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'Hermitage Road' — capítulo 52

-Espera, que te ayudo. -Sin esperar contestación, agarró la maleta y la alzó haciendo alarde de la fuerza concentrada en sus bíceps. Encajó el equipaje en el maletero de su 4x4 y lo cerró con un golpe seco.

-No, déjalo… -comentó ella casi susurrando, sabiendo que el chico no la haría ni caso.

La bocina del coche pitó para llamar su atención y del asiento del piloto apareció la cabeza pelirroja de Ginny.

-Bueno, ¿qué? ¿Nos vamos de una maldita vez? -gritó enfurruñada.

Al ver que su hermana estaba ocupando su preciado asiento, el muchacho dejó a un lado su intento de conquista y corrió pisando fuerte.

-¡Ginebra! -La pelirroja palideció y se cambió rápidamente al asiento del copiloto- ¡La última vez que te sientas aquí! ¿Me oyes?

-¡Que sí, pesado! -se defendió la chica.

-Vete atrás con Luna -exigió su hermano.

-¡Pero si no he tocado nada!

-¡Que te vayas atrás! ¡YA! -La muchacha salió resignada para volver a entrar en el todoterreno por la puerta trasera mientras la señora Weasley salía de La Madriguera asaltada por los gritos de sus hijos.

-¿Es que ni siquiera al final de las vacaciones podemos tener la fiesta en paz? -se enfadó la mujer, que aprovechó su salida al jardín para meter en el corral a un par de gallinas extraviadas.

-En mala hora acepté llevaros de vuelta a 'Hermitage Road'. La próxima vez, volvéis en autobús -sentenció Ron-. ¡Hermione! Sube ya al coche, que nos vamos.

La joven acató sin rechistar las órdenes del conductor y abrió la primera puerta de su derecha, para sentarse junto a sus amigas en la parte trasera del vehículo.

-No, mejor siéntate delante -le pidió Ron con la esperanza de viajar junto a ella-. Así, Luna y Ginny tendrán más espacio para moverse atrás. Además, tú también estarás más cómoda.

Los argumentos del chico no podían ser rebatidos, así que a Granger no le quedó otra que ocupar el asiento del copiloto, por mucho que lamentase tener que soportar la compañía del pelirrojo que la sacaba de quicio (y más últimamente, que trataba de coquetear con ella sin ningún pudor) y que, al mismo tiempo, la ponía nerviosa y la volvía algo atontada.

Ron arrancó su coche, que rugió como si llevase mucho tiempo sin ser utilizado. Antes de pisar el acelerador, una mano le agarró del brazo.

-¡Espera! Aún no me ha despedido de George -exclamó horrorizada Luna. Abrió la puerta del vehículo y bajó a todo correr chillando el nombre del hermano Weasley que le había servido de amor platónico en la última semana y media.

Suspiró mientras gruñía, tal y como era su costumbre. Las vacaciones terminaban aquel mismo domingo y, por tanto, todos los universitarios que al día siguiente tenían que retomar las clases volverían a la residencia en las próximas horas. Eso significaba más trabajo para él y menos felicidad para todos.

Sacó el tradicional cenicero con caramelos que tenía oculto bajo el mostrador, pasó el trapo por los sillones de la entrada que no usaba nadie y se encaminó hasta el buzón para recoger la propaganda que el chico de la bicicleta gustaba de repartir por aquellos lares.

Sacó más correo de lo que esperaba: una revista de un supermercado, un folleto que promocionaba comida china y otro de un cursillo de psicología. Además, habían enviado la revista mensual de la universidad de Chester. Sin embargo, lo que más le llamó la atención fue una carta con su nombre de remite.

Hacía casi un año que no recibía ninguna carta; todas las que llegaban eran para estudiantes alojados en la residencia. Volvió a la conserjería y abrió con nervios la pulcra carta ribeteada de rojo y marrón oscuro.

"

VIernes, 26 de marzo de 2010

Chester, Inglaterra

Estimado señor Filch:

Desde el equipo directivo de las distintas residencias estudiantiles que tenemos distribuidas por la zona occidental de Inglaterra, nos preocupamos en ofrecer el mejor servicio a nuestros clientes.

Es por esto que, tal y como venimos realizado desde hace doce años, se realizarán visitas a las instalaciones para comprobar el nivel de calidad de las mismas, así como los intereses y opiniones de los residentes que allí se alojan.

Aprovecho esta misiva para destacar su admirable labor como secretario y conserje en funciones de 'Hermitage Road'.

Deseando verle lo antes posible,

Alecto Carrow,

Directora General de la Residencia de Estudiantes 'Hermitage Road'

"

Argus apretó la hoja contra su pecho, que estaba a punto de explotar.

Cada vez que la directora se pasaba por la residencia, Filch tenía una oportunidad para demostrar sus capacidades y así lograr que le ofrecieran un puesto superior. No quería morir siendo el conserje de una residencia perdida en un diminuto pueblo que ni siquiera aparecía en algunos mapas.

-Rolf se ha pasado todas las vacaciones echando de menos a Luna -chinchó Pansy, mientras el rubio negaba con la cabeza y trataba de ocultar la rojez que había aparecido en sus mejillas. Para su sorpresa, Harry salió en su ayuda.

-No te preocupes -le susurró mientras la chica seguía riéndose-. Yo también he echado mucho de menos a Ginny.

Las palabras del moreno no tranquilizaron mucho a Rolf, quien trató de cambiar de tema.

-Dinos, Harry, ¿ha llovido mucho en Little Whinging? -Comentó como quien no quiere la cosa-. En la tele han mencionado algo sobre inundaciones por Surrey…

Si cualquiera de los tres jóvenes hubiese mirado por la ventana, se habría percatado del todoterreno que acababa de frenar frente a la entrada de la residencia.

-¡La última vez que viajo con vosotras, ¿me oís?!

-¡Serás hipócrita! ¡Yo sólo quería cambiar de canción!

-¡Ginny, cállate, que estás empeorando las cosas! -aconsejó su amiga, que también estaba de los nervios.

-…pero el señorito tiene miedo de que se le cambien las presintonías -continuó la pelirroja con desprecio.

-Dejad de discutir, por favor -suplicó Hermione por enésima vez con la cara pálida por el mareo.

-Estáis enfermando a Hermione, ¿no lo véis? -acusó el conductor a las pasajeras de atrás.

-¡Tendrás morro! ¿Ahora nos echas la culpa a nosotras de que tú conduzcas como un borracho?

Ron pegó un violento frenazo que desgastó mínimamente los potentes neumáticos del 4x4.

-¡Bájate ahora mismo de mi coche, Ginny!

-¿Perdona? -La chica abrió mucho los ojos sin creer las palabras de su hermano-. ¿Me estás dejando en la cuneta?

-¡Me refiero que ya hemos llegado a la resi, bruta! -Contestó el otro Weasley, que apagó el motor y se desabrochó el cinturón de seguridad-. Sacad las cosas mientras le ayudo a entrar a Hermione, que tiene mala cara.

-Estoy bien -se defendió la aludida que, pese a las ganas de vomitar, no quería recibir ayuda de Ron.

-… la verdad es que resultó una tarde bastante loca -terminó Harry con una risa que fue acompañada por la de sus oyentes. Les interrumpieron los gritos Argus, que despotricaba contra los estudiantes que acababan de llegar a 'Hermitage Road'. La puerta de la recepción se abrió y los tres muchachos que esperaban sentados en la sala común se giraron para ver quién había llegado.

-¡Me estáis rallando el suelo! ¡Todo el día moviendo para arriba y para abajo la dichosa maleta! -despotricó Filch.

-Pues ya es hora de poner una alfombra, ¿no crees? -le contestó Ginny mientras cerraba la puerta de la sala para no seguir oyendo los gruñidos del carcamal. Al volverse, encontró a Rolf, a Pansy y a Harry sonriendo con complicidad ante el espectáculo que había montado.

-¡Chicos! -Soltó la maleta y literalmente se lanzó a los brazos de los tres jóvenes, que la achucharon con cariño-. ¡Tenía tantas ganas de veros!

-Nosotros también a ti -respondió Pansy-. Aunque algunos más que otros…

Harry la miró recriminándola mentalmente por bocazas, aunque no podía negar que estaba impaciente por saber si las vacaciones le habían ayudado a Ginny a reflexionar sobre la confesión de amor que le había hecho en Carnaval. Claro que el chico no podía saber que la chica a la que se había declarado hacía dos meses atrás no era la pelirroja.

-¡Rolf! -Una rubia de ojos claros apareció con su enorme maleta a cuestas-. ¿Qué tal las vacaciones? ¡Tengo que contarte algo muy importante!

El rubio, que tenía sus propios problemas del corazón, dejó a Harry y a Pansy junto a la chica Weasley y corrió hasta Luna para fundirse en un fuerte abrazo con ella.

-Te echado muchísimo de menos -confesó con vergüenza en el oído de la muchacha-. Más de lo que te imaginas.

-Yo también, Rolfy.

-¿Qué es eso que me tienes que contar? -preguntó con la ilusa esperanza de que la distancia la hubiese hecho comprender que estaban hechos el uno para el otro.

En mala hora preguntó nada.

-¡Estoy loquita por el hermano de Ginny!

-Ya hemos llegado -anunció mientras se detenía frente a la ya más que conocida puerta de acero con el nombre de la institución a un lado.

-Lo sé. El olor me es familiar -A su lado, el Golden Retriever agitó la cola y gimió con emoción al reconocer su hogar.

El rubio tocó el timbre del Centro de Educación Especial para Invidentes y esperó a que la secretaria les permitiera el paso.

Una vez rellenada la documentación correspondiente, Draco acompañó a la chica y a Pipo hasta su habitación. Desmanteló el equipaje de Astoria para que no se viese obligada a separa la ropa sucia de la limpia a través del olor. Después, realizó una limpieza rápida del baño y el suelo del cuarto y, además, cambió las sábanas de la cama para ahorrar tiempo a la enfermera que se encargaba de ello. Una vez hubo dejado todo impecable, sonrió satisfecho. Quiso compartir esa felicidad con la invidente, pero no la encontró en la habitación.

Alarmado, salió al pasillo con Pipo pisándole los talones. Preguntó al doctor Snape si había visto a su pupila y éste le condujo al patio, donde algunos pacientes practicaban ejercicios con sus respectivos profesores. Astoria estaba sentada sobre la hierba, con expresión apenada. Antes de que pudiera acercarse a ella, el perro se le adelantó y lamió las manos de la muchacha, que lo acarició para, acto seguido, abrazarle desolada.

El rubio se sentó junto a ella, en la hierba, y tocó los finos cabellos castaños que tanto le gustaban.

-He dejado el cuarto como los chorros del oro -le comentó. Astoria solo asintió con la cabeza mientras mantenía la cabeza gacha entre la piel peluda de Pipo-. También he deshecho la maleta; supongo que esta noche ya tendrás toda tu ropa limpia.

La mujer no respondió.

-¿Qué te pasa? -quiso saber. Ella negó con la cabeza, pero el rubio no se rindió y sujeto el mentón de Astoria para guiarla hasta él. Había notado las lágrimas cuando sus dedos habían acariciado la pálida piel de la chica, pero la desolación era mayor de lo que pensaba. Su alumna no dejaba de llorar, sin razón aparente-. ¡Astoria! ¿Ha pasado algo? En el tren parecías tan contenta por volver aquí…

-Normal, ¿no? -finalmente habló ella-. No creo que nadie se hubiese sentido más humillado que yo en aquella casa.

-¿Es eso? ¿Todavía te duelen lo comentarios de mis padres? Ya les dejé bien claro que no voy a tolerar que te pierdan el respeto -aclaró-. Incluso les amenacé con dejar de hablarles si no se portaban bien contigo.

-¡Es precisamente eso! -Dijo Astoria-. ¿No te das cuenta de que nunca me verán con buenos ojos? Digas lo que digas te estoy apartando de tu familia, Draco, y yo no voy a dejar que eso ocurra.

-¿De qué estás hablando? -preguntó el hombre con la voz temblando, pues ya se temía lo peor. Si supiera las intenciones de la chica, habría comprendido que sus temores no eran infundados. Cuatro segundos después y dos lágrimas que cayeron desde los ojos de la ciega hasta la tierra sobre la que se habían sentado fueron suficientes para que Astoria cogiera la fuerza necesaria y dijera lo que debía decir, a pesar de que no quisiera:

-Lo nuestro no va a ninguna parte. Ha fracasado antes de empezar, Draco. Son demasiadas cosas las que nos separan. -Al muchacho se le hizo un nudo en la garganta sin poder creer lo que oía.

-Pero… ¿qué estás diciendo?

-No es solo la ceguera, que también -explicó la mujer-. Lo único con lo que podemos contar allá adonde vamos es la familia y tú la vas a perder por mi culpa. Te quiero demasiado como para aceptar que renuncies a algo tan importante.

-¡Y yo te quiero tanto como para no importarme lo que piensen los demás! -Contrarrestó Draco-. No voy a permitir que mi familia te separe de mí.

-He estado pensando que tal vez tus padres tiene razón y…

-¿Razón en qué?

-Te mereces a una chica que te pueda ofrecer el mundo entero y no una oscuridad diaria -contestó-. Me has dado unos momentos maravillos, Draco, pero esto tiene que acabar. Si no quieres volver a verme lo entenderé perfectamen…

-¡Te prohíbo que me dejes! -gritó vehemente el rubio. Un par de pacientes y algún que otro profesor se giraron hacia ellos-. ¿Me oyes? ¡No voy a dejarte marchar! ¡Tú y yo estamos hechos el uno para el otro!

Lloraba de impotencia al ver que lo más importante en su vida pretendía dejarle, sin importarle que alguien pudiese verle. Con la visión nublada por las lágrimas, agarró las mejillas de la chica y la besó como si no hubiera mañana.

Toda la voluntad que la invidente había reunido para romper con su novio, se esfumó con aquel beso. No pudo evitar que su cuerpo se dejase llevar y, aunque su mente le decía que aquello no era lo que había pretendido desde un primer momento, su corazón se alegraba profundamente de tener una pareja tan cabezota y luchadora. Draco estaba demostrando cuánto merecía la pena que permaneciesen unidos contra viento y marea.

Separó los labios de ella y la miró con ojos suplicantes, aunque la mujer no podía saberlo. Ella supuso que su todavía novio esperaba una respuesta. Las palabras que pronunció fluyeron con una facilidad exagerada, sin pensarlas, y fue por ello que supo que decía lo correcto.

-Estoy tan enamorada de ti -comenzó-, que las amenazas de dejarte solamente son eso: amenazas. No tengo la fuerza ni el deseo de alejarte de mi, Draco; y si tú no hubieras luchado por sacar adelante lo nuestro, estoy segura de que hubiese sido yo la que se habría arrastrado ante ti para volver a intentarlo.

Draco sonrió dejando escapar todo el aire que había contenido desde que ella había empezado a hablar. Volvió a besarla sabiendo que habían pasado su primera dificultad como pareja y tal vez, la más difícil.

No tenía ni idea de lo equivocado que estaba.


¡Ya estoy aquí! =D

¿Recordábais a Alecto Carrow? Una carta suya (muy parecida a la que ha recibido Filch) apareció en el primer capítulo de la historia, pero en aquel entonces iba dirigida a Hermione.

El viernes subo un nuevo capítulo!

¡Besos! ^^