← Memorias de Idhún IV: La traición · de
Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 10
Habían pasado dos meses desde que se marchó, se arrepentía por haberlo hecho, no poder estar cerca de ella le parecía un infierno, pero no podía desobedecer, no, tenía que encontrar a la criatura más poderosa de Idhún, que huyó hace 16 años, a causa de aquellos estúpidos Nuevos Dragones, que ahora también estaban en la Tierra, buscando. No sabía si era un hombre o una mujer, cosa que dificultaba aún más aquella misión. Pensó en Eva, había vuelto a Madrid el día de su cumpleaños para poder verla. Lo que vio lo dejó destrozado y más arrepentido. Esa chica, no era la Eva que había conocido, ahora era un ser frío, sin sentimientos. En su mirada había dolor, pero nadie parecía darse cuenta. Nadie la miraba a los ojos para darse cuenta, y si lo hacía, la bajaba rápidamente, por miedo. Ahora, debía concentrarse. Su clan había encontrado un rastro hacía dos meses, en una isla de Japón, al parecer, se había transformado, el olor era de una shek femenina y aquella sangre extraña confirmaba que también tenía sangre de unicornio. Lo que él no sabía, era que uno de los suyos, sabía quién era la chica y donde se encontraba.
- Lucas, los nuevos dragones se encuentran en Madrid - Madrid... aquel nombre se le grabó a fuego, tal vez podría volver a verla.
- ¿Cómo lo sabes? - habló en otra lengua, una poco frecuente en Idhún, una que nadie había sido capaz de hablar, una que escondía muchos secretos, más poderosa que cualquier otra. Los dioses estaban malhumorados por haber creado a esa gente y ahora, esa era la razón de sus peleas.
- Daliah lo ha visto, también ha visto a la chica, sabe como es - dijo con miedo y respeto, todo a la vez, la hermana de Lucas era temida. Lucas nunca había hablado con Daliah ni con Adrianneh, ni siquiera las había llegado a ver, las ìdhisäne, las más poderosas de su clan. Él no llegaba a tener ni la mitad de su poder, era el pequeño, al que todos les daba igual si le pasaba algo, una molestia para su padre, señor de los dísiros, pero se prometió una vez, que llegaría a ser más fuerte, que la gente no se burlaría de él y derrotaría a sus hermanas.
- Bien, vayamos allá. Esos idiotas no deben encontrarla antes que nosotros. - el hombre le enseñó una bola de energía creada especialmente para mostrar lo que ocurría en otro lugar. Lucas se quedó horrorizado. ¡NO! No podía ser ella...
* * * Christian no sabía exactamente que hacer, su hija se había vuelto fría. Bueno, más de lo normal, cuando la miraba veía en sus ojos dolor, pero ¿por qué? Había intentado hablar con ella y lo único que obtenía era silencio o frases sin sentido; descartó la idea de meterse en su mente después de chocar con otro muro de hielo, mucho más grueso que la vez anterior. Así que ahora iba a hablar con Erik, no parecía pasarlo muy bien, siempre llevaba una cara de sufrimiento ajeno. El dragón estaba en el salón, acaparando el sillón. Su hijo había tenido que sentarse en el suelo y Vic estaba haciendo no sé que, en el otro sillón cuando apareció Chris. Se sentó en el sillón en el que estaba Jack, obligándolo a que se moviera. Él gruñó, pero enseguida puso toda la atención en la televisión de nuevo. Chris aprovechó que Erik estaba distraído para meterse en su mente, al parecer Jack le había ayudado para que no metiese nadie en ella. Ya dentro de ella, no estaba muy seguro de que buscaba, había oído a Erik maldecir a un tal Lucas, tal vez esa fuese lo que necesitaba buscar. Encontró un recuerdo de dos mese atrás, el día que Eva empezó a ser tan fría. Vio a un chico más alto que Erik, de pelo y ojos negros, el rubio parecía haberlo reconocido y lo miraba con mala cara, cosa que molestó al joven, pero a Erik le dieron ganas de decirle unas cuantas cosas en el momento que apareció Eva, entonces se disculpó y volvió al salón con Jack. Ese recuerdo no le sirvió de gran ayuda, ya que los pensamientos del chico eran confusos y estaban un tanto revueltos, cosa que le recordaba a cierta persona que tenía a su lado... Volvió a buscar y encontró otro. Erik estaba hablando con Jack, sentía pasión y ternura ajena, luego un fuerte dolor en el pecho y por último se escuchó un grito. Los dos se levantaron de un salto, Erik se preguntó que le habría hecho ese mal nacido a su hermanita, para luego encontrarse a los dos en la cama de Eva tumbados y abrazados. Rato después de que se fuera Lucas de la casa, él estaba solo, su padre se había ido mucho antes, notó que en la casa empezaba a hacer mucho frío. Salió de su habitación para encontrarse con el pasillo cubierto de hielo, proveniente de la habitación de su hermana. Llamó intentando no caerse y entró para encontrarse la habitación llena de hielo, había hasta hielo colgando del techo y vio a su hermana llorando desconsoladamente en la cama. Chris salió de la mente del rubio dando una maldición que resonó en la cabeza del chico, que dio un respingo. Así que era eso, Eva estaba así por culpa de ese Lucas. Si se lo llegaba a encontrar por la calle, no sabía si podría contenerse, pero por los pensamientos de Erik comprobó que no era el único que tenía ganas de zurrarle o algo peor por hacerle eso a su hija...
* * * Eva iba caminando si rumbo fijo por Madrid después de salir de taekwondo, no sabía como aguantaba ir a las clases con lo que le recordaban a Lucas, el momento que lo miró por primera vez y se quedó hechizada por sus ojos le venía a la mente cada dos por tres en la clase. Quería estar con él, por las noches aquel sueño del bosque se repetía una y otra vez, siempre se despertaba gritando, entonces aparecía su hermano que la consolaba, él era el único que sabía lo que le pasaba. Ella sabía que Erik odiaba a Lucas con todas sus fuerzas y que quería matarlo. Se sentó en un banco que había en un parque, se puso a llorar, desmoronando el muro de frialdad que había creado en su corazón para protegerlo. Se dio cuenta de que estaba en el mismo lugar en el que se besó por primera vez con él, haciendo que su corazón se derrumbase otra vez, llorando con más fuerza. Era ya de noche, había estado toda la tarde allí, llorando, siendo mirada por la poca gente que pasaba. Tenía que volver a casa, pero no podía mover su cuerpo, se había quedado paralizada por algo. Sintió una respiración detrás suya, se tensó entera al oír carcajadas del hombre que había detrás.
- Vaya, vaya, aquí tenemos a la honorable hija del shek - apareció otro hombre y se inclinó al decir lo último. - Que pena que tengas que morir. Eva luchó por moverse, aquellos hombres se reían ante sus intentos de resistirse a la parálisis. Enseguida más hombres se juntaron a ellos, todos vestían con ropa al estilo de la Edad Media, cosa que hizo comprender a la chica quienes eran ellos, eran idhunitas, los Nuevos Dragones. El pánico la invadió, con todas sus fuerzas intentó moverse, cosa que consiguió, pero apareció a un metro del banco. Ella no lo sabía, pero acababa de viajar con la luz, tal y como hacían los unicornios. A los Nuevos Dragones no pensaron que la sangre del último unicornio corría por sus venas, sino que, al ser hija del shek, creían que sería una gran amenaza como su abuelo y su padre. No les importaba nada más que la sangre de shek que tenía. Eva corrió con todas sus fuerzas por el parque del Retiro, pasó al lado del estanque donde Lucas y ella habían alquilado una barca una vez. Empezó a cansarse, no sabía muy bien en que parte del parque se encontraba, todo estaba muy oscuro, no se veían ni las estrellas a causa de un hechizo de oscuridad que habían hecho los magos que la perseguían. Enseguida la atraparon, Eva se debatía por soltarse de sus agresores. Estaba confusa y tenía mucho miedo. En ese momento deseo con todas sus fuerzas que Lucas estuviese allí, pero sabía que era imposible, él se había ido, para siempre. Gritó. Gritó por el dolor que le había provocado al clavarle un fragmento de roca en el abdomen. Sentía como las fuerzas se le iban y la luz de su interior se teñía de la oscuridad de la piedra maldita. Todo le daba vueltas, unas bolas luminosas daban de lleno a los Nuevos Dragones, que huían o morían al ser alcanzados por esas bolas. Le costaba respirar e iba a desmayarse. Lo último que vio fue una figura acercarse a ella corriendo, que la sujetó cuando las piernas le fallaron.
- ¡Eva! ¡No! Eva... - eso fue lo último que escuchó antes de quedarse inconsciente.