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Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 9
Un chico de 18 años caminaba por las calles, a la casa donde vivía la chica que quería. Tenía que decirle unas cosas, él no quería, pero tenía que despedirse. Llegó a la verja negra, la cual se abrió sin hacer ningún ruido, subió por la pequeña colina hasta llegar a la mansión, donde le abrió un chico rubio con ojos marrones de su misma edad.
- Hola, me llamo Lucas, soy un amigo de Eva. ¿Está ella en la casa?
- Ahora mismo no puede recibir a nadie. Espera un momento, ¿has dicho que te llamas Lucas?
- Sí, ¿por qué? Erik se lo quedó mirando largo rato, Lucas era cinco centímetro más alto que él y le intimidaba un poco. Le sonaba haber visto u oído ese nombre, pero ¿de qué? Entonces se acordó, después del incidente de ayer, él ya estaba recuperado, pero Eva no y había ido a ver que tal se encontraba. Ella dormía plácidamente si parar de decir Lucas, Erik supuso que sería aquel con quien estaba saliendo su hermanita. Y ahora lo tenía delante de él.
- ¿Por qué me miras así?
- No, por nada, es que tu nombre me suena mucho.
- A lo mejor, no soy el único en el mundo que se llama Lucas - lo dijo en tono cortante. "¿Pero con qué tipo sale mi hermana?" pensó Erik cabreado, iba a decirle unas cuantas cosas en el momento que alguien habló detrás suya.
- ¿Lucas? ¿Qué haces aquí? - Erik se volteó y vio a su hermana, parecía un ser frágil, estaba pálida, con ojeras, parecía estar hecha de porcelana y daba aún más aquella impresión con la bata blanca que llevaba puesta.
- Venía a decirte una cosa. - Lucas la miró con preocupación por el aspecto que presentaba la muchacha, Erik sintió que sobraba, así que se disculpó y volvió al salón con Jack.
- Ven, vamos a mi cuarto. El chico la siguió escaleras arriba, iban callados. Él la tenía cogida de la cintura y ella había apoyado la cabeza en su hombro. Se sentaron en la cama, seguían callados, nada podía interrumpir aquel momento. Lucas la abrazó, no quería irse, quería quedarse con Eva, pero tenía ciertas obligaciones al ser el hijo de quien era. La castaña se separó un poco, para mirarle a los ojos. - ¿Qu...? - pero el pelinegro la interrumpió.
- Shh... - la besó, lo necesitaba ardientemente. Eva se dejó llevar, se quitó aquella bata que le molestaba, quedándose en un pijama morado y corto. Lucas la atrajo más hacia si, acariciándole la espalda, suavemente. Aquel beso acabó cuando sus pulmones pedían aire. Se habían tumbado, Eva estaba recostada encima del torso bien musculado de Lucas y con sus dedos le acariciaba cada musculo de brazo y torso, a Lucas se le producía un cosquilleo al acariciarle, que abandonaba esa parte segundos después. Él la miraba, sus ojos negros brillaban de amor y ternura por la chica. No sabían el rato que estuvieron así, Eva se había quedado dormida y ahora susurraba el nombre del chico. Él la seguía mirando igual que antes, aunque ahora pensaba el modo de decirle que debía marcharse, eso hizo que su mirada se ensombreciera. Eva volvía soñar con aquel sueño del bosque, donde se besaba con su enemigo y rato después caía muerto al suelo. Esta vez se despertó con un grito de verdad, su respiración era entrecortada y el corazón le latía a mil por hora.
- Eva, ¿estas bien? - el pelinegro parecía preocupado, la castaña asintió, volviendo a apoyar su cabeza en el pecho del chico, aspirando su aroma a menta fresca, él la abrazó, reconfortándola. Esta vez, el sueño había sido un poco más largo: *Estaba en un bosque, iba caminando lentamente entre la vegetación de vivaces colores. Había curiosas criaturas en él, al igual de que también había personas, pero no eran personas corrientes, no, no lo eran, eran feéricos. Me conducían a un pequeño claro, donde había un chico de 19 años esperando. Su pelo y ojos negros resaltaban a la luz de las tres lunas, estaba mirándome detenidamente. Los feéricos se fueron, para dejarnos intimidad crearon una barrera en la que nadie podía ver que pasaba allí y tampoco pasar. Me acerqué a él lentamente, me cogió de la cintura y enseguida nos fundimos en un ardiente y apasionado beso que los dos ansiábamos desde hace mucho. Estuvimos así hasta quedarnos sin aire. Nos separamos jadeando, me abracé todo lo que pude a él. A mi enemigo, no podía dejar de amarlo. De improviso, me soltó y cayó al suelo, sin vida. Grité...**...nada más caerse, se agachó, llorando, no sabía que hacer, estaba muerto, lo único que la ataba a la vida acababa de dejarla, para siempre. El corazón se le rompió en mil pedazos, sintiéndose muerta, como si no hubiese un alma dentro de aquel cuerpo. Quería morirse, levantó la cabeza y gritó sonoramente un NO.La barrera se había esfumado, había feéricos mirando con horror aquella escena. Sintió un odio irracional, había alguien más aparte de las criaturas del bosque, el que había matado a su amado se escondía entre la vegetación. Lo distinguió un poco más adelante, abrió los ojos de par en par al reconocerle.- ¿Por qué lo has hecho, E...?*No se acordaba de nada más, no recordaba el nombre ni el rostro de la persona que había matado a Lucas en su sueño. Se sentía mal, todavía le parecería muy real ese sueño, de no ser porque sentía la respiración calmada del chico y los brazos rodeándola. Aquel momento se terminó en cuanto Erik abrió la puerta de golpe con Jack detrás, se habían alarmado al oír el grito. Jack se quedó un poco alejado de la puerta al verlos allí tumbados, Erik se había quedado atónito, había sentido un dolor en el pecho. Y por último, el grito de su hermana, que había sonado por toda la casa. Nada más oírlo, pensó que ese idiota le había hecho algo a su hermana, y que se lo pagaría, pero no, los dos estaban tumbados en la cama abrazados, cosa que hizo que todos se sintieran muy incómodos. Erik avergonzado por verlos así, se disculpó y se fue cerrando la puerta. Jack se había ido, no quería saber nada, ningún detalle y menos ver a su hija ahí, puede que no fuese su hija, pero para él lo era. Eva y Lucas se levantaron no sabían muy bien que hacer, pero él decidió que estaba alargando demasiado esto, tenía que decirle que se iba.
- Eva... Ella lo miró, su tono había sido de resignación y su cara estaba sombría.
- ¿Qué pasa?
- Tengo que decirte algo importante.
- ¿El qué? - se acercó a él.
- Yo, bueno, yo, había venido para decirte una cosa... - la chica vio que no parecía muy puesto en sí mismo para decirle lo que fuera que tuviese que decir.
- Venga, dilo ya - le levantó la cabeza con suavidad, él se decidió, mejor decirlo ya.
- Yo, me voy de aquí, puede que para siempre. A lo mejor solo estaré fuera un tiempo y regresaré, no sé muy bien. Eva se quedó paralizada al oír aquellas palabras, el joven creyó que lo había dicho con demasiada brutalidad. Ella se abrazó a él y le susurró al oído - Por favor, no me dejes. A él se le rompió el corazón con esas palabras y la voz, su voz sonaba asustada, con tristeza, mucha tristeza. Se abrazaron aún más besándose por última vez. Lucas se separó y se fue, dolido por dentro al tener que dejarla. Nada más llegar a la verja se fue corriendo. Eva se quedó destrozada, no podía moverse, su corazón había explotado de dolor. Se puso a llorar, cada lágrima que caía en la cama se volvía de hielo, extendiéndose por toda la habitación. Notaba como la felicidad que había tenido por primera vez, se desvanecía, creando un muro de frialdad dentro de ella, volviendo de nuevo su miraba fría y letal. El hielo, que ya cubría todo el lugar, traspasó la puerta, extendiéndose también por el resto de la casa...
No sé que tal estará, pero espero que bien.Se aceptan comentarios de muchos tipos pero con excepciones, me gustaría saber qué tal ha quedado y su opinión (los comentarios dan inspiración. Por lo menos a mí me ayudan a continuar :D)Besos