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Memorias de Idhún IV: La traición — capítulo 17

Una mujer preparaba la cena, estaba preocupada por sus hijos, ya era tarde y aun no habían vuelto. Habían pasado todo el día fuera. Eva estuvo muy extraña por la mañana, esa no era ella, la que Victoria conocía era completamente diferente, la que vio era fría como el hielo. Le recordaba a Chris cuando era un asesino.

  • Tranquila Vic, estarán de camino, no pueden estar muy lejos - Jack intentó tranquilizarla, pero ni él se creía sus propias palabras, en su interior algo le gritaba que Erik y Eva estaban lejos, muy lejos, a millones de años luz. En grave peligro.
  • ¿Cómo quieres que esté tranquila? Si no soy capaz de sentirlos desde hace horas, es como si estuvieran en otro mundo o... muertos. - Se oyeron pasos apresurados bajar las escaleras. Jack hizo una mueca por la presencia y a Vic le latió fuertemente el corazón. Era Christian.
  • ¡Christian! - exclamó Vic en cuanto el shek apareció por la puerta. Corrió hacia él y los dos se fundieron en una beso, se separaron en cuanto les faltó el aire. Jack miraba por la ventana, incómodo, seguía sin acostumbrarse tras tantos años verles así.
  • Tenemos que volver - dijo Christian con un tono muy serio, Victoria podía ver la preocupación bajo aquella máscara de hielo que lo cubría. Jack comprendió a que se refería, pero Vic no.
  • ¿Por qué? ¿Qué pasa?
  • Están en Idhún. ¿No es así? - Jack hizo que Vic se sobresaltara. Christian solo asintió.
  • Exacto, dragón. Y están en grave peligro.

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Estaba furioso, harto de que su padre lo tratase como escoria, ser un mal menor en los planes de sus hermanas, un maldito estorbo.

  • Esto no se va a quedar así - dijo dándole una patada a una silla, haciendo que volcara contra el suelo - ¿Por qué no me cree capaz de hacer nada? ¿Qué no soy digno de ocupar su lugar cuando él no esté? Ja, ¡ya verá de lo que soy capaz! Y se lo voy a demostrar. Se dirigió hacia la venta y saltó hacia abajo tomando impulso desde el quinto piso, cayó unos pocos metros de distancia del acantilado que había al lado del castillo dìsiro. Cerró los ojos, sintió el agua a su alrededor. Emergió del agua y tomó una buena bocanada de aire. Pestañeó varias veces para quitarse el agua de los ojos, le escocían un poco a causa de la sal. Nadó dando fuertes brazadas hasta una pequeña isla unos metros más allá. Era muy pequeña, solo había arena y alguna que otra palmera. Con su poder creó unas bolas de energía, las impulsó hacia arriba en forma de señal. Tenía un conocido que podría sacarle de allí sin ser descubierto por ningún dìsiro. Se sentó en la blanquecina arena, a esperar a que apareciera el joven varu. Minutos después una cabeza emergió del agua. Era un chico de quince años al que Lucas tenía mucha simpatía.
  • Hola Lucas.
  • Lex.
  • ¿Qué pasa?
  • Quiero que me lleves cerca de las orillas de Sarel - Lex asintió e hizo una seña con la cabeza para que se acercara al agua. Lucas se acercó, el agua le llegaba hasta las rodillas; instantes después estaba dentro de una burbuja, siendo llevado por el varu hasta las orillas de Sarel. Nada más llegar allí, Lex dejó a Lucas cerca de la orilla, donde se sumergió dejando al dìsiro sin burbuja ya. Lucas salió del agua, estaba todo empapado, se aseguró de que su espada siguiera en el cinto y prosiguió su camino. Iba hacia la torre de Kazlunn. Se metió entre unos árboles. Donde antes había habido un chico de dieciocho años completamente empapado, ya no había nadie. Se teletransportó cerca de la torre de Kazlunn.

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Imágenes borrosas se sucedían en su mente, iban tan rápidas que acabó mareándose. Sacudió la cabeza, sentía malestar en todo el cuerpo, como hubiera estado durmiendo en un suelo hecho de roca. Se incorporó lentamente, la cabeza le daba vueltas de tal forma que todo a su alrededor se movía, no conseguía distinguir nada a su alrededor. Apoyó la espalda en una pared y cerró los ojos. Un rato después la cabeza ya no le daba vueltas, así que abrió los ojos lentamente. Se sorprendió al ver donde se encontraba, estaba en una celda. Se levantó lentamente, alerta; caminó hacia los barrotes, estos tenían algo extraño, desprendían energía y parte de ella le era conocida. Extendió el brazo hacia uno de los barrotes oxidados, apenas lo rozó con la yema de los dedos cuando una descarga de oscura energía la recorrió entera haciéndo que se alejara de ellos un metro. Las piernas le fallaron y cayó al suelo, retociéndose en él. Al cabo de unos minutos las convulsiones pararon y quedó inconsciente.

  • Vaya, vaya. Así que nuestra querida shek se ha despertado para volver a dormirse.
  • Abre la puerta, soldado.
  • ¡Oh! ¡Príncipe Dimitri! Ahora mismo - el soldado abrió la puerta con una llave especial y dejó que el príncipe entrara.
  • Así que esta es Lune, no pude verla bien cuando la traje, es una pena que vaya a morir - salió de la celda - Llévala ante el rey, su condena está próxima.

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  • Alma. Llévanos a Limbhad - dijo Victoria con voz ahogada. Todo lo que había hecho por mantener a sus hijos fuera de lo referente a Idhún había sido más que en vano. Ahora Erik y Eva se encontraban allí, no conocían Idhún, ni siquiera ella misma sabía como era tras vivir dieciséis años en la Tierra.
  • Vamos allá - Vic se sobresaltó cuando habló Jack nada más llegar a la biblioteca de Limbhad.
  • En marcha - dijo Christian tras haber estado buscando la posición de Erik y Eva - Yo iré a por Eva, vosotros ir a por Erik.
  • ¿Dónde se encuentra?
  • En Kash-Tar - iba a decir donde se encontraba Eva, pero eso a Vic la podría histérica. Eva estaba presa por el rey Covan, en una celda del castillo de Vanis. Su rostro se había crispado al verla inconsciente en el suelo de una fría y oscura celda.
  • ¿Y Eva? - a Jack no se le había pasado por alto la expresión del shek.
  • En Lis Lithban, cerca de las ruinas de la torre de Drackwen - no notaron la mentira que les acababa de contar - Vayamos cuanto antes. El portal se abrió, Jack y Victoria entraron primero, al otro lado se mostraba las arenas de Kash-Tar. Nada más pasar, el otro lado se convirtió en una plazoleta cerca del castillo en la que tenían presa a Eva.
  • Sigo sin acostumbrarme a viajar de esta forma - soltó Jack nada más pisar las arenas del desierto.
  • Jack, será mejor que te conviertas en dragón, así podremos encontrarlo más rápido. Jack asintió y segundos después un dragón dorado de ojos esmeraldas miraba a Victoria. Esta se subió encima y comenzaron el ascenso. Dos horas después, Yandrak descendía en un oasis para descansar. Vcitoria se bajó de su lomo y esperó a que volviera a ser Jack de nuevo.
  • Ya hemos recorrido dos tercios de Kash-Tar, Erik está por aquí. Lo sé, lo presiento - dijo Jack.
  • Solo hay un sitio donde no hemos mirado aún - los dos miraron en dirección de la torre de Awinor, estaba muy lejos del punto en el que se encontraban.

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Erik sentía frescor en todo su cuerpo, como si no hubiera estado a punto de morir en el desierto de Kash-Tar por falta de agua. Ya no le dolían las heridas que tenía, ni siquiera las notaba ya. Antes de abrir los ojos oyó pasos a su alrededor, iban de un lado a otro. Decidió abrirlos, pero de poco a poco, para ver quien era su acompañante. Pudo distinguir a dos personas, una era de baja estatura y estaba apoyada al lado de una puerta, la otra seguía dando vueltas en la habitación soltando groserías en idhunaico.

  • Papá, ha despertado... - dijo con un hilo de voz la de baja estatura, Erik pestañeó y le pudo ver mejor, era una niña, tendría unos diez años más o menos.
  • Por fin, ya era hora - dijo el otro con voz ruda. Era un hombre, y bastante grande. Tenía los ojos bicolores. Se acercó a la cama y le ofreció a Erik un vaso de agua. Este lo aceptó, sediento.
  • Y dime, ¿qué hace un muchacho como tú en un desierto como este?
  • Yo... me secuestraron por así decirlo y me metiron en una jaula. Salí de la cueva en la que me encontraba y llegué a este lugar, tras haber estado durante horas vagando por él, me quedé inconsciente.
  • ¿Cómo te llamas?
  • Erik.
  • ¿Sabes quién te secuestro?
  • Sí, decía llamarse Dyanne.
  • ¿Dyanne? ¿Mi hermana te secuestro? - Erik asintió - Pero... pero ella no puede, esta presa en Vanis por algo que no hizo.
  • Ya no, escapó junto a una chica llamada Ankira. Me dijeron que unas tal ìdhisäne las querían matar y que me salvaron, porque a mi también me querían matar ya que era un estorbo en sus planes y lo que ellas querían era a mi hermana Eva, pero que no se habían dado cuenta de que si acaban conmigo, acaban con ella o algo por el estilo.
  • Espera, para el carro chico. ¿Eres el hijo de Victoria y Jack? Asintió.
  • ¿Dónde están ellos? ¿Están aquí?
  • No lo sé, yo estaba en la Tierra volviendo a mi casa cuando Dyanne apareció y me trajo aquí. La puerta se abrió subitamente. Apareció una mujer de ojos rojos, y cabello azul y blanco recogido en trenzas azules apareció por ella.
  • Me han dicho que habéis rescatado del desierto a un chico... - se detuvo de improviso al ver a Erik delante suya - ¿E-Erik?
  • ¿Sabes quién soy?
  • ¿Qué si sé quién eres? ¡Pues claro! Soy Kimara. Tu madre me concedió el don de la magia. Soylaquehavistolaluzenlaoscuridad - dijo rápidamente, a Erik  le costó pillar que decía - Tu padre, es el último dragón y reconocería esa cara en cualquier parte. Erik no dijo nada.
  • Además, ¿dónde están tus padres? - en ese momento se escuchó un batir de alas.

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No podía arriesgarse a que lo vieran, tenía que camuflarse entre la multitud que iba a presenciar la muerte de su hija. Por dentro ardía de rabia, se convertiría en shek y mataría a todos aquellos que quisieran hacerle daño a lo que más quería, pero si lo hacía la matarían, sería un gran descuido por su parte. Dejó llevarse por su conciencia de shek más que por sus emociones, para no debilitarse. Covan lo pagaría caro, muy caro.

  • ¿Por qué van a matar a esa chica? - preguntó un niño pequeño a su madre, habían enviado a portavoces por todo Nandelt para comunicar la próxima muerte de la hija del asesino Kirtash y nieta de Ashran el Nigromante.
  • Porque... en realidad no lo sé, hijo. No pueden matar a la hija del último unicornio, pero al parecer eso no les importa. Solo les  importa que su padre sea un shek.
  • ¿Cómo sabes eso mami?
  • Porque, hace diecisiete años el último unicornio, Lunnaris, me entregó algo maravilloso, el don de la magia.
  • ¿Yo podré ver uno algún día?
  • Sí, si tienes un buen corazón.
  • ¿Me lo prometes?
  • Te lo prometo. Christian sonrió al ver al niño y a su madre, ahora que se fijaba, sentía la energía que Victoria les entregaba a los magos. En parte le alegraba ver a gente que tenía uso de razón y no se dejaba llevar por el pasado. Fue abriéndose paso entre la multitud, llevaba puesta una capa, que le tapaba toda la ropa, y la capucha puesta, estaba frente a una pira de fuego, pretendían quemarla... Miró hacia todos lados, estudiando la posición de los guardias. Habían una cantidad considerable de ellos, eran bastantes, pero podían escapar de ellos.

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La lucidez volvía a ella, sentía todo el cuerpo agarrotado por culpa de aquella energía, si no los hubiera tocado, tal vez...

  • Así que esta es nuestra querida invitada - una voz sonaba de fondo en su cabeza, apenas pudo percibir que quien lo decía, hablaba con desprecio.
  • Sí tío Covan. La nieta de Ashran es ella misma, Lune.
  • Veo que has hecho un buen trabajo, Dimitri. Serás un gran rey, eso te lo puedo asegurar. El pueblo de Vanissar necesita a líderes competentes y no bestias como ocurrió una vez.
  • Tranquilo tío. Además, ahora hay algo que hacer. ¡Guardias! ¡Llevadla al patio! Eva se dejó llevar, fingiendo que seguía inconsciente. Podía notar lo tensos que estaban los guardias que la llevaban afuera. Unos minutos más tarde podía oír el barullo de la multitud que asistía a su muerte. Abrió los ojos, no se resistió, dejó que la llevaran a lo que parecía... ¿una pira? La iban a quemar viva... La dejaron caer al suelo, al tocarlo con las manos para frenar su caída sintió un dolor punzante en la cabeza, le habían tirado una piedra. Podía oler la sangre. La ataron a la pira, un metro y medio por encima del suelo, la multitud gritaba "Muerte a la shek" Eva no sabía si reir o llorar en aquel momento. Se sentía débil, no tenía fuerzas ni para abrir la boca, aquella energía se la había arrebatado toda. Pudo vislumbrar una persona encapuchada que se movía entre la sombras, veloz. Reconoció enseguida aquella forma de moverse. Era su padre, empezó a negar a duras penas con la cabeza, no quería que la viera morir, débil e inútil, así era como se sentía en ese momento. Repentinamente sintió calor en sus pies, miró hacia abajo, el fuego se movía rápido hacia ella, empezó a revolverse, con miedo, odiaba el fuego, lo temía. Empezó a subir por sus piernas, grandes alaridos de dolor se oían, resonando por todo el castillo, estremeciendo a todo aquel que lo escuchaba, no era los de un shek o humano corriente, sino que de algo mucho más puro. Tan puro que era un gran crimen matar a algo de tanta belleza... los alaridos de un unicornio. Pájaros haai volaron por encima del castillo, nerviosos, no soportaban oír a un unicornio así, aunque se escondiera dentro del cuerpo humano de una muchacha.
  • ¡Cuidado! - un soldado gritó alertando a los demás, como una sombra, una figura masculina fue abriéndose paso entre ellos. Haiass se clavaba en sus cuerpos, arrabatándoles la vida. Eva cerró los ojos, hacía mucho calor, pronto moriría consumida entre las llamas. Lo último que pudo ver entre ellas fueron unos ojos azules y fríos como el hielo, y una espada. Christian apagó las llamas con Haiass, Eva se había desmayado, los soldados venían por todas partes no tenía mucho tiempo, rompió las sogas que la tenían sujeta y la cogió entre sus brazos. Lo que iba a hacer era muy arriesgado, pero no tenía tiempo para decidir, no necesitaba tener encima a todos los soldados. Se convirtió en shek, posó con su cola a Eva entre las alas y volando se la llevó de aquel lugar. Soltó un grito, una flecha le había perforado en ala derecha. Voló más alto para que las flechas no le pudieran alcanzar. Un grito de rabia provino del patio. Varios jinetes y dragones artificiales salieron en su caza, no podían que un hijo del Séptimo pululase por su mundo como si fuera suyo...