No me dejaste morir — capítulo 3
Hermione despertó una vez más en esa habitación blanca y bonita. Las livianas cortinas dejaban entrar la cálida luz anaranjada del atardecer. Se mecían lentamente con la suave brisa del viento. La habitación estaba iluminada levemente pero la castaña pudo observar que había alguien a su lado. Sentada en una mullida y cómoda butaca estaba la medimaga de ojos verdes que recordaba de hacía unas horas. Se encontraba profundamente dormida. Su lacio pelo, recogido en un moño con una pluma, caía desordenado en sus hombros y en su cara.
Tenía la boca entreabierta y de ella salía un pequeña silbido susurrante. Hermione no quería despertarla pero un sonoro gruñido de su estómago hizo que la de ojos verdes se despertara sobresaltada.
—No me he dormido…
Le dijo a no se sabe quién porque miraba de un lado a otro. Su pecho subir y bajaba aceleradamente al ritmo de su respiración hasta que se controló observando que sólo estaba ellas dos en la habitación.
— Perdone, señorita Granger. ¿Hace mucho que está despierta?
A Hermione le sonaba extraño que la trataran de usted y menos una persona tan joven. Ya se había percatado de que estaba en el hospital. La chica debía tener sólo unos cuantos años más que la castaña, pero dedujo que, por culpa de la guerra, muchos estudiantes de Medimagia debían ayudar en San Mungo. El estrés acumulado a su espalda se había notado cuando había despertado de esa manera. La tenían bajo presión.
—Me acabo de despertar. No le diré a nadie que estabas dormida si me llamas Hermione. Por favor.
La morena la observó con una sonrisa tímida en los labios. Gracias, susurró.
— Supongo que estoy en San Mungo.
No era una pregunta, era una afirmación. Parecía que ya era más consciente de la barbaridad que había hecho hacía unos días.
— Sí—contestó la medimaga— Llegaste muy mal, te faltaba mucha sangre pero pudimos recuperarte pronto. Desde ese día, soy la encargada de tus cuidados, cualquier cosa que necesites sólo tienes que pedírmela.
Hermione se sentía incomoda con esa situación. Le recordaba aquella chica a un elfo doméstico. Ella podía valerse por sí sola, pero tenía una pewgunta más.
— ¿Cómo te llamas?— preguntó con voz débil aún recostada en la cama.
—Perdón, que torpe no haberme presentado aún—. Se dio una palmada en la frente—. Mi nombre es Bennett Cheryl, pero aquí todo el mundo me llama Cherry.
Parecía que no le gustaba el mote que sus compañeros de trabajo le había impuesto. La verdad es que la cara de Cheryl parecía una pequeña cereza cuando se recogía un moño. Y su sonrojo, el cual a Hermione no se le había pasado por alto, le daba tonalidad de cereza.
—Cheryl está bien.
Hermione y Cheryl sonrieron dulcemente. La castaña se incorporó poco a poco y logró sentarse con éxito en la cama.
—Ahora, Cheryl, si eres tan amable, ¿podrías decirme dónde está el comedor del hospital?— comentó Hermione como quien no quiere la cosa levantándose de la cama.
—Ah no,no,no. Yo soy tu cuidadora— Cheryl se levantó corriendo y le metió los pies de nuevo en la cama—. No puedes salir de ésta habitación.
Hermione había tratado de evitar esa situación pero no lo había logrado. No le gustaba que hicieran nada por ella, era muy independiente, aunque le reconfortaba que alguien se preocupara por ella en ese lugar tan solitario.
—Si no quieres que me despidan — dijo Cheryl sarcásticamente haciendo sonreír a la castaña—, quédate aquí leyendo las cartas que te han enviado un tal Ronald Weasley y el gran Harry Potter mientras yo voy a por algo de comer.
Cheryl se acercó a un mueblecito situado debajo de la ventana, abrió un cajón y sacó un montón de cartas unidas con una cuerdecita. Se las entregó a Hermione y salió por la puerta no sin advertirle que descansara.
Cuando la medimaga dejó el lugar, la de ojos chocolateados comenzó a leer las cartas con anhelo. Necesitaba saber sobre la única familia que le quedaba. Ese pensamiento hizo que el corazón se le estrujara como un papel en la mano de una persona furiosa.
Abrió la primera carta, era de Harry.
Hola Hermione:
Hace dos días que te fuiste y todavía no has despertado. Dumbledore nos tiene informados de tu situación todos los días, pero no nos deja ir a visitarte. Siempre nos dice que estarás pronto aquí con nosotros, metidos en alguna aventura nueva. Y de verdad espero que vengas pronto porque hay una cosa… y Ron me está volviendo loco… no me cree y creo que tú si lo harías. No quiero comentártelo por carta, cualquiera podría leerla y sería un desastre. Sé que pronto estarás con nosotros y podré contártelo todo, pero de momento, descansa y cuidate.
Harry
Hermione quedó pensativa con esa carta tan misteriosa. Seguro que Harry tenía algo entre manos pero debía ser muy importante para que no se lo contara. Pensó si Cheryl habría leído la carta, pero se la había dado cerrada, así que era imposible.
Cogió una nueva carta, esta vez era de Ron. La carta estaba escrita en un pergamino muy sucio y parecía que había vertido agua en él, como queriendo borrar algunas palabras o párrafos.
Hermione:
Espero que cuando leas esta carta ya estés bien y lista para venir a Hogwarts. No sabes lo —aquí había un borrón de tinta enorme— difícil que se me está haciendo no tener tus apuntes para copiarme. McGonagall me amenaza con suspenderme y Snape… bueno de él ni te hablo.
Harry y yo siempre estamos hablando de cuando volverás y Dumbledore nos dice que pronto pero que sabrá este chif —otro borron—.
Vuelve pronto
Ron
Hermione había arrugado los bordes de la carta por el enfado. Ron sólo quería que estuviera allí para que le dejara copiarse sus apuntes. No le importa si llegaba hecha un vegetal o le importaría mucho si cuando llegara no supiera nada, hubiera perdido la memoria por el shock. Tiró la carta hacia un lado con fuerza y se cruzó de brazos. Él la ponía histérica. Ya sabía que Ron le gustaba, pero era tan infantil, tan idiota.
Cheryl entró con una bandeja llena de comida y bebida. Podrían comer ellas dos o incluso dos personas más si querían con todo lo que traía.
—Hermione —dijo poniéndose colorada por la cercanía que obtenía diciendo ese nombre—, no te enfades ni hagas fuerzas con las manos o los puntos se abrirán.
La medimaga se había percatado del papel tirado en el suelo y de que la castaña estaba enfadada.
—Ron es idiota. No le importa si muero o no.
—No digas eso. A todo el mundo le afecta cuando un ser querido le falta. ¿Puedo?— preguntó extendiendo su mano para coger la carta.
Hermione asitió y Cheryl comenzó a leer.
—Bueno, no parece tan grave, se ve que te echa de menos, pero le cuesta reconocerlo.
La castaña la miró asombrada ¿Cómo podía averiguar eso en una carta tan pequeña? Por lo que se veía, Cheryl era muy observadora.
— Esta mañana llegó esta—sacó una carta muy pequeña de su bolsillo y se la entregó a Hermione— Casi la tiran los de correos porque no sabían exactamente para quien era.
En el pequeño sobre sólo ponía un H.G. Cheryl había averiguado que era para ella. Lo abrió y encontró una carta con una única palabra escrita.
Recupérate
— ¿Y bien? ¿Es de alguien que conozcas?
—Ni idea—contestó Hermione confusa. Un nuevo gruñido de estómago, hizo que olvidaran la carta y comieran las dos hasta la saciedad.
Hola a todos:
Primero de todo, me siento muy agradecida hacia*,,,,,,,**.*
Y sobre todo a mis nenas de Potterfics: Ange, Juny y Luu por aguantarme la tabarra de que leyeran el fic XD.
Segundo: espero que os guste este capítulo porque a mí me ha gustado mucho escribirlo sobre todo, las cartas de Ron y Harry jeje. Espero que entendáis lo que quiero explicar en la carta de Ron.
Tercero: ¡Déjame un comentario alma mía! Que no te cuesta nada.