor Malfoy! Espero que explique debidamente el motivo de su tardanza. Su padres estaban realmente preocupados por usted.

-Buenas noches, Griphook. -Draco recalcó los modales y el respeto que todo sirviente debía mostrar y que el menudo y viejo mayordomo parecía haber olvidado, como siempre-. Lleva el equipaje de la señorita a una de las habitaciones superiores y dile a Merope que prepare la habitación para que sea ocupada en los próximos días.

El mayordomo se giró sin preguntar por la muchacha ni el perro, que casi le igualaba en altura, y con paso rápido cruzó el jardín que llevaba hasta la entrada por un camino de piedras blanquecinas que brillaban ligeramente en la oscuridad. Draco tiró de la mano de Astoria y siguió al sirviente.

-¿Están mis padres enfadados? -preguntó en alto, pero no recibió respuesta alguna.

Griphook nunca le había mostrado el mismo respeto que a sus padres. Draco sospechaba que el mayordomo siempre le había visto como un crío correcto, pero demasiado alegre y simpático como para merecer el apellido que ostentaba por herencia genética. Aún así, el enano estaba obligado a comportarse debidamente y, por ello, repitió la pregunta con cierto tono de enfado. Griphook se dio por aludido, pero simplemente soltó un gruñido que no significaba nada.

-No sé por qué habéis venido en autobús. -Un hermoso bizcocho de chocolate adornaba la mesa en la que se hallaba sentada la regordeta mujer-. Tu hermano os habría traido encantado en su coche. Bastante paga en combustible como para que gastéis el dinero en un billete de autobús.

-Hermione dijo que viajar en coche la mareaba o algo parecido... -Ginny intentó hundir el dedo en el esponjoso glaseado, pero su madre se lo impidió.

-Tuve una mala experiencia de pequeña -mintió la aludida.

-¿Qué te pasó? -preguntó intrigada la señora Weasley, que gustaba de oir chismorreos, cuanto más escabrosos, mejor.

-Mmm... -Quería desviar el tema rápidamente. No sabía hasta cuando podría ocultar la verdad-. Es demasiado desagradable de recordar.

-Aún así -concluyó Molly-, la mejor forma de superarlo es volviendo a montar en coche, eso es lo que dice el doctor Flamel; una eminencia en fobias.

-A mamá le encanta oír sus consejos -comentó Ginny con sorna, lo que derivó en una reprimenda de su madre y una cara colorada por parte de la señora Weasley.

-La vuelta a 'Hermitage Road' podemos hacerla todas juntas con R... -le costaba verdadero esfuerzo físico pronunciar su nombre- con tu hermano.

-¡No penséis en el fin de las vacaciones, que acabáis de llegar! -exclamó una voz masculina y alegre.

-¡Papá! -Luna y Hermione vieron la tierna imagen de su amiga saltando a los brazos de su padre mientras le cubría de besos-. George me había dicho que hoy no vendrías a casa.

-¿Desde cuando te fías de lo que te dice George? -le recordó Arthur.

-Desde que soy el terror de las nenas -respondió un joven alto y desgarbado que bajaba por la escalera de caracol-. Hola, papá. ¡Genial, bizcocho de chocolate!

-Es para después de cenar -le recordó Molly al atisbar las intenciones de su hijo.

"¿Para después de cenar?", repitió Hermione en su mente. "¿Cómo se puede mantener Ginny tan delgada comiendo lo que prepara su madre?".

-Chicas, ¿conocéis a George? -Las jóvenes asintieron.

-Papá, eres tú el único que no las conoce. Te presento a Hermione -dio dos besos al señor Weasley- y a Luna, ¿te acuerdas de ella? La vimos en la barbacoa de verano.

-¡Cómo olvidarlo! El incidente con la hamaca -asintió el hombre al recordar el cómico episodio que protagonizó la rubia.

La siguiente media hora, las cinco personas que se encontraban reunidas en el comedor explicaron a Hermione la curiosa historia de "Luna y la tumbona maldita" mientras esperaban a que nuevos Weasleys hicieran acto de presencia en La Madriguera.

-¡Escríbenos!

-¡Cada tres días! -gritó desde la ventanilla intentando que su voz fuese oída a través del traqueteo del motor encendido- ¡Prometido!

El coche arrancó con un fuerte rugido y los dos jóvenes agitaron sus brazos hasta que Harry ocultó su mano en el interior del automóvil y subió la ventanilla de nuevo.

-Por lo menos, hemos llegado a tiempo para despedirnos de él -dijo recordando que durante la mañana habían estado dispidiéndose de los estudiantes que abandonaban 'Hermitage Road' en las vacaciones de Pascua, mientras que Harry se había quedado en la habitación de Ron ayudándole a preparar la maleta a todo correr antes de que el pelirrojo se marchara a La Madriguera. A última hora de la tarde, Harry se había acercado a despedirse de Rolf y Pansy antes de que sus tíos (y tutores legales tras la trágica muerte de sus padres) le recogiesen para pasar con ellos las vacaciones de Pascua en Privet Drive.

-Ya sólo quedamos tú y yo... -dijo el rubio con añoranza, sin poder evitar recordar a su querida Luna, que estaba ausente.

-Y Filch -puntualizó Pansy.

Ambos se echaron a reir pensando en las dos semanas que les quedaban en la solitaria residencia.

Conducía a la máxima velocidad permitida en la vía intentando recuperar el tiempo perdido. Había previsto salir pronto por la mañana para llegar a La Madriguera antes de la hora de la merienda, pero entre la despedida de Harry y Neville y el atosigador encuentro final con Lavender, había dejado 'Hermitage Road' sobre la hora de comer. La consecuencia de todo ello era que se veía conduciendo de noche, por carreteras destartaladas y lloviendo a cántaros, lo que le dificultaba horrores la visión. Menos mal que siempre había adorado los 4x4, y ahora recordaba por qué. Su coche no era de juguete y podía superar todo aquello; de hecho, para acceder a la llanura que rodeaba la casa de sus padres sólo había dos opciones: el todoterreno o a pie. Sin saber por qué, pensó en Viktor y le imaginó conduciendo un elegante Mercedes que se le quedaba encallado en el fango de las charcas que rodeaban La Madriguera. Esa visión lo reconfortó mucho.

No pudo regodearse con ese pensamiento porque su teléfono móvil empezó a gemir desesperadamente. Poco antes de que tuviera un orgasmo, Ron lo cogió. "Maldito Neville, que me cambia las sintonías del móvil...", pensó riéndose por dentro.

-Aquí, Ron. -No había mirado la pantalla del teléfono, pero suponía que sería su madre preguntando dónde demonios se había metido. Grave error. Si hubiera sabido quién le llamaba con ahínco, habría apagado el aparato sin miramientos.

-Ro-Ro... -ronroneó una voz suave al otro lado de la línea. "No me lo puedo creer... ¿qué cojones quiere ahora?"

-Lavender, lo siento, pero estoy conduciendo y me distraes. Luego te llamo. -Y colgó sin esperar respuesta alguna.

Apagó el teléfono temiendo que la chica no se diera por vencida y volviese a llamar. Además, acababa de llegar a Ottery, por lo que no tenía necesidad de darle un toque a su madre ni de contestar ninguna de sus llamadas.

Aparcó como pudo junto al Ford Anglia de su padre (todo un logro que pudiese soportar los pantanales que se formaban por allí y que se enroscaban en sus ruedas) y bajó del coche. Seguía lloviendo como si el cielo se fuese a desplomar sobre su cabeza, por lo que antes de alcanzar la entrada ya estaba empapado.

Golpeó fuertemente el cristal de la puerta principal con los nudillos y trató de protegerse de la lluvia bajo el par de tejas que cubrían el felpudo de la entrada. No tuvo que esperar mucho hasta que abrieron la puerta.

-¡... te lo aseguro! -decía una voz mientras tiraba del manillar. Una voz que conocía muy bien y que le perseguía en sus sueños más hermosos.

-¿No te da vergüenza aparecer a estas horas, bribón?

-Tanta como que me llames así -respondió con una sonrisa mientras se giraba para saludar a su anfitriona-. Estás estupenda, mamá.

Ella trotó como pudo para abrazar a su único hijo, que no veía desde hacía más de medio año.

-¡Al fin nos visitas! -Achuchó al muchacho hasta dejarlo sin aliento- ¡Que nos tienes abandonado, ladrón! Si no fuera por Daphne, no sabría siquiera si sigues vivo.

Draco no pudo más que reir.

-Mamá, no seas exagerada... -Retornó a su cama y siguió sacando prendas de vestir para guardarlas en el armario de su habitación o para amontonarlas en el cesto de "ropa que necesita un planchado urgente".

-Por cierto -la señora Malfoy había bajado el tono de su voz radicalmente-, ¿es verdad que has traido a su hermana a pasar las vacaciones aquí? ¿juntitos? ¿contigo? ¿junto a ti?

-Creo que ya has hecho todas las combinaciones posibles, ma' -comentó Draco cariñosamente-. ¿Daphne no te ha contado nada?

-Sólamente me habla de ti, no de su familia. A principios de otoño me dijo que trabajabas en Chester ayudando a su hermana en una recuperación o algo así... ¡pero no me había dicho nada de que tuvieras una relación con ella!

-Y no la tengo. No más allá de educador-paciente, al menos -se apresuró a aclarar antes de que su madre se hiciera ilusiones. Sabía que estaba como loca por encasquetarle una novia y, desde que le había escrito un correo electrónico hacía ya tres meses diciendo que su amistad con Pansy se iba a pique, intuía que Narcisa no había parado de buscar chicas solteras y de alta alcurnia en edad de merecer-. Me daba pena que se quedara sola en Chester, nada más.

-¿Y dónde está? -preguntó la señora de la casa, comprobando por cuarta vez que la joven no se hallaba escondida ni dentro del armario, ni debajo de la cama.

-Merope la ha llevado a la habitación gris. He pensado que no te importaría cederle una de las habitaciones para invitados.

-Claro que no, para eso están. -El sonido de voces en la planta baja la sorprendieron en mitad de la frase-. Ya ha llegado tu padre -anunció-. Voy a ver cómo va la cena. Baja con Astoria al comedor en una media hora, ¿de acuerdo?

Draco asintió a su madre y la dejó marchar. En su cabeza todavía se repetían las palabras "relación" y "Astoria" y, curiosamente, le encantaba cómo sonaban.

-Luna, ¿me pasas la salsa, por favor?

La rubia cogió con cuidado el gran cuenco de líquido rojizo y se lo tendió al mayor de los hermanos Weasley, que había llegado un par de horas antes junto a su embarazadísima esposa.

En la enorma mesa del comedor apenas cabían todos los invitados, y aún faltaban por llegar Percy, que se dejaría caer por allí la segunda semana de vacaciones, y Ron, que nadie sabía dónde se había metido. Hermione tenía constancia de que había algún otro Weasley perdido por el mundo, pero que no podía disfrutar junto a su familia esas dos semanas por cuestiones laborales.

Hermione miró al frente y pudo contemplar de nuevo las dotes culinarias de Molly. En su vida había visto tanta comida junta. El espectáculo de olores y sabores era digno de un trofeo. Estaba a punto de probar una mermelada casera de olor fuerte cuando tocaron a la puerta, y ella, que era la que estaba más cerca de la entrada, se levantó dejando la mermelada posada en el borde de su plato.

-¡Hermione! Tienes que probar el paté de salmón -gritó Ginny desde el comedor.

-¡Lo haré, te lo aseguro! -respondió la aludida mientras abría la puerta.

Su mente se quedó en blanco cuando vió al visitante que esperaba en la intemperie. Ron estaba calado y, por eso, el pelo marrón oscuro se le pegaba a la cara, lo que potenciaba su atractivo. La cara del joven sólamente estaba iluminada por la débil luz de la entrada, haciendo que sus ojos azules brillasen de forma especial. Durante un instante, a Hermione se le ocurrió la absurda idea de fugarse con él. Deshechó esos pensamientos recordando que Ron se había ofrecido a traer a las tres amigas en su coche, pero ella se había negado. Durante todo el día había estado pensando en cómo sería el encuentro con el chico en su propia casa, pero ahora que lo tenía delante, no sabía como actuar.

-¿Me vas a dejar pasar o no?

Se apartó de la entrada como impulsada por un resorte. Ron pasó junto a ella sin mediar palabra y se dirigió a la estancia de donde procedían todas las voces y las risas. La chica se quedó estática escuchando los gritos de sorpresa y satisfacción de la familia Weasley al ver que su hijo más rebelde acababa de llegar.

Un minuto más tarde, Hermione cerró la puerta principal y regresó al comedor con una sola idea en mente: probar el paté de salmón que le había recomendado Ginny y no dejar que nada más la perturbase.


¡Hola, lectorcillos!! =D

¡Un último capítulo largo para dejar en pause la historia! Ya sé que es de mala persona dejar durante un tiempo el fic con este último capítulo que pide seguir leyendo más, pero así se han dado las fechas. Como ya os había adelantado en el anterior capítulo, tengo que aparcar la historia para preparar los exámenes de mayo, así que espero que no me echéis mucho de menos en las próximas semanas. ¡Vólveré con las pilas cargadas y la próxima vez que retome el fic, prometo que será para terminarlo de una vez por todas!!

En principio, si apruebo todo a la primera, subiría un nuevo capítulo a finales de mayo-principios de junio. Si no apruebo todo a la primera, dependerá de la asignatura suspendida, pero es probable que para la segunda semana de junio tuviéseis un nuevo capítulo. Aún así, no me atrevo a daros una fecha concreta. ¡Estad atentos a los viernes de junio! xP

En cualquier caso, cuando vuelva a esribir, se romperá la ley de subir capítulos solamente los viernes porque en vacaciones tengo más tiempo para escribir (obvio) y actualizaré unas dos veces por semana =)

Os deseo una estupenda Semana Santa. ¡Disfrutad al máximo de las vacaciones!

¡La próxima vez que nos leamos estaré de vacaciones hasta septiembreee!! (qué bien suena eso!) XD

¡MIL BESOS A TODOS! (para que os duren) ^^