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'Hermitage Road' — capítulo 51

Al mirar el enorme reloj de cocina no podía creer la hora que marcaba. '¿Ya son las ocho y media?'. Llevaba casi dos horas entre fogones y ni se había dado cuenta de cómo había volado el tiempo. De hecho, el día anterior le había pasado exactamente lo mismo.

-No sé cómo lo haces -le comentó a su compañero.

-Es fácil: separas la clara de la yema y la bates hasta que aparezca una espumilla en la superficie, luego…

-¡Eso no! -rió ella-. Me refería a cómo consigues tenerme dos horas trabajando sin que me dé cuenta. ¡Si ni siquiera me gusta cocinar!

-He despertado tu pasión secreta, entonces -rió él.

-Y, de paso, me estás engordando con tanta tortita de chocolate y nata.

-Sigues igual de perfecta que siempre, tranquila. -El chico pareció percatarse de lo que acababa de decir porque paró un momento su actividad y se puso rojo de golpe. Luego, trató de remediarlo-. Quiero decir… eh… me refería a que…

-Lo he entendido a la primera, Dean -le quitó hierro al asunto.

La puerta de las cocinas se abrió con el acompañamiento del tradicional chirrido que llevaba produciendo los últimos veinticinco años. Dobby cargaba un saco de harina que depositó tras las ristras de ajos que colgaban de la pared izquierda. Le seguía su mujer, que transportaba los manteles recién sacados de la lavandería, todavía algo húmedos. Winky frunció el cejo al ver que su empleado no estaba solo.

-¿Qué está pasando aquí?

-Oh… eh… -El joven Thomas no sabía qué decir-; bueno, ella es Lavender… Eh… me estaba ayudando con las tortitas del desayuno de mañana.

-Y dime, Thomas, ¿también le das la mitad de tu sueldo? -Preguntó maliciosamente la enana-. Más te vale que tengas la cena lista en media hora porque, si no, me temo que te sustituiré rápidamente por esta chica que trabaja más que tú y que, además, es más guapa.

Dobby tiró de su mujer para evitar que se lanzase al cuello del pinche y la sacó de las cocinas riéndose por dentro. Los dos muchachos se miraron y, sonriendo con complicidad, volvieron a fijar su vista en los viejos fogones que caldeaban el ambiente.

El silencio que reinaba a la hora de la cena se podía cortar con el filo del cuchillo de plata hincado en el enorme pavo que coronaba la mesa. Los anfitriones compartían miradas ácidas sin poder obviar las dulces sonrisas y los sonrojos de los jóvenes que les acompañaban. La mujer se sentía cada vez más asqueada, pero por encima de todo, pretendía mantener la compostura. Sin embargo, no contaba con que su hijo tendría la poca vergüenza de olvidar todas las normas protocolarias y agarraría de la mano a aquella muchacha que lo había embrujado sin piedad. Gracias a Dios, no tuvo que intervenir rápidamente, sino que fue su marido quien tomó cartas en el asunto con un fuerte carraspeo que sacó de sus ensoñaciones a Draco y a su "amiga".

La sonrisa enamorada de Draco se desvaneció en cuanto contempló las expresiones de sus padres, que destilaban desprecio por doquier. Sin embargo, no quiso amargarse antes de tiempo y esperó a los postres para dar la noticia que desde el día anterior no le permitía sentirse desgraciado.

-Mamá, papá -reclamó la atención de sus progenitores-. Astoria y yo queríamos anunciaros que acabamos de iniciar una relación sentimental.

La joven rió internamente por el carácter pomposo que demostró su recién estrenado novio, pero supuso que cuando se hablaba con los señores Malfoy, toda preocupación era poca.

-Eso es evidente -dijo Narcisa de forma cortante.

Diez segundos más tarde, el silencio seguía reinando en el enorme comedor.

-¿Y bien? -Rompió el hielo el chico-. ¿No vais a felicitarnos?

Narcisa soltó el aire que retenía en sus pulmones de forma brusca y Lucius tuvo que apretar suavemente su muñeca para evitar que la mujer montase un escándalo.

-Creo que no hay nada que celebrar, sinceramente. Y tu padre está de acuerdo conmigo.

Draco, lejos de enfadarse, se apretó el puente de la nariz mientras respiraba acompasadamente para no decir un improperio. Cuando consiguió calmarse, retomó la charla.

-Supongo que vuestra actitud no tiene nada que ver con la desafortunada conversación que mantenisteis ayer y en la que dejasteis la imagen de Astoria por los suelos.

Los señores Malfoy no se asombraron en absoluto de que su hijo estuviera al tanto de lo que habían hablado en día anterior. Al fin y al cabo, Narcisa había corrido a contarle a su marido todo lo que había oído mientras estaba escondida tras el laurel del jardín.

-Draco, no quiero hablar de eso ahora -suplicó Astoria en voz baja.

-Es necesario, cariño -El rubio acarició la mejilla de su novia para infundirla ánimos. Sabía que no le era fácil enfrentarse a sus padres, pero no podía dejar que se sintiera insultada por sus suegros.

-Astoria, sé buena chica y sube a tu habitación -ordenó la señora Malfoy-. Lucius y yo tenemos que hablar muy seriamente con Draco.

La invidente se levantó con cuidado de la mesa con la intención de obedecer las indicaciones de Narcisa, pero su novio la agarró del brazo y le impidió dar un paso.

-Ya sé lo que pretendes, mamá. Vas a tratar de convencerme para que deje a Astoria, pero eso no lo vas a conseguir nunca.

Un repiqueteo en la puerta acristalada del comedor dio paso a Griphook, quien con pose solemne, anunció la llegada de un nuevo visitante a la mansión. Draco, de la mano de Astoria, siguió al enano hasta la verja sin captar las palabras que le dirigía su madre desde su silla de madera oscura lacada.

-Ya veremos si dejas o no a esa ciega que te tiene absorbido. -Junto a ella, Lucius asintió dándola la razón.

No podían estar más apretados.

No era habitual que toda la familia se sentase a la mesa a la vez y, por eso, los señores Weasley tenían un comedor acorde a sus necesidades, en el que podían sentarse cómodamente cinco comensales, pero no más. Sin embargo, la ausencia de Bill y Charlie había sido suplida por Luna y Hermione, que pasaban las vacaciones en la Madriguera en calidad de invitadas, y que, sumadas a la llegada inesperada de Percy, había provocado que la cantidad de brazos que se movían en torno a la mesa fuera desmesurada.

Así lo atestiguaban las expresiones de Ginny o de Molly, quienes se hallaban encajadas una junto a la otra. Todo lo contrario demostraba la cara de felicidad de Ron, quien no podía evitar rozarse de forma involuntaria con Hermione. De vez en cuando, la chica le pedía al pelirrojo que le pasase la sal o la jarra de agua, y el muchacho aprovechaba esas ocasiones para guiñarle el ojo o darle un besito inocente en la mejilla. Hermione no quería perder los estribos delante de toda la familia, por lo que aguantaba las insinuaciones del Weasley con estoicidad.

Quien tampoco desaprovechaba el momento era Luna, que en los últimos días parecía haber desarrollado una peculiar fijación por George. Ginny estaba harta de oírla suspirar por su hermano mayor y, por ello, trataba de que la rubia entrase en razón antes de que el joven la rechazara abiertamente. Aún así, los ojitos brillantes de Luna demostraban que los esfuerzos de la chica Weasley no habían dado resultado hasta la fecha.

-Georgito, ¿me pasas una servilleta, por favor?

El aludido agarró un puñado de los acolchados papeles y los dejó junto al plato de Lovegood.

-¿Y un poco de pan? -Pidió zalameramente la rubia mientras rozaba débilmente el dorso de la mano fuerte del muchacho-. ¿Haces el favor, Georgín?

El pelirrojo, obedeciendo religiosamente, extendió su brazo hasta alcanzar un par de rebanadas de pan que entregó a Luna.

-Toma -dijo apartando la mano que la chica masajeaba con las yemas de sus dedos-. Por cierto, mi nombre es George; no Georgito, ni Georgín, ni derivados -aclaró.

La joven, lejos de sentirse ofendida, suspiró débilmente al aspirar el masculino aroma del after shave que usaba el muchacho.

Tenía muy claro que no estaba enamorada, pero sí idiotizada por la influencia que el Weasley ejercía sobre ella. Tal vez era la sensación de soledad que la acompañaba desde que había terminado con Neville o el hecho de que no sabía vivir sin pareja, pero la ausencia de Rolf había provocado que necesitase desesperadamente un hombre junto a ella, y George era un firme candidato a ocupar ese lugar.

-Cuando les vi besándose, se me cayó el alma a los pies -comentó consternada.

-Imagino lo desagradable que debe ser para una madre darse cuenta de que todo el esfuerzo invertido para ver a su hijo triunfar en la vida no ha servido de nada -coincidió la mujer de rizos alborotados-. Y todo por esa insignificante ciega… ¡Si ni siquiera es millonaria!

-¿Sabes la mala prensa que nos va a dar este escándalo, hermana? Y no solo a los Malfoy. ¡Tú también te verás involucrada!

-Por eso, estoy segura de que ya habrás ideado un plan para separar a esos dos inconscientes.

Narcisa sonrió a su hermana, con la que nunca había tenido secretos.

-Tengo que agradecerte ahora más que nunca que hayas venido a pasar las fiestas de Pascua con nosotros, Bellatrix. -La señora Malfoy abrazó con cariño a su hermana-. Necesito a alguien a mi lado que me comprenda de verdad.

-¡No me digas que Lucius aprueba el comportamiento de Draco! -exclamó horrorizada.

-¡No, nada de eso! Pero no es lo suficientemente duro con el chico -se quejó la señora de la casa.

-Bueno, pero ahora ya está tu hermana aquí para solucionar cualquier descosido -rió ásperamente Lestrange.

Las dos mujeres se pusieron manos a la obra con el propósito de que el loco enamoramiento de Draco y Astoria no pasase de precisamente eso: una locura.


¡Saludos, mis fieles lectores! ;)

En este capítulo han reaparecido personajes que llevaban un tiempo abandonados (excepto Bellatrix, que es la primera vez que se deja caer por aquí). Tal vez lo más llamativo sea la relación Luna-George (o, mejor dicho, la "no-relación" porque el chico no parece estar interesado por Lovegood). ¿Surgirá algo de aquí? ¿Qué pasará con Rolf cuando se entere? =O

Ahora sí que puedo afirmar que subiré un nuevo capítulo el MARTES porque ya tengo escrito la mitad y con un poco de esfuerzo, lo termino hoy

¡Mil besos, devoradores de historias! ^^