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'Hermitage Road' — capítulo 59
-Repítelo. Y esta vez, procura prestar más atención al foco del sonido.
Ella volvió a la posición inicial y dio cuatro pasos rectos, tras los cuales un pitido indicó el nuevo rumbo que debía tomar. Había sonado a la derecha, de eso estaba segura. ¿Pero debía girar treinta grados sobre sí misma, o cuarenta y cinco?
Seguía dudando y el temor a hacerlo mal no le permitió decantarse por ninguna opción. Al no moverse, el pitido volvió a sonar impaciente.
-¡Astoria! -Le gritó su educador al final del circuito-. ¿Qué pasa? ¿Tienes problemas para identificar la direccionalidad del silbato?
La ciega negó con la cabeza y se puso en marcha de nuevo, a pesar de que no estaba segura del rumbo correcto. Debió acertar porque Draco no la detuvo en ningún momento. O tal vez el rubio estaba demasiado enfadado como para corregirla. Fuera como fuese, lo cierto era que últimamente su profesor apenas la hablaba y no entendía por qué.
Para ella también era incómodo tener que estar día y noche con su ex pareja, sabiendo que su amor se había ido al carajo por una sarta de mentiras y acusaciones infundadas que nunca habían quedado demostradas, pero si habían decidido mantener la relación profesional, ésta debía llevarse a cabo a todos los efectos. Sin embargo, Draco no se comportaba con ella como antes. No era sólo su nueva actitud fría y seria, propia de un Malfoy de pura cepa, lo que había cambiado para peor, sino también su forma de enseñar. Los antiguos elogios y recompensas por realizar los ejercicios satisfactoriamente brillaban por su ausencia. Las tardes charlando sobre intereses comunes o sobre las noticias más destacadas de los informativos habían sido suplantadas por solitarios paseos con Pipo, juegos con las enfermeras o visitas al despacho del doctor Snape. A veces, incluso se preguntaba qué haría Draco con su vida los momentos que no estaba con ella; estaba segura de que el joven no tenía más compañía que su sombra y alguna copa de coñac.
Entre pensamientos y recuerdos varios llegó a la meta, casi sin darse cuenta. Su perro se agitó a su alrededor, feliz de compartir el momento con sus dos personas favoritas en el mundo entero.
-Esta vez me ha salido perfecto, ¿no?
Como venía siendo habitual en las últimas semanas, Draco no contestó. El ruido de las fuertes pisadas de él volviendo al interior del edificio fue un indicador de la hora de descanso. Un tiempo de relax que resultaba amargo sin Draco.
Se había levantado temprano para preparar el examen que tenía la semana siguiente y, tras estar seguro de que de seguir estudiando llegaría a saber más que el profesor, salió de la residencia para tomar el aire. Al pasar frente al mostrador de la entrada, no pudo evitar contemplar al conserje que, como de costumbre, hacía alarde de su mal genio.
-¡Malditos estudiantes, maldita directora Carrow y maldita pelirroja que me ha robado mi ascenso!
El hombre estaba realmente enervado. Agitaba una carta más que arrugada por sus propios puños, que no dejaban de golpear la mesa una y otra vez.
-¿Puedo ayudarle en algo, señor Filch? -se ofreció él, caballeroso.
-¡Nadie puede ayudarme! ¡La única forma de acabar con este asqueroso trabajo es que todos desaparezcáis de la faz de la tierra! -Gritó Argus-. Empezando por esa amiguita tuya, la chica Weasley.
-¿Se refiere a Ginny? No creo que ella haya hecho nada que le pueda haber disgustado, Filch -comentó sin creerse del todo sus palabras. Conocía a la pelirroja perfectamente y sabía que su enemistad declarada con el conserje podía llevarla a cometer locuras para perjudicar al anciano-. Es una chica encantadora.
-Esa mocosa ha sido la espina en mi costal desde que llegó. Todos los Weasley son una lacra que habría que erradicar rápidamente, pero la pelo zanahoria es la peor de todos… -Murmuró un par de palabras más, mientras rechinaba los dientes con fuerza por haberse quedado sin su preciada jubilación.
Harry suspiró y rehusó a enfrentarse a Argus. Ni el conserje estaba en su momento más lúcido, ni Ginny era una santa.
Se dirigió hacia la puerta con la intención de pasar por la tienda de ultramarinos y comprar algo de papel fotográfico que la dueña siempre le reservaba exclusivamente a él, pero Filch le interrumpió.
-¡Espera, Potter! Te han enviado una carta.
El joven recibió el sobre alargado con la mano temblorosa.
Sabía perfectamente de quién era la carta y lo que significaba. Cualquier otro estaría saltando de alegría por haber recibido aquella beca tan importante, sin embargo, aunque una parte de él sonreía intensamente, la otra lloraba de dolor. No todo el mundo tenía la oportunidad de estudiar en el extranjero, pero igualmente muy pocas personas sentían un pesar tan grande como el que arrastraría Harry a partir de entonces por tener que dejar atrás a personitas tan importantes para él como Ginny Weasley, quien hacía que su vida cobrase sentido con apenas una mirada.
El tono del móvil sonó por quinta vez y, con un suspiro, colgó.
Astoria era una mujer lo bastante fuerte como para no preocuparse por su hermana, por mucho que llevase una semana sin contestar al teléfono. Conocía a Daphne como si la hubiera parido ella misma y suponía que habría una buena razón para que la mayor de las hermanas Greengrass no diera señales de vida. No era la primera vez que se evadía del mundo y se dedicaba a ella misma. Tal vez estaba sumamente ocupada, probablemente se le había perdido el cargador, a lo mejor le habían robado el aparato… ¡Eran tantas las opciones y tan pocas las respuestas que había obtenido en torno al misterio de la carta!
Se había prometido a sí misma no rendirse, pero cada día que pasaba era una nueva derrota en su búsqueda de la verdad. 'El día menos pensado averiguaré quién me odia tanto como para joder mi relación con Draco de forma tan retorcida', juró con rabia.
'Toda la tarde la habían pasado los tres juntos, para su desgracia. La hermana pequeña del recién llegado se había marchado con Hermione a los pocos minutos y no le había quedado otra que soportar la presencia del joven durante varias horas. Y desde que el Weasley había llegado hasta que había regresado a su hogar bien entrada la noche, Rolf no había dejado de sentir que sobraba en cada una de las escenas que protagonizaban George y Luna: si jugaban al ping-pong, él era quien llevaba la cuenta del puntaje mientras los otros dos movían las palas; si paseaban por el pueblo, su presencia se equiparaba a una piedra del camino; y en sus conversaciones, él se sentía fuera de lugar.
Había tenido la oportunidad de comprobar el encanto que ejercía el Weasley sobre cualquier muchacha, pero ese influjo se hacía más evidente en Luna, quien le miraba con ojitos soñadores. George resultaba divertido dentro de su humor negro, interesante gracias a sus profundos conocimientos sobre arte y geografía, y moralista por los comentarios refraneros que dejaba caer sin saber muy bien a quién.
Precisamente, había sido uno de los comentarios del pelirrojo el que había rebasado la paciencia del rubio. Solo de recordarlo, se ruborizaba de vergüenza.
-Deberías pasar por aquí más a menudo. -Su amiga movía sus pestañas rápidamente intentando impresionar a su interlocutor, aunque la oscuridad de la noche dificultaba mucho sus propósitos-. Te echaremos de menos.
-Algunos más que otros. -Sintió que los ojos del pelirrojo se posaban en él, lanzándole una mirada desafiante y con sorna -. ¿No es así, Rolfy?
"Rolfy", lo había llamado. En ese momento había perdido los estribos y sus manos habían ido directas al torso del Weasley. Lo había empujado contra la pared antes de que Luna pudiera separarlos.
-¡Jamás te atrevas a llamarme así de nuevo, ¿me oyes?!
-Pero, ¿qué cojones te pasa? -George se lo había quitado de encima con un empujón sin apenas esfuerzo. La madurez del pelirrojo no se apreciaba sólo en su edad y la experiencia derivada de la misma, sino también en sus músculos y la fuerza que éstos despendían.
-¡Rolf! -Luna le miraba con una expresión ruda y furiosa-. No sé a qué ha venido ese arranque violento, pero que sepas que me has decepcionado enormemente.
-¡¿Vas a defenderle?! -gritó el rubio sin dar crédito a lo que escuchaba-. ¡Ya has oído cómo se ha reído de mí utilizando mi propio nombre!
-¡No era más que una broma! -se defendió el pelirrojo-. Simplemente pensé que había confianza entre nosotros como para utilizar un pequeño mote. En ningún caso lo dije con mala intención.
-¿Y pretendes que me lo crea? -susurró Scamander.
-Yo también te llamo así y no te molesta, Rolf -dijo la chica.
El rubio miró a ambos una sola vez y, conteniendo las ganas de llorar, subió a su habitación a todo correr. Una vez en su cuarto, resbaló su cuerpo por la madera de la puerta hasta caer al suelo, donde se desahogó con la soledad que llevaba almacenando durante años en su corazón.'
Las conversaciones, los gestos, las miraditas tiernas… Todo se repetía una y otra vez en su cabeza sin poder evitarlo. Se torturaba a sí mismo pensando en que, de no haber estado él delante, Luna y George se habrían enrollado sin que nadie hubiese podido evitarlo.
No estaba satisfecho de cómo había terminado el día, pero, si su actitud había servido para alejar a su mejor amiga del Weasley, aquella noche dormiría en paz. O eso pensaba.
-¿Rolf? ¿Estás ahí? -Susurró una voz al otro lado de la puerta. Una voz que le hacía vibrar entero cada vez que la escuchaba- Sé que estás ahí, ábreme la puerta.
-¿Luna? -Miró su reloj de pulsera y éste le devolvió las sonrientes dos menos diez de la noche. Abrió la puerta tras pasar las mangas de la camisa por sus ojos cansados para borrar los rastros de lágrimas-. Es muy tarde; deberías estar durmiendo.
-¿De verdad crees que podría conciliar el sueño después del espectáculo que has montado?
La joven cruzó la puerta de entrada a la habitación sin esperar permiso alguno y, tras quitase sus zapatillas de deporte, se sentó sobre la cama.
-Pensaba que no querrías volver a saber nada de mi nunca más.
-Estoy enfadada, pero no tanto como para dejar de hablarte para siempre -contestó teatralmente.
-Me alegro -dijo Rolf sonriendo disimuladamente-. Mucho.
-A George no le ha gustado nada cómo te has abalanzado sobre él, pero te perdona.
-¿En serio? -El rubio abrió mucho los ojos. No se merecía su perdón y tampoco lo necesitaba. Al fin y al cabo, tenía la conciencia muy tranquila. Todos los medios del mundo justificaban el fin, si éste era el corazón de Luna.
-George es mejor de lo que piensas.
-¿Y tú qué sabes lo que pienso yo de ese tío?
-A mi me cae bien y está claro que a ti no te hace ninguna gracia. ¡Pero no entiendo por qué!
El muchacho se encogió de hombros para no contestar. No estaba preparado todavía para contarle acerca de los celos derivados de sus sentimientos hacia ella.
-Supongo que no me hizo gracia que me llamara -cogió aire para serenarse y apartar de su mente malos recuerdos-… "Rolfy".
-¡Serás hipócrita! -Luna alzó demasiado la voz para la hora que era, por lo que el joven le instó con las manos a que redujera el volumen. Ella continuó su réplica en un tono moderado-. Yo te llevo llamando de la misma forma durante meses y nunca te has puesto hecho una furia.
-Tú… Tú eres tú. -Se giró para que su amiga no se percatara de los coloretes que empezaban a mostrarse en sus mejillas-. Solamente a ti te permito utilizar ese diabólico nombre.
-Reconozco que nunca te ha hecho mucha gracia el apodo. Claro que, de ahí a llamarlo "diabólico nombre"…
-Digamos que no me trae buenos recuerdos, ¿vale?
Luna comprendió que lo estaba poniendo nervioso y que si continuaba tirando del hilo podía acabar escaldada. Se mordió las uñas para evitar decir algo que pudiera mosquear a su compañero, pero tras varios minutos de incómodo silencio, la curiosidad provocó que no pudiese callar aquello que sabía que no debía decir.
-¿Y se puede saber por qué? -Según iba diciendo las palabras, se percataba de lo poco que sabía de su mejor amigo. Era cierto que no había persona en el mundo que conociera al chico mejor que Lovegood, pero más atrás de septiembre de 2009… la historia de Rolf Scamander era una página en blanco. Nunca le había proporcionado ningún dato sobre su familia; tampoco le había contado dónde había vivido antes de residir en 'Hermitage Road', ni tenía constancia de ninguna anécdota del pasado del muchacho.
-¿No me vas a contar qué hay detrás de "Rolfy"? -insistió sin ser brusca para no agobiar al joven.
-¿Tienes sueño? -preguntó el chico. Luna negó repetidamente con la cabeza sin saber adónde quería ir a parar.
-No, ¿por qué?
-Porque es una historia larga y, si te la cuento, tiene que ser de principio a fin.
La rubia se aproximó a él, se puso cómoda y esperó pacientemente a que Rolf le explicase el misterio de su vida; todos los datos que la permitirían comprender el comportamiento, los pensamientos y las rarezas de aquel chico que cogía aire en profundidad sabiendo que, después de aquella noche, nada sería lo mismo para ninguno de los dos.
¡¡Holaa!! =D
A muchos os alegrará saber (a mí la primera) que, por fin, conoceremos la verdadera historia de Rolf Scamander. ¿Qué ocultará este chico que a veces parece triste y algo despistado?
Os adelanto que su pasado es algo peliculero y n****o dejará indiferente a nadie! jajajaja
(y pensar que llevaba más de un año pensando en el día en que escribiría ese capítulo...)
Y a los fanáticos de Ron y Hermione (que me acosan para que escriba más de ellos xD), les anticipo un acercamiento dentro de poco que habrá que ver si sirve de algo o si es peor el remedio que la enfermedad...
¡Hasta el martes que viene!
¡¡Un besoo!! ^^