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'Hermitage Road' — capítulo 62

Tecleaba desesperadamente y rastreaba la Web intentando encontrar información que le resultase útil para preparar el examen que tenía al día siguiente. Sin embargo, el profesor debía estar chalado: era imposible encontrar al autor que pedía y, mucho menos, alguna de sus obras. Se frotó las sienes con los dedos para relajarse un poco; casi una semana de exámenes agobiaba a cualquiera. Sin embargo, su cabeza empezó a martillearla de nuevo cuando escuchó un traqueteo que aumentaba por momentos. De la sala de juegos apareció Susan Bones arrastrando una maleta violeta con pinta de pesar más que ella misma, bajo la atenta mirada de Filch, que se relamía de gusto al pensar que la perdía de vista hasta septiembre.

-Ten cuidado con la madera, que se ralla con las malditas ruedas de la maleta -murmuró el conserje.

Hermione dejó la pantalla del ordenador encendida y se levantó para ayudar a Susan con su equipaje.

-¿Te vas? -preguntó a la chica, quien afirmó contenta.

-Ayer mismo terminé los exámenes, ¡así que estoy oficialmente de vacaciones! -Su sonrisa no podía ser mayor-. Por una vez, los de Enfermería somos los primeros en acabar el curso.

-¡Qué envidia! -Se quejó Hermione-. A mi todavía me queda una semanita más de estudio…

-Apenas me he podido despedir de nadie porque está todo el mundo estudiando en su habitación o en la uni. Les das saludos a todos de mi parte, ¿vale? -pidió Susan, a lo que su compañera respondió que lo haría sin falta.

Acariciaba a su mejor amigo pausadamente, mientras éste se quedaba dormido a sus pies. El día había sido agotador, pero ella no había descansado en ningún momento. Ahora más que nunca estaba dispuesta a demostrar a todos (y en especial a su ex) que podía arreglárselas por sí misma y, para ello, debía practicar los ejercicios de su educador una y otra vez. Así, por las tardes acababa rendida y regresaba a su fresca habitación, donde podía pasar el tiempo con Pipo y con su solitario corazón. El perro, que llevaba dormitando desde hacía diez minutos, alzó la cabeza cuando tocaron a la puerta. Su cuerpo se estremeció al imaginar que era Draco quien la llamaba, pero sus ilusiones acabaron por los suelos cuando la voz de una enfermera del centro le pidió permiso para pasar.

-Venía a cambiarte las sábanas -anunció la mujer vestida de blanco con una cofia del mismo color que protegía un enorme moño en la parte trasera de su cabeza.

Astoria se levantó de la cama para dejarla operar libremente. Sacó un libro que Draco le había regalado hacía meses para que practicase el lenguaje Braille y lo abrió por el capítulo decimoprimero. La lectura venía acompañada de los ruidos que hacía la enfermera al moverse y desechar las sábanas sucias para después desplegar las limpias.

-Te aparto las cosas que tienes en esta silla para dejar los almohadones, ¿vale? -La invidente asintió y volvió a concentrarse en las aventuras de Sherlock Holmes. Ni siquiera había leído la página entera cuando un ruido de papeles cayendo al suelo y desperdigándose por doquier la sacó de la trama.

-¿Qué ha pasado?

-No te preocupes. Es que soy una torpe y se me han caído todos los informes de recetas que traía -se justificó ella-. Tal vez no debería volver a intentar mover la cama con una mano mientras hago malabares con la otra.

Astoria rió.

-Espera que te ayudo. -Dejó el libro abierto sobre el escritorio y se agachó palpando el suelo.

-No es necesario, de verdad. Sólo tengo que recoger las hojas desperdigadas y ordenarlas de nuevo -explicó-. Menos mal que se me ocurrió enumerarlas… ¿Qué es esto?

-¿Qué has encontrado? -La ciega esperó pacientemente a que la mujer le explicase lo que había visto (rezaba por que no fuese una cucaracha).

-¿De quién es esta carta? -La enfermera se puso en pie y ayudó a la paciente a levantarse.

-¿Cuál? -Preguntó Astoria-. Si me cuentas lo que pone, te puedo decir de quién es.

-Eh… -Desdobló bien la página y la alisó para buscar con más facilidad algún dato que le permitiese identificarla o, al menos, describirla-. Fue enviada el veintidós de abril desde Exeter. 'La carta de Daphne', recordó la muchacha. De hecho, no le sorprendía encontrarla en el suelo: la había maltratado tantas veces en sus ataques de ira que Pipo se había encariñado de aquella hoja arrugada que conservaba el olor de su dueña. Por eso, el can solía sacarla del cajón y jugaba con ella mordisqueando y babeando los laterales.

-Es de mi hermana -comentó secamente-. Déjala en el segundo cajón de la mesilla.

-Eso es imposible, Astoria. -La ciega se giró hacia la voz intrigada por saber qué tenía que decir la enfermera. Algo le decía que merecía la pena prestar atención-. Conozco perfectamente la letra de tu hermana y no se parece en nada a ésta. Los cheques que nos envía cada mes para pagar tu internamiento están escritos con una letra muy inclinada y tan difícil de leer que sólo la puede descifrar el doctor Snape. La letra que aparece aquí es redondita, recta y se puede leer perfectamente.

Un ligero 'click' en la cabeza de Astoria fue la respuesta a semanas de llanto y rabia por descubrir la verdad. Hasta aquel momento, una micronésima parte de su mente todavía sufría pensando que su hermana la había traicionado de la forma más vil y cruel posible; sin embargo, el descubrimiento que acababa de hacer exculpaba a su hermana de toda acusación y eso la ponía loca de contento. Todavía no podía creer que hubiese encontrado una pista, un hilo del que tirar para saber lo que realmente había sucedido con la carta, con su hermana y con su relación sentimental herida de muerte. De hecho, no fue hasta que volvió a oír a la mujer que se encontraba con ella cuando se percató de lo importante que era aquello que habían descubierto por casualidad.

-Tu hermana nunca ha escrito esta carta -confirmó la enfermera para alegría de Astoria, quien continuó su frase:

-No me ha traicionado.

Tras cargar la maleta en el maletero del coche, se despidió de Susan con un abrazo muy fuerte y la sensación de que volverían a encontrarse el curso siguiente. Regresó a la sala común ignorando los gruñidos que Filch despedía desde detrás del mostrador. Había desistido de seguir buscando en Internet alguna referencia que la ayudara a aprobar Persuasión Publicitaria, pero, aún así, no pudo evitar mosquearse al notar que alguien más ocupaba la CPU que había estado utilizando toda la tarde. Su enfado pasó a mejor vida al identificar aquella melena pelirroja como la de su amiga del alma. Iba a darle un pequeño susto como escarmiento por meterse en los sistemas operativos de los demás, cuando llamó su atención un muchacho de pelo azabache y mirada verdosa que se ocultaba tras unas gafas muy peculiares y que se mantenía estático como una estatua, sentado en el sofá. Sus ojos admiraban la cabellera de fuego de Ginny y, de vez en cuando, sin apenas darse cuenta, exhalaba pequeños suspiros que resultaban imposibles de oír. Hermione miró enternecida la estampa, aunque se extrañó de la tristeza que emanaba el chico. Sabía que algo raro le pasaba; algo que llevaba arrastrando varias semanas y que todavía no había sido capaz de confesar a nadie, ni siquiera a ella. Dejó que Ginny se divirtiera jugando al Tetris y, en vez de cantarle las cuarenta, se sentó junto a Harry.

-¿Cómo te va?

El chico parpadeó y abandonó la excitante imagen de la chica Weasley para prestar atención a su amiga.

-Bien. -Se dio cuenta de que era una contestación algo seca y escueta, por no decir maleducada, de modo que hizo un esfuerzo por alargar la conversación-. Estoy bien. Los exámenes me van bien. Las prácticas, también bien. Todo va muy bien.

-Pues, para ir todo estupendamente, tienes pinta de cadáver -comentó sin morderse la lengua-. En serio, das pena. ¿Qué te pasa? De unos días a hoy te paseas con una cara que te llega al suelo.

-No tengo ánimos para hablar ahora, Hermione.

-¡Me da igual! Estoy harta de verte deprimido. Me vas a decir ahora mismo lo que te ocurre, Harry Potter.

El chico sonrió al descubrir parte de la influencia de Ginny en el carácter de su amiga. Por un momento, pensó que estaba a punto de hacer algo de lo que se acabaría arrepintiendo, pero su parte sentimental tomó el control: cogió la mano de Hermione y la condujo a su habitación. Ella se dejó hacer, suponiendo que iba a ser testigo de la explicación más dolorosa en lo queHarry llevaba de vida.

Nunca había estado en aquel cuarto, pero se percató de que no era muy diferente al resto de habitaciones de 'Hermitage Road'. Las paredes de color marfil habían sido cubiertas en gran parte por fotografías paisajísticas o de personas, todas ellas surgidas de la propia cámara de Harry. Se detuvo a admirar un póster especialmente colorido en el que aparecía un colibrí batiendo sus alas y lamiendo el néctar de una flor rosada. Iba a preguntar la localización de aquel cuadro tan hermoso cuando Harry empezó a hablar:

-Me han concedido una beca muy importante que llevaba casi dos años esperando. -Se sentó sobre el escritorio de caoba que coronaba la estancia-. El año que viene me iré a estudiar a la universidad de Columbia.

-¡Eso es fabuloso! Enhorabuena, Harry.

-Ya… -sonrió el chico sin ganas-. Es estupendo.

-¿No te alegras? -preguntó ella al ver que los ojos del muchacho estaban húmedos.

-Mucho. Sé que es lo correcto para mí y para mi futuro.

-¿Entonces?

Harry hizo varios esfuerzos para poder hablar, pero el nudo que se le había formado en la garganta ahogaba su voz. Al final, toda la tensión salió a chorros por sus bellos ojos en forma de lágrimas imparables. Hundió la cabeza entre las manos y sollozó durante unos minutos. Hermione se sentó junto a él y le acarició los hombros tratando de reconfortarle. Tras varios minutos que parecieron horas, Harry se calmó lo suficiente como para poder hablar:

-No volveré a ver a Ginny.

-¿Nunca más? -Los ojos del chico la miraban suplicando una solución al dilema que tenía en su corazón-. Pero cuando termines el curso en Columbia, volverás y podrás encontrarte con ella de nuevo.

-Entonces ya nada será lo mismo -resumió Harry-. ¿Sabes lo que va a ser estar un año sin ella? ¿Sin verla cada día? ¿Sin contemplar una de sus alucinantes sonrisas?

Hermione sonrió con lástima cuando el joven la miró con los ojos enrojecidos por el llanto.

-Tú no sabías lo que sentía por ella, pero…

-De hecho, sí lo sabía -dijo con cautela y algo de bochorno.

-¿Tan evidente soy? -Hermione sonrió.

-Sí que lo eres, pero no sólo los indicios han bastado para que sepa que estás loco por Ginny. -Sabía que no podía demorar por más tiempo la verdad de la relación entre Harry y Ginny. Tenía que contar de una vez por todas lo que llevaba callando meses. Pidió fuerzas a Dios para aguantar la vergüenza por haber ocultado algo tan importante y rezó para que Harry fuese comprensivo y no la odiase de ahora en adelante-. Yo… oí cómo te declarabas a Ginny la noche de la fiesta de disfraces.

Lucía unas ojeras horribles, al igual que su compañera, pero ninguno de los dos se había fijado en el aspecto del otro. En el caso de él, llevaba varios días sin poder dormir, llorando por las noches y enfrascado en las cocinas durante todo el día. La situación de ella no era muy distinta: rodaba en la cama cuando el sol se ponía y las mañanas las pasaba estudiando o haciendo exámenes, para luego meter las manos entre harina y crema pastelera. De esta forma, los dos habían conseguido olvidarse del otro durante una semana. Pero la calma suele preceder a la tormenta que, en este caso, eran unos nubarrones de pasión enfurecida que habían cultivado en su pecho, sin querer. Cuanto más intentaban olvidarse el uno al otro, más difícil les resultaba lograrlo. Por eso, tras siete días de infierno personal, Lavender había decidido tomar las riendas de la situación y mostrar las cartas con las que jugaba.

Se había acicalado el sedoso cabello rubio, había maquillado ligeramente su rostro seductor y se había enfundado un veraniego vestido de volantes blancos. Esperaba que fuese suficiente para demostrar a Dean la clase de mujer a la que estaba rechazando.

Al llegar a las cocinas no pudo evitar temblar un poco, y los nervios quisieron dominarla por completo haciéndola desistir de su idea, pero se controló y entró altiva en la estancia donde estaba trabajando el negro.

-¡Thomas! -Le llamó con más determinación de la que realmente sentía.

El muchacho quedó impresionado por el aspecto físico que mostraba ella, pero también por el carácter que había sacado de repente. Sabía que era una mujer de armas tomar, aunque nunca la había visto en acción. Hasta ahora.

-¿Qué ocurre, Lavender? -preguntó con inocencia.

-Deja la ensalada y escúchame con atención -exigió-. No quiero tener que repetirte lo que voy a decir.

Dean vio en sus ojos que no estaba bromeando y que lo que tenía que hablar con él era algo serio, así que se lavó las manos y se acercó a ella con intención de no interrumpirla por nada del mundo. Claro que él no sabía que Lavender no tenía preparado ningún discurso. De hecho, sólo quería decir una única frase:

-Ya sé que dijiste que el beso que nos dimos fue un error, pero quiero que sepas que yo no me arrepiento ni un ápice de aquel beso.

¿Es posible enamorarse de alguien de quien ya se está enamorado? Dean habría jurado que sí. La afirmación de su amiga lo había dejado en shock y no sabía cómo debía reaccionar. ¿Lavender esperaba un beso de su parte o, por el contrario, se suponía que debía responder con una frase romántica? Su nula experiencia en el terreno amoroso le pasaba factura cuando menos lo deseaba. Por suerte para él, la chica leyó perfectamente sus dudas en su mirada. Decidió que, ya que había dado el primer paso, podía dar el segundo sin problemas. Por eso, se acercó lentamente a él y, al ver que no huía, se puso de puntillas y apoyó su nariz contra la de él. Estaba dispuesta a robarle el alma con un beso para convencerle de que estaban hechos el uno para el otro.

Ella lo tenía muy claro: las escenas que soñaba dormida y despierta ya no las protagonizaba una melena pelirroja, sino unos rizos negros como el carbón. Su corazón palpitaba salvajemente cuando pensaba en Dean, y sus pulsaciones se disparaban si le veía. No tuvo tiempo de plantearse más las cosas porque se olvidó de todo cuando Dean, cuyos sentidos se habían nublado al notarla tan cerca, la besó apasionadamente.

Él tampoco quería perder más el tiempo. Sabía que la mayor mentira de su vida la había dicho la última vez que había visto a esa rubia que le quitaba el aliento con tan sólo una mirada. Amaba a Lavender, siempre la había amado y apenas podía soportar la idea de no tenerla. Por eso había ocultado sus sentimientos tras una patraña; hasta aquel día. Había enloquecido al sentir la respiración de la rubia en su rostro, y a esas alturas sabía que no tenía nada que perder. Era una apuesta ganadora que le impulsó a atrapar los labios de ella con los suyos y masajearlos con la lengua mientras sus manos, aún algo húmedas de agua y jabón, recorrían el cuerpo de Brown. Ella parecía estar encantada con la violencia que emanaba de él, y sus gemidos se lo confirmaban. Fue tanta la adrenalina que despedía por los poros de su piel que, sin darse cuenta, empotró a la chica contra la pared mientras sus lenguas se exploraban ávidamente.

Aquel día, Lavender no se presentó al examen y Dean no tuvo preparada a tiempo la ensalada, pero ambos coincidirían el resto de sus vidas en que mereció la pena el sacrificio a cambio de aquella mañana de pasión desenfrenada en que se entregaron en cuerpo y alma entre sacos de condimentos y especias, y que se repetiría más veces de las que estarían dispuestos a admitir.

Hora y media más tarde de entrar en la habitación, el chico no podía creer lo que su amiga había confesado. ¿Llevaba meses esperando una respuesta de Ginny que jamás se iba a dar? ¿Había declarado su amor a una chica que no era su querida pelirroja?

Miraba a su amiga, pero no reconocía en ella a una persona que se calla algo tan importante como lo que acababa de relatar. Desde luego, Hermione se justificaba a sí misma para mantener en secreto todo aquel entramado, pero sus motivos no eran tan férreos como la necesidad de que la verdad saliera a la luz. ¿Todo esto lo había hecho para ocultar que estaba enamorada de Ron? ¿Todo, por esa tontería? Y de mientras, él había perdido el tiempo haciendo el imbécil frente a la Weasley.

Harry no podía evitar pensar que Hermione había sido muy egoísta.

-No me puedo creer que la chica a la que confesé mis sentimientos fueses tú. Parece una broma del destino.

-Perdóname otra vez, Harry -pidió Hermione por quinta vez-. Te juro que estoy muy arrepentida por no haberte dicho la verdad, pero me daba vergüenza confesar que había estado tanto tiempo guardando semejante secreto.

-Me has decepcionado, Hermione. -La muchacha dejó rodar una lágrima que ablandó un poco el corazón de Harry-. Para una vez que supero mi timidez y me declaro a una chica… -se quejó, aunque acto seguido se echó a reír, acción que fue secundada por su amiga.

-Todavía estoy a tiempo de enmendar mi error. Si quieres, puedo contarle a Ginny todo lo que ha pasado -se ofreció, pero calló al ver que Harry movía la cabeza de lado a lado.

-No, Hermione. Tal vez en otras circunstancias te hubiera pedido que lo hicieras, pero ahora no tendría sentido -explicó-. En unos meses estaré en Estados Unidos y no podré verla hasta el año siguiente. No sería justo para ninguno de los dos pasar juntos tres maravillosas semanas y luego ser desdichados los siguientes once meses. Eso sólo nos haría daño a ambos. Prefiero llevarme mis sentimientos conmigo y dejar que ella sea feliz con cualquier otro.

-Es lo más generoso que he visto nunca, Harry. -Le abrazó intensamente, sin querer soltarle-. Eres una de las mejores personas que he conocido.

El joven correspondió a su abrazo y, a pesar de que todavía estaba algo enfadado por lo que Hermione había hecho, le devolvió sus propias palabras. Para él, la chica Granger era como su hermana; aquella persona con la que se podía desahogar sin problemas, la que le escuchaba y estaba pendiente de cualquier asunto privado.

Y muy en el fondo se alegraba de que ella hubiese escuchado aquella sincera declaración de amor que había soltado en Carnaval. Eso evitaría tener que romper con Ginny (en el supuesto caso de que hubiesen acabado juntos). Ni siquiera estaba seguro de haber podido hallar la fuerza suficiente como para olvidarse del amor de su vida y empezar una nueva etapa sin ella.


¡¡Hola, genteeeee!!! =D

Antes que nada quería dedicar este capítulo a Nacho porque hoy es su cumpleaños. ¡¡MUCHAS FELICIDADES, NACHITOOOO!!!

Gracias por estar ahí cada capítulo y por tu entrega con esta historia -

¡Que cumplas muchos más!

Probablemente, muchos de vosotros estaréis hoy y en los próximos días histéricos por el estreno de la última película de nuestro querido Potter, y no es para menos. ¡10 años de espera!!

Yo tuve la suerte de ver ayer las dos partes de Las Reliquias de la Muerte y sólo puedo decir que me pareció ES-PEC-TA-CU-LAR.

No voy a introducir ningún spoiler para no estropear la sorpresa, pero me pareció un más que digno final a la saga más importante de mi vida. Fue incluso mejor de lo que me esperaba y, cuando terminó, no sentí nostalgia, si no una felicidad y una satisfacción que hacía mucho tiempo que no lograba en mi una peli de Harry Potter.

Eso sí, hay que esperar a que rueden la segunda parte de la novela "Harry Potter y las Reliquias de la Muerte" de JK Rowling porque yo no la he visto. ¡¡Qué forma de inventarse TOOODDOOO!!!

Creo que no me equivoco si digo que esta película es la que menos respeta el libro de las ocho producidas, no sólo por haber cambiado la trama y sacarse escenas de la manga (especialmente la segunda mitad de la película), sino también por haber cambiado el carácter de los personajes e, incluso, haberse inventado relaciones entre ellos que hasta ahora todos desconocíamos ! O.O

Espero que cuando la veáis vosotros, me digáis si llevo razón o si no estáis nada de acuerdo conmigo.

Yo me quedaré con la idea de que, aunque el lema de la película es "Todo termina", sabemos que esto no ha hecho más que empezar y que tendremos universo Potter para rato. ¿Conseguiremos convencer a Rowling de que es un delito no continuar con la saga más rentable del siglo? O.O

¡¡Hasta el martes que viene!!

¡Un besito a todos! ^^

PD: Disfrutad de "Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, parte 2", aunque sólo sea la mitad de lo que lo he hecho yo xP

PD2: El 3D está bien como novedad, pero no merece la pena gastarse una pasta para ver la peli con gafitas de marciano xD