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'Hermitage Road' — capítulo 53

Se había despertado temprano, pero no por sus ansias de acudir a la facultad, sino para no dejar escapar ni uno de los escasos momentos que podía emplear para continuar con el plan de conquista que había empezado una semana atrás. El cambio de horarios, los estudios y la reanudación de las clases suponían la separación casi absoluta entre Ron y Hermione, y el chico pretendía verla, al menos, durante los desayunos. Por eso, se presentó en el comedor cuando acababan de abrir, de modo que todas las mesas estaban libres y algunos mostradores tenían dulces que no se habían desembalado todavía.

-Mmm… ¿se puede pasar? -le preguntó a Dobby, quien asintió mientras quitaba el envoltorio a las napolitanas.

No tenía mucha hambre, pero se llenó la bandeja para ir haciendo tiempo mientras esperaba a Hermione. El enano apareció un par de veces más para colocar fruta fresca en los mostradores. A su vez, en alguna otra ocasión, Winky se paseó por la sala comprobando que todas las mesas estaban cubiertas por uno de los manteles de cuadros que tanto amaba. Incluso pasada la media hora, y cuando el comedor estaba algo más abarrotado, Dean salió de las cocinas y le ofreció tortitas recién hechas. Le gustaron tanto que al poco quiso repetir, pero como Thomas parecía demasiado ocupado y las pocas tortitas que se reponían desaparecían a los pocos segundos, se levantó de la mesa y se acercó con cautela a la estancia que guardaba los fogones de cualquier intruso. No quería pensar en la bronca (y quizá penalización) que le caería si Winky lo pillaba franqueando su querido lugar de trabajo.

Las cocinas estaban prohibidas para todos los residentes, por eso le sorprendió encontrar una melena rubia que conocía muy bien recogida en una redecilla de cocina para evitar que los pelos cayesen a la comida.

-Lavender, ¿qué haces aquí?

Ella se giró y le sonrió, pero no mostró la efusividad que solía desplegar cada vez que veía al pelirrojo; actitud que hasta aquel día había demostrado en todo momento. Se señaló el delantal que llevaba puesto y continuó tostando la masa que estaba sobre la vitrocerámica y que en unos segundos se convertiría en una gran tortita.

-¿Desde cuándo trabajas en las cocinas?

-Desde el jueves pasado -respondió ella expandiendo un poco de mantequilla en la base de una sartén-. Estaba ayudando a Dean (ya sabes, el cocinero), cuando Winky me pilló pululando por aquí y, aunque al principio parecía molesta, al final me contrató. Me paga siete libras la hora, así que no le podía decir que no -rió.

-O sea que te has pasado las vacaciones… cocinando -resumió el joven. Ella asintió.

-Después de cómo me despachaste por teléfono -le recordó regañándole en cierta forma-, Dean me ayudó matar las horas muertas y a hacer nuevos amigos. Al fin y al cabo, tú eras el único de 'Hermitage Road' en quien confiaba.

-Siento mucho cómo te traté la última vez que hablamos, pero estaba conduciendo, era de noche, llovía mucho… -comentó Ron-. Vamos, que no estaba en mi mejor momento. De todos modos, veo que mi partida te ha favorecido más que otra cosa.

-En eso estamos de acuerdo. Ahora estoy más relajada y he descubierto que, no solo me manejo bastante bien entre ollas y sartenes, sino que además, ¡me encanta cocinar! -dijo alegremente-. Claro que he tenido al mejor maestro.

El chico Weasley se paseó entre los sacos de harina y aprovechó para llenarse la bandeja con las tortitas que Lavender iba terminando de freír. La mujer volvió a hablar como si estuviera sola en la estancia.

-La verdad es que Dean ha tenido mucha paciencia conmigo -Rió de nuevo. Pronto, las carcajadas de Lavender fueron acompañadas por las de Ron.

La puerta que daba al comedor se abrió con el chirrido habitual. El afroamericano que servía en las cocinas llevaba una caja vacía con restos de azúcar glasé que depositó en la mesa de su derecha. Silbaba una alegre tonadilla cuando su mirada adquirió un aire taciturno al ver a Ron en aquel lugar.

-¿Qué estás haciendo aquí? -preguntó rudamente.

-Eh, venía a por tortitas, y casualidad que me he encontrado con una buena amiga. -No le pareció conveniente destapar la verdadera relación que hasta entonces había existido entre ambos jóvenes. Además, Dean no parecía de humor como para oír tonterías.

-Sabes que no puedes entrar aquí. Si quieres tortitas basta con que se las pidas a Dobby.

-Ya pero… -El pelirrojo fue interrumpido por el otro muchacho.

-Si le dijese a Winky que te has saltado la prohibición, te podría caer una bronca curiosa -amenazó el moreno. Lavender salió en defensa del Weasley.

-O también puedes dejarlo pasar y no darle mayor importancia, ¿verdad? -Comentó calmando los humos del cocinero-. Estoy segura de que Ron no va a volver a entrar furtivamente.

El Weasley le dio la razón a la chica, pero no dejó de apostillar la debilidad que Dean presentaba con las mujeres.

-A Ginny nunca le has puesto tantos reparos como a mí para que te visite -dejó caer de mala fe-. De hecho, estoy seguro de que no te pusiste tan arisco todas las veces que Lavender estuvo aquí durante las vacaciones.

El comentario enervó al negro.

-¡No habría pasado tanto tiempo conmigo si tú no te hubieras marchado dejándola sola! Ahora no pretendas recuperar el puesto de mejor amigo porque yo ya he ocupado ese lugar -le dejó claro.

Lavender, que veía la pelea de gallos sin participar para no caldear aún más el ambiente, tampoco negó la afirmación de Thomas. Era cierto que Dean se había convertido para ella en compañero, amigo y en la persona en quien más confiaba, incluso por encima de Ron, quien sólo significaba para ella un buen físico del que se había aprovechado en el pasado.

El joven de mirada azulada abandonó derrotado las cocinas, con el plato de tortitas ya frías. No sabía muy bien qué mosca le había picado a Dean para que se hubiera mostrado tan exasperado con él, y ni siquiera sabía si era culpable o no de la situación que había vivido hacía unos minutos atrás. Claro que el pelirrojo, como hombre que era (y, por tanto, con la intuición por los suelos) no entendía que el ataque de Thomas era nada más y nada menos que simples celos de la relación tan especial que Ron tenía con Lavender; una relación que Thomas rezaba cada noche para que fuese liderada por su persona.

Una vez en el comedor, el jolgorio y los estudiantes desayunando habían alcanzado la cota de "agobiantes". De todos modos, divisó a Rolf, a Luna y a su hermana, sentados en una mesa que hacía esquina y supuso que Hermione no andaría lejos. Algo más animado, se acercó al grupo con la intención de cortejar por tercera vez a Granger. Con un poco de suerte, conseguiría salvar la mañana del completo desastre en que se estaba convirtiendo.

-Buenos días -les saludó. No quería perder el tiempo, por lo que fue directo al grano-. ¿Habéis visto a Hermione?

-Tenía poca hambre, así que ha comido una manzana y un par de tostadas con mermelada y se ha marchado -respondió Ginny.

Ron suspiró largamente. Estaba claro que aquél no era su día de suerte.

La profesora Trelawney hablaba. Una mosca trepaba por el cristal. Su compañero de al lado roncaba. El pelo rubio de Luna le hipnotizaba.

Rolf trataba de sobrevivir al primer día de clases desde que habían finalizado las vacaciones de Pascua el día anterior, pero se trataba de una misión en nivel experto, cuando él era apenas un aprendiz. El calor agobiante del aula mezclado con el olor del aguarrás y los aceites del óleo que dominaban la estancia, ya fuese en botes o plasmados en los cuadros pintados por los alumnos, le mareaban y adormecían su mente invitándole a echar una cabezadita como lo hacía su compañero. Además, la perorata que Sybill soltaba a los jóvenes era insufrible.

Por si fuera poco, la sombra de los exámenes cuatrimestrales se cernía sobre él como un buitre a punto de abalanzarse sobre su presa. De todos modos, los exámenesfinales era lo que menos le preocupaba. Lo positivo de alejarse de Luna durante dos semanas era el tiempo ilimitado que se ganaba para estudiar en profundidad. Sin embargo, ahora que volvían a estar juntos trataba de aprovechar el tiempo con su amiga, lo que le restaba minutos para repasar los apuntes.

Además, su concentración estaba bajo mínimos, y no le sorprendía en absoluto: mientras que Luna se veía más alegre que nunca imaginando románticos encuentros con George Weasley, su héroe de armadura resplandeciente; él se consumía de celos al saber que un completo desconocido había conquistado a la rubia en apenas quince días, mientras que él no había conseguido deslumbrarla en seis meses. Además, no podía hacer nada para remediarlo.

Todavía recordaba lo feliz que se había sentido al ver que la muchacha regresaba de La Madriguera con una sonrisa y una mirada sincera sólo para él. Cuando Luna le había confesado que tenía que contarle algo importante, no podía negar que había fantaseado con la idea de que ella hubiera desarrollado un interés especial por él potenciado gracias a la distancia, en vez de al roce. Sin embargo, nadie le había preparado para tener que soportar una tarde entera (y el desayuno de la mañana) escuchando lo fantástico, divertido y apuesto que era el hermano de Ginny.

No era un buen momento para distraerse o preocuparse por asuntos del corazón, sino para centrarse en la carrera universitaria, pero una parte de la mente de Rolf se enfocaba sin remedio en su amiga y en cómo abrirle los ojos azules de una maldita vez. Y si eso significaba confesar sus propios sentimientos, ¿estaría dispuesto a arriesgarse?

La última vez que había abierto su corazón no había tenido el final feliz que todos los cuentos prometían, y no quería volver a sufrir como en el pasado.

¿Cuánto estaba dispuesto a perder por Luna?

Ni el mismo Rolf lo sabía.


¡Hola, lectorcillos! =D

Después del anterior capítulo en el que se conjugaron bastantes personajes, en este me he centrado en las no-parejas de Ron/Hermione y Rolf/Luna, aunque ninguna de las dos termina de avanzar :S

¡Paciencia!

El próximo capítulo se desarrollará en torno a otras parejas secundarias de la historia.

¡Os veo el martes! Pasad un buen fin de semana

Un besazooo! ^^