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'Hermitage Road' — capítulo 9

Era viernes y ya había pasado la primera semana de clases, ésa en la que todavía el estudiante estaba un tanto desorientado. Aún así, los residentes de 'Hermitage Road' estaban más tristes que nunca; a partir de entonces la universidad sería cada vez más dura. Ya sólo podía ir a peor.

Hermione había congeniado tanto con Viktor que ya no se veía a uno sin el otro en el campus. Por supuesto, se habían apuntado juntos a todos los trabajos en grupo que les habían encargado. Esto dio lugar a ciertas especulaciones: algunos decían que Hermione y Viktor eran novios, otros que incluso se habían casado en secreto y que era cuestión de tiempo que ella apareciera con un bombo, algunos decían que eran hermanos separados al nacer que se habían reencontrado tras largos años de búsqueda... Los bulos y habladurías no habían cesado, pero después de un mes dejarían de ser interesantes y los creadores lo sabían, por eso la comidilla actual era la parejita de Publicidad. Aún así, el búlgaro cada vez estaba más a gusto con Hermione y eso era suficiente para que fueran inmunes a todas las miradas de envidia que les rodeaban.

Había estado un par de veces más con Viktor en El Centro, pero ninguno se había atrevido a dar un paso más en su relación, a ser algo más que amigos. La chica seguía pensando que se conocían muy poco. Necesitaba más tiempo.

Luna y Rolf habían conseguido mantenerse sin discusiones desde aquel día en el que la pintura les cubrió de pies a cabeza, pero no había sido ningún logro: habían estado sin hablarse desde entonces. Al menos, aunque Luna le evitaba siempre que podía, cuando estaban los dos con Hermione y Ginny, intentaban mirarse lo menos posible y aparentaban que no sucedía nada.

De hecho, para Rolf no había cambiado nada. Le daba igual si la rubia le había dejado de hablar o no; él sólo quería vivir su vida tranquilamente, cosa que no había podido hacer en el pasado.

La pelirroja más dicharachera de la residencia cada vez estaba más emocionada con las prácticas en el hospital de Liverpool, que empezaban el lunes. Sin embargo, todavía no había encontrado forma de llegar hasta allí sin dejarse la paga del mes en cada viaje. Había pensado en comentarle su problema a Dean, confiando en que éste le cediera la moto que tenía en propiedad, pero no se hacía muchas ilusiones al respecto. Aunque Dean había demostrado en más de una ocasión que estaría para ella siempre que lo necesitase, usarle como chófer era pedir demasiado. Claramente, era un tema que todavía tenía en 'tareas pendientes'.

Ella sí que había notado el distanciamiento entre Luna y Rolf, pero no le había dado mayor importancia. Al fin y al cabo, los problemas de ambos se habían quedado entre ellos dos. Además, la rubia descargaba sus energías con Neville por la noche, lo que la dejaba muy relajada y eso se notaba durante el día, aunque a Ginny no le hiciera ninguna gracia la forma tan gratuita que tenía el chico de utilizar a su amiga.

Neville y Ron habían seguido haciendo de las suyas. Los blancos de sus pesadas bromas solían ser los alumnos que trabajaban en los ordenadores de la sala y, por suerte, Ted consiguió agenciarse un portátil para poder estar cómodamente en su habitación sin tener que aguantar los insultos de los dos gamberros.

Aunque más de una vez habían intentado que Harry se les uniera en algunos de sus más perversos planes, éste se había negado alegando que tenía muchos trabajos de clase o que tenía que sacar fotos para el periódico de la universidad. A él no le hacía ninguna gracia que atormentaran a sus compañeros, pero aún así, no se alejaba de los dos chicos por mucho tiempo porque, cuando olvidaban sus proyectos de chicos malos, eran muy divertidos y buenos amigos. Además, estar junto a ellos le otorgaba una protección frente a los ojos de los demás que difícilmente quería quitarse.

Pero, por encima de todo; el motivo principal por el que no les dejaba y se juntaba con personas más convenientes era Ginny. La hermana de Ron no se despegaba de su mente ni un minuto al día y temía reconocer que se había apoderado silenciosamente de su corazón.

Ya iba a ser difícil que Ron aprobase su relación con la chica (si llegaba a darse en algún momento), pero Harry quería pensar que el pelirrojo pondría menos pegas si el novio de su hermana se trataba de un amigo suyo.

En cuanto a Draco... Draco seguía siendo un misterio indesvelable. Lo que sí era seguro es que durante esa semana había seguido visitando el Centro para Invidentes casi a diario. Esto hacía que llegase tarde por las noches y que se levantase temprano para acudir a la universidad, donde cursaba el último año de Sociología, o más bien, unas asignaturas que había suspendido el año anterior y que no había recuperado en septiembre.

Pansy no dejaba de acudir a él por si necesitaba algo, pero lo cierto es que pocas veces veía al chico.

Así estaban las cosas cuando Hermione volvió a 'Hermitage Road' el viernes tras sus clases del mediodía. Estaba emocionada por la fiesta de esa misma noche en la FEVER y, aunque desde el incidente con Teddy no había vuelto a hablar con Ron, imaginaba que el plan que le había propuesto seguía en pie. Tanto era así que, en una de sus salidas con Viktor, había aprovechado para comprarse un vestido azul brillante que le quedaba como un guante; lo sabía porque se lo había dicho el propio búlgaro. Y, aunque le hubiese gustado que Viktor fuera con ella, no sabía hasta que punto la invitación de Ron era individual, por lo que había preferido callarse y no contar nada de sus planes discotequeros a Krum.

Allí la vio, sentada en una silla de terciopelo rojo desgastado por el uso, con la mirada perdida, como siempre desde la primera vez que habían sido presentados. Una sensación de nostalgia le invadió, pero no por ella, sino por el lugar. Aquellas instalaciones decrépitas no eran adecuadas para pasar los días y las noches, y menos a solas. Afortunadamente, ella no podía verlas.

-¿Señor Malfoy?

Draco se levantó como si le hubieran pinchado en el trasero.

-Allí se encuentra la señorita Greengrass. -La educadora señaló la esquina en la que se hallaba la joven, pero no era necesario; Draco ya la había localizado desde el minuto cero.

Se fue hasta donde estaba ella y se sentó frente a la joven.

-Astoria... -Colocó sus manos sobre las de ella para llamar su atención.

La chica se colocó sus lentes oscuras ocultando sus ojos aguamarina y movió la cabeza en busca de la fuente de voz.

-Draco... -susurró- has venido.

-¡Pues claro! Te dije que vendría, ¿no?

Astoria asintió mientras una sonrisa iluminaba sus suaves facciones. Ella alzó las manos buscando el rostro del rubio. Le acarició suavemente desde lo alto de las mejillas hasta el mentón. Después, subió hasta la frente y acabó en los sensibles párpados.

-Estás cansado -adivinó ella.

-Es que últimamente tengo un ritmo de vida un poco ajetreado, ya sabes. Entre la carrera y las sesiones contigo acabo agotado -reconoció-. Todavía no sé cómo voy a compaginar todo con los estudios complementarios de Asistencia Social que empiezo el lunes que viene.

-Te estoy dando mucho trabajo -extrajo la castaña.

-¡No! -Draco se dio cuenta de que con sus palabras había culpado a la chica de parte de su malestar-. Astoria, es muy gratificante ver cómo mis conocimientos son útiles para que salgas adelante con tu ceguera.

Ella asintió para cambiar de tema, aunque había notado la mentira oculta en la voz del rubio.

Salieron al jardín y se pusieron a realizar los ejercicios que Draco había preparado para las tres horas que pasarían juntos: primero, comenzaron con el reconocimiento de objetos mediante el tacto y el sonido; después, merendaron juntos mientras Astoria trataba de adivinar los condimentos de los dulces que Draco le dejaba probar. Cuando la tarde se les había echado encima y tuvieron que volver al interior, el chico le preparó un recorrido especial para que Astoria reforzara el sentido de la orientación. Uno de los errores de la joven había tenido una chispa cómica y estaban riéndose de ello cuando la encargada del centro avisó a Draco de que la señorita Greengrass tenía otra visita.

Dejó a la invidente en la habitación de estímulos y se acercó hasta la recepción para recibir a quien le había metido en todo aquello.

-Hola, Draco. ¿Cómo está?

-Hola -la saludó con cariño-. Tu hermana está bien, Daphne. Todavía es pronto para afirmarlo, pero ya estoy viendo mejoras.

La mujer esbozó una sonrisa enorme.

-No te ilusiones -la advirtió el rubio-. Todavía los avances son muy pequeños, pero con el paso del tiempo estoy seguro de que podrá desenvolverse sola.

-Eso es lo que pretendo; que Astoria pueda abandonar cuanto antes este horrible lugar. -Ella frotó los hombros de Draco en señal de complicidad-. Muchas gracias por todo lo que estás haciendo por nosotras.

-Ya sabes que hago todo lo que está en mis manos, pero sigo pensando que deberíais contratar a un profesional. -Draco intentó que la mujer entrara en razón-. Daphne, ni quiera estoy licenciado y, encima, todavía no he empezado el cursillo para poder ayudar tu hermana...

-Al contrario, eres perfecto. Nadie mejor que un amigo mío para ayudar a Astoria -le convenció ella-. Prefiero que esté en manos de alguien en quien tenga plena confianza que un desconocido, por muy buen profesional que sea.

Draco agachó la cabeza humildemente. 'No me lo merezco; no me merezco que tenga tanta confianza en mi'.

-Sé lo que estás pensando y no es verdad -dijo Daphne-. Mira, Draco, no tienes que fingir que no has aceptado este trabajo sólo porque engorda maravillosamente tu currículum y te permite llevar un buen pellizco a tu cuenta corriente.

Draco se quedó helado al oír de la boca de otro una verdad que intentaba negar cada vez que aparecía por Chester.

-Daphne, yo...

-No tienes que decir nada. Lo entiendo y contaba con ello.

-De verdad que, en parte, lo hago porque eres amiga mia desde que eramos pequeños, pero es que readaptar a una ciega no es algo con lo que soñaba de pequeño.

-Ya te he dicho que lo entiendo, Draco. No tienes que aparentar que te gusta hacer esto.

El chico agradeció con la mirada a su amiga.

-¿Ha preguntado por mi? -El rubio temía esa pregunta. Era la misma que le hacía todos los días y, lamentablemente, la respuesta nunca variaba.

-No. -Daphne sollozó un gemido-. He intentado sacar el tema, pero todavía no quiere verte.

Un lágrima recorrió el rostro de la mujer, pero fue detenida por el muchacho antes de que fuera a parar a la barbilla.

-¿Por qué no le cuentas la verdad? -propuso con delicadeza. Se estaba metiendo en terrenos pantanosos.

-Te he dicho un millón de veces que prefiero que esté enfadada conmigo a que descubra lo que realmente pasó.

-Tú sabrás lo que haces; sólo espero que no pierdas a tu hermana por una mentira.

La mujer asintió e hizo ademanes de ir a ver a su hermana, pero una de las trabajadoras del centro se lo impidió.

-He informado a la señorita Greengrass que usted había venido a visitarla, pero me ha pedido expresamente que no la deje pasar.

A Daphne se le descompuso el rostro cuando otras dos educadoras se acercaron a ella para que abandonase el lugar. A pesar de que este ritual se repetía diariamente, no era capaz de acostumbrarse a que su hermana pequeña no quisiera saber nada de ella.

Draco sólo pudo darle ánimos para que volviera al día siguiente y comprobase si Astoria había entrado o no en razón. La despidió y vio cómo salía por la férrea puerta con un clinex húmedo cubriendo sus tristes ojos.

Se había tirado casi tres horas entre la ducha, el peinado, el maquillaje, etc., pero había merecido la pena; el resultado había sido muy satisfactorio. Se miraba al espejo y sólo podía pensar en lo bien que se veía. Además, había comprobado que el dinero gastado en el vestido había sido el mejor invertido en lo que llevaba de vida.

Eran las diez de la noche y estaba a punto de bajar a la sala de la residencia, donde Neville le había dicho que la estarían esperando.

Se miró una última vez en espejo y salió de la habitación.

Cuando llegó abajo no había nadie.

Se acercó a las cocinas con la esperanza de encontrar a algún estudiante cenando, pero el comedor estaba desierto, sólo quedaban Winky y Dobby barriendo el suelo la una y fregando el otro.

Retrocedió hasta la sala, pero seguía vacía. Entonces, optó por pasar por la recepción y preguntar a Filch si sabía dónde se había metido Ron. Sin embargo, no hizo falta; en cuanto se abrieron las puertas correderas, vio al pelirrojo sentado en uno de los sillones bajo la atenta mirada de odio del conserje, que ya intuía tener que lavar de nuevo los mullidos asientos.

-¿Nos vamos? -le preguntó al chico.

El pelirrojo la miró de arriba a abajo silbando lascivamente.

-Hombre, Hermione... ¡qué guapa!

Ella enrojeció inevitablemente.

-¿Dónde está todo el mundo?

-Pues los que no están en sus habitaciones, han salido.

-¡Ah! Creí que ibamos a ir todos juntos...

-¿Ir a dónde? -preguntó Ron.

-¡Pues a la FEVER, ¿a dónde va a ser?! -respondió la chica-. ¿No recuerdas que me dijiste que había una fiesta para despedir el verano?

-¡Ah! -El muchacho recordó la conversación súbitamente-. ¡Es verdad!

-No te acordabas. -Hermione estaba decepcionada. Toda la tarde ilusionada para que Ron ni siquiera se acordara de la fiesta.

-Pues no, la verdad. Bueno, da igual -dijo quitando hierro al asunto-. Es una pena que te hayas puesto tan guapa para nada, pero se ha cancelado.

-¿La fiesta?

-No, la fiesta sigue en pie, supongo -aclaró él-. Lo que pasa es que nosotros ya no vamos a ir.

Las palabras de Ron tiraron por la borda todas las ganas y el esfuerzo que había puesto en conseguir que aquella noche fuera memorable; ahora se dio cuenta de que sí iba a recordar aquella noche, pero por otros motivos a los que esperaba.

-¿Y por qué al final no vais?

-Se nos han quitado las ganas.

-Podías haberme avisado, ¿no? -El rencor empezaba a crecer en Hermione-. Me habría ahorrado el dinero del vestido y todo el tiempo que he estado preparándome.

-Sólo por verte así, ha merecido la pena -Ron volvió a hacerla enrojecer, aunque era totalmente involuntario pues no quería recibir ningún cumplido de él-. Si no te avisé es porque se me olvidó, ¿vale?

Hermione notaba cómo las lágrimas amenazaban con salir sin remedio de sus brillantes ojos y por ello se volvió rápidamente a su habitación. Dos hombres, uno joven, pelirrojo y fornido; y otro viejo, con cuatro pelos y escuálido; fueron los únicos testigos de su tristeza.

'Toda la semana ilusionada con esta fiesta y todo ha sido en vano'.

Chocó contra alguien poco antes de alcanzar su cuarto. Iba demasiado ensimismada insultándose a sí misma por haber sido tan ingénua y estúpida.

-¡Hermione, qué guapa estás!

Ginny la miraba sorprendida.

-¿Vas a salir?

-Iba a ir a la FEVER, pero han cambiado los planes -confesó dolorida.

-¿Viktor te ha dejado tirada?

-No, no iba a ir con él, precisamente. -Se abstuvo de contarle que la invitación era de su hermano porque él mismo le había pedido expresamente que no le dijera nada a Ginny, y Hermione, ante todo, era una mujer de palabra.

-Entonces todavía estás a tiempo, ¿no?

Hermione interrogó con la mirada a su amiga. No entendía qué le quería decir.

-Si me esperas un momento, me preparo y salgo contigo, que tengo ganas de romperme en la pista de baile.

Aquello fue como música celestial para sus oídos.

-¿En serio vendrías conmigo? -No podía creerse la buena noticia de Ginny.

La pelirroja rió al ver lo importante que era para su amiga salir aquella noche.

-Mientras me pongo mona, puedes decirle a Luna o a Rolf si se quieren venir con nosotras -sugirió la Weasley-. ¡Pero por nada del mundo, se lo digas a los dos! No soportaría bailar con dos personas que ni se miran a la cara...

Hermione sonrió pensando en que aquella noche no estaba perdida del todo.


¡Hola gente! :D

Este capítulo ha sido bastante largo (cuatro páginas y media en office), pero no os acostumbréis porque la media de mis capítulos es de dos caras y media - tres páginas.

Espero que se vayan aclarando las dudas con Draco y el enigma de la ciega que, parece ser que el capítulo anterior dejó muchas preguntas abiertas y bastante confusión respecto a este tema.

Supongo que sabréis lo de que Potterfics va a cerrar, pero volverá a abrir renovado y no-se-qué rollos. Como avisarán del cierre con unos días de antelación, en cuanto me entere de la fecha exacta y el tiempo de cierre, intentaré subir algún capítulo extra en caso de que la fecha esté próxima a un martes o un viernes (que son los días en los que actualizo). De todos modos, como todavía no sé si falta mucho o poco para ese día, prefiero no pensar mucho en lo que va a pasar y en el disgusto que me llevaré si no consiguen salvar todas historias y sus comentarios :S

Por cierto, poneos guapos y guapas porque el martes que viene nos vamos a la discoteca!! XD

¡Hasta entonces!

¡Muchos besos! ^^