Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Memorias de Idhún IV: La traición · de

Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 16

  • Ah... mi cabeza... - Erik se levantó, todo estaba oscuro, no podía ver nada, lo único que oía era su respiración y los latidos de su corazón.

Sus ojos tardaron en acostumbrarse a la penumbra lo suficiente para ver donde se encontraba. Había barrotes a su alrededor, debían haberlo metido en una jaula. Las piernas le fallaron y cayó al áspero suelo, la superficie de la roca tenía pequeñas hendiduras afiladas. Frenó su caída con los brazos, magullándoselos.

Soltó una maldición, ¿dónde lo habían metido aquellas malditas locas?

Ya estaba harto de toda esa mierda de lo sobrenatural. ¿Por qué tenía que aguantar todo eso? Él no había hecho nada para que le sucediera aquello. Por qué a él y no a otro, se preguntaba.

Se levantó, reprimiendo una mueca de dolor. Y se acercó a la puerta de la jaula, los barrotes estaban oxidados, pero su cerradura parecía nueva. Pensó en cómo salir de allí. Tal vez consiguiera fundir los barrotes, pero él no sabía cómo debía utilizar sus poderes.

Tras varios intentos, en el momento que iba a desistir, ya cansado, de sus manos brotaron llamas que fundieron los barrotes como si se tratara mantequilla.

Salió de allí y nada más meterse por un pasillo, oyó voces aproximándose, se escondió en una abertura entre la roca, lo suficientemente grande para que entrase.

  • Así que tenemos al hijo de Yandrank y Lunnaris con nosotros.

  • Sí, al parecer se puso histérico y tuvimos que meterlo en una jaula para que no nos matase - Erik se quedó con la boca abierta, él no se había puesto histérico, lo que acababa de decir ese desconocido era mentira, le habían secuestrado, golpeado y enjaulado. Esa era la verdad. A los que habría que encerrar era a esos chiflados de mala monta.

  • Bien, me gustaría verlo. Nos vendrá muy bien su parte de dragón para huir de las ìdhisäne.

  • Lo metimos en una de las cavernas, por aquí.

Siguieron caminando y sus voces cada vez se oían más lejanas. Erik aprovechó la oportunidad para salir de allí.

El aire fresco le azotó el rostro, comparado con el aire viciado la brisa cálida era todo un gozo, tras vagar por lo que a él le parecieron horas, en aquellos túneles. Teniendo que esconderse al acercarse alguien entre los recovecos de la roca y perdiéndose por entre las cavernas que se conectaban entre sí.

Miró a su alrededor, el paisaje era completamente desconocido para él, no se parecía a ningún lugar de la Tierra. Entonces comprendió. Estaba en Idhún.

*  *  *

Eva volvía a su casa, el trato que había hecho con Shizuko… tenía algo extraño, sabía perfectamente que Shizuko tenía interés en ella ya que abrir el portal hacia Idhún era cosa fácil para un mago de tanto nivel como Rhiz.

Nada más llegar al centro de la ciudad sintió varias presencias diferentes a la de las demás, le eran familiares. "Los Nuevos Dragones" pensó, metiéndose en un callejón sin salida aposta para que no les viera nadie. Escuchó los pasos de varios hombres aproximándose, a lo mejor se habían olvidado de que ella podía oírlos, incluso leer su pensamiento.

Paró en seco.

  • Vaya, vaya. Supongo que venís a intentar matarme… otra vez.

  • Supones bien, serpiente. Tú y tu raza jamás deberíais haber existido. Además, ahora no hay nadie para que te salve - esto último lo dijo con sorna. Varias risotadas le precedieron.

Se volteó hacia ellos dejando ver una media sonrisa, los azules ojos se enfriaron aun más. Extendió el brazo derecho. Agua cristalina le recorrió el brazo formando círculos entrelazados hasta llegar a su mano, donde se formó una empuñadura y después el filo, todo de cristal. La espada refulgió en la oscura noche sin estrellas. El corazón de cristal que pendía de su cuello se volvió aún más frío al contacto de su piel.

  • No necesito ayuda de nadie, puedo defenderme yo sola - susurró con un deje de peligrosidad en su voz.

Se movió veloz hasta situarse detrás del último hombre, al parecer era un mago. No le dio tiempo a gritar, le clavó sin contemplaciones la espada en la espalda. El corazón de cristal palpitó al clavarle la espada, iluminando el serio rostro de la joven. Los demás se dieron la vuelta al oír caer el inerte cuerpo de su compañero. Sacaron sus espadas, listos para luchar, los tres magos que les acompañaban se prepararon para lanzar hechizos contra la criatura más peligrosa del Séptimo, a la que debían destruir.

  • No te tenemos miedo, Lune - dijo un caballero de Nurgon.

  • ¿No? Pues deberíais - su voz era siniestra igual que su rostro.

  • Hmp.

Y empezó la lucha, diecinueve contra uno.

*  *  *

Idhún… el lugar en el que había nacido y vivido durante sus dos primeros años de vida. Jamás había pensado que volvería a ese lugar, él pertenecía al siglo XXI, a la Tierra. No a una especie de Edad Media, en un mundo llamado Idhún.

Observó el lugar, estaba en una zona árida y sin vida, lo único que veía era arena, por todos lados, quitando la cueva, claro, se dio la vuelta y ahogó una exclamación. La cueva por donde había salido no estaba. Desaparecido, como si nunca hubiera habido una cueva allí, solo arena.

Las horas pasaban y, Erik estaba cansado y sediento, le daba la sensación de no haber avanzado nada durante todo el camino recorrido, él paisaje no cambiaba, solo dunas de fina arena color salmón. El calor empezaba a ser asfixiante, se tuvo que quitar la sudadera y ahora la camiseta se le pegaba al torso.

A lo lejos le pareció vislumbrar un oasis, a lo mejor era una alucinación, pero fue a comprobar que lo que veía a lo lejos era real, que había agua en aquel lugar abandonado de la mano de dios.

*  *  *

La espada le atravesó el corazón despiadadamente, en sus ojos no se vislumbraba remordimiento, le mató fríamente. La sangre goteaba del filo de su espada de cristal tras sacarla del cuerpo.

  • Maldita
  • dijo uno de los pocos que quedaban, solo cinco - Pagaréis por todo lo que habéis hecho tú y tu padre.

Eva sonrió maliciosamente.

  • ¡AHHHH! - gritó uno de ellos cayendo al suelo, uno de sus compañeros fue a ayudarle, pero estaba muerto, el hombre se separó del cuerpo inerte de su amigo y miró con cara de absoluto odio. Corrió hacia la chica condenada a morir, con la espada lista para clavársela en su cuerpo. Eva como si flotará, esquivó el ataque como si nada.

Atacaron los cuatro que quedaban a la vez, Eva los esquivó con la gracia de una bailarina, pero no se dio cuenta de que había alguien más aparte de ellos cinco, una persona se escondía en la oscuridad. Al pasar Eva por su lado, se dio cuenta, ya demasiado tarde, la aferró hacia él y la durmió con un hechizo. Ella hubiera caído al suelo de no ser que la tenía bien sujeta. La espada de cristal se volvió agua y le recorrió haciendo círculos entrelazados alrededor del brazo derecho hasta llegar al colgante con forma de corazón, donde desapareció aquella agua cristalina.

  • Duerme preciosa, cuando despiertes te encontrarás en un lugar muy diferente - habló en idhunaico y desapreció a través de un portal que se formó al final del callejón junto a los cuatro hombres, uno de los Nuevos Dragones y tres de los caballeros de Nurgon. Uno de ellos pareció reacio a dejar a su amigo muerto allí, pero se metió dentro del  portal, sabía que enseguida irían a por los cuerpos de aquellos quince que habían probado el filo de la espada de Lune y uno por sus poderes mentales.

El portal permaneció abierto tras pasar ellos, dando lugar a dos yan, un gigante y tres  humanos para recoger los cuerpos, las familias de aquellos muertos se destrozarían al enterarse del destino que les había tocado a sus seres queridos, un día de luto en todo Nandelt.

  •  *  *

Erik estaba desesperado, necesitaba agua cuanto antes, encima cada vez hacia más calor, pero ¿cuánto duraban los días en aquel mundo? Sin duda mucho más de 24 horas, de eso estaba seguro, teniendo tres soles, era lo acertado.

Su frustración crecía cada vez más, el oasis que creyó ver era en realidad una ilusión, casi le da algo al ver que no había agua.

Ahora sí, los tres soles estaban en lo más alto, Erik se arrastraba, literalmente, por  Kash-Tar, sin rumbo fijo, la ropa se le adhería a la piel, su camiseta banca se había vuelto de un tono entre marrón y gris. Los brazos heridos le escocían por culpa del sudor y de la fina arena

.

Se desplomó contra la arena, había llegado a su límite. Lo último que vio fue una figura acercarse a él. Después perdió el sentido.


Jeje, sorry por tardar en subir el capi, es que los deberes me ocupan el tiempo y apenas tengo tiempo para escribir ahora con los primeros exámenes y con el tiempo tan limitado para usar mi portátil. Ahora estoy en tercero y escribiría entre clase y clase, pero tengo que ir a un aula diferente para cada clase, cosa que es un  coñazo, aún más ir por el pasillo de primero, que es casi imposible pasar por allí.

Bueno, no se porque me pongo a contar mi vida si no os interesa.

Ah! Por cierto gracias a los que comentaron en el capi anterior (NessiieSh, carlos cullen y Baby aniika), también a los que leen y tienen en favoritos.

Bye!