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Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 14

Estaba oscuro, muy oscuro, ya no se veía ni la luz de la sala de armas. Dio un paso más y notó como algo se deslizaba por el suelo y segundos después, antorchas de llamas azules se encendían delante de ella, dejando la parte de atrás a oscuras. Eva contempló las paredes, tenían varios grabados que representaban a los sheks y dragones luchando, también había unicornios, algunos de ellos otorgando la magia, aquellas representaciones estaban muy bien hechas y no estaban deterioradas, mas parecía que los hubiesen hecho hacía poco. Llegó a una puerta de madera bien conservada, de aspecto pesado. También tenía grabados, en ellos se representaban a los siete dioses en la parte superior, debajo de ellos había gente encapuchada y en medio de ellos dos mujeres; más abajo se encontraban un shek, un unicornio y un dragón; al final estaban humanos, celestes, gigantes, bárbaros, varu, yan y szish. A Eva le dio la impresión de que estaban puestos según su importancia o estatus de poder, y no se equivocaba... La puerta se abrió fácilmente, no parecía tan pesada como creyó al principio. Escudriñó la habitación en penumbras, apenas conseguía distinguir lo que había allí. Caminó, alejándose unos pasos de la puerta, nada más hacerlo, esta se cerró, emitiendo un fuerte chirrido. Eva se sobresaltó y se giró bruscamente, vio que la puerta por dentro no tenía pomo, se puso frente a ella e intentó abrirla, pero esta no cedía, intentó de todo, mas la puerta seguía intacta en su sitio, no se movió ni un centímetro, cosa que desesperó a Eva. Abatida, decidió mirar que había en aquel lugar, caminó al centro, donde había un rayo de luna, proveniente de una ventana redonda muy pequeña, imperceptible para lo de fuera. Segundos después, más rayos de luna iluminaron aquella habitación, era más grande de lo que había pensado en un principio, era circular como toda la casa, las paredes y el suelo eran de roca, a excepción de donde estaba, que había un circulo de madera, con grabados en un idioma desconocido para ella. En una estatua, como la del dios Aldun, yacía una espada, era extraña y bella a la vez, en vez de sujetarla un hombre de piedra, la sujetaba una mujer de mármol, aquella espada parecía mucho más poderosa que Domivat y Haiass juntas, aunque esta estaba un poco oxidada. No pudo resistirse a cogerla, sentía como si fuese un imán, que era la única criatura existente que podía tocarla. Cogió la espada con manos temblorosas y la inspeccionó a la luz del rayo de luna que había en el centro de la sala. La espada era de un metal desvaído, daba la sensación de que se fuera a quebrar con solo empuñarla, era muy ligera y tenía un cristal azul, opaco y sin vida bajo el mango. Un minuto después de estar bajo aquel rayo de luna, los símbolos de la madera sobre la que estaba se iluminaron, dando vueltas como si fuera una espiral, Eva no se movía, estaba quieta observando como la espada adquiría un halo azulado y el metal brillaba, como si fuera nueva, en ella aparecieron runas que no pudo identificar, segundos después, sintió como algo bajaba por su brazo cayendo del codo al suelo, era agua, tenía un extraño color plateado. Dejó de mirar como caía el agua en los símbolos que cada vez daban vueltas con más rapidez, dando la sensación de parecer un remolino blanco, medio plateado, entonces se percató que lo que caía por su brazo no era agua, sino el propio metal de la espada, en estado líquido, miró alarmada la espada y vio que esta ahora era de cristal, muy puro, con una pequeña inscripción en la hoja, hecha de hielo. Pasó la mano por el filo para comprobar si estaba afilado, y así era, se hizo un corte bastante profundo con solo rozarlo, se preguntó si aguantaría sin romperse en una pelea, tal vez, parecía bastante resistente, la sangre que quedó en el filo, llegó al cristal opaco con forma ovalada, empezó a brillar, con mucha intensidad, la sangre de alguna manera quedó atrapada dentro del cristal, la brillante sangre empezó a moverse de forma extraña dentro de ella, haciendo círculos y formas extrañas, nada más hacer eso, el cristal se transformó en una serpiente alada, moviéndose con lentitud pero con mucha desenvoltura, se enroscó en la espada, por parte del mango y parte del filo. Eva se fijó en que un pequeño unicornio estaba grabado en la punta del mango y su cuerno brillaba... Eva aún sentía como el líquido bajaba hasta su codo, miró y se fijó que ahora era agua pura, pero ahora, no caía en la madera, sino que subía, subía por su brazo describiendo círculos torno a ella, por todo el cuerpo. Y por segunda vez, un halo azulado la rodeó. Y cayó al suelo, inconsciente.

  •  *  *
  • ¿Dónde se habrá metido? - eso era lo que uno oía a Victoria decir continuamente. Habían pasado tres días desde que Eva había desaparecido, de la noche a la mañana, ya no estaba en Limbhad, ni en ningún otro sitio, a pesar de que Alma mostrase que se encontraba en el mismo lugar y Chris pudiese sentirla muy cerca. Por más que buscaban, seguían sin encontrarla. Y dudaban de que hubiese alguna habitación secreta, sino, ya lo sabrían. Lo más extraño, es que la espada de Jack, Domivat, había aparecido por la mañana en la estatua de Aldun, donde se encontraban las armas, cuando Jack la había dejado en su habitación apoyada en una pared. Christian se había marchado, seguía cantando y ahora si que se le podía ver, aunque no solía hacer muchas entrevistas, ya que la mayoría las rechazaba. Ahora mismo tendría que estar en un concierto en Port Angeles. Se había marchado ya que sabía que Eva estaba bien, incluso más fuerte y seguía en Limbhad. Jack estaba en Madrid junto a Victoria, él se ocupaba de la Academia, a la vez de buscar conjuntamente con su mujer a Eva, habían puesto patas arriba todo Limbhad, sin éxito. Erik, también había vuelto a casa, para ocuparse de la matriculación a la universidad de medicina en Londres, muchas universidades querían tenerlo como alumno, pero a él solo le interesaba estudiar medicina. Ahora salía de la casa de unos amigos, que formaban parte de la banda en la que tocaba. Cuando de pronto, una chica de pelo azul y ojos bicolores le cortó el paso.
  • Perdona, ¿me dejas pasar? - se le quedó mirándolo largo rato.
  • Te he estado buscando, Kareth.
  • Co... ¿Como sabes mi nombre?
  • No te acuerdas de mi, ¿eh?
  • Lo siento, pero no estoy para tonterías y he de volver a mi casa - esquivó a la muchacha que debía de tener la misma edad que él, pero una mano le golpeó en el pecho, haciendo que se doblara por la cintura.
  • ¡AH!
  • Cállate, ¿no querrás que nos descubran verdad?
  • Pero ¿tú estás loca o qué? Sí, debe de ser eso, estás como una cabra. Adiós.
  • ¿Adónde vas?
  • Adonde no puedas alcanzarme, so chiflada - y echó a correr. Corrió y corrió, fue por atajos y calles con mucha gente, ya que le seguía, y al parecer era una gran corredora, ya que le pisaba los talones, llegó a la estación del metro y se le ocurrió una idea, se metió en un vagón que acababa de abrirse, fue empujando a la gente para poder llegar a la siguiente puerta y así darle esquinazo a su perseguidora, se sentía patético, al tener que huir de una chica. Se paró en seco, vio como aquella chica se abría paso entre la multitud que se quejaba por los empujones que recibían de esta. Justo cuando las puertas se iban a cerrar, saltó por los pelos y el tren se puso en marcha. Lo que él no sabía, era que su madre pasó por algo parecido, para poder huir del que la quería matar. Se apoyó en una pared en la que nadie podía verlo y se dejó caer, estaba exhausto, a saber cuanto había corrido para deshacerse de aquella extraña chica de más o menos su edad. "Creo que me estoy haciendo viejo" pensó con sorna. Sonrió y se pasó la mano por el rubio pelo, dejándolo más despeinado. Una mano le agarró el hombro, él se sobresalto y miró la bronceada mano, luego siguió el brazo hasta toparse con unos ojos bicolores y pelo azul.
  • ¿Cómo has llegado tan rápido? La chica le miró con una sonrisa pícara - Ha sido muy fácil - le susurró al oído sensualmente. Erik se tensó al oler el aroma de la chica que estaba ahora sobre él, sintió una terrible atracción hacia ella, se la quedó mirando embobado, ella sonrió y le rozó con sus labios los de él. Se levantó, mientras le agarraba el brazo.
  • Ahora, nos tenemos que ir - desaparecieron de allí, dejando a una atónita anciana que los había visto.
  • La edad puede pasar malas jugadas - susurró mientras se dirigía a su destino. En cambio, había un hombre encapuchado, la túnica que llevaba era negra y mientras apretaba bajo su túnica el mango de una espada y con el rostro crispado en una mueca de ira. Se desvaneció para informar a las ìdhisäne de que su presa, había escapado. La anciana de antes se quedó paralizada y pensó que tal vez ya empezaba a divagar, y que tal vez tendría que ir a un asilo.

Thanks a NessiieSh, valizisi y carlos cullen por comentar en el anterior capi ^^Y NessiieSh siento la tardanza, ya sé que dije que la semana pasada actualizaría, pero jeje, tuve un problemilla :PPlease, dejad comentarios! :)